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¿Qué significan los términos biostasia y rexistasia?

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Cuando se habla de algo tan mutable y dinámico como es un paisaje natural, hay términos de indudable utilidad, más allá de que no sean ya novedosos.

Entre ellos, hay dos palabras que vale la pena conocer, y ellas son biostasia y rexistasia, que describen muy bien diferentes situaciones en la historia de la evolución de un relieve.

¿Qué significa biostasia?

A lo largo de la evolución de un paisaje, la situación en que dominan los procesos biológicos y químicos por sobre los mecánicos, se conoce como biostasia, de bios= vida y stasis= equilibrio.

Puede definirse también como la condición ambiental en la que se favorece la proliferación vegetal. En este estado de la topografía, el clima y el relieve, hay fuerte meteorización y débil erosión; poco transporte de materiales fuera del lugar, y dominante sedimentación clástica de grano fino, y de todos los tamaños de partículas de origen orgánico.

Más aún que la simple meteorización química, se instalan con fuerza los procesos pedogenéticos, por lo cual se dice que la situación es de pedogénesis.

¿Qué es la pedogénesis?

Pedogénesis es el conjunto de procesos que dan origen al suelo, y definen su posterior evolución. Cuando domina la pedogénesis, está implícita una calma geológica, sin cambios en el nivel de base; y consecuentemene, hay un  relativo «descanso» en lo que hace a los procesos que modelan el relieve.

¿Qué es la rexistasia?

La palabra rexistasia procede del latín, en el que rhexein significa romper, y se refiere al intervalo de tiempo en el cual la vegetación se encuentra desfavorecida por las condiciones climáticas, o bien resulta empobrecida o eliminada por otras causas, tales como incendios, naturales o no, cubiertas de cenizas volcánicas, etc.

En ausencia de la vegetación, se vuelven dominantes los procesos erosivos, y se habla de una situación general de morfogénesis, en la que la meteorización física es más intensa que la química, y los materiales resultantes son transportados por los agentes erosivos como agua, viento, etc.

¿Qué es la morfogénesis?

Como ya venimos adelantando en el punto anterior, durante los intervalos de rexistasia, el proceso dominante es la morfogénesis, es decir, el labrado de las formas del relieve por los agentes que lo erosionan.

Esto se debe a que al faltar la cubierta vegetal, el suelo queda desprotegido del ataque pluvial y eólico, y también a que cambia el balance del ciclo hidrológico, aumentando el volumen de agua que escurre, por haber disminuido las fracciones evapotranspiradas. Cuando la morfogénesis avanza, también disminuye la fracción infiltrada, porque se pierde el suelo y se expone la roca desnuda, mucho menos porosa y permeable.

¿Cómo se alternan ambas situaciones?

La combinación secuencial de ambas situaciones se expresa en la teoría de la biorexistasia, creada por el edafólogo francés Henri Erhart.

Dicha teoría se manifesta a través del más puro sentido común. En efecto, una vez instalada cada una de las etapas, ellas comienzan a trabajar a favor de la otra, que habrá de sucederla en algún momento más o menos alejado en el tiempo.

Efectivamente, si comenzamos el análisis durante el tiempo inicial de la rexistasia, obviamente los agentes erosivos se enfrentarán al suelo preexistente que acaba de perder su protección vegetal. En esa primera instancia, los procesos son comparativamente rápidos ya que el suelo es material desagregado de fácil transporte.

No obstante, al continuar el proceso, a medida que desaparece el suelo y aparece la roca subyacente, más compacta, la erosión se desacelera, facilitando una mayor meteorización, y eventualmente, la nueva generación de un suelo adecuado a las condiciones climáticas imperantes en esa nueva instancia.

Pero cuando el paisaje nuevamente alcanza su biostasia, basta un cambio climático hacia la aridez, un incendio, un anegamiento más o menos prolongado, la depositación de cenizas volcánicas o sedimentos finos, o – lamentablemente algo muy común- la deforestación antrópica, para que la cubierta desaparezca, y el equilibrio vuelva a correrse hacia un nuevo periodo de rexistasia.

En otras palabras, cada etapa se mueve hacia su propio final desde el momento mismo en qne se inicia, del mismo modo que todos al nacer caminamos hacia la muerte, sea ésta próxima o distante en el tiempo, pero siempre inevitable.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La foto que ilustra el post es del Cañón del Colorado (Grand Canyon) en Estados Unidos, un paisaje típicamente en rexistasia.

¿Qué se entiende por patrimonio geológico?

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Este post introduce un tema sobre el que volveremos a hablar muchas veces, creo yo.

¿Qué se entiende por patrimonio geológico?

Comencemos, como me gusta a mí, por buscar el origen del término que nos ocupa. La palabra patrimonio deriva de los vocablos latinos patri : padre, y onium: recibido. Por ende, podría entenderse el patrimonio como “lo recibido de los padres”.

En otras palabras, alude de alguna manera a la herencia de una comunidad, que hoy entendemos como depositaria provisoria de una riqueza que tiene la obligación de conservar, para poder transmitir luego a las generaciones futuras.

Para que un paisaje natural o alguno o algunos de sus componentes se consideren patrimonio geológico, deben ser resultantes de procesos geológicos de particular interés, y/o presentar alguna singularidad por su valor estético, científico o didáctico.

Una definición tan amplia no puede menos que abarcar componentes que interesan a tan variadas disciplinas dentro de la Ciencia Geológica como la Geomorfología, Estratigrafía, Tectónica, Petrología, Mineralogía, Paleontología, Hidrogeología, Geología Ambiental, Minería, etc.

Por otra parte, si bien tiende a pensarse en el patrimonio geológico como algo siempre relacionado con una vista o paisaje, hay también una parte del patrimonio que es mueble, vale decir que puede trasladarse, y se conserva en museos o colecciones, como es el caso de determinados fósiles, minerales, rocas o meteoritos, por mencionar algunos.

Cabe consignar también que el patrimonio geológico puede pasar desapercibido para el ojo de la persona no entrenada para reconocerlo, cuando su valor es científico, a menos que a él vayan unidas belleza y/o espectacularidad.

También debe señalarse la intrínseca heterogeneidad del patrimonio geológico, que puede incluir tanto elementos microscópicos, como las mayores estructuras del planeta; activos como inactivos; relativamente permanentes o comparativamente efímeros.

¿Qué clase de elementos naturales pueden constituirse en patrimonio geológico?

Enumeremos los posibles candidatos, y luego, en la siguiente pregunta, veremos los requisitos que estos elementos deberán satisfacer para su ingreso definitivo al listado de la riqueza que la geología nos entrega y que debemos preservar.

Pueden llegar  a considerarse patrimonio geológico, los elementos como:

  •  yacimientos mineralógicos, minerales y colecciones de minerales,
  •  estructuras tectónicas, como fracturas, domos, pliegues, corrimientos, etc.,
  • yacimientos paleontológicos, fósiles y colecciones de fósiles,
  • afloramientos de diferentes tipos de rocas,
  • sitios de impacto meteorítico y meteoritos,
  • localidades-tipo,
  • secciones estratigráficas, estratotipos y estructuras sedimentarias,
  • suelos y perfiles edáficos,
  • depósitos de inundaciones, rastros de tsunamis o de actividad geotérmica o volcánica, deslizamientos, etc.,
  • elementos geomorfológicos, que generan formas de relieve características.

Y un largo etcétera.

Pero debe tenerse en cuenta que NO se pueden clasificar como patrimonio geológico, aquellos elementos del paisaje que- por muy llamativos que sean- hayan implicado intervención humana en su generación. Ejemplos de estos casos serían las instalaciones mineras, ruinas antiguas, megalitos o manifestaciones de arte rupestre. En cambio, muchos de estos elementos pueden llegar a ser patrimonio arqueológico.

No obstante, hay que hacer una salvedad, puesto que sí son considerados parte del patrimonio geológico aquellos elementos cuya génesis es natural, pero sólo han quedado expuestos o son visibles con posterioridad a la intervención humana, como sucede cuando una excavación vial, pone al descubierto un yacimiento fosilífero, por ejemplo.

¿Qué requisitos son exigibles para que un elemento natural se considere patrimonio geológico?

En general puede decirse que el particular interés que caracteriza al patrimonio geológico procede de una de las siguientes circunstancias, o de la reunión de dos o más de ellas:

  • el hecho de tratarse de un «first site», es decir un lugar en que se definió o reconoció por primera vez un aspecto, estructura, registro o fenómeno geológico. Esos primeros sitios son valiosos por el impulso que generaron en el avance de la ciencia, aunque después las definiciones y/o explicaciones originales se vayan modificando al reconocerse nuevos ejemplos que hasta pueden llegar a ser mejores que el inicial. A veces, minerales, formaciones, fósiles, rocas, etc., toman el nombre del sitio de su primer reconocimiento.
  • ser lugares relacionados con procesos geológicos activos de ocurrencia reciente, lo cual permite comprender mejor la dinámica geológica.
  • tratarse de lugares representativos de la geodinámica propia de una región dada.
  • ser lugares modélicos o best sites, donde mejor puede verse un determinado aspecto, proceso o elemento geológico. No tienen que ser ni característicos de la región, ni constituirse en el primer lugar donde se describió el tópico en cuestión, pero sí debe verse claramente el objeto de interés.
  • ser sitios patrón (pattern sites), donde se puede reconocer el diseño general de un periodo de tiempo geológico específico. Allí se encuentra el registro sedimentario más completo y continuo para ese intervalo, y con ellos se comparan los registros de otras regiones.
  • ser lugares que muestren procesos únicos (unique sites): por ejemplo, donde se conservan restos de organismos transicionales que no volverán a repetirsea lo largo de la evolución.

¿Qué implicancias tiene la declaración de patrimonio geológico?

Por la definición misma, la primera noción implícita es la del compromiso de legar el patrimonio geológico a las generacioens venideras. Esta noción  se reconoce ya desde mediado el siglo pasado, aunque el gran impulso se produjo recién en el año 1991, con la realización del Primer Congreso Internacional de Conservación del Patrimonio Geológico, en Digne, Francia.

Asistieron a esa reunión más de 100 especialistas de 30 países, los que firmaron la Declaración Internacional Sobre los Derechos de la Memoria de la Tierra, en la cual se solicita a todos los gobiernos a poner en práctica medidas legales, financieras y organizativas tendientes a la preservación de esa memoria registrada en el patrimonio geológico.

Para alcanzar ese objetivo, hay esencialmente cuatro conjuntos de acciones:

  • realización de inventarios para conocer el patrimonio geológico de cada país, estado o región,
  • desarrollo de legislación que proteja ese patrimonio inventariado,
  • geoconservación, a través de la aplicación de las leyes mencionadas arriba, y
  • divulgación, ya que se entiende que toda la humanidad debe acceder al disfrute de ese patrimonio.

Todas esas acciones deben encararse en conjunto, y recordando que debido a que el patrimonio geológico constituye la memoria que la propia naturaleza acuña de eventos que pudieron tener lugar a veces cientos o miles de millones de años atrás, es un recurso no renovable, y lo que pueda perderse es por lo tanto irrecuperable.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es la divisoria de aguas en el circuito de parques nacionales de la Meseta de Colorado en USA.

La Bibliografía básica que he consultado para este post es: la Guía práctica para entender el patrimonio geológico de Luis Carcavilla Urquí, publicada por el Instituto Geológico y Minero de España. C/Ríos Rosas 23, 28003, Madrid. E-mail: l.carcavilla@igme.es

¿Cómo se dice, la alerta volcánica o el alerta volcánico?

embajadora paísTal vez ya les haya contado que soy Embajadora de la Palabra de Argentina, designada por el Museo de la Palabra de Madrid, de la Fundación César Egido Serrano. (Sí, sí, y el chiste de que estoy en el museo ya  me lo han hecho, así que picarones abstenerse, please…)

Este honor que me han conferido, me compromete a velar por la pureza del idioma, al margen de que me fue otorgado, entre otras cosas, precisamente por ser bastante obsesiva con la gramática y el estilo.

Así, pues, no creo que les extrañe si les cuento que en mi otro blog, ya llevo varios posts señalando los errores comunes que NO deberían cometerse tan habitualmente como sin embargo se cometen.

Y recientemente me he dado cuenta de que hay al menos un par de ellos en los que mis propios colegas incurren con demasiada asiduidad.

Por eso es que ahora los remito a las explicaciones relativas a dos casos particulares de barbaridades que muchas veces aparecen en los textos científicos y técnicos relacionados con la Geología:

¿Se dice alerta volcánica o volcánico, sísmica o sísmico?

¿Se dice esa área y esa agua, o ese agua y ese área?

Pueden leer una explicación completa para cada uno de los casos en mi blog «¿Y si hubiera una vez?», para lo cual sólo deben seguir los links incorporados en cada una de las anteriores preguntas.

Les aclaro, antes de que se tomen la molestia de ir a visitar ese blog, que como se trata de mi blog personal, no científico, van a encontrar en él muchas licencias que me tomo en nombre del humor, y hasta a veces satirizando  y exagerando el mal uso del lenguaje, para ilustrar el punto.

Y recuerden que también ese blog está registrado con IBSN, de modo que si replican los posts deben mencionar el origen.

Un abrazo y hasta el próximo lunes. Graciela.

¿Sismo o seísmo?

Imagen1terremotoYa antes les expliqué -en otro post- el uso de los términos sismo y terremoto. Hoy nos toca hablar sobre esa otra confusión que existe respecto a las designaciones sismo y seísmo.

¿ Sismo y seísmo son o no sinónimos?

Pues sí, lo son, y ambos figuran en el diccionario de la Real Academia Española, como sinónimos también de terremoto. Y en el lenguaje técnico y científico tienen el mismo rango, sin diferencia alguna.

¿Por qué algunos asumen que hay diferencias en intensidades y/o magnitudes entre los eventos que designan como sismo o seísmo según el caso?

Simplemente porque toman como válida la percepción popular- sin fundamente alguno- que asigna de manera caprichosa y subjetiva determinadas «gradaciones» a los eventos que padece.

Y según algunas fuentes, es también una estrategia de las compañías de seguros, que a la hora de pagar daños por terremotos, tratan de evitar dichos pagos, señalando que se trataba de un seísmo y no de un sismo, si lo que rezaba en la póliza era esta última palabra, y viceversa.

¿Cuál de las palabras es correcta en castellano?

Como ya dije más arriba, ambas son perfectamente intercambiables. La palabra seísmo, más próxima a la etimología original, que es el término griego seismo (σεισμóς) pasó por el francés a séisme, y de allí al español como seísmo, y al inglés como seism. La mayor antigüedad de las lenguas europeas no incluyó más deformaciones, de allí que en España sea más común el uso de seísmo que el de sismo.

En cambio, el viaje del término hacia América, significó una nueva mutación, razón por la cual en el nuevo continente hispanoparlante la palabra más habitual es sismo, por sobre seísmo.

Pero en definitiva, ningún término es el más correcto. Si lo analizamos bien, sólo se trata de matices regionales que privilegian uno u otro término, en función de la historia de su propio lenguaje.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio, pero si lo visitan, sepan que la explicación es muy precaria y el esquema engañoso. No lo tomen como una verdad científica exacta.

Glosario geológico: ¿La margen o el margen del río?

19-02-10_1150Si bien este post tiene una intención esencialmente semántica, me pareció que podía incluir en él bastante más que la simple aclaración sobre una duda gramatical.

En efecto, muchas veces los alumnos de Geología se equivocan con la terminología correcta para designar las diversas partes de un río, puesto que se trata de un tema abordado por la Geografía, y que en los textos iniciales de Geología, brilla por su ausencia.

Pero ya que lo prometí en el título, comenzaré por el aspecto lingüístico, y luego explicitaré otros más.

¿Cómo se dice de manera correcta: el o la margen del río?

La palabra margen en la actualidad puede usarse tanto en género masculino como femenino, según el significado que se le quiera atribuir.

Para referirse a un espacio libre en los bordes de una página escrita; o bien cuando se refiere a un espacio u ocasión; o a una cantidad que se asume como diferencia, el término es indiscutiblemente masculino.

Así, se hablará de algo anotado «en el margen de la hoja», o «del margen de error».

Pero, cuando se trata del borde u orilla de un río, se prefiere el uso femenino, «la margen del Paraná», por ejemplo; aun cuando usarlo en masculino no es tampoco considerado un error.

O sea que hay «un margen» de tolerancia en el uso de la palabra.

¿Cuál es la forma de decidir cuál es la margen derecha y cuál la izquierda?

Muchas veces se plantea la duda, porque si uno mira hacia la parte alta del curso la izquierda es una orilla; pero si  se da vuelta y mira aguas abajo, la margen izquierda es la otra.

Para evitar confusiones, la convención dice que se debe definir orilla o margen  izquierda, a la que queda de ese lado cuando se mira hacia la desembocadura.

Una nemotecnia muy lógica y sencilla es pensar que uno «acompaña» al río en su camino,  (es decir se desplaza como lo hace el agua) y en esa posición definir las márgenes izquierda y derecha.

¿Qué otras partes del río debemos aprender a denominar correctamente?

Lo primero que voy a señalar es que la nomenclatura fluvial es amplísima y profusa, imposible de agotar en un solo post, pero ahora me referiré a las partes de la corriente en un perfil transversal no encajonado, vale decir, donde la topografía permite las variaciones a las que me voy a referir hoy.

Y en esa situación, los términos que debemos conocer son, mínimamente:

  • Canal de estiaje.
  • Lecho mayor
  • Talweg
  • Paleocauces
  • Planicie de inundación
  • Terrazas fluviales.

Y en sucesivos posts iremos conociendo mucho más sobre las cuencas fluviales y sus características.

¿Qué es el canal de estiaje?

El canal de estiaje también conocido como lecho menor es la parte del cauce que a lo largo de todo el año se encuentra bajo el agua. Es decir que se trata de la parte del cauce que nunca se seca.

El nombre procede de la palabra estío, que quiere decir verano, porque en el régimen Mediterráneo, propio de las partes de Europa donde el término fue acuñado, es precisamente ésa la temporada sin lluvias, a la inversa de lo que ocurre en nuestro país sudamericano.

¿Qué es el lecho mayor?

Es la parte del canal natural por el que fluye el río durante los períodos de lluvia, cuando se generan las crecidas.

Tanto éste como el canal de estiaje tienen configuraciones dinámicas, porque las temporadas lluviosas o secas no se replican de manera idéntica siempre. Es decir que a veces no se ocupará por el agua todo el lecho mayor, y a la inversa, sucede también que el canal de estiaje estará a veces algo excedido aun en las estaciones secas.

Estos cambios acompañan los ciclos naturales de cada lugar y cada cuenca.

¿Qué es el talweg?

Pese a que muchos autores usan este término como sinónimo del canal de estiaje, ya definido, ese significado es incorrecto.

En efecto, mientras que el canal de estiaje es una franja, el talweg, talueg o talveg, como también se lo denomina regionalmente, es una línea que une los puntos de mayor profundidad en el lecho.

La palabra deriva de dos vocablos alemanes: Tal (valle) y Weg (vía o camino), que juntos indican «el camino del valle», señalando que de escurrir solamente un hilillo de agua, ése será su camino preferente.

¿Qué son los paleocauces?

Se trata de canales abandonados por diversas razones que veremos en detalle en otra oportunidad, pero que se pueden enumerar como: cambios climáticos, cambios estructurales, cambios erosivos, rectificaciones de antiguos meandros, etc.,

Por cualquiera de esas razones, o por una convergencia de varias de ellas, es corriente que se definan nuevos trazados para el agua que fluye en una topografía dada, y que, consecuentemente, otros cauces resulten inactivos.

Esos canales antiguos (como indica el prefijo paleo) que han dejado de ser funcionales en intervalos dados, pueden sin embargo reactivarse a lo largo de la historia geológica de una región dada.

No tomar esto en consideración puede tener consecuencias catastróficas,

¿Qué es la planicie de inundación?

La planicie de inundación es un área muy amplia, en la que canales sinuosos, a lo largo de sus divagaciones, han ido dejando los rastros de la erosión y de la sedimentación fluviales.

Exceden con mucho al lecho mayor y son lo bastante engañosas como para invitar a su urbanización, porque a veces, por largos períodos se mantienen libres de las avenidas de agua. Pero su sola presencia y topografía deberían alertar respecto a la siempre latente amenaza de inundación de toda el área, cuando ocurren precipitaciones excepcionales.

Un postulado básico es que la llanura de inundación forma parte integrante del sistema fluvial, y sus límites suelen ser las terrazas adyacentes.

¿Qué son las terrazas fluviales?

Una definición sencilla es que ellas son los verdaderos límites de un río en un momento dado de su evolución, porque en el paisaje representan alturas topográficas con cotas claramente distintas a las de la planicie de inundación.

Pero el tema de las terrazas y su generación y evolución es demasiado extenso para esta primera aproximación, de manera que será tema de otro post.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post vino en una cadena de mails, no conozco al autor.

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