Archivo de la categoría ‘Geología y literatura’

Un drama de la vida real

Hoy he seleccionado para ustedes una nota titulada «Atrapado en un glaciar», escrita por Nicholas Hune Brown, y que apareció en la edición de enero de 2019 de la revista Selecciones Reader’s Digest y que me parece pertinente porque involucra a un científico que investigaba un glaciar, y al glaciar mismo

De ese artículo tomo hoy un parrafito introductorio solamente, porque con toda seguridad volveré sobre él en algún otro momento.

He aquí la cita que elegí para hoy:

…El sol resplandecía en la nieve recién caída sobre los picos y riscos irregulares del monte Himalaya. Iban a dar las 10:00 del 19 de mayo de 2014.

(John) All, científico de 44 años, había viajado a Nepal para realizar una expedición cuyo objetivo era recabar muestras de nieve para un estudio sobre la contaminación….

Si les ha gustado la introducción, no dejen de seguir al blog, porque habrá más de este artículo. Por ahora les deseo un buen fin de semana y los espero el lunes con un post de otro carácter. Graciela.

La foto es de este sitio.

La traducción del texto de la semana pasada.

El texto original en inglés pueden leerlo en el post del viernes pasado.

Natwatko es uno de los más rápidos pasajes de marea del mundo. Y aun detrás de este cuello de botella, yace una red de corrientes de agua, una especie de matriz geográfica. Detras de los estrechos, el océano es tan pacíficamente laberíntico, que se podría olvidar completamente que es el océano. Usted podría pensar que son los canales de Venecia. En su punto más estrecho se podría arrojar una piedra de uno a otro…

…Es la frontera sur de una región que todavía hoy carece de rutas o ciudades, alguna vez llamada «Área de Suministro de Madera de la Costa Media». Un sector forestal hoy conocido alrededor del mundo como el Bosque pluvial del Gran Oso.

Espero les haya gustado la descripción tanto como a mí. Los espero el lunes con uno de mis posts. Graciela.

Si este post les ha gustado como para compartirlo, por favor mencionen la fuente porque los contenidos del blog están protegidos con IBSN 04-10-1952-01.

Geología en una novela de Sidney Sheldon

Ya en otras oportunidades les he presentado algunos párrafos de este libro (Recuerdos de medianoche) de Sidney Sheldon, y hoy les traigo otro párrafo en el que describe las perforaciones petroleras de la época en que ocurre la acción.

-Es más complicado de lo que parece. Hay que poder sacar el material que se desprende al excavar, impedir que las paredes se derrumben y que entren agua y gas en el pozo.

-Con tanta perforación, ¿nunca se desafila el torno?

-Por supuesto. Entonces hay que sacar todo el aparato, ponerle una mecha nueva y volver a introducirlo en el pozo. ¿Piensas dedicarte a la perforación?

-No, señor. Pienso ser dueño de pozos petrolíferos.

-Felicitaciones. ¿Ahora puedo volver a mi trabajo?

———–

Volvemos con la literatura

Hoy vuelvo a extractar para ustedes un párrafo de ese magnífico libro titulado «Tango en el paraíso», de Robert James Waller, que como ya les comenté otras veces, es también el autor de «Los puentes de Madison». Waller nació en Estados Unidos en 1930 y falleció en su rancho de Texas en 1917.

En este caso, les presento una muy buena pintura de la reacción de mucha gente ante la evidencia científica que choca con sus propios prejuicios, gustos, o intereses. Veánlo por sí mismos:

Las cosas no mejoraron cuando el ecologista apareció en el local de la Legión Americana en Salamander, y volvió a hablar. Pero por alguna razón, resultaba más difícil hacer oídos sordos cuando la audiencia era reducida y todos podían mirarse a los ojos. Era delgado y muy serio, y hablaba con voz queda. Mostraba diagramas y números, y tenía respuestas tan serenas como contundentes para sus preguntas. Era como si supiera que sus críticas provenían de las creencias infundadas que se obstinaban en preservar, y no estaba dispuesto a dejar pasar una. Ellos se empeñaron en buscar lagunas en sus argumentos. No encontraron ninguna, y por eso le aborrecieron todavía más.

Como sucede con la mayoría de las personas, por muy inteligentes que sean, Axel Looker tenía su propia forma de dejar de lado las evidencias desagradables que no encajaran con lo que él quería. De manera que aunque sabía que el científico tenía toda la razón, no podía reconocerlo ante nadie, ni siquiera ante sí mismo.

Un abrazo y hasta el próximo lunes, cuando volveremos a aprender temas específicos de la Geología. Graciela

Continuamos la semblanza de Esteban Daszinsky

Este texto de hoy es la continuación del párrafo que seleccioné para ustedes la semana pasada, desde el libro «Más alto que los cóndores», de Víctor Ostrowsky, que ya hace mucho tiempo les he presentado, y sigo recomendando porque es extraordinario, pese a tener ya muchos años.

En nuestro mundillo montañés circulaban verdaderas leyendas respecto a Esteban (Stefan). Comenzó a ir a los Tatras siendo todavía un colegial. Se susurraba que, excelente tirador, había tenido extrañas aventuras con los Kosice (cabras salvajes) que pueblan esas torres rocosas y que poco había respetado las leyes que prohíben su caza. Luego se entusiasmó por la montaña propiamente dicha. En América del Norte, mientras terminaba sus estudios de minería tropezó con las Montañas Rocosas. En general, Esteban continuamente tropezaba con diferentes países y continentes. Trabajó dos años en la cuenca del Orinoco, gracias a lo cual hablaba bastante bien el castellano, y para nosotros eso tendría sumo valor. Corrió varias aventuras en los Pirineos. Se perdió luego en algún lugar de Marruecos. Intervino en perforaciones petrolíferas en la Mesopotamia. Buscó oro en las montañas de Yugoslavia… Creo que no llegó a Australia pero no apostaría mi cabeza en tal sentido. Su lema era: «En la vida todo es posible y realizarlo es fácil. Basta saber y querer» Siempre y en cualquier situación, Esteban supo querer.

Como ven, se trata de todo un personaje, y de paso introduzco aquí a los montes Tatras de los que ya me ocuparé en posts de lunes y mencionaré muchas veces cuando volvamos a compartir extractos de este fantástico libro.

Un abrazo y nos vemos el lunes con algo más científico. Graciela.

En la fotografía, que forma parte del propio libro, se ve en la cumbre del Aconcagua, y de izquierda a derecha a: Narkiewicz, Osiecki y Daszynski

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