Para enviar gacetillas a Locos por la Geología
Quienes quieran enviar comunicados sobre eventos, cursos, libros, invitaciones u otra información científica relevante que esté relacionada con la temática del blog, pueden hacerlo mediante las vías de Contacto publicadas en pestaña específica.
Éstas son algunas de las recomendaciones sobre las gacetillas:
1- Las gacetillas deben ser enviadas con texto y no sólo con un flyer o imagen.
2- La información debe estar completa. Por ejemplo:
– Eventos: denominación del evento y breve descripción del mismo, lugar y horario de realización, nombre de los disertantes, entidad que organiza el evento, etc.), costo.
Web, mail o teléfonos a donde se pueda contactar.
– Libros: datos bibliográficos completos, lugares de venta y precio.
– Cursos y educación: profesores, horarios y días, lugar, costos, temario, nivel de conocimientos previos para participar, web para más información.
3- Me reservo el derecho de publicar material que cumpla con estos requisitos, que considere más apropiado o relacionado con los contenidos del blog, y que encuadre mejor en la propia diagramación.
4- Este servicio no incluye publicidad de actividades comerciales, sino solamente datos académicos y de formación.
Diferencias entre desertización y desertificación

Quienes leyeron mi post anterior, habrán notado que los términos que hoy nos ocupan no se utilizaron allí como sinónimos ni se intercambiaron livianamente entre sí.
No obstante, una rápida consulta a Wikipedia o al diccionario de la Real Academia Española demuestra que esa diferenciación allí no aparece. Por esta razón es más importante aún, señalar los matices que la aproximación científico- técnica confiere a cada una de esas palabras, si queremos adentrarnos en los códigos propios de la Geología.
¿Qué es un desierto?
Comencemos por definir desierto. Esta palabra, como muchas, puede entenderse de diferentes maneras según quien la emplea. Algunos geógrafos, con una mirada antropocéntrica, tienden a referirse a todo espacio sin colonización vegetal y población permanente, como desierto. Esto conduce a clasificaciones que incluyen, por ejemplo, a los desiertos helados, como la Antártida.
Geológica y geomorfológicamente, en cambio, la definición de desierto es más estricta, ya que se exige en ella un déficit hídrico permanente.
-¡Ay cag sonamos!- dirán ustedes – ¿y eso, qué es?
Bueno, es largo de explicar y por eso les dejé el link de un post al respecto, por ahora y hasta que lo hayan leído, tómenlo como un dogma o verdad revelada, y apréndanlo de memoria como el catecismo.
Por lo menos, ya van sabiendo que en geología, desierto es igual a déficit hídrico permanente, y no a despoblado.
Ahora digamos que desertizar y desertificar significan «dar lugar a un desierto» pero de dos maneras muy diferentes.
¿Qué son la desertización y la desertificación?
La desertización es natural, y se debe exclusivamente a un cambio climático. Observen que la palabra es una sustantivación (acción y efecto) del verbo desertizar.
La palabra desertificación, por su parte, procede de manera nada inocente del verbo desertificar, que incluye el sufijo latino ficare, que quiere decir «hacer», con lo cual abarca la influencia humana.
Es decir que se alude aquí a todas aquellas acciones erróneas del ser humano, que aceleran el avance del desierto en áreas marginales, de equilibrio precario o metaestable (otro post para este término, anotá, Graciela).
Notarán ahora la sutil diferencia en los verbos que usé más arriba en el post.
Cuando hablé de desertización dije: «se debe al cambio climático» y hasta agregué «exclusivamente».
No fue así cuando me refería a la acción antrópica (humana) en la desertificación. En ese caso, el verbo elegido no fue más allá de «acelerar». Nunca dije «causa», «genera», ni «provoca», sencillamente porque el hombre no tiene la capacidad para hacerlo.
Si las condiciones climáticas no están dadas previamente, el hombre no puede fabricar un desierto, como no podría un piojo que caminara por mi cabeza, modificar mi ADN.
Pues sí, es hora de que nos demos cuenta de que la influencia humana no es tan radical como la propia soberbia nos quiere hacer creer.
Existe, sí, es grande, también, pero no puede superar en ningún caso los condicionamientos que la naturaleza le impone.
A ver si nos convencemos de eso de una buena vez por todas (¡Otro post por acá!).
Resumiendo, si vamos a hablar con propiedad, diremos desertización toda vez que nos estemos refiriendo al avance de un desierto en regiones áridas y semiáridas marginales, a favor de un cambio en las condiciones climáticas imperantes; y diremos desertificación cuando las actividades humanas favorezcan y/o aceleren ese proceso natural.
En suma, la diferencia entre los términos es la inclusión o no, de la influencia antrópica, y no es menor, porque uno de ellos lo hará inocente, y el otro, en cambio co-responsable de modificar las condiciones del medio.
Si las nuevas condiciones son desfavorables para la calidad de vida de los futuros habitantes, sólo en el segundo de los casos, ellos podrán mirar acusadoramente a sus antecesores.
No es irrelevante la diferencia, ¿no les parece?
Si todavía les apetece, nos vemos en el próximo post .
Un abrazo Graciela.
La foto corresponde a ripplemarks sobre una duna en Al Liwa, desierto de RubAl Khali, en los Emiratos Árabes unidos, y fue tomada (algo recortada) de GUTIERREZ ELORZA, M. 2001 Geomorfología climática. 627 págs. Ediciones Omega. I.S.B.N.84-282-1209-0
El cuidado del suelo y la agricultura
Este trabajo fue publicado en noviembre de 1983 en el segundo año de Contacto Geológico en el número 8 de esa publicación, que sería además el último.
Esa revista, como pueden leer en mi C.V. y en el encabezamiento del ejemplar escaneado que ilustra este post, fue creada, dirigida, y editada por mí, con la sola ayuda voluntaria de mi colega y amiga, la Dra. Alicia Kirschbaum.
La intención de la revista era servir de vehículo de comunicación entre colegas, y de divulgación hacia el medio, y yo la gestioné porque era por entonces miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Geológica de Córdoba, lamentablemente también desaparecida a la fecha.
A pesar del tiempo transcurrido desde su redacción, se conserva, todavía hoy, bastante actual como problemática, y no le he cambiado más que un par de palabras, de modo que si quieren usar el texto, deberán citarlo como:
ARGÜELLO, G.L. 1983. El suelo y la Agricultura CONTACTO GEOLÓGICO Nº 8 Año II. Noviembre de 1983. Asociación Geológica de Córdoba.
He respetado como ya dije, lo que se publicó en ese año 1983 y salvando unos pocos detalles numéricos es asombroso cómo mantiene su vigencia casi todo el cuadro que se pinta, sobre todo en muchos países en vías de desarrollo, donde esas advertencias sólo son muy parcialmente tenidas en cuenta.
En cambio, la tecnología y el avance en las prácticas de conservación han hecho una gran diferencia en otros lugares donde se las aplica integralmente, y como parte de una política de estado.
Debido a la longitud del artículo, pueden leer aquí los primeros párrafos, y si les interesa seguir leyendo, harán click en el lugar correspondiente en el cuadro de más abajo.
Si este aperitivo no les surte efecto, sencillamente no se tomen la molestia de entrar al documento, y sigan paseando por los otros posts, o vengan a leer el próximo, si les cuadra.
El equipo de campo. Primera parte: la indumentaria
A continuación describiré una indumentaria que puede parecer excesiva si se está pensando en un paseo recreativo de un par de horas en la naturaleza, pero para el que va a pasar largo tiempo de trabajo al aire libre, con momentos de caminata y prolongadas paradas sin protección alguna, recolectando información o muestreando, puede hacer toda la diferencia entre una sensación confortable o definitivamente incómoda.
(En la foto, Graciela luce un modelito de Piedr Campin)
Son elementos imprescindibles:
Calzado adecuado.
El mejor es el borceguí de caña alta que protege de espinas, humedad, ataques de ofidios y torceduras además de ser cómodo y duradero. De no contar con él, buenas zapatillas de trekking, o calzados deportivos en general. La modesta alpargata puede ser la última de las opciones aunque sólo por la comodidad ya que no es protección suficiente para ninguno de los riesgos mencionados.
Mochila liviana, de tamaño adecuado al equipo a llevar y al físico de quien la cargue, preferentemente con numerosos compartimentos para ordenar el material de manera adecuada.
Sombrero. Siempre, aun en días nublados, ya que no sólo sirve para evitar insolaciones sino también para no andar dejando media cabellera enredada en las ramas (quien la tiene, claro) si se debe atravesar un monte más o menos cerrado.
Ropa adecuada. Ello incluye normalmente el infaltable vaquero de jean. Si bien hoy se usa mucho también el jogging y prendas similares, aun a riesgo de parecer anticuada, sigo recomendando los pantalones de tela gruesa porque son mejor protección contra espinas y raspones en las rocas.
Es conveniente el uso de mangas largas y pantalones largos, hasta en días de calor, para evitar quemaduras de sol, picaduras de mosquitos y arañazos con la vegetación. Cuando se para a comer y descansar en un lugar a la sombra y limpio de monte, se puede prescindir de esa protección, para lo cual conviene tener bajo la camisa de mangas largas, una prenda tipo musculosa que además absorbe la transpiración en las caminatas.
Abrigo suficiente según el estado del tiempo. Aun en los días más calurosos, es importante llevar una campera extra, preferentemente impermeable y liviana por cualquier eventualidad.
En zonas muy frías, el abrigo incluye guantes y eventualmente un cuello de polar que puede levantarse hasta cubrir la nariz y boca.
Siempre es conveniente recurrir al sistema de capas superpuestas que permiten ir adecuando el abrigo a los cambios de temperatura a lo largo del día, y según se entra en calor con las diversas actividades.
Es preferible usar, por ejemplo: remera, camisa fina, chaleco, pullover delgado, camperita liviana y camperón grueso, antes que una camisa de franela, un pullover gordo y una campera, que pueden resultar sofocantes a mediodía.
La primera opción permite ir regulando el abrigo necesario sin perder nunca la sensación de confort, no así la segunda. Todas las prendas deben ser lo suficientemente livianas como para que no sea incómodo luego, cargarlas en la mochila.
Cuando se habla de abrigo, además no se piensa sólo en la temperatura desde la cintura hacia arriba sino de todo el cuerpo, de modo que también debe atenderse al aislamiento debajo del vaquero, con una o dos medibachas las mujeres, y calzoncillos largos los hombres (o viceversa), bah, como más les guste.
Las medias y plantillas de lana también deben tomarse en cuenta.
Obviamente todo ese abrigo deberá adecuarse a la época del año y lugar a dirigirse. No irán a cargar todo eso si van a una campaña de verano en el trópico. ¡A ver si usan un poco su propio criterio! No esperarán que yo le solucione la vida a cada uno y en cada eventualidad.
Cuando el clima es más benigno, una opción excelente como abrigo es la campera de jean, porque protege de todo y es terriblemente duradera. La que yo tengo, y que ven en el header, me acompaña desde la época en que estudiaba, y sigue gozando de perfecta salud, y eso que ya han pasado eones desde que la compré.
Como medidas accesorias, los anteojos para sol serán útiles aun en días nublados, si se trata de zonas ventosas con sedimentos sueltos, para protegerse de las partículas de polvo.
Lo que no conviene llevar al campo son anillos, cadenas o brazaletes que pueden engancharse en alguna rama y provocar accidentes muy tontos. Por la misma razón, también el cabello largo debe recogerse o colocarse dentro de la gorra, ya que además incomoda en el trabajo.
Por supuesto, en situaciones muy especiales, habrá equipos de uso indicado de manera específica, tales como casco de minero para entrar en una caverna, galería o socavón, o zapatos claveteados para zonas glaciarias, pero eso ya será motivo de comentarios en otros posts.
Ahora, si con todo esto todavía prefieren andar de bermudas y hawaianas cuando intentan subir al Aconcagua es su problema, yo ya los dejo advertidos, y nos vemos en el próximo post. Graciela.
Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente porque esta página está registrada con IBSN 04-10-1952-01.
¿Qué es la Geología?

¿De dónde deriva la palabra Geología?
Etimológicamente, la palabra geología deriva de los vocablos latinos Geo: tierra, y logos: tratado: y se refiere a la ciencia que estudia a la Tierra, su origen y evolución, composición, estructura y las fuerzas que actúan modificando su superficie.
Analizar este párrafo, nos permite observar que tiene una gran complejidad, ya que comparte una mirada histórica (origen y evolución); un análisis descriptivo y sistémico (composición, estructura); pero también dinámico y hasta predictivo (las fuerzas que actúan modificando su superficie). O sea, no es moco de pavo, como ven.
¿Por qué la Geología es una ciencia?
Se dice que la Geología es ciencia, pues cumple los requisitos que en Lógica se exigen para que una disciplina lo sea efectivamente.
Aunque, fiel a mi costumbre, en algún post me dedicaré también a desmitificar la ciencia, por ahora demostremos que la Geología lo es, porque:
1. Es un sistema ordenado y completo de conocimientos suficientemente comprobados.
2.Tiene objeto material: la Tierra, que puede ser compartido por otras disciplinas, por ejemplo la Astronomía.
Pero, además:
3.Tiene objeto formal propio; ya que dentro del estudio de la Tierra contempla aspectos que son de su exclusiva competencia.
O sea que, así como el astrónomo la ve como una basurita cósmica que anda bolud girando entre otros millones de cuerpos de la misma casi nula importancia, el geólogo la mira como un enorme laboratorio lleno de entretenidas sorpresas y capaz de proporcionar recursos, hábitat y amenas catástrofes de vez en cuando.
4. Tiene métodos de estudio, compartidos o no con otras ciencias, que se analizarán más adelante.
5. Tiene códigos particulares que la distinguen de las demás disciplinas.
Efectivamente, si uno dice por ejemplo, la palabra «fosas», un médico tal vez vea una nariz, un sepulturero imaginará una bella tumba abierta, pero un geólogo se estará seguramente refiriendo a abismos insondables en el fondo del mar. Eso es lo que se llama diferencias de codificación. Y esos códigos iremos desentrañando lentamente en este blog para locos por la Geología
¿Cómo les pinta, la cosa? ¿Vuelven a verme en unos dÃas? Acá los espero, mientras les aclaro que este post es extractado y modificado de un manual de mi propia autoría, cuya tapa ven en la imagen y que pueden copiar y usar, siempre y cuando citen la fuente porque tiene copyright.
Para el caso de que quieran usarlo, debe citarse como:
Argüello, Graciela L. 2002. LOS RECURSOS SUELO Y AGUA. Libro de Texto para el Trayecto Ciencias de la Tierra, del PROGRAMA DE POSTITULACIÓN EN CIENCIAS NATURALES, de la F.C.E.F. y Naturales de la U.N.Cba. Versión actualizada, corregida y aumentada.86 págs. ISBN Nº987-9406.
O mencionando el blog directamente.
Un abrazo, Graciela.
Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente porque esta página está registrada con IBSN 04-10-1952-01.