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Cómo reconocer minerales macroscópicamente
Como estoy segura de que el video que preparó Pulpo en Estados Unidos les debe haber generado admiración y entusiasmo con relación a la inmensa variedad de minerales existentes, y como pienso que muchos tal vez hasta deseen iniciarse como coleccionistas, comienzo hoy una serie de posts dirigidos a quienes quieran aprender a distinguirlos unos de otros.
Por supuesto, existiendo 4.100 especies de minerales diferentes, no esperen que genere un post para cada uno- aunque aquéllos que así lo ameriten tendrán atención preferencial, como pasó con la rodocrosita, el diamante o el oro, por ejemplo- sino que les explicaré en sucesivas entregas cómo interpretar las propiedades generales, de tal manera que luego puedan recurrir a las tablas de reconocimiento mineral, que se pueden comprar como material impreso, o se pueden consultar en algunos sitios de la red.
Estas aclaraciones son necesarias, porque de esa manera podrán ustedes armar una ficha con lo que observan, y luego con ella en la mano y buscando las coincidencias con las tablas, determinar qué ejemplar tienen en estudio.
En las tablas que van a consultar aparecen términos como «hábito botroidal» o «clivaje perfecto», o «dureza 4 de Mohs», todas cosas que deben entender si quieren clasificar sus muestras.
Por supuesto, lo primero de lo cual deben asegurarse es de que lo que tienen en la mano es efectivamente un mineral, para lo cual repasar el post donde les enseñé a distinguir entre minerales y rocas sería decididamente lo más indicado.
Ahora, como ya les dije, empezaremos a conocer las propiedades, lo que nos ocupará muuuuuuchos posts, no se vayan a creer que serán mineralogistas leyendo tres parrafitos.
En este primer post, les he preparado un cuadrito con las características que aprenderemos a reconocer a simple vista y/o con unas pocas maniobras sencillas que se pueden realizar con elementos generalmente disponibles en cualquier casa.
Propiedades de los minerales
- Caracteres organolépticos
- Propiedades que dependen de la luz
- Color (parte 1 y parte 2)
- Raya
- Brillo
- Diafanidad
- Luminiscencia
- Propiedades que dependen del estado de agregación
- Propiedades que dependen de los campos
Por ahora sólo va el cuadrito, que desmenuzaremos lentamente en varias entregas posteriores, y una aclaración que es sumamente importante, y que se relaciona con las propiedades mismas, las cuales pueden ser de dos clases diferentes: escalares o vectoriales.
¿Qué son las propiedades escalares?
Son todas aquéllas que implican una magnitud o una condición, independiente de la dirección de exploración del ejemplar.
Por ejemplo, una magnitud que no varía con la dirección es el peso específico de un material. Para que lo entiendan más claro: si me levantan de una pata o si me levantan de los pelos (despacito, no me los vayan a arrancar) mi peso será exactamente el mismo. Esa propiedad es pues, escalar.
El punto de fusión de una sustancia es también escalar, porque le apliquen el calor por el lado que se lo apliquen, se fundirá siempre a la misma temperatura.
¿Qué son las propiedades vectoriales?
Contrariamente a lo que explicamos recién, hay otras características que varían según la dirección y sentido en que se las investigue, por lo cual se comportan como vectores (flechas que tienen dirección, sentido y magnitud definidas) y por lo tanto, se llaman vectoriales.
Es obvio que una flecha que apunta hacia la derecha no es igual que otra que apunta hacia la izquierda, sobre todo si estamos, por ejemplo, indicando la dirección de una salida de emergencia. Seguramente en esas situaciones quedará bien clara la importancia del sentido de una flecha.
Y lo mismo pasa con algunas propiedades de los minerales. Por ejemplo, hay casos en que la resistencia de un material es diferente en una dirección que en otra.
Si uno quiere digamos, separar en partes una torta milhojas solamente con las manos, será más fácil lograrlo según planos horizontales que según planos verticales, ¿se entiende?
Muchas de las propiedades minerales son precisamente vectoriales, y eso debe tenerse en cuenta a la hora de consultar las tablas.
Por otra parte esto explica por qué en muchos casos se da un rango variable para algunas propiedades, ya que la variabilidad resulta de la dirección de prueba.
¿Esto es igualmente importante para todos los minerales?
No, no lo es, ya que también los minerales pueden dividirse en dos grandes grupos según su relación con las propiedades vectoriales.
Esos dos grupos son: minerales isótropos y minerales anisótropos.
¿Qué son los minerales isótropos?
Son los que por su organización atómica, exhiben sus propiedades vectoriales de la misma manera en todas las direcciones (iso= igual; tropós= dirección). Se trata de minerales amorfos o con todos sus ejes de cristalización de igual magnitud, es decir que pertenecen al sistema cúbico o isométrico. (iso=igual; metrós=medida). Por favor no enloquezcan todavía porque esto también se explica en otros posts que pueden leer siguiendo los links correspondientes.
¿Qué son los minerales anisótropos?
Los que tienen sus ejes de organización atómica de distintos tamaños, y por esa razón responden de diferente manera en las distintas direcciones, (an= negación; iso= igual; tropós= dirección) cuando de propiedades vectoriales se trata. Son la mayoría de los minerales, ya que corresponden a todos los sistemas cristalinos, salvo el cúbico ya mencionado.
Con estos conceptos previos ya estamos pues en condiciones de adentrarnos lentamente en el cuadrito que presenté más arriba, pero eso será en otros posts.
Espero que les haya gustado, y que vuelvan el miércoles.
La foto que ilustra el post fue tomada por Pulpo en el paseo a que hacíamos mención al comienzo, y corresponde a variedades de yeso, es decir sulfato de calcio (SO4Ca como fórmula general).
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
Erupción del Etna, apreciaciones geológicas.
Una vez más la naturaleza viene empujando posts antes de que los lectores tengan toda la teoría previa que me gustaría brindarles, y por eso se impone hablar hoy un poco del Etna, el volcán más activo de Europa, que ha vuelto a entrar en erupción ayer, 31 de julio, por la madrugada, arrojando grandes cantidades de lava, y provocando por ello la evacuación de miles de personas, la interrupción de las comunicaciones, y la suspensión por algunas horas de los vuelos programados en el aeropuerto de Catania.
Afortunadamente, algunas referencias tienen ustedes de todas maneras, porque vamos avanzando en nuestro conocimiento de la Geología de manera lenta pero segura. Así pues, no harían nada mal en ir a mirar todos los posts agrupados bajo el tag Volcanes, y por supuesto, les conviene también seguir los links que específicamente les iré señalando, para aprovechar toda la información que ya hay en el blog.
¿Qué características tiene el Etna?
Se trata de un volcán emplazado en el noreste de Sicilia, isla perteneciente a Italia, que en su cono central puede reconocerse como estrato volcán, ya que alternan en su formación distintos tipos de materiales según las características de las sucesivas erupciones que van forjando su historia. (Sobre este tema y otros muchos que mencionaremos aquí, hablaremos con detalle a medida que avancemos más en el abordaje sistemático del vulcanismo).
Por otro lado, si se considera todo el complejo en su conjunto, estamos ante un volcán caldera, puesto que alguna vez en el pasado, alguna erupción violenta destruyó (en una verdadera explosión) lo que era el cráter original, dejando un amplio espacio cóncavo dentro del cual comenzaron a formarse nuevas bocas de salida, que se denominan cráteres adventicios o parásitos, desde los cuales se emiten actualmente los materiales ígneos.
En cuanto a su altura, el volcán Etna alcanza los 3.342 msnm, lo que lo constituye en el más alto de Europa, y las lavas que fluyen por él son de condición mesoácida, lo que les confiere viscosidad suficiente para acumular la presión que ha causado la formación de la caldera a que hacíamos referencia.
¿Por qué entró en erupción?
Ya en el post relativo al sismo de Lorca les expliqué la situación de las placas involucradas en la zona del mar Mediterráneo, y sería bueno que lo repasaran. Pero les repito algo de lo que allí dije: se trata de una zona de gran actividad volcánica, porque está emplazada alrededor del contacto entre las placas Africana y Eurasiática.
Se trata de un contacto algo particular porque a lo largo de su extensión va cambiando de carácter, pero en las proximidades de la península itálica, ocurre subducción, es decir que una placa se hunde hacia abajo, alcanzando zonas de mayor temperatura, (aquí les conviene recordar gradiente geotérmico). Esto es básicamente lo que genera la fusión de rocas, dando por resultado los magmas, que se encuentran sometidos a gran presión y por ello tienden a escapar hacia la superficie.
Por supuesto, no siempre lo logran, pero cuando hay desplazamientos de bloques, pueden liberarse ciertos caminos para su salida al exterior.
Si recordamos el terremoto de Lorca, que ya los mandé a repasar, podemos asumir que algo de eso habrá pasado, y como un fenómeno que se retroalimenta, el propio desplazamiento de magma en forma subterránea, provoca a su vez nuevos sismos, más locales y normalmente de baja magnitud, pero sismos al fin. Esto está explicado en detalle en el post sobre el terremoto de Haití.
¿Qué antecedentes tiene este volcán?
Los primeros testimonios escritos acerca de erupciones del Etna datan de tan lejos como el año 396 a.C.
De hecho,debido a su gran altura, los poetas de la Grecia clásica, lo consideraban como una columna de sustentación del cielo, en cuyas raíces se ocultaban las fraguas de Hefesto, donde cíclopes y gigantes trabajaban juntos, y donde moraba también un ser monstruoso conocido como Tifón, que rugía y bufaba provocando las erupciones.
El volcán, según la mitología, debe su nombre a una ninfa pero los estudios etimológicos consideran que Etna deriva de la palabra cananea o fenicia, attanu (arder), asimilada al griego como aithos, y conservando su significado.
Durante la Edad Media se registraron en las crónicas de época dos eventos particularmente importantes en 1329 y 1381. La erupción de 1669 a su vez, destruyó casi totalmente la ciudad de Catania, y desde entonces, de modo recurrente ha emitido materiales y liberado gran cantidad de energía.
Eventos recientes son los de 2002, 2003, 2006 y 2007, y en el presente año ha habido numerosas muestras de actividad.
¿Qué cabe esperar de aquí en más?
En principio, las emisiones no suelen interrumpirse de manera abrupta, de tal modo que alguna actividad debería proseguir por algún tiempo todavía, hasta alcanzar un reposo relativo.
Por otra parte, la cima del volcán suele encontrarse cubierta de nieve cuando está en reposo. Ignoro cuál es la situación en este momento, ya que es verano en el hemisferio norte, y el nivel teórico de las nieves perpetuas en esa latitud puede rondar precisamente la altura del Etna. De existir una interacción entre el calor del volcán y un campo de nieve, pueden tener lugar fenómenos como los lahares de los que ya he hablado un poco.
Una yapita acerca del Etna
Ya en un post anterior, mencioné de pasadita lo que ahora paso a detallarles un poquito más: los textos históricos relatan que Empédocles, el cultor de la teoría del azar, murió en el cráter del Etna. Ahora bien, al margen de la clásica broma que les conté en el post ya mencionado, tres versiones diferentes circulan por la bibliografía para explicar esa muerte.
Según la primera de las versiones, se acercó al cráter, con la intención de demostrar su teoría según la cual todo lo visible estaba compuesto por cuatro elementos (agua, aire, tierra y fuego), y los gases emanados del volcán fueron los responsables de su muerte.
La segunda historia que circuló en la época era que él y sus discípulos intentaron en realidad demostrar una inmortalidad de la que estaban convencidos, y que por supuesto fue un fiasco.
La tercera corriente menciona el suicidio.
A mí personalmente la que más me convence es la primera de ellas, pues me inclino a creer que fue resultado de la imprudencia de un apasionado de la observación in situ. Después de todo eso mismo ha ocurrido muchas veces a lo largo del desarrollo de la ciencia.
Bueno, con esto doy por cumplido el mandato de Pulpo, que me conminó a explicar la erupción de ayer, y me despido hasta el miércoles con un abrazo.
La foto la he tomado de La Voz del Interior on Line
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¿Azar o finalidad?: una controversia histórica
Hoy nos vamos a meter una vez más en la Historia de la Geología, intentando sacar alguna enseñanza de ella.
Esta vez vamos a remontarnos varios siglos atrás, lo cual nos hará sonreír condescendientemente en un primer momento, pero sólo hasta que miremos las cosas desde otro ángulo, como a mí me encanta proponerles.
Los protagonistas de nuestra historia de hoy vivieron en el S.V a.C, en la antigua Grecia, y son el muy conocido Aristóteles, que dominó todo el pensamiento por siglos, y desafiar cuya autoridad era por mucho tiempo una auténtica herejía, por un lado; y por el otro un pintoresco Empédocles, el cual es considerado uno de los primeros mártires de la ciencia, ya que muere al caer en el cráter del Etna. (Sí, ya sé el chiste fácil: sólo en pédocles pudo caerse así…)
Pero vayamos a nuestra historia con moraleja y todo.
¿Qué postulaba Aristóteles?
Que los organismos se adaptan como respuesta al medio, presentando cambios que les dan mejores posibilidades de vida. Así menciona la lana más gruesa de los carneros de climas más fríos, por ejemplo.
No obstante, hubo también voces críticas que señalaban que existen igualmente, organismos con características que los desfavorecen, como la excesiva cornamenta de algunos cérvidos que muchas veces obstaculizan sus desplazamientos en zonas con determinadas formas de vegetación.
Así, pues, casi como una protesta, Empédocles elabora su propia teoría.
¿Qué enunciaba Empédocles?
Algo que suena como una extraña y algo alocada hipótesis, según la cual, la historia de la vida pasa por tres etapas, a saber:
-
en la primera etapa, desde el suelo mismo surgen espontáneamente órganos y miembros aislados.
-
en la segunda etapa ellos se combinan azarosamente en todas las formas posibles.
-
en el tercer momento sólo sobreviven las combinaciones mejor organizadas, que desde entonces comienzan a reproducirse sexualmente.
¿Cuándo aparece la controversia?
Las dos visiones mencionadas definieron la separación de dos escuelas de pensamiento: la del azar y la de la finalidad.
Son cultores de esta última Anaxágoras y Aristóteles, y apoyan a la primera Demócrito y Teofrasto.
Según la escuela del azar, los cambios no responden a necesidades ni propósitos previos sino que se dan de manera casual.
Según la escuela de la finalidad, aparece primero la necesidad del cambio, y luego los organismos responden con una mutación.
¿Cómo se dirime la controversia?
De hecho, por muchos siglos, Empédocles fue estigmatizado como poco menos que un delirante, al menos en lo que hace a su visión de la conformación de los organismos, pero a la luz de la interpretación actual, se reconoce en ella el germen de un concepto moderno, y se comprende al fin que la realidad pasa más o menos por el medio, como por otra parte ocurre casi siempre.
Porque si me permiten una digresión, casi no hay forma ni de acertar ni de equivocarse de manera total, completa y absoluta. Cada afirmación loca puede rozar por algún lado alguna verdad, y cada sensata formulación tiene algún tornillito flojo si uno lo mira un poco mejor.
Si los seres humanos incorporaran esta premisa, muchos fundamentalismos y enconados enfrentamientos dejarían de tener sentido, pero no es fácil ¿verdad?
En suma ¿qué pasó con ambas concepciones?
Toda la fabulosa interpretación de Empédocles resume un hecho: el papel del azar en las mutaciones. La postura Aristotélica, en cambio, representa de alguna manera la selección natural y la supervivencia del más apto, y su mayor capacidad de reproducción.
En efecto, hoy se piensa que las mutaciones son fundamentalmente provocadas por distintos factores, generalmente fortuitos o accidentales, pero no en respuesta a una necesidad preexistente.
Pueden deberse algunas veces a cambios ambientales, como radiaciones, variaciones en las dietas, exposición a contaminantes o enfermedades, por ejemplo, todo ello durante la gestación.
Triste y célebre ejemplo lo provee el caso de la Thalidomida, un sedante que, consumido por mujeres gestantes en Estados Unidos y en la década del cincuenta, provocó numerosos nacimientos de individuos con malformaciones en los miembros, o directamente sin ellos.
Cualquiera de esos factores y otros que no se conocen, pueden causar un cambio en la información genética transmitida que, de perpetuarse, es el inicio de una mutación.
Si lo miramos detenidamente, esto apunta más o menos en la dirección de la postura partidaria del azar, o de lo que puede rescatarse de ella.
Ahora bien, debido a que algunas de esas potenciales mutaciones implican la aparición de individuos mejor adaptados a las exigencias del medio, éstos se vuelven dominantes y se reproducen más, perpetuando el cambio -que había sido primero casual- en sus descendientes, lo cual hoy llamamos supervivencia del más apto y selección natural.
Supongamos un herbívoro que no se distinguiera del resto, que da a luz un hijo con un cuello anormalmente largo. Supongamos también que hay sobrepoblación y hambruna, pero este «bicho raro» se encuentra, sin quererlo, con la ventaja de un cuello que le deja alimentarse de aquellas partes del follaje a la que los demás no llegan. Está mejor alimentado y más fuerte que el resto, de modo que se reproduce más y pasa esa mutación a más ejemplares que los demás. En el tiempo ese cambio puede llegar a acentuarse hasta generar hasta una nueva especie, que podría haber sido la jirafa, en esta supuesta situación.
Todo esto podría asimilarse en alguna medida a la antigua escuela de la finalidad, aunque en realidad nunca existe el plan previo que la palabra finalidad parece indicar. Simplemente se trataría de un cambio inesperado y no planificado, que fue funcional a un fin: la supervivencia, y el potencial reproductivo.
En resumidas cuentas, ninguno era del todo loco ni tampoco tan sapiente, porque ni la finalidad es tal en un sentido estricto, ni el azar deja de jugar un papel importante en la evolución de las especies.
¿Les gustó este tema? Si es así, prepárense para muchas otras controversias que a la larga demostraron su esterilidad, ya que cada postura tenía su pizca de razón. Interesante moraleja para la soberbia de muchos.
La imagen que ilustra este post es una pintura de Pablo Picaso, que he seleccionado porque el período cubista de ese creador siempre me trae a la mente la teoría de Empédocles. Según dicha teoría, esa pobre criatura sería uno de los especímenes no viables que tenderían a desaparecer. Y que me salten al cuello los Picasistas…
Nos vemos el miércoles. Un abrazo Graciela
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El calor interno de la Tierra, parte 2
Siendo ésta la segunda parte de un tema, es obvio que deberán comenzar leyendo el post anterior, si es que no lo han hecho ya antes.
¿Dónde se origina el calor interno de la Tierra?
Como en muchos otros procesos, y mal que le pese a Dayana, la generación del calor no responde a una causa única sino a un abanico de posibilidades y a su eventual convergencia.
Entre las principales fuentes de calor interno pueden mencionarse:
-
Fricción y rozamiento: cuando grandes volúmenes de roca se desplazan unos contra otros, se libera una gran cantidad de calor. Este fenómeno es intuitivamente reconocido por cualquier persona, cuando se frota las manos para calentarlas en un día de invierno.
-
Presión por sobrecarga de materiales: un aumento importante de la presión conlleva también un aumento de temperatura, según un efecto que para el aire se conoce como calentamiento adiabático. Por extensión suele aplicarse el mismo término para igual efecto sobre otras sustancias.
-
Reacciones químicas exotérmicas: se denomina así a las que desprenden calor. Si bien la mayoría de las veces gran parte del calor liberado de esta forma puede estar compensándose con reacciones endotérmicas (las que absorben calor desde el medio), puede en determinados sitios y circunstancias producirse un aumento local de la temperatura.
-
Desintegración de elementos radiactivos: éste es, con mucho, el agente cuyo aporte resulta más significativo para generar calor. En efecto, las reacciones que conducen desde un isótopo inestable a uno estable, implican constantes emisiones de energía que producen aumento sensible en la temperatura.
-
Ascenso del calor del núcleo y manto profundos. Este punto será tema de discusión muchas veces.
¿Esto ocurre en todo el interior terrestre?
Un cálculo sencillo permite establecer que: si por cada 100 m de descenso en la corteza terrestre, la temperatura aumenta 3 °C en promedio, por cada kilómetro habría un aumento de 30° y a los 100 km, con temperaturas de 3000 °C aproximadamente, prácticamente todos materiales estarían fundidos, lo cual no se corresponde con la realidad.
De esta objeción surge la conclusión de que la validez de los conceptos de grado y gradiente geotérmico, (definidos en el post anterior) no puede hacerse extensiva a toda la esfera terrestre, sino exclusivamente a las profundidades más someras.
Esto es así porque los materiales radiactivos, responsables de la mayor parte del calentamiento están efectivamente concentrados a escasa profundidad, haciéndose más raros con el descenso.
Por otra parte, los materiales radiactivos son más abundantes en las rocas ácidas propias de la corteza continental, que en las rocas básicas de la corteza oceánica.
Por esta razón, durante mucho tiempo se especuló que los fondos oceánicos serían deficitarios en calor, hasta que las primeras mediciones directas realizadas en la década del 50, permitieron establecer que esto no ocurría en la realidad.
Muy por el contrario, en determinados lugares (próximos a las dorsales oceánicas) el flujo calórico era más intenso que bajo los continentes.
La explicación de este fenómeno permitió probar la existencia de corrientes convectivas que movilizan los materiales calentados, con lo cual la distribución real del calor no necesariamente responde a las causas originales de generación, sino que tiene un diseño complicado y dinámico, responsable en buena medida de toda la tectónica global.
Es obvio, entonces que serán temas estelares en próximos posts, pero por hoy, los despido, con un abrazo, Graciela.
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El calor interno de la Tierra, parte 1
Los que son asiduos visitantes del blog saben ya que todos los procesos se interrelacionan, debido a la complejidad del sistema que pretendemos comprender, y por eso mismo pueden imaginar que si ahora traigo a colación este tema, es porque será un basamento importante para otros por venir, y saben también que los mandaré a revisar conceptos ya posteados, para comprender mejor este texto.
Los puntos que deberían repasar son las nociones de ciclo endógeno y exógeno, por un lado; y las de calor, temperatura y sus modos de medición por el otro.
El tema de hoy es muy importante pero un poco largo, por lo cual lo he dividido en dos partes que serán los posts de este lunes y el próximo, y que representan los primeros de los tópicos relativos a la energía de la Tierra y sus principales manifestaciones.
Entre ellas, el vulcanismo que últimamente está manifestando su importancia e impacto sobre la vida cotidiana, de manera espectacular, y que por eso mismo me interesa analizar un poco más sistemáticamente. Para fundamentar ese análisis introduzco estos temas.
Otras expresiones de esa energía interna son la gravitacional, la electromagnética y la radiactividad. A todas ellas las iremos conociendo lentamente, como ya estamos haciendo con la energía sísmica.
Pero vayamos a lo nuestro sin más preámbulos.
¿A qué hacemos referencia al hablar de energía geotérmica?
A aquella porción de la temperatura de la tierra que resulta de procesos internos generadores de calor. La que procede en cambio de la radiación solar, se incluye en el análisis del calor externo, y más adelante será también motivo de nuestras charlas.
¿Hay relación entre las dos principales fuentes de calor?
Obviamente, el calor interno y externo se interrelacionan, y hasta cierto punto se influyen mutuamente, como puede comprobarse en los micro climas dependientes de zonas termales, en los cuales la temperatura ambiente responde en parte a una radiación solar y en parte a la energía geotérmica.
En la superficie terrestre, la temperatura reinante depende en su mayor parte del calentamiento solar, y es al fin un balance entre éste y las condiciones del medio físico (incluyéndose aquí cualquier anomalía geotérmica); pero al descender en el interior de la corteza, la temperatura comienza a independizarse de los cambios climáticos, para empezar a responder a otros factores relacionados con la propia tierra.
Existe un cierto punto donde ambos aportes alcanzan un relativo equilibrio próximo al cero, y la temperatura resultante es bastante estable.
Es esa profundidad donde los cambios atmosféricos ya no tienen incidencia, y las variaciones del calor interior todavía no son notables, salvo en situaciones muy particulares y/o acotadas en el tiempo.
En julio del año 1783, se colocó en el subsuelo del observatorio de París, en la cota de -28 m, un termómetro que marca una temperatura casi constante desde entonces, de 11,8° centígrados, la cual representa la temperatura media anual del lugar.
Se han realizado mediciones parecidas en otras latitudes, pudiendo así deducirse la existencia de una capa denominada isotérmica, en la cual la temperatura permanece invariable a lo largo de todo el año.
La profundidad de esta capa varía con las condiciones climáticas de cada lugar. En climas tórridos puede encontrarse a no más de 1 m de profundidad mientras que en Buenos Aires alcanza los 18 y en las regiones circunpolares, los 30 a 35. Una vez superada la capa isotérmica, la temperatura de la tierra comienza a aumentar por su propio calor interno.
Esto se conoce desde la más remota antigüedad, y de una manera puramente empírica, según lo detectaban los mineros, al bajar a niveles cada vez más profundos de explotación.
¿Qué significan los términos Grado y Gradiente Geotérmico?
El incremento de temperatura se define con dos valores recíprocos: el gradiente y el grado geotérmico.
El grado geotérmico corresponde al aumento de temperatura que se alcanza al bajar 100 m perpendicularmente a la superficie. Su promedio es de unos 3° centígrados. Obviamente como ya lo hemos expresado, se mide en grados de temperatura.
El gradiente geotérmico se mide en cambio en metros, y se define como la distancia que hay que descender para que la temperatura aumente 1°C. En promedio se estima en 30 a 33 m.
Tanto el grado como gradiente geotérmico son altamente sensibles a las condiciones del lugar, razón por la cual tienen una gran variabilidad. El menor gradiente geotérmico registrado ronda los 6 m y el máximo supera los 400.
Los factores que inciden para esta gran variabilidad están en algunos casos relacionados con el propio origen del calor (movilidad y composición de los materiales, contenido en elementos radiactivos, proximidad de centros ígneos, etcétera); y en otros, tienen que ver con la respuesta térmica al calentamiento (calor específico, conductividad térmica, cercanía a la costa, presencia de calotas glaciarias, etc).
No obstante, en muchos casos tal distinción es imposible, ya que los factores son interdependientes, como por ejemplo composición y conductividad térmica.
Bien, según creo, pueden ir a descansar por hoy, ya que lo que sigue lo veremos el próximo lunes.
Si utilizan este texto, pueden citar directamente el blog, o el apunte original desde el cual lo he modificado para ustedes, y que también me pertenece:
Argüello, Graciela.1997. «La Tierra como cuerpo planetario individual» Cuadernillo didáctico Nº III, para circulación interna en la U.N.R.C.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.