Archivo de la categoría ‘Historia de la geología’

Otra joyita bibliográfica

No hace mucho les presenté un libro que había descubierto hurgando en una venta de usados de las que cada tanto realiza la biblioteca de la Alianza Francesa de Córdoba; que me parece una joyita por su antigüedad.

Hoy les subo un pdf de otra joya inapreciable, que me envió en pdf y por mail un lector del blog llamado José Eduardo. Él sabrá que lo estoy mencionando y le estoy agradeciendo aquí.

Volviendo a esta joya, data de 1802, nada menos, lo que lo hace una verdadera reliquia por un lado, y provee muchas lecturas curiosas por el otro.

De ambos libros, no podré menos que subir muchos posts comentando los contenidos particularmente interesantes y/o curiosos.

Es decr que si no se toman el trabajo de leer el texto que les incluyo, igualmente en algún momento disfrutarán conmigo de algunos de sus contenidos, pasados por el tamiz de mi propia observación, y con mis propios comentarios al respecto.

Y agradezco una vez más la paciente búsqueda de José Eduardo, que explorando la red encontró esta perla invalorable.

Librorocas solidas by Graciela L. Argüello

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

Breve reseña histórica de la Ciencia Geológica

Hoy les presento un apunte que escribí para mis alumnos por allá por la década del 80, pero que debido a que su tema es un recuento de avances de la ciencia, no pierde su vigencia, aunque se haya detenido mi narración hace más de 30 años.

Debo aclararles que, por la época en que lo escribí, no soñaba siquiera con tener una computadora, de modo que sólo tengo la versión en papel, escrita a máquina, y en papel tamaño oficio. Les cuento esto porque ahora al escanear el apunte (porque no pienso ponerme a pasarlo en limpio, siendo algo ya viejo), los últimos renglones escapan del espacio disponible en mi escaner, y verán que los agrego por fuera de las imágenes digitalizadas por ese medio. No quedará prolijo en exceso, pero se deja leer.

Otra aclaración es que en el texto aparecen llamadas con números, que los llevan a un glosario de términos empleados en el apunte, y que tal vez no conozcan. Pero para no hacer este post tan largo, ese glosario será subido en el post del próximo lunes.

Por fin, les recuerdo que este trabajo debe citarse como sigue:

Argüello, Graciela.1985.”Geología: su posición entre las ciencias. Breve reseña de su historia en el mundo y en nuestro medio” Cuadernillo didáctico Nº I de 25 págs. Uso interno en la U.N.C. y en la U.N.R.C.

 

Reseña Histórica de La Geología. by Graciela L. Argüello on Scribd

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

Olsacher, un geólogo cordobés que dejó marca

Hoy voy a contarles lo poco que sé de un geólogo cordobés notable, que no llegué a conocer porque falleció antes de de que yo soñara siquiera con elegir una carrera universitaria. Sin embargo, cuando finalmente ingresé a la Facultad, todavía se contaban allí numerosas anécdotas de este tan especial profesor. Esas anécdotas pueden o no ser del todo ciertas, pero las iré relatando en los posts de los viernes, del modo en que llegaron a mis oídos… E se non è vero, è ben trovato (si no es verdad, está bien hallado).

Pero hoy, mi tributo es mucho más serio, y para eso he intentado reunir algunos datos, lo cual no ha sido fácil.

¿Qué sabemos de la vida de Olsacher?

Como ya he advertido más arriba, no hay mucha información publicada acerca de los detalles de su vida personal, tal vez por aquello tan humano que ha entronizado la locución: «¡Qué va a ser famoso si vive a la vuelta de mi casa!»

Y eso pasa con este profesor, tan nuestro que no hay historiadores que se hayan ocupado seriamente de él. Mucho de lo que nos llega es a través de los que alguna vez fueron sus discípulos, la mayoría de los cuales tampoco están ya entre nosotros.

Pero digamos lo que sí sabemos.

Nació en 1903, en Córdoba, la Docta, de padre austríaco y madre alemana, lo que nos permite imaginar una férrea disciplina a la hora de estudiar, más allá de las muchas extravagancias que de él se cuentan también, cuando de otros aspectos se trata.
Estudió Geología en la Universidad Nacional de Córdoba, recibiendo su título en 1930. Luego de finalizados los estudios, viajó a Dresde, Alemania, donde realizó una pasantía bajo la tutela de Eberhard Rimann y Walter Tröger.  Állí se sintió atraído por la especialidad de Mineralogía, en la que habría de destacarse especialmente, pese a ser también- por su gran capacidad integradora- un dotado geólogo generalista y regional, que desarrolló una invalorable tarea en el reconocimiento de las Sierras Pampeanas.
La agudeza de sus observaciones lo convirtieron por añadidura, en un excelente descriptor de campo, y algunos de sus alumnos recordaban su lema: «¡Vista larga y paso corto!». Con ello señalaba la importancia de observar todo el contexto por un lado (vista larga); y la necesidad de no desatender las descripciones detalladas en cada sitio significativo (paso corto).  Hubo entre sus discípulos quienes interpretaban además que su «paso corto» entrañaba una recomendación de dosificar la energía para campañas que podían ser extremadamente largas y extenuantes, si no se apoyaban en el buen criterio y la disciplina.

Nada más puedo contarles de su vida personal, salvo que falleció en la misma ciudad que lo vio nacer, en el año 1964.

¿Cuál fue su actividad en la Escuela de Geología de Córdoba?

A su regreso de Alemania, fue durante cuatro años ayudante del profesor Robert Beder, en la cátedra de Mineralogía de la Universidad Nacional de Córdoba. A partir de 1934 y hasta su muerte, treinta años después, fue el profesor encargado de la  ya mencionada cátedra, aunque dictó además todas las materias de la carrera que iban requiriendo su concurso mientras no se cubrieran los cargos con nuevos profesores. Prácticamente la continuidad del dictado de toda la carrera se debe a su tarea incansable.

Antiguos alumnos suyos lo recuerdan por su apodo – «El Puma»- que alguna vez me comunicó el Dr. Antonio Di Fini, pero lamentablemente sin explicarme a qué se debía tal apelativo; y por su característico chambergo ladeado, que era su marca personal.

Otros lo evocaban trasladando de aula en aula numerosas carpetas y libros, con los que dictaba sus clases en una gran variedad de materias, tal como ya les he contado.

¿Qué nos ha legado?

A la par de su tarea docente, Olsacher fue Director de los museos de Mineralogía y Geología de la Universidad Nacional de Córdoba, y del Provincial de Ciencias Naturales; y presidió la Academia Nacional de Ciencias entre los años 1950 y 1952.

Como ya lo habían hecho los primeros geólogos europeos que llegaron a Córdoba, también Olsacher dedicó parte de su tiempo a la confección de cartas geológicas.

Entre sus obras publicadas merecen especial mención la que apareció en 1938 con el título «Los Minerales de la Provincia de Córdoba», y la de 1942 titulada «Los Yacimientos Minerales de la Sierra de Córdoba».

Pero es su mayor legado el texto «Introducción a la Cristalografía», de 1946, que fue utilizado en diversas universidades del mundo hispanoparlante, y que aún es obra de consulta en muchos aspectos.

Publicó también “El Límite entre los Océanos Atlántico y Pacífico” escrito en 1956 en colaboración con F.A. Daus y L.R.A Capurro, y  fue coautor de “Contribución a la Geología de la Antártida Occidental” en 1957.

Llegó a publicar 36 trabajos sobre temas de su especialidad en los Anales de la Sociedad Científica Argentina, en la Revista Geográfica Sudamericana,  y en la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, entre otros medios.

A toda esta labor, sumó la fundación y edición de la revista Comunicaciones.

En otros aspectos de su investigación científica, mejoró notablemente el método de Hobson para realizar bloques diagrama, propuesta que presentó en 1960.

En el campo específico de la Mineralogía, descubrió, describió y publicó nuevas especies minerales, como la achavalita en 1939, y la schmiederita en 1962. Esta última fue por él encontrada en Los Llantenes, La Rioja, y bautizada schmiederita, como un homenaje a Schmieder, que era el Director a cargo del Museo Provincial cuando Olsacher trabajó en él.

¿Qué homenajes se han hecho a su importante tarea?

Tal vez el que más le habría gustado es el de haber denominado a un nuevo mineral, en su honor.  En efecto, la olsacherita le debe su nombre, que le fue asignado en 1969 por Hurlbut y Ariastarain, al descubrirla en Bolivia. Se trata de un selenio-sulfato de plomo, Pb2 (SeO4) (SO4), ortorrómbico, incoloro, de densidad 6,55, transparente a translúcido, de brillo vítreo y dureza 3 a 3’5 en la escala de Mohs.

Pero hay también otros homenajes, como la calle Dr. Juan Olsacher que se encuentra en el Centro de La Rioja , y el Museo Prof. Dr. Juan Augusto Olsacher en Zapala, Neuquén, Argentina

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es de Imágenes Google.

144 años de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba

En estas fechas, pero el año pasado, con motivo de tan importante aniversario, preparó la Facultad este video institucional.

Un precursor del desarrollo de las Ciencias Naturales en Argentina: Bonpland

Si bien es cierto que Bonpland no desarrolló su trabajo específicamente en el área de la Geología, su tarea significó un impulso innegable en el avance de las Ciencias Naturales en nuestro país, por entonces muy joven.

Por otra parte, cuando en un post de viernes subí un párrafo tomado de una novela de Daniel Kehlmann, publicada en 2005 y titulada Die Vermessung der Welt (La Medición del Mundo), en la que Humboldt y Gauss eran los protagonistas,  y en el que aparece también la figura de Bonpland, recibí algunos mails pidiendo información sobre la verdad histórica de la narración, pues muchos pensaron que este último- menos conocido que los otros dos- era un personaje ficticio. Bueno, aquí está el post prometido a los que me escribieron entonces.

¿Quién fue Bonpland?

Su verdadero nombre era Aimé Jacques Goujard, pero ante el notable interés que desde niño manifestó por cultivar plantas, su padre lo apodó Bon  plant (buena planta en francés), nombre que luego él mismo adoptó, pero metamorfoseado como Amado (traducción al castellano de Aimé) o Amadeo Bonpland. Hay otra versión que atribuye el apodo a su abuelo, quien lo habría aplicado a su padre. Personalmente prefiero la primera versión, simplemente porque lo pinta como el botánico en ciernes que un día asombraría al mundo.

Bonpland no sólo era botánico, sino también médico, según veremos en seguida. Era amigo personal de Alexander Von Humboldt, a quien acompañó en un viaje de investigación a América del Sur, (viaje que no incluía nuestro país) con resultados de tal interés que se lo consideró como un redescubrimiento de estas tierras, que empezaron a observarse por primera vez con una mirada centrada en las Ciencias Naturales. Su propio interés fue tal que, pasados los años, se radicó en Argentina y dio un importante impulso a esas disciplinas, por entonces todavía casi incipientes en la por entonces Confederación Argentina.

¿Qué sabemos de su vida?

Nació el 28 de agosto de 1773  en La Rochelle, Francia, donde realizó también sus estudios iniciales y donde permaneció hasta 1791, cuando se instaló en París para estudiar Medicina. Posteriormente obtuvo su doctorado en esa área,  aun cuando nunca decreció su gran amor por la Botánica, lo que lo acercó a Antonio Jussieu, un importante naturalista de la época.

Fue Jussieu quien recomendó tanto a él como a Alejandro de Humboldt para integrar una expedición científica hacia América del Sur y África, proyecto que nunca llegó a concretarse, pero que generó en ambos la determinación de llevarla a cabo a través de su propia gestión, consiguiendo el permiso del rey Carlos IV para visitar sus dominios en América entre los años 1799 y 1804.

Durante su recorrido por la isla La Española,  y por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba, México y hasta Estados Unidos, logró reunir un muestrario de 60.000 plantas, un 10% de las cuales no existían en Europa, y que entregó al Jardin des Plantes de París. Fue también luego de esa expedición que publicó su obra en  cuatro volúmenes  «Voyage aux régions equinocciales du noveau continent fait en 1799 – 1804» (Viaje a  las regiones equinocciales del nuevo continente realizado entre 1799 y 1804); y colaboró con Humboldt en la redacción de los siete volúmenes de «Nova genera et species plantarum» (Nuevos géneros y especies de plantas).

¿Tuvo cargos oficiales?

En 1805, y de resultas de la notoriedad adquirida en la expedición arriba mencionada, la Emperatriz Josefina Bonaparte lo nombra Intendente de la Malmaison, residencia de campo famosa por sus plantas exóticas. En 1814, a la muerte de la emperatriz, Bonpland regresa a América y es contratado por Bernardino Rivadavia.

A partir de noviembre de 1816 ejerce como médico hasta 1820, fecha en que se mudó a Corrientes, en donde al año siguiente, fundó la colonia de Santa Ana, rebautizada con posterioridad como Bonpland, en su honor. Allí promueve el cultivo y elaboración de la yerba mate (Ilex Paraguariensis), desafiando la autoridad del Dictador Supremo José Gaspar Rodríguez de Francia de la República del Paraguay, que por entonces disputaba con Argentina el dominio de las tierras correntinas, y hasta ese momento tenía el monopolio de ese cultivo.

Como resultado de ese desafío, Rodríguez de Francia manda destruir la colonia y arrestar a Bonpland a quien asigna residencia en Santa María, Paraguay, donde vuelve a ejercer la medicina hasta recuperar la libertad en 1829, época en que se instaló en la Mesopotamia argentina, donde tuvo dos hijos (una niña y un varón), fruto de su unión con Maréi, hija de un cacique guaraní de la antigua Provincia jesuítica del Paraguay.

A partir de 1831 se instala nuevamente en la actual provincia argentina de Corrientes, en la colonia de Santa Ana desde  donde reinicia sus actividades científicas y colonizadoras y realiza numerosos viajes a Buenos Aires, Montevideo y Brasil.  En 1854, ya octogenario, fue nombrado «Director del Museo de la Provincia de Corrientes», que dada su avanzada edad, fue sobre todo un cargo honorífico.

Falleció el 11 de mayo de 1858 en su residencia «El Recreo» en Santa Ana, Corrientes, Argentina, y fue sepultado en el Cementerio de la Santa Cruz, en la por entonces localidad de Restauración, denominada hoy Paso de los Libres, Argentina.

¿Qué importancia tuvo su trabajo en Argentina?

Como dije más arriba, su viaje de reconocimiento de 1799 a 1804, reposicionó el continente americano en el mapa de las ciencias de la época, atrayendo a numerosos investigadores a nuestro país.

Por otra parte, donó ejemplares de diversas especies botánicas, que se aprovecharon en numerosas plazas y en el que sería el Jardín Botánico con posterioridad, y especímenes para el que alguna vez sería un Museo de Historia Natural en Buenos Aires. Por otra parte sus importantes archivos – dotados de gran minuciosidad- fueron donados a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, para usufructo de los posteriores investigadores.

Durante el ejercicio de su profesión de médico, fue además uno de los primeros divulgadores científicos de nuestra historia, ya que ocupaba sus horas de ocio en redactar numerosos artículos sobre temas de las ciencias naturales, dirigidos al público lego.

Cuando pocos años después se produjeron los ingresos de numerosos científicos europeos, traídos por Sarmiento, la suya era una figura inspiradora para que todos esos nuevos inmigrantes se atrevieran a seguir sus pasos.

¿Qué distinciones mereció?

Ya he mencionado que hay en Corrientes un pueblo que lleva su nombre, pero no es el único: también hay otro en la provincia de Misiones y un río en la Patagonia argentina.
En los Andes venezolanos, se alza el Pico Bonpland, y hay calles con su nombre en Buenos Aires,​ Bahía Blanca, Caracas,​ Oberá, ​y  Rosario en Argentina; y en Montevideo  (Uruguay) y Cumaná (Venezuela).
Existen además, el Parque Municipal Amado Bonpland en Posadas (Misiones, Argentina);  y tanto un cráter lunar  como un asteroide ( el 9587) llevan su nombre.​

Por otro lado existe una planta, cuyo nombre científico es Polemoniaceae Bonplandia, bautizada así en 1800, por Antonio José Cavanilles en su honor.

Hay dos revistas científicas denominadas en su homenaje: la Bonplandia  de Corrientes, Argentina y la Bonplandia de Hanover, Alemania.

Por si todo eso fuera poco, la abreviatura Bonpl. se emplea en Botánica para indicar a Aimé Bonpland como referente de una descripción o clasificación científica determinada.​

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

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