Archivo de la categoría ‘Anécdotas Geológicas’
Un texto literario imperdible

Ya antes les he presentado el libro «Más alto que los cóndores», y les conté que es realmente extraordinario.
Por eso hoy les traigo otro parrafito directamente relacionado con nuestra amada Geología. Disfrútenlo como yo.
Pero debo aclararles que voy a dividir el tema de este párrafo en al menos dos posts porque es una jugosa (pero muy larga) semblanza de un geólogo que vale la pena recordar. Hoy les presento la primera parte del fragmento que lo describe y el viernes próximo lo completo sin falta.
¿El geólogo de la expedición? Éste era un asunto más difícil. En nuestro club sólo había un socio con esa especialidad: el ingeniero en minas Esteban Daszinsky. Pero estaba en un país lejano, allende las fronteras de Polonia, trabajando en unos yacimientos de oro y con excelente sueldo. Surgieron dudas. ¿Querría? ¿Se resignaría a dejar un interesante trabajo profesional y un brillante porvenir? Únicamente aquéllos que no conocían a Esteban podían pensar en semejante forma. Le enviamos una carta y respondió con un corto telegrama: «Llego tal día para reconocimiento médico». Para participar en la empresa abandonó todo y como, a la vez, se hallaba en excelentes condiciones físicas, no le temía a ningún examen médico.
Este texto continuará la semana próxima, y como ven, no tiene desperdicio.
Un abrazo y hasta el lunes. Graciela.
Sólo una invitación especial
Hoy les traigo una invitación que sólo se relaciona con la Geología a través mío, porque yo soy geóloga, jejeje. Pero por un lado, es un acontecimiento que me alegró la vida, y por otro, es viernes y eso nos permite divagar un poco.
Este evento ya lo conté el sábado 19 en mi otro blog. Los invito a ir a enterarse allí, siguiendo este link.
Los veo el lunes con un post de ciencia o divulgación científica de los míos. Un abrazo. Graciela.
Otro de esos momentos especiales

Como ya vengo haciéndolo hace mucho tiempo, hoy voy a compartir con ustedes uno de esos muy gratos recuerdos del trabajo de campo.
En esta oportunidad tuvo lugar luego de un agotador día correspondiente a una excursión que formaba parte del congreso Dark Nature en Mar Chiquita.
A mí me tocaba no sólo guiar y explicar uno de los fenómenos sobre los que habíamos investigado bastante: la querida cárcava de Corralito; sino también oficiar de traductora. Mientras a mi compañero de trabajo lo seguían los hispanoparlantes, yo conducía a un grupo al que me dirigía en inglés pero receptando y respondiendo preguntas también en alemán.
Eso es estresante ya que debo cambiar mi chip mental permanentemente entre tres idiomas, y significa también el desgaste físico de una larga caminata, con descenso a la cárcava misma: en suma un día en que volvimos todos muy cansados al hotel en que nos hospedábamos.
Y allí, nos esperaba la deliciosa sorpresa de una acogedora pileta de natación donde disfrutar un relax que no es común en el regreso de un día de campo, cuando sólo nos esperan hoteles baratos o campamentos temporarios.
Una tarde deliciosa y un recuerdo imborrable, ya que a eso siguió una cena de lujo en el propio comedor del hotel en Alta Gracia donde nos dimos estos lujos.
Los espero el próximo lunes con un post científico.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
¡Ay, los alumnos!
Esto que les cuento hoy, ocurrió en un examen de Pedología, con una alumna cuyo nombre recuerdo bien, pero no voy a dar a conocer, porque se dice el pecado pero no el pecador.
Les recuerdo que los compuestos químicos que contienen tres átomos de oxígeno unidos a dos átomos de otro elemento, se denominan sesquióxidos, y son ejemplos: el óxido de aluminio (Al2O3) y el óxido férrico ( Fe2O3) entre otros. En ellos, casi siempre el metal se encuentra en el estado de oxidación 3+.
Tienen los sesquióxidos un papel de gran importancia en algunas etapas de desarrollo de determinados tipos de suelos, de modo que en un examen de Pedología no podían dejar de ser mencionados muchas veces.
Pero la alumna cuyo nombre me reservo, a lo largo de todo el examen, se refirió a ellos como sexyóxidos», hasta que no pude menos que preguntarle:
«-¿Me podrías explicar qué es lo que tienen de sexy esos óxidos?».
Han pasado muchos años, pero supongo que todavía no entendió la pregunta, a juzgar por la cara de asombro que puso, y por la ausencia total de respuesta.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
Otro de mis recuerdos

Ya hace mucho que comencé a contarles las situaciones más peligrosas que tuve que sobrellevar en mi tarea geológica.
Hoy les traigo otro recuerdo acerca del cual prefiero no ser demasiado precisa. Sólo puedo decirles que fue en la plataforma basculada de nuestra provincia de Córdoba.
Estábamos dos colegas y yo preparando uno de tantos trabajos científicos para publicar, y como parte de nuestra búsqueda de elementos que nos permitieran develar la historia de un paquete sedimentario, veníamos siguiendo un paleosuelo que usábamos como guía de la continuidad lateral de la formación que intentábamos interpretar.
Eso nos fue llevando hacia una parte cubierta por un sembrado de soja, que era totalmente ilegal, ya que se adentraba en terrenos fiscales, casi hasta rozar la vía del ferrocarril, lo cual está prohibido, obviamente.
Supongo que nuestro vehículo, estacionado a pocos metros, era bastante conspicuo, porque en el momento en que comenzábamos a bajar nuestros elementos de trabajo, y mientras uno de mis compañeros comenzaba a tomar fotos de nuestro horizonte guía, llegó a buena velocidad un hombre en una cuatro por cuatro, y bajó increpándonos a gritos:
-¡¿ Por qué están tomando fotos de mis cultivos?! ¿Qué están buscando?
Obviamente sabía el hombre que estaba cometiendo una infracción, que no sé si se caratularía como delito o no, pero que en realidad a nosotros no nos importaba, entusiasmados como estábamos con nuestra investigación.
Allí respondimos, todavía sorprendidos por la violencia de su reacción, pero sin demasiadas preocupaciones al respecto, que éramos investigadores de la UNC, y ése fue el error, ya que la palabra «investigadores» no sé qué resortes pulsó en su mente, pero con una voz muy baja y de tono amenazante, nos interrumpió diciendo:
-Ustedes no tienen nada que investigar en mis cultivos, ¿entienden?
Y así diciendo, se abrió significativamente la campera, para mostrar la culata de un arma que llevaba calzada en el cinturón.
Obviamente perdimos el interés científico en el acto, y pidiendo disculpas, recogimos nuestra caja de reactivos, las palas y otros instrumentos y volvimos a nuestro auto.
Huelga decir que ese horizonte guía finalmente no fue motivo de ninguna de nuestras publicaciones.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.