Mi colega, el Dr T.

Hace un tiempo que les prometí contarles las más divertidas anécdotas que tuvieron lugar en mis tareas de campaña.

Hoy voy a contarles una de las primeras ocasiones en que un malentendido nos hizo reír muchísimo. Esto ocurrió cuando yo me acababa de recibir y estaba participando en un relevamiento geofísico para la que por entonces era la Comisión Nacional de Energía Atómica. La gente de la pequeña ciudad de Cosquín, donde yo pernoctaba, ya conocía nuestras camionetas, y nos relacionaba con el mineral de uranio que estábamos prospectando. Por otra parte, el Director de CNEA por entonces era el Dr T…, y así ( con su nombre completo, por supuesto) lo llamábamos todos.

El caso es que ya nuestro grupo y el Dr T eran parte de la comidilla del pueblo.

Una tarde, llegó al campamento base, un hombre del pueblo, queriendo hablar con el Dr T., y uno de los ayudantes le preguntó por qué asunto, ya que siempre venía gente pidiendo trabajo.

La respuesta nos dejó a todos pasmados:

-Es que me siento enfermo desde hace unos días.

-¿Y por qué quiere verlo a él?

-¿Acaso no es el médico del Uranio?

¡Chán chán!!!

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