Archivo de la categoría ‘Geología y mitos populares’

Una nota de color en la historia del desarrollo minero en Argentina

Hoy encontré una perlita que vale la pena comentar, en relación con la historia de la minería argentina.

¿Cuál es el contexto de lo que vamos a leer como curiosidad histórica?

Entre los años 1821 y 1824 fue gobernador de Buenos Aires don Martín Rodríguez, y su Ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores era Bernardino Rivadavia.

Ya en 1922, Rivadavia elaboró un plan a los fines de atraer inversionistas extranjeros (específicamente ingleses) que aportaran los capitales necesarios para dar impulso a la extracción de metales nobles y estratégicos en el territorio nacional, especialmente en la zona de Famatina (La Rioja).

Su plan tenía como base, tres puntos principales: constituir una sociedad de capitales ingleses bajo el amparo estatal de Argentina; concretar un préstamo que permitiera la coparticipación argentina;  y fomentar la inmigración de extranjeros capacitados para la explotación minera según los métodos más modernos de la época.

Con esas premisas, Rodríguez y Rivadavia firman en Noviembre de 1823, el decreto que crea la Sociedad de Minas, y se lanza la campaña en Europa para estimular el aporte de capitales para desarrollar la minería en Argentina.

¿Quién redactó la perlita que seguidamente voy a compartir con ustedes?

Lamentablemente no se sabe, o yo no encuentro información acerca del autor de texto tan divertido, pero igualmente los invito a leerlo. Se trata de un documento que daba cuentas de las extraordinarias riquezas del Famatina, que se describían como sigue:

…Podemos afirmar sin hipérbole que las minas del Famatina contienen las riquezas más grandes del universo. Voy a probarlo con una simple aserción de la que dan fe miles de testigos: en sus campos el oro brota con las lluvias como en otros la semilla…las pepitas de oro, grandes y pequeñas, aparecen a la vista cuando la lluvia lava el polvo que cubre la superficie…cuando se barren los pisos de las casas o se limpian los establos, siempre se encuentra oro confundido entre el polvo…Estos casos ocurren tan frecuentemente que exigiría mucho detallarlos…

¿No es un poema? ¿No les parece la perla «más grande del universo»? A mí me parece muuuuyyyy divertido.

¿Cuánto había de verdad en él?

No mucho. Por un lado, porque las riquezas estaban más que sobreestimadas. Bueno, en realidad ni siquiera estaban estimadas en el sentido técnico de la palabra, porque no había estudios de base. Por el otro lado, porque el gobierno de Buenos Aires estaba comprometiendo la explotación de un territorio que ni siquiera estaba bajo su gobierno,  sino que pertenece a la Provincia de La Rioja, lo cual trajo aparejada una larga historia de disputas, sobre la que tal vez podremos volver en otro post.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post

Mitos urbanos, absurdos pero divertidos

Antes de presentarles el video de hoy, que es desopilante, les explico que Gente rota, el canal  de youtube de Gabriel Lucero, de donde procede esta joyita, tiene una dinámica muy especial. La gente envía audios de sus chats y él genera una animación para ilustrarlos.

En este caso, se trata de una de tantas estupideces que la gente pretende validar con  explicaciones pseudo científicas, de las cuales en realidad no tiene idea, como bien se ve en el video que incluyo abajo.

A mí me resultó muy divertido, espero que a ustedes también. Pero por favor no lo tomen en serio.

Disfrútenlo, y nos vemos el lunes con algo que sí es ciencia. Un abrazo. Graciela.

 

En el Día de la Minería, una leyenda interesante, La Ciudad de los Césares.

Imagen1ciudad de los cesaresSiendo mañana un día de festejos en la actividad minera, se me ocurre que un post algo más próximo a las leyendas y al entretenimiento que a la ciencia, puede ser el adecuado.

¿Qué es la Ciudad de los Césares?

Se trata de un lugar mítico, que nunca pudo encontrarse pese a las muchas campañas que se realizaron en su búsqueda, al que también se denominó alternativamente de muchas otras maneras, como: Ciudad Encantada de la Patagonia, Ciudad Errante, Trapalanda, Trapananda, Trapalandia, Lin Lin o Elelín.

De su ubicación sólo se dice que estaría en algún lugar austral de América del Sur, ya sea en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y la Argentina, o como se indicó originalmente, en un valle entre las que hoy son las Provincias de Córdoba y San Luis.

Se supuso que la Ciudad había sido fundada, o bien por españoles sobrevivientes de algún naufragio, o separados de las expediciones, y errantes por el territorio; o bien por mitimaes incas. Lo que siempre es coincidente en todas las versiones es que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata.

Aclaremos de paso que el término mitimaes deriva de la palabra quechua mitmay, que significa desterrar. Hay deformaciones de esa palabra, tales como mitmakuna o mitmaqkuna, pero todas aluden a grupos de familias separadas de sus comunidades  de origen, y enviadas por el Imperio inca a otros pueblos, donde cumplían funciones económicas, sociales, culturales, políticas y militares.  Casi como embajadores de la época.

Según la tradición popular, la ciudad existe pero no puede encontrarse porque estaría rodeada de una niebla impenetrable que sólo habrá de levantarse al final de los tiempos, para aparecer entonces en todo su esplendor.

¿De dónde surge esa leyenda?

Según las crónicas de la época, es decir, por fuera de los relatos míticos, se sabe que en el año 1527, Sebastián Gaboto fundó el fuerte Sancti Spiritu en la confluencia de los Ríos Carcarañá y Paraná.

Desde esa base partió un año después, una expedición que debía reconocer el territorio, siguiendo el Carcarañá hacia sus nacientes, y que era comandada por el Capitán Francisco César.

Ese grupo de exploradores recorrió los cursos de los ríos Carcaraña y el Talamochita, (también denominado Ctalamochita o Río Tercero), y concluyó en la zona de la Sierra de los Comechingones, probablemente en el Valle de Conlara, al límite con la provincia de San Luis. Allí los indígenas tenían por jefe al Cacique Yungulo,  y eran tan amistosos que obsequiaron a los viajeros, objetos de oro y cristales de berilo.

Cuando los españoles, luego de dos años de travesía regresaron al Paraná, exageraron el relato sobre las riquezas encontradas y generaron la leyenda. El nombre de Ciudad de los Césares se derivó del nombre de césares con que se conoció por entonces a los hombres de la expedición comandada por el Capitán César.

¿Por qué, entonces, hoy se sitúa a la Ciudad de los Césares preferentemente en algún lugar de la Patagonia, y no ya en Traslasierras?

Si bien el origen primero parece ser claro (o al menos el nombre de la ciudad parece indicarlo), luego como todas las leyendas, fue evolucionando con matices regionales, que básicamente van cambiando tanto los supuestos descubridores, como el emplazamiento teórico de la mítica ciudad, hasta prácticamente consagrar la idea de que los relatos de época aludían a la Patagonia, y no al Valle de Traslasierras.

Bien podría ser, sin embargo, toda la evolución del mito, una estrategia intencional, para incentivar la exploración de sitios más australes e inhóspitos que los de la leyenda original.

O, en el último de los casos, también podría tratarse de noticias independientes, llegadas desde diversas fuentes y aludiendo a distintos sitios, que la tradición oral terminó reuniendo en una sola leyenda mucho más grandilocuente, y más alejada de los centros explorados; lo que justificaría que nunca fuera hallada.

¿Había realmente tanta riqueza en las Sierras Pampeanas de Córdoba y San Luis?

Este tema ya lo vengo tratando en otros posts, que les recomiendo leer, siguiendo este link.

¿Qué consecuencias trajo esa leyenda?

La obvia, es decir, despertar la codicia de los españoles, que organizaron muchas expediciones para buscar la ciudad maravillosa.

Pero también significó que allí en los lugares en que se registraban hallazgos, por pequeños que fueran, de metales preciosos o particularmente útiles, se iniciara por entonces una explotación tanto del recurso, como de los indígenas, a los que se hacía trabajar hasta la extenuación, sin protección ni derecho alguno. Lo cual forma parte del aspecto más oscuro de la evolución de la mnería.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es de este lugar.

 

 

 

El Volcán Tolimán de Guatemala y su leyenda.

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Hoy voy a ocuparme de un sitio atractivo desde el punto de vista del turismo, pero también desde el análisis de las costumbres e historias populares.

¿Dónde queda y qué características tiene el Volcán Tolimán?

El volcán Tolimán se encuentra en el Departamento de Sololá, en Guatemala, a orillas del lago de Atitlán.

Se trata de un estratovolcán, con una altura de 3.158 m, relativamente joven, ya que data del Pleistoceno.

Sus coordenadas son 14°36’48» N, y 91°11’20» O, y la composición dominante es de andesita piroxenítica porfírica. Un rasgo característico es la presencia de un cono gemelo, algo más bajo que el principal (3.134 m); y de un domo formado al norte del cráter por las lavas que desde él se liberaron, y que se conoce como Cerro de Oro.

¿Qué cuenta la leyenda del Volcán Tolimán?

Como casi todas las leyendas de los aborígenes de América, involucra la historia romántica de una pareja víctima de un amor desventurado.

En este caso, se trata de la princesa Ixim, hija del cacique Tolimán, y de Pedro, el modesto artesano de la tribu. La diferencia en el status social de los enamorados impidió que la pareja se consolidara. Al cabo de un tiempo, un cazador forastero, deslumbrado por la belleza de Ixim, la raptó y la llevó hacia los montes.

Toda la tribu salió a buscar a la joven, pero tras varios días de exploraciones infructuosas, cundió el desánimo y la gente volvió a sus tareas habituales. Todos salvo Pedro, que siguió para siempre vagando por la región en busca de su amada.

Pasado un tiempo, la princesa logró quitarle un puñal a su raptor, con el cual se quitó la vida, generando en su pecho una herida redonda como el cráter volcánico. El suspiro final de Ixim se convirtió en flor y voló hasta Pedro, quien siguiendo esa señal localizó a la princesa, que ya estaba muerta. Fue tanto su llanto, que llenó el valle de lágrimas, dando nacimiento al lago Atitlán; y él mismo, en señal de su ardiente amor y su desesperación, se transformó en volcán.

¿Cuál es el verdadero origen de ese volcán?

Por cierto, las explicaciones geológicas son bastante menos románticas, y revelan tres ciclos de crecimiento del complejo volcánico, con grandes erupciones meso silíceas a silíceas, y la formación de calderas.

El primero de los ciclos ocurrió hace entre 14 y 11 millones de años (Ma) y culminó con la formación de la gran caldera llamada Atitlán I, situada al norte del actual lago homónimo.

El segundo ciclo es de hace aproximadamente 10 a 8 Ma, y termina con los siguientes eventos: erupción de San Jorge, colapso generador de la caldera Atitlán II y un estadio final de inyección en forma de diques anulares.

El tercer ciclo ocurre durante el último millón de años, e incluye el crecimiento de los estratovolcanes cuaternarios, entre ellos el Tolimán, y la formación de la moderna caldera de Atitlán III.

Durante cada ciclo, los magmas máficos (básicos) cambiaron su composición, al fundir corteza andesítica (mesosilícea), y llegando a emitir también grandes volúmenes de magmas riolíticos (ácidos).

Tan larga historia eruptiva responde a  la presencia de un juego bien definido de fallas con rumbo NW y NE que dan paso al ascenso de magmas profundos,  que son a su vez provistos por la presencia de una anomalía térmica importante.

Se trata de un «punto caliente» o hotspot, que se relaciona con la subducción de la Placa de Cocos y el movimiento hacia el este sudeste de la pequeña Placa  del Caribe.

Pero no se asusten, todo esto les quedará más claro cuando avancemos un poco más en el conocimiento de la Tectónica Global.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es  de Wikipedia.

 

¿Un gol provocó un sismo en México?

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En las noticias de hoy, se lee que dos sensores en la ciudad de México registraron un «sismo artificial» con motivo de los saltos masivos de los hinchas mexicanos, que festejaban su triunfo nada menos que sobre Alemania.

Bonita historia, pero ¿es científicamente correcta, es posible acaso? Veámoslo.

¿Ocurrió realmente tal sismo en el día de la fecha en México?

Los que recibimos información del Servicio Geológico de los Estados Unidos, podemos asegurar que no hubo hoy en México ningún movimiento telúrico que superara la magnitud de 2,5  Richter, lo cual podría eventualmente coincidir con grados entre 1 y 3 – según la vulnerabilidad involucrada- como máximo, de la escala de intensidad de Mercali. Esto implica sismos que pasan normalmente desapercibidos.

Sismos de menor intensidad no se contabilizan, porque la Tierra es un bicho muy inquieto, y casi constantemente tiene lugar algún movimiento en algún lugar del mundo, que no califica más que como microsismo prácticamente irrelevante.

¿Podría  ser cierta la información de que dos sensores habrían registrado sismos?

Aun sin que se hayan registrado sismos  en México, – de ser verdad que dos sensores registraron vibraciones- la explicación debe pasar por otro lado, vamos a ello.

En primer lugar, se habla de sensores, no de sismógrafos. Y hay una diferencia importante, porque mientras que los sismógrafos tienen un sistema de filtros y una sensibilidad en un determinado rango, que en conjunto dejan afuera las vibraciones de fondo, que ocurren casi todo el tiempo en las zonas densamente pobladas; los sensores que se usan, por ejemplo para la prospección de petróleo, y que en forma más específica se llaman geófonos, tienen una respuesta mucho más sensible, ya que pretenden registrar las respuestas a los sismos artificialmente producidos al solo efecto de la investigación.

En otras palabras, estos últimos sensores detectan microsismos tan pequeños como el paso de un animal cerca del receptor. Por eso, es común el chiste entre los prospectores, cuando alguien del equipo inadvertidamente perturba el área donde está el geófono, que expresa: «ya pasó algún animal». 😀

En segundo lugar, sí ha habido en la fecha sismos de baja magnitud en Puerto Rico y en el estado de California en USA, que pueden haber generado registros a distancia en México y no sólo allí, pero sin superar la magnitud 2,5 de la que hablamos.

Entonces si algo hubo, pudo ser un microsismo o una simple vibración que un sensor, más sensible que un sismógrafo de la red  de prevención sísmica internacional, puede haber llegado a detectar.

¿A qué puede deberse la ocurrencia de microsismos en realidad?

Ahora, ya no hablamos de México en particular sino de microsismos en general. Y les recomiendo releer este viejo post para comprender mejor lo que sigue.

  • Ellos pueden deberse a los movimientos precursores o a réplicas distantes en el tiempo, de un sismo tectónico importante.
  • Pueden ser causados por movimientos de magmas bajo la superficie, o por explosiones de calderas volcánicas. Ambos pueden ser también de mayor magnitud, pasando al rango de sismos.
  • Pueden ser de impacto, por la caída de un meteorito, por movimientos de remoción en masa, o por causas artificiales que veremos en el punto siguiente.

¿Cuándo se habla de sismos artificiales?

Son siempre del grupo de terremotos de impacto y pueden deberse a explosiones, intencionales o no, a derrumbes de edificaciones o explotaciones mineras, y todos los que se provocan con la intención de prospectar recursos, como expliqué más arriba.

¿Por qué no se consideran sismos ni siquiera a escala micro, los registros que responden a otras causas?

Porque según la definición que ya les he adelantado hace muchos años, en el post que les mandé a leer hace un momento, un sismo es: «una liberación repentina de energía, que ocurre por debajo de la superficie terrestre, y que se transmite en forma de ondas a través de todos los materiales que encuentra a su paso».

Entonces, vibraciones como las que provocan el paso de un tren, el intenso tránsito en zonas urbanizadas, o como en este caso se argumentó, los saltos masivos de mucha gente,  no caben en la definición, porque se trata de procesos duraderos, no de liberaciones repentinas, y porque, además no ocurren por debajo de la superficie terrestre, sino sobre ella.

En definitiva,  el sismo de los hinchas mexicanos no es sino un bonito mito popular, que seguramente durará en el tiempo hasta que la gente termine creyéndolo verdadero.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio.

 

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