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La dureza de los minerales. Parte 1.
Cuando hace varios meses introduje el tema de las propiedades minerales que dependen del estado de agregación, mencioné entre ellas a la dureza.
Hoy nos ocuparemos de ese tema.
¿Qué se entiende por dureza mineral?
La dureza es la propiedad mineral que se refiere a la resistencia que opone un ejemplar a ser rayado por un objeto punzante, y depende de la calidad de los enlaces atómicos involucrados: cuanto más fuerte es el enlace, más duro es el mineral.
La dureza no debe confundirse con la tenacidad, que ya les expliqué hace tiempo en otro post y que tiene que ver con roturas y deformaciones, no con rayado.
Y por supuesto tampoco debe confundirse con esa otra propiedad denominada «raya», que se relaciona con el color.
Es importante señalar estas diferencias, ya que es muy común suponer que un mineral muy duro es también muy difícil de romper, lo que es exactamente a la inversa. Por lo general, los minerales más duros, (como por caso, el diamante) suelen ser sumamente frágiles.
Así pues, si bien las piedras preciosas, para serlo, exigen una dureza elevada, son casi todas muy propensas a quebrarse y/o astillarse.
Otro detalle importante a considerar es que la dureza es una propiedad vectorial, es decir que cambia ligeramente según la dirección de exploración.
¿Qué escalas se usan para su medición?
Existen numerosas escalas diferentes, dos de las cuales tienen un uso más mundialmente extendido.
Una de ellas, la de Mohs, es la que se usa normalmente en Geología, y en seguida la veremos en detalle. Es una escala relativa, sobre la base de minerales patrón, es decir que establece comparaciones, y no valores absolutos.
La otra escala, de Rosiwal es la privilegiada en Gemología, y acuña valores absolutos, como veremos en la segunda parte del post. Debe su nombre al geó³logo austríaco August Karl Rosiwal.
También en Gemología existen otras escalas como las de Vickers, Knoop, Brinell o Rockwell y otras más aún, todas las cuales pueden relacionarse numéricamente con la de Mohs y entre sí.
¿Cómo se establece la dureza en la escala de Mohs?
Se trata sencillamente de un listado de minerales seleccionados como patrones para comparar con ellos las durezas de todos los demás. Esta escala fue creada por el mineralogista australiano Friedrich Mohs, en el año 1824.
En cada caso, un mineral raya a otro de dureza menor, y es rayado por cualquiera de mayor dureza. El hecho de conferírsele un número a cada mineral de la lista, no implica otra cosa que un orden y no quiere decir que un mineral de dureza 4 sea cuatro veces más duro que otro de dureza 1, ni nada por el estilo.
Así, por ejemplo el diamante es miles de veces más duro que el talco, no solamente diez veces como podría pensarse por las posiciones en la tabla.
La escala de Mohs es la siguiente:
- Talco
- Yeso
- Calcita
- Fluorita
- Apatita
- Feldespato
- Cuarzo
- Topacio
- Corindón
- Diamante
En general, los minerales que aparecen en la escala son los más comunes y abundantes para esa dureza dada. Por supuesto eso sólo es posible cuando hay tantos minerales de esa dureza como para seleccionar uno entre ellos.
Pero esto no significa que el diamante sea ni común ni abundante, sino simplemente que entra en la escala como el de mayor dureza, porque no hay otro que lo supere en ese aspecto, al menos entre los fácilmente reconocibles.
¿Cómo se mide en la práctica la dureza con la escala de Mohs?
Lo primero que quiero recordarles es algo que dije un poco más arriba: la dureza es vectorial, de modo que muchos minerales pueden tener no un único valor de dureza, sino un rango, que incluye las variaciones de dureza en todas las direcciones posibles. Es por eso que al consultar las tablas, tanto puede aparecer un intervalo, como un número promedio, que incluye decimales, lo que no está contemplado en la escala de Mohs, y a muchas personas les llama poderosamente la atención.
Ahora pasemos a las operaciones prácticas para establecer la dureza.
La foma más simple de determinarla es encontrar cuál es el último mineral de la escala al que el ejemplar en análisis puede rayar, o a la inversa, cuál es el primero que puede rayarlo a él.
Si la muestra en exploración no puede rayar a la fluorita pero sí a la calcita, su dureza está entre 3 y 4. Y se definirá uno u otro valor según cuánta proximidad se aprecia a uno u otro, en función de la resistencia que se aprecie en cada caso.
En otras palabras, se debería contar con un mineral de cada dureza para probar los ejemplares que se desea definir. ¿Pero quién tiene en el bolsillo un diamante, un corindón, o un simple topacio? No muy práctico, ¿verdad?
Por eso existen sets comerciales que incluyen implementos semejantes a lápices con puntas de los minerales de la escala. Por cierto para los valores altos de la escala, los minerales naturales se reemplazan por aleaciones de dureza asimilable.
Pero el set sigue siendo caro, por lo cual, se ha generado una escala alternativa, que incluye elementos comunes con los que se pueden explorar los minerales incógnita.
Según esa escala, sabemos que:
Los minerales de dureza 1 se puede rayar fácilmente con la uña.
Los de dureza 2 se pueden rayar difícilmente con la uña. Por supuesto, depende de la fortaleza y salud de las uñas en cuestión.
Hasta la dureza 3 , se pueden rayar con una moneda o alambre grueso de cobre.
La dureza 4 permite fácilmente el rayado con un cuchillo de acero.
La dureza 5 se puede rayar difícilmente con un cuchillo, clavo o punta de acero.
La 6 sólo permite el rayado con una lija para acero, con una punta de vidrio o con los minerales de dureza superior.
Desde el 7 en adelante, los minerales rayan el vidrio.
El 8 exige herramientas de carburo de wolframio, o minerales más duros.
El 9 es rayado por herramientas de carburo de silicio o por el diamante.
El 10 no puede ser rayado, salvo por el propio diamante, y raya a todos los demás minerales.
Es interesante mencionar que a partir de la dureza 7, lo que suele hacerse es utilizar placas de dureza de valor conocido, a las que se raya con la muestra, para evitar dañar a esta última, ya que se trata normalmente de piedras preciosas, que es preferible no lastimar.
Ya para terminar, quiero mencionar algunas precauciones que deben tomarse a la hora de explorar la dureza de un mineral:
- Usar caras frescas, porque determinados grados de alteración provocan una disminución de la dureza.
- Asegurarse de que no haya pátinas de óxidos en la zona de exploración, porque se estaría probando la dureza del mineral pátina, y no la del mineral de interés.
- Limpiar siempre con el dedo la zona explorada, para asegurarse de que se ha logrado un verdadero surco y no se trata de la marca de polvo que un mineral más blando puede dejar sobre uno más duro. El ejemplo clásico es la marca de tiza con que se escribe en un pizarrón, obviamente más duro que ella. La marca que queda no es una herida de raya, sino el material desgastado desde la tiza misma.
- Tener en cuenta que algunos minerales pulverulentos, granulares o astillosos, pueden romperse y quedar aparentemente rayados, cuando lo que ocurre es un arranque de partículas, es decir una rotura, no un rayado. Para salvar esta posible confusión, conviene analizar la supuesta raya con una lupa de mano.
Como este post ya viene siendo bastante extenso, las preguntas que siguen serán motivo de la parte 2, que subiré el próximo lunes.
¿Hay alguna medición absoluta de la dureza?
¿Cómo se establece la dureza con la escala Rosiwal?
¿Esas escalas, qué relación guardan entre sí?
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post es una foto tomada por Pulpo en el Museo de Ciencias Naturales de Los Ángeles, Estados Unidos.
Reconocimiento mineral. Las propiedades que dependen del estado de agregación.
Ya antes he comenzado a darles la información necesaria para que puedan reconocer los minerales a través de la simple observación y manipulación sencilla de una muestra de mano.
Así pues, he completado los caracteres organolépticos y las propiedades que dependen de la luz, todo lo cual pueden leer en los correspondientes posts etiquetados con la palabra clave Minerales. Todo lo que en el cuadro forma parte de las dos primeras llaves ya ha sido, pues, explicado.
Hoy entraremos en la primera parte de la tercera llave: tenacidad. Pero vayamos por partes.
¿Qué es el estado de agregación de los minerales?
Esta expresión se refiere a varios aspectos del mineral, que inciden en las propiedades enumeradas en la llave, y que en muchos casos se condicionan también unas a otras.
Los principales elementos que conforman el estado de agregación y que actúan como factores condicionantes de las mencionadas propiedades son: composición química, estado cristalino (es decir el modo en que se ordenan los átomos componentes del mineral en el espacio) y tipos de enlaces entre los átomos y entre las moléculas que esos átomos constituyen.
De acuerdo con la manera en que esos factores se combinan entre sí, tanto el aspecto como las respuestas de los minerales a determinadas maniobras son muy diferentes. Entre las propiedades que se refieren a reacciones ante determinadas acciones, se encuentra la tenacidad, de la que hablaremos hoy.
¿Qué se entiende por tenacidad?
En el lenguaje cotidiano, tenacidad es sinónimo de tesón, constancia y hasta de obstinación, y algo de eso se refleja en el sentido que adquiere en mineralogía.
Pero veamos primero el origen del término. Tenacidad procede del latín, tenacitas y tenacitatis, palabras que derivan a su vez de tenax o tenacis, expresiones que aluden al sujeto u objeto que tiene una fuerte tendencia a sujetar fuertemente, o retener algo (¿les suena tenazas?), es decir que se opone a perder algo.
En el caso de los minerales, ese algo que ellos se oponen a perder es la forma original.
De allí, que se conozca como tenacidad a la propiedad que ostentan los minerales de oponerse a ser deformados o rotos a través de diversas maniobras, salvo la agresión de un objeto punzante. Aclaro esto porque cabe consignar que existe otra propiedad que veremos separadamente y que se refiere a la «rotunda negativa» a ser rayado por una punta. Esta última característica es la dureza, de la que hablaremos en otro post, y que lamentablemente muchos confunden con la tenacidad. Así pues, minerales muy frágiles pueden ser en cambio muy duros y viceversa.
Los diferentes modos de reaccionar ante las fuerzas aplicadas, permiten clasificar a los minerales, según su tenacidad en:
- Elásticos
- Plásticos o flexibles
- Maleables
- Dúctiles
- Séctiles
- Frágiles
Es importante aclarar que un mismo mineral puede exhibir más de una forma de tenacidad. Así es que hay metales que son maleables y dúctiles, por citar un caso.
¿Cuándo se dice de un mineral que es elástico?
La palabra elástico, es relativament reciente, ya que se generó en el Renacimiento, a partir del término griego ἐλατός (élatos) que se utilizaba para designar metales moldeados o forjados, y el sufijo τικός‚ (ticós) que significa relativo a.
En resumen, se puede interpretar como «relativo a los metales moldeados», y ése fue su sentido original, aunque más tarde se extendió el uso a materiales no metálicos, y así se lo aplica hoy a todos los minerales que pueden deformarse a través de la aplicación de una fuerza, y que recuperan su forma original al retirarse dicha fuerza.
Un ejemplo ya clásico es la mica, en lámina delgada.
Por cierto, debe destacarse que si los ciclos de deformación se repiten en cantidad suficiente, el material finalmente se rompe. En el ejemplo particular de la mica, bastan un par de ciclos.
¿Cuándo se dice de un mineral que es plástico o flexible?
Como siempre, me gusta recurrir a la etimología en toda presentación de nuevos conceptos.
En este caso, la palabra plástico procede del latín plasticus, que deriva a su vez del griego, idioma en el cual el término plastikós (πλαστικος) significa «relativo a lo forjado». Este término, por su parte está compuesto por el sufijo (ticós) que ya expliqué más arriba y el vocablo πλαστος (plastós), con la traducción de modelado o forjado.
El sinónimo flexible, por su parte es derivación del latín flexibilis que significa «que puede ser doblado», y procede de la palabra flexum = doblado y el sufijo -ble, que significa «susceptible de, o a». En resumen, la cualidad de flexible indica que algo puede ser doblado.
En su aplicación a los minerales, son considerados plásticos o flexibles aquéllos que pueden ser doblados o deformados con relativa facilidad, pero no recuperan la forma cuando se retira la fuerza actuante. Ejemplos clásicos son: el oro, el talco y las arcillas, entre otros.
¿Cuándo se dice de un mineral que es maleable?
La palabra «maleable» deriva del latín malleus que significa martillo, y en esta derivación alude al hecho de que determinados minerales se pueden reducir a hojas delgadas a través de golpes.
Porecisamente se define como maleable a un mineral cuando se lo puede extender en láminas o planchas a través de la aplicación de fuerzas. Esta propiedad aumenta cuando también se aplica calor.
Ejemplos de minerales maleables son el oro, la plata, platino, cobre, estaño, plomo, cinc, hierro y níquel, y es precisamente esa propiedad lo que aumenta su valor comercial.
¿Cuándo se dice de un mineral que es dúctil?
La palabra dúctil procede del término latino ductilis que alude a la capacidad de deformarse sin romperse, y sobre todo de extenderse en forma de hilos.
Consecuentemente, se dice de un mineral que es dúctil si puede ser reducido a hilos, cuando se le aplican los estímulos adecuados, que por lo general incluyen calor y fuerzas dirigidas.
La ductilidad es una cualidad relativamente corriente en los minerales metálicos como los preciosos oro, plata y platino, y el más modesto cobre.
¿Cuándo se dice de un mineral que es séctil?
La palabra deriva del latín secare que significa cortar, y precisamente se refiere a los minerales que pueden seccionarse con un cuchillo, o a los que se les puede arrancar virutas delgadas, sin que se produzcan verdaderas roturas. Ejemplos son el yeso, el talco, y las micas entre otros.
¿Cuándo se dice de un mineral que es frágil?
El origen del término es latino, generado por la palabra fragilis, derivada a su vez del verbo fractum que quiere decir quebrar o romper, y el sufijo il que significa «susceptible de».
En definitiva, un material es frágil cuando puede romperse. La mayoría de los minerales lo son, de modo que la fragilidad es la norma, y las otras formas de tenacidad son las excepciones.
Espero que esto les haya servido para reconocer las propiedades de sus muestras, y más adelante identificar la especie a que corresponden.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
¿Qué sabemos de la amatista?

Ya hace un tiempo, mencioné el listado de las variedades preciosas del cuarzo, y entre ellas, merece un lugar destacado la amatista, ya que es considerada la más valiosa, y lo amerita por su belleza. De ella vamos a hablar hoy.
¿Qué es la amatista?
La amatista es una de las variedades macrocristalinas del cuarzo, es decir, por ende, que se trata de un mineral de composición esencial Si O2.
Esta composición hace que algunos autores la consideren un óxido, como la fórmula química indica; y otros, en cambio, atendiendo a su estructura cristalina, la ubiquen entre los silicatos, tal como pasa con el cuarzo mismo.
En la red cristalina de la amatista resultan capturados algunos óxidos de hierro (Fe +3), y ellos son los responsables de las tonalidades características a las que me referiré más abajo.
¿De dónde procede su nombre?
El nombre amatista proviene del término griego amethystos, en el que coexisten el prefijo negativo y el concepto de embriaguez. Esto se debe a la antigua creencia de que esta gema podía evitar emborracharse, o bien atenuar los efectos del estado de beodez.
Dicha creencia se relacionaba a su vez con una historia mitológica, según la cual Dioniso el dios del vino y la vendimia, (equivalente al Baco romano) acosaba a una doncella llamada Amethystos, quien no solamente no estaba interesada en él, sino que además únicamente deseaba una permanente castidad. Para lograrlo, acudió a la diosa Artemisa quien la transformó en una piedra blanca. Pero ni así pudo mantener a raya a Dioniso, quien despechado y arrepentido, manchó con lágrimas contaminadas con vino, su blancura, confiriéndole para siempre el tono púrpura que hace tan estimados los cristales de amatista.
¿Cuáles son la propiedades físicas de la amatista?
Como he señalado más arriba, la amatista es una variedad preciosa del modesto cuarzo, que además, dada su composición es el mineral más abundante de la corteza. Esto determina la amplia variabilidad de apariencias que puede asumir la gema que hoy nos ocupa, y es responsable también del hecho de que su dureza (7), tenacidad, diafanidad, etc., sean semejantes a las del cuarzo.
Respecto a su color, varía desde el violeta característico que puede ser más o menos intenso, dependiendo de la cantidad de óxido de hierro que contenga, hasta amarillo y aun incoloro.
Cuando la saturación de color violeta es excesiva, la amatista aparece a simple vista como prácticamente negra, lo cual le hace perder algo de su valor en el mercado.
Por otra parte, la distribución no homogénea del color es un rasgo típico, presentándose en general una gradación desde lo más intenso en un extremo hasta prácticamente incoloro en la base o el otro extremo.
Son comunes también las inclusiones de otros minerales, o de burbujas con contenido líquido o gaseoso. Esas inclusiones pueden restarle valor para su uso en joyería, salvo notables excepciones en las que aumentan la belleza de la gema. No obstante, cuando el uso es el coleccionismo, los ejemplares pueden valorizarse más por esas mismas inclusiones.
Otro rasgo característico de la amatista, es su fuerte tendencia a formar cristales perfectos y de gran tamaño. Se trata de cristales idiomórficos (de caras bien definidas) del sistema trigonal, hábito hexagonal y terminación piramidal. Raros y muy valorados son los cristales con ambos extremos piramidales.
Es muy común que haya crecimiento de numerosos cristales paralelos o divergentes, a veces en el interior de ágatas o geodas. Cuando los cristales se estorban unos a otros en el crecimiento, pueden resultar deformados, perdiendo algo de su valor. También figuras de corrosión o roturas desmerecen los ejemplares.
¿Cómo se forma?
La génesis habitual de las amatistas en en rocas ígneas, ya sea hipabisales o volcánicas. Entre las primeras se cuentan las pegmatitas, venas hidrotermales y cavidades de granitos preexistentes. Entre las segundas, los basaltos.
En general el crecimiento de las amatistas ocurre ocupando oquedades en el interior de las cuales se generan geodas.
A veces como parte del mismo proceso se forman también ágatas, quedando las amatistas incluidas en ellas. Las geodas son precisamente alveolos o huecos redondeados preexistentes a los que líquidos mineralizantes llevan nuevos elementos quÃmicos, que precipitan o cristalizan allí, tapizando las paredes con cristales perfectos.
Ocasionalmente la amatista puede aparecer en drusas. Una drusa es la estructura inversa a una geoda, es decir que en ella los cristales cubren por fuera las paredes de cuerpos redondeados preexistentes.
Si la erosión es intensa, las geodas y drusas pueden ser liberadas de las rocas que las alojan y ser transportadas por los ríos en cuyos cauces se las puede encontrar. En caso de tratarse de cristales aislados- sea por su origen o por haberse roto los conjuntos originales- debido a su fragilidad, rápidamente pierden su forma hexagonal y piramidal, para convertirse en cantos redondeados, que también se usan para joyería, pero de orden artesanal.
¿Dónde se la encuentra?
Los principales yacimientos del mundo se encuentran en los Montes Urales, en Alemania, Australia, en países africanos como Zambia y Túnez; Brasil, departamento de Artigas en Uruguay, Estados Unidos, Canadá, India, Sri Lanka, Bolivia, España y Argentina.
En Argentina, las amatistas más apreciadas por su color, son las de la Provincia de Córdoba, pero hay también en Catamarca, la Mesopotamia y hasta en la Patagonia.
¿Qué usos tiene?
La amatista es la variedad del cuarzo más apreciada y tiene tres usos diferentes: joyería, coleccionismo, y como piedra ornamental.
En general los cristales más perfectos se tallan (como se ve en la foto al pie) para usarlos engarzados en joyas, pero también más modernamente, suelen engarzarse los cristales enteros y sin modificar, en pendientes, o colgantes, según el tamaño.
Una buena parte de las amatistas menos perfectas se usan para tallar objetos de arte, o para adornarlos.
Finalmente los especímenes más raros y de mayor tamaño son buscados por los coleccionistas y museos.
Existen numerosas maniobras para modificar el color de las amatistas, tema que les recomiendo leer en el post cuyo link aparece más arriba, anclado en el término amatista.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La foto que ilustra el post me pertenece y corresponde a un ejemplar de mi propia colección, originario de las proximidades de Cura Brochero en la Provincia de Córdoba. La he fotografiado junto al estuche de la cá¡mara para apreciar el tamaño. Se trata de un trozo de una geoda de amatista.
La foto de la gema pulida es de Jorge Bravo y la he tomado del libro:
Saadi, J. 2006. Gemología. Las Piedras Preciosas de la República Argentina. I.S.B.N.10:987-05-1943-1. I.S.D.N.13:978-987-05-1943-1. 183 pp.
¿De qué depende el valor de un diamante?
Ya antes les he hablado del diamante, en un caso con relación al quilate, y en otro como recurso natural.
También les he hablado de los requisitos que debe cumplir una sustancia para ser considerada gema.
Pero hoy voy a hablar un poquito acerca de algunas características del diamante, y de las condiciones que se toman en cuenta para su tasación como gema, que son un poco más específicas que las reglas generales de las que ya hablamos.
¿Qué es el diamante?
La palabra diamante deriva del vocablo griego adámas, que significa invencible o inalterable, lo cual señala su gran dureza por un lado, y su escasa reactividad química por el otro.
Es una forma de presentación del elemento químico carbono (C) que debido a su particular estructura cristalina (cúbica) y fuerte enlace covalente entre las partículas, adquiere propiedades de gema, en grados de los que hablaremos más adelante.
¿Cómo se forman los diamantes?
Los diamantes naturales (lo aclaro porque ya se producen también artificialmente, tema del que hablaremos en otro post) se forman en condiciones de altísima presión y temperaturas extremas, en general en profundidades de entre 140 km y 190 km en el manto terrestre.
Por su origen profundo, se requiere de otros procesos posteriores a su formación para que aparezcan en la superficie terrestre, o a profundidades accesibles a la explotación.
Esos procesos son los ígneos, en los cuales desde un magma rico en C, se enfrían las rocas denominadas kimberlitas y lamproitas, en las cuales, los diamantes aparecen diseminados, como si fueran las frutas abrillantadas de un budín inglés. Si alguien quiere mandarme uno para su uso como material didáctico, será debidamente apreciado. (Me refiero tanto a un budín como a un diamante :D)
Con posterioridad a la formación de los diamantes en el seno de las rocas ya mencionadas, múltiples fenómenos erosivos pueden liberarlos de su matriz litológica y depositarlos, luego de algún transporte, en los yacimientos que se conocen como placeres. ¡Y vaya si es un placer encontrarlos!
¿Por qué se considera al diamante una de las gemas más valiosas?
Porque cumple con todos los requisitos que señalé en el post cuyo link está incluido más arriba, (si no fueron todavía a leerlo vayan ya, ¡caramba!); pero por sobre todas las cosas, porque es el material natural más duro según la escala de Mohs, lo que garantiza su durabilidad.
Por otra parte, los diamantes y todas las piedras preciosas son fácilmente transportables, sobre todo si se los compara con el oro, patrón internacional de la moneda, ya que para igualar el valor de mercado de unos pocos diamantes, el oro, debido a su alta densidad, alcanzaría pesos que nadie podría llevar en su bolsillo.
¿Cuáles son las condiciones que se consideran a la hora de tasar un diamante?
Estamos hablando por supuesto de los diamantes de joyería, vale decir los que ya pasaron el filtro de los requisitos comunes a todas las gemas. Si no superan esa primera selección, se trata de diamantes industriales, cuyo uso es esencialmente como abrasivos, por su alta dureza.
Por eso a veces uno se sorprende al escuchar que el principal productor de diamantes en el mundo es Australia. El tema es que son industriales. Los gemológicos proceden mayormente de África, en cambio.
Los factores que modifican el valor de un diamante son:
- El quilate
- La claridad
- El color
- El corte o tallado
¿Cómo se evalúa el quilate?
Ya les he explicado el tema del quilate en otro post, que asumo que ya fueron a leer después del reto que ya les he dado. Por eso, partimos del conocimiento de que 1 quilate corresponde, en peso a 0,200 g, pero hay algo más.
Se considera que cada quilate es igual a 100 puntos, de modo que un diamante de 0,100 g o 100 mg, como prefieran, es considerado como de medio quilate, o 50 puntos, indistintamente.
Esto se plantea así, porque para diamantes muy pequeños, hablar de la novena parte de un quilate, o de 22,22222 mg es incómodo, pero decir de él que tiene 11 puntos, es mucho más sencillo.
Lo importante es no dejarse confundir por la terminología, porque ni remotamente es lo mismo comprar un diamante de 1 quilate que uno de 1 punto (cien veces más chico).
¿Cómo se evalúa la claridad?
En general los minerales naturalmente tienden a crecer, incluyendo impurezas en su red. Esas impurezas, en el caso de los diamantes le restan «claridad», ya que ante la lupa de un experto se manifiestan como plumas o nubes que empañan el interior del cristal.
Si las impurezas se llegan a ver a simple vista el valor del diamante disminuye notablemente y se lo clasifica como I1 hasta I3, en sentido de valor decreciente en el mercado.
Si las impurezas son solamente apreciables con aparatos ópticos, la clasificación de claridad es VVS1 o VVS2.
¿Cómo incide el color?
Los diamantes se definen como incoloros, y cuanto menos invasión de tonalidades variadas tengan, más valiosos son. Se los clasifica con letras desde la D (el absolutamente incoloro) en adelante, siendo los más valiosos los que menos se alejan de la D.
Pero vale la pena señalar una excepción importante: si los diamantes no están matizados, sino que son definidamente de un color dado como rojo, rosa, azul, verde o amarillo, totalmente puros, se trata de ejemplares de extrema rareza, por lo cual su valor asciende vertiginosamente en el mercado.
¿Cómo se considera el corte?
Para entender más profundamente el tema deberían conocer mucho más sobre la transmisión de la luz a través de ondas, tema que en realidad veremos más adelante en otros posts, por su importancia para entender los sismos, las olas, y muchos otros fenómenos. Pero por ahora basta con que recuerden lo que aprendieron en la escuela primaria acerca de reflexión y refracción de la luz.
Lo que deben recordar, es que ambos fenómenos ocurren cuando la luz atraviesa la superficie que separa dos medios distintos (en este caso cristal y aire). Sepan también que reflexión es el retorno de la luz incidente al medio del que procede, y refracción es el cambio de dirección de transmisión al cambiar de medio.
Y ahora, piensen en otro concepto: el ángulo crítico que es ese ángulo en el que cuando la luz incide, en vez de seguir su viaje en el segundo medio, vuelve al medio del cual procede, como si fuera una reflexión más.
Ahora, volviendo a la tasación de un diamante, mientras que color y claridad son propiedades naturales, el quilate depende del tamaño en que se lo pueda fraccionar para su uso en joyería, lo cual depende en parte de la calidad original del cristal, y en parte de cuánto de él se conserve luego del tallado.
En cambio, el corte que valoriza o devalúa un diamante es enteramente dependiente de la habilidad del tallador, por lo cual no debe sorprendernos que se trate de uno de los oficios más especializados y mejor pagados que existen, aunque también sea de los más estresantes, ya que arruinar una gema que vale muchos miles o millones de dólares, puede significar la muerte social de un experto. Cuando no de la muerte real por infarto…
Si los cortes están bien realizados, se aprovecha la reflexión de la luz en cada una de las facetas, y se aprovechan también los ángulos críticos para disponer los ángulos de incidencia de la luz, de modo que se sume la luz que retorna de una reflexión, con la que resulta de una refracción en el ángulo crítico, precisamente.
Por eso, cuando definimos los brillos de los minerales en otro post, dijimos que el que se parece al del diamante tallado tiene nombre propio (adamantino), y significa muchos puntos de luz o destellos.
Si este tema les parece interesante, podría llegar a contarles muchas cosas más del tallado de gemas, díganme ustedes si les parece un tema potable.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post la tomé de Imágenes google, que me direccionó a este sitio.
¿A qué se llamó «la fiebre del oro»? Parte 1.
El tema de hoy tiene mucho de historia, pero también de leyenda, de comedia y de tragedia.
Vale la pena, no lo duden, pero precisamente porque el tema es tan interesante y extenso, lo dividiré en dos partes, la segunda de las cuales subiré el próximo lunes.
¿A qué se llamó la fiebre del oro?
Históricamente se conoce como «fiebre del oro» al fenómeno por el cual se produce una migración acelerada y masiva de emprendedores independientes hacia áreas en las que se informa sobre algún descubrimiento notable de oro, cuyo acceso es relativamente fácil.
Numerosos son los factores que influyen para que ocurran migraciones multitudinarias movilizadas por el alumbramiento de oro. Algunos de los que concurrieron en el S XIX fueron:
- La mejoría comparativa en los medios y vías de transporte y comunicación.
- Dificultad para una inserción económica y social en el lugar de origen.
- La propagación en el imaginario popular de que ciertos resultados casi mágicos en materia de evolución personal, son solamente posibles, en tierras remotas. («Nadie es profeta en su tierra»).
- El valor intrínseco del oro, como patrón monetario y como mineral útil en muchas aplicaciones más allá de la joyería.
El primero de estos factores fue característico del S XIX, pero los otros permanecen aún hoy, razón por la cual aunque sea con características muy diferentes, hay todavía lugares que son polo atractivo de migraciones de buscadores independientes, como Alaska y Australia.
¿Cuándo y dónde se produjo la fiebre del oro?
Pese a que se habla de la fiebre del oro en singular, los episodios que podrían denominarse así, fueron numerosos y comenzaron hace varios siglos.
De hecho, el primero de los antecedentes data de varios siglos antes de Cristo, en la antigua Grecia, cuando Jasón y sus argonautas- según se cuenta en crónicas legendarias- partieron en su nave «Argos» hacia la Cólquida, (reino mítico ubicado en lo que hoy es Giorgia, en la costa del Mar Negro) en un viaje plagado de aventuras, buscando el Vellocino de Oro«.
Más adelante, la búsqueda de El Dorado, que funcionó como motor de la conquista española en América, bien podría considerarse también una fiebre de esa clase, pero aun sin tomar los dos ejemplos anteriores en cuenta, los primeros «pulsos febriles» ya datan del Siglo XIV.
No obstante, probablemente la más conocida de las migraciones motivadas por la búsqueda de oro, es la que se produjo en California a partir de 1848, con su pico en 1849.
La razón de esa popularidad es casi seguramente la difusión que se le dio en novelas y películas del lejano oeste, que fueron en sí mismas un género particular.
No obstante, las «fiebres del oro» se sucedieron unas a otras, formando parte de la cultura popular del siglo XIX, con coletazos hasta nuestros días en algunos lugares.
El listado de las más importantes de esas movilizaciones poblacionales es aproximadamente el siguiente:
- En la segunda mitad del siglo XVI, fiebre de Zacatecas, México.
- 1631: movilización hacia Parral, Chihuahua, México.
- 1836 en adelante: migración hacia el sur de los Montes Apalaches, al norte de Atlanta y al oeste de Charlotte, todo en Estados Unidos.
- 1848 movimiento hacia Carolina del Norte y la más famosa Fiebre del Oro de California.
- 1850: migración hacia el norte de Nevada.
- 1856 en adelante, Colorado en Estados Unidos.
- 1858 Fiebre del cañón del Fraser también en Estados Unidos.
- 1861: Otago, Nueva Zelanda.
- Entre 1860 y 1870, este de Oregon.
- 1863, Montana.
- 1880. Zona de El Oro en México.
- 1883. Tierra del Fuego, Argentina y Chile.
- 1886, la fiebre del Transvaal (Sudáfrica) fue una de las más cruentas, ya que contribuyó a fogonear la Guerra de los Boers.
- 1888 hasta 1930: Las Juntas de Abangares, Guanacaste, en Costa Rica.
- 1896, es también una de las dos más conocidas y ocurrió en Klondike, en el Río Yukón, Canadá.
- 1898. Alaska, que comienza como una continuación de la de Canadá, afectando al mismo distrito geológico, y que sigue en cierto modo todavía vigente.
Son los pulsos febriles de California y los dos últimos mencionados, los que quiero comentarles en este post, porque son los que adquirieron más notoriedad y están rodeados de un halo de aventuras, tragedias y hasta romanticismo.
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en California?
El 24 de enero de 1848, James Marshall, capataz del rancho Sutter’s Mill, cuyo propietario, el general John Sutter, poseía una concesión sobre casi 20.000 hectáreas con los mejores suelos agrícolas de California, inspeccionaba un canal de desagüe que conducía al Río American, cuando descubrió en el lecho de este último, algunas pepitas de oro.
Al conocer este hecho, Sutter- de quien la leyenda cuenta que esa misma noche desenterró con su navaja una pepita de 43 gramos de peso- supo que estaba ante lo que podía ser su fortuna o su desgracia, y trató de mantener la noticia en secreto.
Sin embargo, como los obreros que acompañaban a Marshall en el momento del hallazgo esparcieron rápidamente el rumor, no pudo evitarse que el 15 de marzo, el periódico The Californian publicara la noticia, firmada por Samuel Brannan, que abandonó el periodismo para poner un alamacén para abastecer a los cazafortunas que sabía que llegarían muy pronto.
Se cuenta también que Brannan corrió por las calles de San Francisco, con un frasco lleno de oro y gritando «¡….oro, oro! ¡Oro en el río American!», en un pionero alarde de marketing viral, que le dio un excelente resultado, ya que fue uno de los pocos que generó un imperio a partir de sus ganancias.
En ese primer año, fueron los propios lugareños los que abandonaron sus profesiones y oficios (aun los médicos y jueces) y marcharon hacia el río a buscar el metal.
La noticia tuvo un gran impulso cuando el 19 de agosto de 1848, el diario New York Herald la publicó por primera vez en la Costa Este.
El 5 de diciembre de ese año, se oficializó la novedad, cuando el presidente James Polk pronunció un discurso ante el Congreso de los Estados Unidos, en el que incluía una referencia al yacimiento.
La mayor parte de la inmigración interna y externa llegó en 1849, razón por la cual esos aventureros pasaron a la historia con el nombre de «forty-niners».
Los primeros tiempos fueron de bonanza para el pueblo, ya que la abundancia alcanzaba a todos, pero cuando el metal comenzó a escasear y su extracción comenzó a implicar tareas de excavación, costosas en tiempo y dinero, se desató tal ola de violencia relacionada con los robos de que se hacían objeto los mineros entre sí, que el campamento minero que se hallaba al pie de las Sierras recibió el nombre de Hangtown, en alusión a la sumaria justicia que imperaba en la época. Efectivamente Hangtown es la unión de las palabras hang= colgar, y town= pueblo, y ésa era la forma en que se aplicaba muy rápidamente el castigo a quienes cometían delitos.
A todo esto, ¿qué pasó con los descubridores, que muy a su pesar iniciaron la fiebre?
Sutter lo perdió todo, debido a la violenta invasión que sufrió en sus tierras, y terminó viviendo de una pensión que le concedió en 1864, la legislatura de California, por la magra suma de 3.000 dólares anuales.
Marshall intentó encontrar oro vagando por años por la zona, sin conseguirlo jamás. Cuando murió, en 1885, todas sus pertenencias se subastaron por 150 dólares que se usaron para pagar sus deudas.
Debe haber una moraleja en alguna parte, ¿no creen?
Hasta aquí ya es un post bastante largo, en la segunda parte, que sube el próximo lunes, responderé las siguientes preguntas:
¿Cuál es el contexto geológico de los yacimientos de oro de California?
¿Qué es un placer aurífero?
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en Canadá y Alaska?
¿Cuáles son las caracteríticas geológicas allí?
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio.