Reconocimiento de minerales: el sabor.

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Museo de Ciencias Naturales de Los Ángeles

Hace algún tiempo he comenzado a enseñarles a reconocer macroscópicamente los minerales, y para ello comenzamos con los caracteres organolépticos, de los cuales ya nos hemos referido al olor. Hoy le toca al sabor.

Por supuesto que en este caso se trata más de una curiosidad que de otra cosa, porque es una propiedad que hoy en día ningún geólogo que se precie anda probando sin necesidad. Sin embargo, alguna vez los alquimistas primero, y los pioneros de la Mineralogía después, se valieron de esta característica a falta de otras mejores o más accesibles.

¿Qué minerales pueden reconocerse por su sabor?

Solamente aquéllos que son solubles en agua, pues es entonces posible también disolverlos con la saliva y apreciar su gusto.

No obstante, no me cansaré de insistr sobre el hecho de que como muchos elementos solubles son también tóxicos, cáusticos, o simplemente asquerosotes, esta propiedad ya no se usa para la determinación macroscópica, salvo en un único caso del que hablaremos en seguida.

¿Cómo se prueba el sabor de un mineral?

Ante todo, piensen que es la última y definitiva prueba a que se somete al único mineral para el que todavía se la usa. Sólo cuando uno está 98% seguro, confirma la determinación a través del sabor. NUNCA ANTES.

Además, tengan presente que uno no anda mordisqueando ni “lambeteando” (como dirían el Chavo o la Chilindrina) cualquier mugre que levanta del suelo. Nones.

Se procede con mucha cautela y total precaución. Cuando uno cree estar frente a ese mineral confiable (ya les diré cuál, déjenme crear un poquito de suspenso, sólo para novatos, ya que los demás seguro ya lo saben) lo primero que hace es tomar el ejemplar y observarlo bien, bien, bien; por un lado para asegurarse de que sea ese mineral y no otro, y por otra parte para ver que no tenga ninguna asquerosidad agregada por perros, aves, o lo que fuere.

Entonces, y sólo entonces, uno humedece con la puntita de su lengua su propio dedo meñique (se elige ése porque habitualmente es el que menos contacto tiene con lo que uno toca), y frota con él el mineral. De esa manera, con tan escasa humedad, sólo una ínfima porción del espécimen será disuelta y quedará adherida al dedito. Luego llevará ese dedito a un nuevo encuentro con la puntita, apenas, de la lengua y probará el sabor.

De esa forma, si la determinación previa hubiera sido errónea, uno de todos modos estará expuesto a muy poca cantidad de cualquier sustancia que pudiera ser tóxica, ácida o repugnante nomás.

Y ahora sí la gran pregunta:

¿Cuál es el único mineral cuyo sabor todavía se usa generalizadamente como diagnóstico final?

Digo generalizadamente porque a lo mejor todavía hay locos sueltos que andan chupando piedras, aunque yo no tenga el disgusto de conocerlos.

Pero vamos a lo nuestro, el mineral que todos comprobamos por su sabor es la halita, que no es otra cosa que cloruro de sodio, o sea lo mismo que la sal común de mesa. Y que obviamente como diría Balá, es reconocido por su gusto salado.

 ¿Qué otros sabores se reconocían en la época de los alquimistas?

Esto se los voy a contar según la literatura consultada, porque lo que es yo, ni loca los andaría probando.

Pero son característicos en los viejos manuales, los siguientes ejemplos:

  • •Acido: sabor agrio del ácido sulfúrico. (Lo dicen los libros, pero dudo que alguien lo haya andado probando) Propio del azufre y sus compuestos.
    •Alcalino. Parecido al gusto del bicarbonato de sodio, pero con un dejo dulzón. El ejemplo es el Bórax, de fórmula  Na2B4O5(OH)4.8H2O.
    •Astringente: es el que da sensación de sequedad y es propio de compuestos de aluminio.
    •Amargo: no requiere explicación, salvo como solía decir mi madre “amargo como la vida” (Era un canto de optimismo ella 😀 ) Ejemplos son la Carnalita (MgCl3.6H2O) y si se combinan con un cierto dejo salado, se pueden agregar la Epsomita (MgSO4.7H2O) y la Silvina (KCl) generalmente presente en disolución en el agua de mar.
    •Fresco: sabor propio de las arcillas que son también astringentes en mayores cantidades.
    •Metálico: ¿vendrá de allí lo de chupar clavos? Común en la Calcantita , con fórmula CuSO4.5H2O.
    •Picante: se atribuye a la Melanterita, FeSO4.7H2O, y en algún lugar leí que se parece al sabor de la tinta, cosa que nunca se me ha dado por probar,  de modo que no puedo jurar que sea cierto.
    •Salino: además de la halita, lo ostentan otros minerales, como la Nitratina (NaNO3)

Bueno, este post es más una curiosidad que una herramienta, pero me parece que tiene su interés de todas maneras.

Cuando volvamos a la carga con el reconocimiento de minerales, será con algo más aplicable. Nos vemos. Un abrazo. Graciela

P.S.: La foto que ilustra el post fue tomada por Pulpo en su visita a Los Ángeles.

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