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¿A qué se llamó “la fiebre del oro”? Parte 1.

El tema de hoy tiene mucho de historia, pero también de leyenda, de comedia y de tragedia.

Vale la pena, no lo duden, pero precisamente porque el tema es tan interesante y extenso, lo dividiré en dos partes, la segunda de las cuales subirá el próximo lunes.

¿A qué se llamó la fiebre del oro?

Históricamente se conoce como “fiebre del oro” al fenómeno por el cual se produce una migración acelerada y masiva de emprendedores independientes hacia áreas en las que se informa sobre algún descubrimiento notable de oro, cuyo acceso es relativamente fácil.
Numerosos son los factores que influyen para que ocurran migraciones multitudinarias movilizadas por el alumbramiento de oro. Algunos de los que concurrieron en el S XIX fueron:

  • La mejoría comparativa en los medios y vías de transporte y comunicación.
  • Dificultad para una inserción económica y social en el lugar de origen.
  • La propagación en el imaginario popular de que ciertos resultados casi mágicos en materia de evolución personal, son solamente posibles, en tierras remotas. (“Nadie es profeta en su tierra”).
  • El valor intrínseco del oro, como patrón monetario y como mineral útil en muchas aplicaciones más allá de la joyería-

El primero de estos factores fue característico del S XIX, pero los otros permanecen aún hoy, razón por la cual aunque sea con características muy diferentes, hay todavía lugares que son polo atractivo de migraciones de buscadores independientes, como Alaska y Australia.

¿Cuándo y dónde se produjo la fiebre del oro?

Pese a que se habla de la fiebre del oro en singular, los episodios que podrían denominarse así, fueron numerosos y comenzaron hace varios siglos.

De hecho, el primero de los antecedentes data de varios siglos antes de Cristo, en la antigua Grecia, cuando Jasón y sus argonautas- según se cuenta en crónicas legendarias- partieron en su nave “Argos” hacia la Cólquida, (reino mítico ubicado en lo que hoy es Giorgia, en la costa del Mar Negro) en un viaje plagado de aventuras, buscando el Vellocino de Oro“.

Más adelante, la búsqueda de El Dorado,  que funcionó como motor de la conquista española en América, bien podría considerarse también una fiebre de esa clase, pero aun sin tomar los dos ejemplos anteriores en cuenta, los primeros “pulsos febriles” ya datan del Siglo XIV.

No obstante, probablemente la más conocida de las migraciones motivadas por la búsqueda de oro, es la que se produjo en California a partir de 1848, con su pico en 1849.

La razón de esa popularidad es casi seguramente la difusión que se le dio en novelas y películas del lejano oeste, que fueron en sí mismas un género particular.

No obstante, las “fiebres del oro” se sucedieron unas a otras, formando parte de la cultura popular del siglo XIX, con coletazos hasta nuestros días en algunos lugares.

El listado de las más importantes de esas movilizaciones poblacionales es aproximadamente el siguiente:

  • En la segunda mitad del siglo XVI, fiebre de Zacatecas, México.
  • 1631: movilización hacia Parral, Chihuahua, México.
  • 1836 en adelante: migración hacia el sur de los Montes Apalaches, al norte de Atlanta y al oeste de Charlotte, todo en Estados Unidos.
  • 1848 movimiento hacia Carolina del Norte y la más famosa Fiebre del Oro de California.
  • 1850: migración hacia el norte de Nevada.
  • 1856 en adelante, Colorado en Estados Unidos.
  • 1858 Fiebre del cañón del Fraser también en Estados Unidos.
  • 1861: Otago, Nueva Zelanda.
  • Entre 1860 y 1870, este de Oregon.
  • 1863, Montana.
  • 1880. Zona de El Oro en México.
  • 1883. Tierra del Fuego, Argentina y Chile.
  • 1886,  la fiebre del Transvaal (Sudáfrica) fue una de las más cruentas, ya que contribuyó a fogonear la Guerra de los Boers.
  • 1888 hasta 1930: Las Juntas de Abangares, Guanacaste, en Costa Rica.
  • 1896, es también una de las dos más conocidas y ocurrió en Klondike, en el Río Yukón, Canadá.
  • 1898. Alaska, que comienza como una continuación de la de Canadá, afectando al mismo distrito geológico, y que sigue en cierto modo todavía vigente.

Son los pulsos febriles de California y los dos últimos mencionados, los que quiero comentarles en este post, porque son los que adquirieron más notoriedad y están rodeados de un halo de aventuras, tragedias y hasta romanticismo.

¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en California?

El 24 de enero de 1848, James Marshall, capataz del rancho Sutter’s Mill, cuyo propietario, el general John Sutter, poseía una concesión sobre casi 20.000 hectáreas con los mejores suelos agríolas de California, inspeccionaba un canal de desagüe que conducían al Río American, cuando descubrió en el lecho de este último, algunas pepitas de oro.

Al conocer este hecho, Sutter- de quien la leyenda cuenta que esa misma noche desenterró con su navaja una pepita de 43 gramos de peso- supo que estaba ante lo que podía ser su fortuna o su desgracia, y trató de mantener la noticia en secreto.

Sin embargo, como los obreros que acompañaban a Marshall en el momento del hallazgo esparcieron rápidamente el rumor, no pudo evitarse que el 15 de marzo, el periódico The Californian publicara la noticia, firmada por Samuel Brannan, que abandonó el periodismo para poner un alamacén para abasteer a los cazafortunas que sabía que llegarían muy pronto.

Se cuenta también que Brannan corrió por las calles de San Francisco, con un frasco lleno de oro y gritando “¡….oro, oro! ¡Oro en el río American!”, en un pionero alarde de marketing viral, que le dio un excelente resultado, ya que fue uno de los pocos que generó un imperio a partir de sus ganancias.

En ese primer año, fueron los propios lugareños los que abandonaron sus profesiones y oficios (aun los médicos y jueces) y marcharon hacia el río a buscar el metal.

La noticia tuvo un gran impulso cuando el 19 de agosto de 1848, el diario New York Herald la publicó por primera vez en la Costa Este.

El 5 de diciembre de ese año, se oficializó la novedad, cuando el presidente James Polk pronunció un discurso ante el Congreso de los Estados Unidos, en el que incluía una referencia al yacimiento.

La mayor parte de la inmigración interna y externa llegó en 1849, razón por la cual esos aventureros pasaron a la historia con el nombre de “forty-niners”.

Los primeros tiempos fueron de bonanza para el pueblo, ya que la abundancia alcanzaba a todos, pero cuando el metal comenzó a escasear y su extracción comenzó a implicar tareas de excavación, costosas en tiempo y dinero, se desató tal ola de violencia relacionada con los robos de que se hacían objeto los mineros entre sí, que el campamento minero que se hallaba al pie de las Sierras recibió el nombre de Hangtown, en alusión a la sumaria justicia que imperaba en la época. Efectivamente Hangtown es la unión de las palabras hang= colgar, y town= pueblo, y ésa era la forma en que se aplicaba muy rápidamente el castigo a quienes cometían delitos.

A todo esto, ¿qué pasó con los descubridores, que muy a su pesar iniciaron la fiebre?

Sutter lo perdió todo, debido a la violenta invasión que sufrió en sus tierras, y terminó viviendo de una pensión que le concedió en 1864, la legislatura de California, por la magra suma de 3000 dólares anuales.

Marshall intentó encontrar oro vagando por años por la zona, sin conseguirlo jamás. Cuando murió, en 1885, todas sus pertenencias se subastaron por 150 dólares que se usaron para pagar sus deudas.

Debe haber una moraleja en alguna parte, ¿no creen?

Hasta aquí ya es un post bastante largo, en la segunda parte, que sube el próximo lunes, responderé las siguientes preguntas:

¿Cuál es el contexto geológico de los yacimientos de oro de California?

¿Qué es un placer aurífero?

¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en Canadá y Alaska?

¿Cuáles son las características geológicas allí?

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Los albores de la minería cordobesa.

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En buena medida inspirada en el libro “La minería cordobesa, una mirada a su historia”, que ya les presenté en otro post hace más de un año atrás, he elaborado varios posts, resumiendo parte de la valiosa información obtenida en ese texto, pero agregándole el producto de mis propias búsquedas, y mi toque personal.

Éste es el primero de esos posts.

¿Quiénes habitaban el territorio de la actual provincia de Córdoba antes de la llegada de los españoles?

El poblamiento primitivo de la Argentina es seguramente muy posterior a las primeras migraciones del hombre desde Asia al continente americano, hecho que se calcula tuvo lugar hace unos treinta mil años, esto es, durante el Paleolítico superior, (último de los períodos arqueológicos de la Edad de la Piedra tallada), que corresponde geológicamente al Pleistoceno tardío, dentro del período Cuaternario en la era Cenozoica.

La llegada al territorio de lo que actualmente es Argentina no está del todo dilucidada, pero hay cierto consenso en establecer una ventana de tiempo entre los 12.000 y 10.000 años antes del presente.

En Córdoba. en el sitio denominado Ayampitín se hallaron molinos de piedra y otros rastros con una edad aproximada de 8.000 años a. C.

De lo que se tiene mejor conocimiento es de que a la llegada de los españoles, los aborígenes que ocupaban el territorio que hoy corresponde a la Provincia de Córdoba, pertenecían  a diversas tribus: los comechingones y sanabirones pertenecían a la etnia que se clasificó como de indios andinos o andinizados, había también malquesis y quelosis al norte de Mar Chiquita; y los pampas y ranqueles ocupaban el sur del territorio.

Los comechingones habitaron las sierras ubicadas al oeste de la provincia de Córdoba, y según los describieron los cronistas españoles, eran individuos altos, de tez morena y a diferencia de otros aborígenes, tenían barbas. Vivían del cultivo de la tierra, y la caza y recolección de frutos silvestres y habitaban cuevas semisubterráneas que ellos mismos excavaban, o aprovechaban los abrigos rocosos naturales, que hoy se conocen como aleros y que son característicos de las sierras. Su aprovechamiento de los recursos minerales se reducía a la fabricación de hachas, raspadores y puntas de flecha, a partir de las piedras del lugar.
Los sanavirones, en cambio, habitaban  más al este, en las amplias llanuras que llegan hasta la depresión de Mar Chiquita. Se los tiene por labradores sedentarios que cultivaron el maíz y también se alimentaron de los frutos agrestes y de la pesca. Desarrollaron la alfarería, lo que demuestra que debían explotar las arcillas para elaborar al menos dos clases diferentes de cerámicas decoradas: una con motivos geométricos grabados, y otra con adornos pintados en negro y rojo. Esta última requería seguramente también la explotación de óxidos.

Los ranqueles y pampas mantuvieron su dominio por mucho más tiempo luego de la llegada de los españoles y son conocidos por sus ataques a las poblaciones invasoras, en forma de malones.

¿Cuáles son las primeras explotaciones de que se tiene noticia en Córdoba, en el periodo prehispánico?

Ya hemos visto que naturalmente algunas de las tribus de la región ejercían al menos algunas formas rudimentarias de explotación mineral, pero ésta se vio reencauzada y modificada en sus objetivos, cuando el dominio incaico avanzó desde el noroeste.

Aunque algunos estudiosos niegan tal dominación, hay  hallazgos arqueológicos que la demuestran, tanto como la propia lengua quechua que todavía hoy se habla un poco más al norte de Córdoba. También los caminos construidos según el estilo incaico hablan de un avance desde el Perú que habría ocurrido hacia el año 1480, con un objetivo principalmente económico, para explotar los yacimientos mineros.

¿Qué se extraía en ese momento, y cómo?

Hasta la llegada de los incas, la explotación estaba orientada a obtener la materia prima para sus emprendimientos de alfarería, y se centraba en sitios como Ongamira (Departamento de Ischilín), Cuchiyaco, Ayampitín (Dpto Punilla) Agua de Ramón, Quillinzo y Malagueño entre otros.

Los pueblos originarios no mostraban interés alguno en explotar el oro hasta la llegada de los peruanos, quienes lo exigieron como tributo al Inca.

Fue entonces que se vieron obligados a extraer oro, plata y cobre de diversos yacimientos en los que hoy son los departamentos Minas, Pocho, San Alberto, Punilla, Calamuchita y Río Cuarto.

Se generó por entonces la leyenda de la Ciudad de los Césares, que localmente se llamó Trapalanda, que estaría ubicada en el Valle de Traslasierra y la Sierra de Comechingones, y que sería un reino de inconmensurables riquezas, que habría de tentar más tarde a los conquistadores españoles.

La procedencia de los metales preciosos es hoy algo incierta, pero se presume que se explotaban pequeñas vetas en el Cº Uritorco y en los Departamentos que hoy se denominan Cruz del Eje y Punilla.

Yacimientos muy diseminados se habrían explotado también en los Departamentos Pocho y Minas.

El método extractivo era seguramente el que hoy se conoce como pirquineo.

¿Qué destino se le daba a esos elementos?

Dado el inicial desinterés de los nativos por el oro, éste sólo fue motivo de búsqueda a instancias de las exigencias de los incas que llegaron al territorio, con el sólo objetivo de llevarse tales riquezas. Por ende, pocos son los ornamentos de oro que se encontraron todavía en poder de los aborígenes locales a la llegada de los españoles. En efecto, prácticamente toda la producción se enviaba en largas caravanas hacia el Cuzco.

¿Qué incidencia tuvo el estado de la minería prehispánica en el curso de los acontecimientos históricos resultantes?

Básicamente dos: por un lado, el reconocimiento de la existencia de metales preciosos incentivó el avance de las huestes españoles en procura de descubrir la famosa Trapalanda, sin importar el costo en vidas humanas de uno y otro lado.

Por otra parte, la NO explotación del hierro por los indígenas, que- aun en las zonas no de Córdoba, sino más al norte o más al sur, donde había yacimientos- no habían desarrollado esa metalurgia, significó una decisiva desventaja que a la larga implicó el éxito de los invasores españoles.

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¿Qué le debe la Geología a Demócrito?

La construcción de la ciencia avanza lentamente – y retrocede a veces también- cabalgando sobre el esfuerzo de miles de estudiosos que van haciendo diversos aportes para ese desarrollo.

A lo largo de la historia, algunos debieron luchar contra un pensamiento dominante y sufrieron las correspondientes consecuencias.

Por eso merecen nuestro homenaje y recuerdo. Veamos hoy el legado de Demócrito, que fue vital para desentrañar el misterio relativo al edificio estructural de la materia toda.

¿Quién era Demócrito?

Su nombre en griego se escribe Δημόκριτος, y fue un filósofo y matemático,  obviamente nativo de Grecia, que vivió entre los siglos V-IV a. C. Se le conoce también como “el filósofo que ríe”, por razones que están poco claras, como muchos datos de su biografía, acerca de la cual hay muchas discusiones y disidencias, además de numerosos mitos, como aquél según el cual se habría arrancado los ojos para que nada lo distrajera en sus meditaciones.

Un párrafo que le pertenece, reza en su traducción al lenguaje moderno:

Yo soy, entre mis contemporáneos, el que ha llegado más lejos; he extendido mis investigaciones más allá que todos los demás. y soy el que ha escuchado más discursos de hombres doctos.

Estas palabras parecen muy soberbias, a menos que se las entienda en el contexto, y como la mera relación de hechos, ya que en efecto fue uno de los primeros  pensadores de la época que se aventuró en viajes de investigación, como veremos más adelante, y seguramente escuchó a otros sabios, algunos de los cuales fueron sus maestros.

¿Qué se sabe de su vida?

Como ya les adelanté, mucho se discute acerca de ella, incluso su lugar de nacimiento, que para la mayoría fue Abdera- colonia jónica de Tracia- aunque hay voces que lo proclaman natural de Milesia. La fecha también es dudosa, ya que para unos es el año 467, y para otros el 456 a.C. Tampoco hay acuerdo respecto al nombre del padre, que podría ser Hegesistrato, Atenócrito o Damasipo, según cuál sea la fuente consultada.

De lo que no cabe duda es de que perteneció a una familia adinerada, lo que significó que el rey Jerjes se hospedara en su casa, dejando tras de sí a los maestros que educaron al joven Demócrito.

Más tarde esa educación se refinó en la escuela de Leucipo, que fue su antecedente más directo en la teoría que lo haría inmortal; y en sendos viajes de investigación por Egipto, Persia y el Mar Negro.

En esos viajes gastó el patrimonio que le dejara su padre, por lo cual a su regreso debió vivir del producto de sus escritos, además de ser asistido por sus hermanos.

Su libro Gran Diacosmos, fue premiado con 300 talentos y le valió tal notoriedad y prestigio, que se le dedicaron estatuas de bronce, y hasta se le concedieron honores de semidios. Por supuesto, esta aseveración también es objeto de controversia, ya que algunos afirman que en su época fue totalmente ignorado, y debió esperar por los mencionados honores hasta después de su muerte, acontecida cuando tenía casi cien años, y probablemente por su propia decisión, ya que según esas fuentes, se habría suicidado en el año 370 a.C.

¿En qué campos se destacó?

En Filosofía, Metafísica, Matemáticas, Astronomía, y por supuesto, en lo que sería el antecedente de la Ciencia Química, a través de su teoría sobre el átomo, que es precisamente lo que hace su aporte tan valioso para la Geología.

¿Cuál fue su gran aporte a la ciencia?

Aparentemente fue su maestro Leucipo quien sembró la idea original, pero le cabe a Demòcrito el mérito de sistematizar lo que se denominó la “teoría atómica” que sentó las bases de un conocimiento que llevaría muchos siglos completar y difundir.

Según su visión, todo el mundo y las cosas que existen en él estaban constituidas por dos elementos básicos, opuestos pero complementarios: un vacío infinito, y ocupando algunos espacios en él, unos corpúsculos diminutos a los que llamó átomos, uniendo para ello, la partícula “a” que significa falta o privación, y la palabra “tomo” que indica cortar o dividir.

De este modo indicaba que los átomos eran las partículas más pequeñas y por lo tanto indivisibles.

Lo que él postulaba puede resumirse más o menos así: los átomos no se distinguen por su sustancia sino únicamente por su figura, posición y magnitud. (Se discute si mencionaba o no la importanica del peso en su esquema teórico). Todos los cuerpos existentes del presente, del pasado y del futuro resultan de las diversas combinaciones de átomos. Los átomos son inmutables e impenetrables.

Por supuesto desde entonces hasta acá sabemos mucho más acerca de la complejidad de las estructuras atómicas, pero si pensamos esta teoría en el contexto de su tiempo, es de verdad un enorme avance. Una verdadera genialidad, que fue desde luego incomprendida en su momento, salvo por unos pocos iluminados.

¿Quiénes continuaron con su teoría?

Protágoras de Abdera fue su discípulo directo, pero su influencia es mucho más notable en Epicuro, de quien algunos aseveran que fue el que introdujo la importancia del peso entre las cualidades del átomo, mucho después de la primera elaboración teórica de Demócrito.

Lucrecio Caro, en su bellísimo poema De Rerum Natura  (La naturaleza de las cosas) mantiene de alguna manera vigente el concepto de átomo.

En el Renacimiento, muchas de sus ideas fueron resucitadas, luego de la “muerte” de la que las hizo víctimas Aristóteles.

Giordano Bruno fue en ese tiempo uno de los encargados de tal reivindicación, dándole un papel tan importante que para muchos,  Demócrito es “el padre de la ciencia moderna”.

En esta ciencia moderna, la historia se hace mucho más compleja y será tema de otros posts.

¿Qué pasó en su tiempo con la teoría que él formulaba?

Como adelanté más arriba, Aristóteles (384-322 a.C) fue por muchos siglos la máxima autoridad del pensamiento, y desde esa autoridad descartó la teoría atómica en ciernes, imponiendo en cambio su teoría de 4 elementos (tierra, agua, aire y fuego) y 4 estados (calor, frío, sequedad y humedad). Pero eso es otra historia, lo bastante pintoresca como para incluirla más adelante en la categoría Geología y mitos, sobre todo porque perdura en el inconsciente colectivo, impregnando pseudociencias como la astrología.

Afortunadamente, los sabios que mencioné en la pregunta anterior, se encargaron de pasar la antorcha de la teoría atómica, hasta depositarla, muchos siglos después en las manos de Dalton, Proust, Avogadro y muchos otros de los que hablaremos a su tiempo.

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Antiguas cosmovisiones: hoy, Pitágoras.

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Pitágoras celebrando el amanecer, óleo de yodor Bronnikov

Entre los muchos temas que son entretenidos para leer, la evolución del pensamiento humano  (científico y no tanto) a lo largo de la historia, tiene un lugar privilegiado, por un lado porque a veces- mirado desde lejos y en otro contexto del conocimiento- resulta pintoresco; y por otro, porque siempre deja alguna enseñanza.

Y si uno intenta mirar esa evolución, no se salva de pasear por la enorme civilización que fue la Grecia antigua. Hoy empezaremos por allí, con uno de los más esclarecidos pensadores que entregó al mundo: Pitágoras.

¿En qué áreas se destacó Pitágoras?

Sus aportes más valiosos a la historia del pensamiento corresponden al área de las Matemáticas, y también de la Filosofía, pero como esta última no reconocía limitaciones, no pudo menos que incursionar en la Astronomía, que de alguna manera roza los campos que a los geólogos nos ocupan, y de esa parte de sus disquisiciones hablaremos hoy.

¿Cuándo y dónde nació?

Casi todos los datos son discutidos y/o discutibles, pero hay un acuerdo generalizado acerca de que su florecimiento habría ocurrido alrededor del año 530 a.C., lo cual situaría el nacimiento aproximadamente en el 580 de esa era.

Sin embargo, no puede menos que mencionarse la opinión de Diógenes Laercio que le atribuye dos siglos menos, lo cual genera conflictos en la interpretación de casi todos los hechos que se le atribuyen en las biografías más confiables.

Respecto a su lugar de origen, hay coincidencia generalizada en señalar la isla de Samos.

¿Dónde queda la isla de Samos?

Samos, conocida en idioma turco como Sisam, es una isla de Grecia-muy próxima al Asia menor- que corresponde al grupo de las islas Espóradas Orientales,  localizadas en el mar Egeo, al sur de la isla de Quíos y al norte de la isla de Patmos y del archipiélago del Dodecaneso.

¿Qué sabemos de la vida y obra de Pitágoras?

Como ya habrán advertido por una acotación anterior, no existen datos totalmente confiables sobre la vida de Pitágoras porque no dejó textos escritos, y sus biografías son muy posteriores a su muerte, cuando comenzó a reconocerse la importancia de su trabajo.

Habiendo pasado entre 150 y 250 años desde su vida activa hasta que surgiera el interés por documentarla, casi todo lo que se sabe está basado en historias transmitidas de manera oral, y por eso mismo hay muchas divergencias entre todas ellas.

El hecho de que la doctrina pitagórica implicaba una confraternidad hermética, salpicada de símbolos místicos y costumbres esotéricas contribuyó a generar, además, muchos mitos y cientos de leyendas muy difundidas y nunca comprobadas.

La obra que más se menciona sobre la vida de Pitágoras y su pensamiento, data del siglo III d.C.,  (cuando él ya llvaba muerto unos 800 años). De las tres fuentes más completas -Diógenes Laercio (ca. 200-250), Porfirio (ca. 234-305) y Jámblico (ca. 245-325) – la de Diógenes se considera la más objetiva.

¿Cómo puede resumirse su vida a la luz de esas versiones?

Según Hermipo  (comediante ateniense del S. V a.C.), el padre de Pitágoras fue Mnesarco, un fabricante de anillos y mercader de Tiro.  Algunas crónicas mencionan como su madre a Pythais, originaria de Samos, en Jonia, donde Pitágoras vivió los primeros años de su vida.

Se dice que habría acompañado a su padre en algunos de sus viajes comerciales, lo que amplió su conocimiento empírico, más allá de saber tocar la lira, escribir y recitar poesía.

En cuanto a la instrucción formal, sus profesores habrían sido los filósofos Ferécides de Siros, Tales y su pupilo, Anaximandro.

No hay documentación fehaciente, pero se asume que Pitágoras viajó por Egipto, Arabia, Fenicia, Babilonia e incluso la India, asimilando información, y adoptando nuevas costumbres entre las que se mencionan el vegetarianismo y la negativa a usar ropas hechas de piel de animales.

Probablemente en rechazo a la tiranía de Polícrates, se trasladó a Crotona en Italia, donde fundó una escuela filosófica y religiosa que rápidamente atrajo numerosos seguidores, conocidos como matematikoi.

Según algunos relatos, se casó con Téano, de Crotona, mujer instruida y notable, que a diferencia de su esposo dejó en legado algunos escritos.

Si bien existen relatos disidentes, la mayoría concuerda en que tuvieron una hija (Damo) y un hijo, Telauges que fue maestro de Empédocles, de quien ya hemos hablado en otra oportunidad.

¿Dónde, cuándo y cómo habría muerto Pitágoras?

Como muchos otros aspectos relacionados con Pitágoras, el motivo del fallecimiento fue objeto de numerosas especulaciones y relatos, algunos muy pintorescos.

Se sabe que aconteció  hacia el año  508 a.C. y las circunstancias han sido narradas de maneras diversas.

Veamos algunas versiones.

Según Jámblico, Cilón, natural de Crotona, muy rico y poderoso, solicitó su admisión en la escuela de los pitagóricos, pero fue rechazado por considerárselo violento y autoritario. Siempre al decir de Jámblico, Cilón decidió tomar venganza y juró perseguir a los pitagóricos hasta la muerte del último de los integrantes del grupo.

A partir de allí, las versiones cambian notablemente. Según algunas teorías, Cilón incendió la casa donde se reunían los pitagóricos, y allí perdió la vida el maestro.

Para otros, Pitágoras huyó del incendio, refugiándose en un campo de habas, pero se detuvo por no causar daño en el sembradío, y sus perseguidores le dieron alcance, degollándolo.

Todavía hay quienes afirman que el filósofo permaneció escondido por 40 días en el templo de las musas de Metroponto o Metaponto, donde murió de hambre.

Este última versión se apoya en el hecho de que en tiempos de Cicerón su supuesta tumba se exhibía allí.

¿Qué aportó  Pitágoras al conocimiento astronómico?

Pitágoras se adelantó a las concepciones que muchos siglos después requerirían una gran lucha para imponerse. Tanto, que se lo puede considerar el precursor de Coopérnico.

En efecto, él desalojó -en su teoría- a la Tierra de la posición central que se le adjudicaba. concibiéndola en cambio como uno de los diez cuerpos que juntamente con la Luna y una “contratierra” (¿?) se movían alrededor de un fuego central, en ciclos de 24 horas.

Mucho más tarde, y a partir de estos primeros esquemas, Heráclides de Ponto y Aristarco de Samos, llegaron a la conclusión de que ese fuego central era el Sol. Son ellos pues, los primeros que arriesgaron un modelo heliocéntrico, en oposición al geocéntrico de Aristóteles, que no obstante continuó siendo el dominante aún hasta la Edad Media.

El otro gran acierto de Pitágoras fue establecer por primera vez que el Lucero matutino y el Lucero vespertino eran en realidad dos momentos diferentes en la visualización del mismo planeta: Venus.

Hasta ese momento, los griegos habían dado dos nombres diferentes al Lucero o Venus; Fósforo al de la mañana, y Héspero al de la tarde.

Como habrán apreciado, parte del conocimiento astronómico que hoy asumimos tan naturalmente, luchó para establecerse durante muchas centurias. De allí el doble mérito del pensamiento pitagórico: por un lado, llegó a conclusiones que precedieron al instrumental óptico en muchos siglos; y por el otro, se atrevió a desafiar los modelos por entonces imperantes.

¡Bien por él!

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Sarmiento y la Geología.

Como en Argentina  se aproxima el Día del Maestro, fecha creada en memoria de Domingo Faustino Sarmiento, me pareció pertinente que charláramos un poco acerca de lo que él hizo por la Ciencia en general y la Geología en particular, cuando fue Presidente de la República Argentina.

¿Cuáles son los datos más relevantes en la biografía de Sarmiento como figura política?

Domingo Faustino Sarmiento nació en San Juan el 15 de febrero de 1811, y todos recordamos la figura materna, Doña Paula Albarracín, que según se dice, moldeó su personalidad desde la más tierna infancia, dándole un ejemplo de laboriosidad- según cuenta la crónica más difundida- mientras tejía en su telar  instalado bajo la higuera del hogar familiar.

Domingo Faustino fue docente desde muy temprana edad, y más tarde también escritor y autodidacta en muchísimas disciplinas.

Fue gobernador de su Provincia entre 1862 y 1864; y más tarde Presidente de la Nación Argentina (12 de octubre de 1868-12 de octubre de 1874), lo que lo consagró como el segundo presidente constitucional, luego de Bartolomé Mitre). Este período fue precisamente el más fructífero para la Ciencia en general y la Geología en particular, no porque él mismo fuera científico sino porque tomó decisiones políticas que fueron progresistas y pioneras en la época.

Posteriormente fue también Senador de la Nación Argentina por San Juan (12 de octubre de 1875-9 de octubre de 1879) y ostentó otros cargos públicos. Por los vaivenes políticos de este nuestro país tan ciclotímico, fue también un exiliado.

Falleció el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años de edad en Asunción del Paraguay; y nosotros, los egresados de Córdoba le debemos mucho, más allá de cualquier convergencia o divergencia ideológica.

¿Cómo se relacionó la gestión política de Sarmiento con la Geología?

Cuando Sarmiento ocupaba el cargo de Ministro de Instrucción Pública de la Provincia de Buenos Aires, por gestiones de Humboldt en Europa, el científico alemán Germán Burmeister obtuvo un apoyo financiero del gobierno prusiano que le permitió radicarse en Argentina.

Más tarde, Burmeister llegó a ser director del Museo de Buenos Aires, y en  1868, como parte de sus tareas, envió una carta fechada el 5 de octubre, a un Sarmiento recientemente electo presidente, pero aun antes de su consagración oficial. En esa misiva, le solicitaba su apoyo para fortalecer la generación de contenidos científicos propios en el país, que hasta entonces se limitaba a importar conocimientos, o a recibir científicos que sólo permanecían algún tiempo colectando información.

Ejemplos de esta afirmación son las expediciones de Humboldt, o del Almirantazgo británico, en la que vino un por entonces ignoto biólogo llamado Charles Darwin. Pero eso es parte de otras historias, que también vamos a contar, como la del mismo Burmeister, en este blog, porque son de una riqueza extraordinaria.

Sarmiento se interesó personalmente en el tema que le planteara Burmeister, y redactó una ley que fue promulgada el 11 de Septiembre de 1869, en la que entre otras cosas se autorizaba al Poder Ejecutivo a contratar dentro y/o fuera del país a hasta veinte profesores para la enseñanza de ciencias exactas y naturales (el término por entonces era “ciencias especiales”).

Se decidió que la sede lógica para que esos científicos inauguraran sus cátedras sería la Ciudad de Córdoba (de allí lo de La Docta), tanto por su emplazamiento geográfico (central  en el territorio nacional, y rodeada de las Sierras donde la geología  y demás rasgos naturales se manifiestan de manera esplendorosa); como por su desarrollo cultural ya bastante adelantado, no sólo por su Universidad sino también por sus Colegios Nacionales. (Ejem, ejem, disculpen, ¿a qué Universidad pertenece mi corazoncito, eh?)

¿Cuáles fueron los primeros científicos que arribaron al país en esa convocatoria?

Como era natural, el encargado de todas las gestiones para la importación de los estudiosos que más adelante darían nacimiento a otras prestigiosas instituciones, fue el Dr. Burmeister, con el cargo de Comisario Extraordinario.

Los primeros “sabios importados” fueron: Max Siewert (químico), Pablo G. Lorentz (botánico), Hendrix N. Weyenbergh y Alfred Stelzner, geólogo, de quien tenemos mucho para hablar, por lo cual ameritará en algún momento su propio post.

¿Qué puede decirse de Germán Burmeister?

Para que este post no resulte tan extenso, en esta primera mención sólo apuntaré unos pocos datos sobre él.

Karl Hermann Konrad o Carlos Germán Conrado (como se lo conoció luego de haberse nacionalizado argentino) Burmeister,  nació en Stralsund, Alemania, el 5 de enero de 1807  y murió en Buenos Aires, Argentina, el 2 de mayo de 1892, después de una larga y fructífera vida como naturalista, paleontólogo y zoólogo.

Publicó casi 300 exhaustivos trabajos describiendo la fauna, flora, geología y paleontología de varios países sudamericanos, pero en especial de Argentina.

Con su Description Physique de la République Argentine obtuvo la medalla de oro de la Exposición Geográfica de Venecia.

Dirigió desde 1862  y hasta su muerte el Museo Argentino de Ciencias Naturales  en Buenos Aires, con un interludio durante el cual se ocupó de las gestiones que ya hemos explicado más arriba.

¿Qué consecuencias tuvo el ingreso al país de esos profesores europeos?

Además de generarse la carrera de Doctorado en Ciencias Naturales, y la primera Cátedra de Geología en Sudamérica, ese primer ingreso de estudiosos fue el antecedente inmediato de la Academia Nacional de Ciencias, creada en 1871, y cuya sede propia comenzó a construirse por un decreto de 1872, también durante la presidencia de Sarmiento.

Con posterioridad, en 1878, la Academia se separó de la actividad docente y se consagró de manera exclusiva a la investigación. La docencia quedó entonces en manos de la también recientemente creada Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, que es hoy todavía la encargada de formar ingenieros, biólogos y geólogos.

¿Qué otras cosas relacionadas con la Geología impulsó Sarmiento?

El Observatorio Nacional de Córdoba forma parte de su legado, ya que fue él quien, mientras era representante argentino en Estados Unidos logró convencer al astrónomo Benjamin Apthorp Gould para que viajara a la Argentina para crear un observatorio astronómico.

Distintas demoras determinaron que Gould llegara a nuestro país cuando Sarmiento ya era presidente y ya había también creado el Observatorio Astronómico de Córdoba, al que la llegada del astrónomo norteamericano posicionó entre los de relevancia internacional.

Fue también durante la presidencia de Sarmiento que se crearon en la región cuyana las cátedras de mineralogía en los Colegios nacionales de Catamarca y de San Juan. De ellos surgiría, en 1876, la Escuela de Ingenieros de San Juan.

En 1872, y también a instancias de ese progresismo del presidente Sarmiento, se fundó la Oficina Meteorológica Nacional que funcionó hasta 1884 en Córdoba, para trasladarse luego a Buenos Aires.

Como pueden ustedes apreciar, Sarmiento no agota su gestión en el impulso a  la escuela primaria argentina, ni muchísimo menos, y por todo ello merece la conmemoración que se aproxima.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de Imágenes Google, que me direccionó a este sitio.

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