¿A qué se llamó la «fiebre del oro»? Parte 2.
Este post es continuación del de la semana pasada, de modo que deberían empezar por leerlo antes de internarse en el de hoy.
Allí respondí a las siguientes preguntas
¿A qué se llamó la fiebre del oro?
¿Cuándo y dónde se produjo la fiebre del oro?
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en California?
Las preguntas que responderé en este post son:
¿Cuál es el contexto geológico de los yacimientos de oro de California?
Los hallazgos de oro que produjeron la fiebre de 1848, ocurrieron de manera superficial, apenas subsuperficial o en los cauces de agua que surcaban un distrito aurífero relacionado con la vertiente occidental de la Sierra Nevada, la que forma parte a su vez de la Provincia Aurífera de Nevada, que comprende no sólo California, sino obviamente también porciones de Nevada, Arizona, Utah y Idaho.
El distrito de la Sierra Nevada incluye el Mother Lode, el Grass Valley, y numerosos placeres auríferos, entre ellos los de Sierra Nevada y los de los montes Klamath.
Por la facilidad de extracción, fueron precisamente los placeres, de los que hablaremos luego, los que atrajeron la atención masiva de los forty niners.
Pero volvamos al distrito de la costa del Pacífico, y analicemos cada una de las principales unidades involucradas.
El «Mother Lode» incluye unas 150 minas distribuidas en una pequeña franja de solamente 190 km de longitud y 1,5 de ancho, con rumbo noroeste y fuerte buzamiento.
La petrología dominante es de pizarras y esquistos verdes, de edad jurásica los más nuevos, y carbonífera los más antiguos.
Las rocas originales fueron intruidas por una sucesión de rocas plutónicas, que fueron las portadoras de oro, el cual resultó depositado en filones, casi todos los cuales se relacionan con las fases tardías del plutonismo, es decir que son de origen hidrotermal.
En la zona de Grass Valley, los filones están asociados a granodioritas que invaden rocas alteradas, de edad paleozoica a jurásica.
Estos episodios de enriquecimiento por intrusiones ígneas son resultado del emplazamiento de toda el área en un límite entre placas activas, de allí el intenso magmatismo, y la presencia de fracturas que facilitan la movilización de los magmas hacia la superficie.
¿Qué es un placer aurífero?
En realidad, el término placer (hablando de minería, se entiende) se aplica no solamente a los depósitos de oro, y la mayoría de los placeres responden a una génesis muy parecida, que paso a explicarles ahora.
La razón por la cual, en el caso particular de los placeres auríferos, son ellos los disparadores de las «fiebres» (como ya les dije más arriba) es que no requieren de inversiones importantes para su explotación. Basta con contar con una pala y una criba, cedazo o «sombrero chino», y tiempo y paciencia.
Todos los placeres se derivan de los filones primarios, explotables o no, semejantes a los que describí en la pregunta anterior.
Ésa es otra de las ventajas de los placeres, ya que no necesariamente proceden de rocas ricas en el mineral, sino que es la concentración posterior a la destrucción de las portadoras originales la que da origen al yacimiento.
Cuando la roca que contiene el oro se ve atacada por los agentes de la meteorización y erosión, comienza una lenta desintegración que libera de su matriz alterada, el metal noble que resiste los ataques químicos sin cambiar su composición.
Las partículas comienzan así una lenta peregrinación, motorizada por el agua, sea salvaje o encauzada, y cuando de muuuyyyy finas laminillas se trata, también el viento puede llevarlas.
Por su alta densidad, en aquellos sitios en donde la velocidad del flujo disminuye, el oro que forma parte de su carga tiende a depositarse, concentrándose precisamente en los lugares en que -ya sea por cambios de pendiente, por irregularidades del lecho, por la presencia de obstáculos, o por disminución del caudal, etc.- la corriente se hace más lenta.
Como los factores son más o menos permanentes a lo largo de determinados intervalos de tiempo, esos espacios de depositación preferente, comienzan a enriquecerse en oro, generando el placer.
Como además la distancia y velocidad de movilización de las partículas es inversamente proporcional a su tamaño, es común que haya una auténtica zonificación de los placeres por tamaños de pepitas.
Agreguemos que el término «pepitas» hace alusión a su forma aproximadamente redondeada, resultante de su desgaste a lo largo del transporte, que va eliminando las aristas por el rozamiento.
Otro dato importante es que como los placeres tardan cientos o miles de años en formarse, no necesariamente se ha mantenido el curso del río en ese tiempo, ni las irregularidades que provocan el descenso de velocidad han permanecido en el mismo lugar. Es por eso, que no solamente en el cauce actual se prospecta el oro, sino en toda la llanura de inundación, y en los paleocauces, lo cual implica a veces superficies alejadas muchos kilómetros del recorrido presente de las corrientes.
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en Canadá y Alaska?
Para quienes en nuestra infancia leímos fascinados los libros de Jack London, Colmillo Blanco y La llamada de la Selva, la Fiebre del Oro del extremo más septentrional de Norteamérica pasó a formar parte del mágico territorio de nuestra fantasía, y nos condujo por historias que poco nos preocupaba por entonces si habían o no tenido lugar alguna vez.
Y ya grandes, supimos que efectivamente, hacia el fin del S XIX, se esparció una «fiebre» por los territorios de Canadá primero, y Alaska después, que pasó a la historia con múltiples nombres: la fiebre del oro de Klondike, fiebre del oro del Yukón o fiebre del oro de Alaska.
El 16 de agosto de 1896, un grupo de tagish, (una de las Naciones Originarias de Canadá), del que formaban parte George Carmack, y Charlie Dawson entre otros, bajaba el curso del río Yukón y al encontrar el arroyo que luego llamarían Bonanza, y cuyo nombre original era Rabbit, encontraron un placer aluvional.
Fue Carmack quien denunció el descubrimiento, y por ello se le atribuye todo el mérito del hallazgo, aunque bien pudo haber sido cualquiera de los miembros del grupo el que levantó la primera pepita.
Si bien ya más de 10 años antes, Juneau había comenzado a extraer oro en arroyos de la zona, fue el anuncio del hallazgo en Rabbit Creek el que desató la fiebre de 1897 y 1898.
Pese a que la zona aún hoy tiene no mucho más que mil habitantes permanentes, en 1897 descendieron sobre el área casi 30.000 buscadores de oro.
Muy poco después de la invasión de mineros en el valle del río Yukón, se esparció la noticia de que las playas de Nome, en la costa del mar de Bering, algo al sur del círculo polar ártico, eran tambin portadoras del metal precioso.
Esto desató una nueva inmigración que llegaba en barcos procedentes de Seattle, sorteando aguas casi todo el año congeladas, que daban paso sólo durante unos pocos meses.
Estas aguas son las más frías del mundo y están también entre las más tormentosas. De allí que un alto porcentaje de los viajeros perecieran durante la travesía, sin ver jamás el anhelado metal.
¿Cuáles son los rasgos geológicos en Klondike y Yukón?
El Territorio del Yukón es el más occidental de los tres que constituyen la zona norte de Canadá, y por sus características geológicas puede decirse que se continúa por el oeste en el estado estadounidense de Alaska, aun cuando los límites políticos los distingan.
El vocablo Yukón procede de una lengua nativa local, el gwich’in, y quiere decir «río grande», en clara alusión a la corriente fluvial que lo recorre.
El mencionado río Yukón fluye por Alaska y Canadá, exhibiendo una longitud de 3.185 km y generando una cuenca de 854.000 km² hasta desembocar en el mar de Bering, formando un delta casi semicircular. El ancho de su cauce varía entre un kilómetro y más de tres en determinados trechos.
Debido a que la cuenca del Yukón se comparte entre Alaska y Canadá, los placeres auríferos que se explotaron primero en Canadá, guiaron a los aquejados por la fiebre hasta regiones más allá del límite formal entre los dos países.
Respecto a la génesis de los yacimientos, es atribuible al tectonismo global actuante durante cientos de millones de años.
Hace aproximadamente 400 millones de años, casi todo el territorio que hoy constituye la costa del Pacífico era en realidad parte del fondo oceánico, que en episodios de subducción iniciados hace unos 200 millones de años, fue introducido por debajo de la placa norteamericana.
A lo largo de ese proceso, ocurrieron fusiones de rocas que generaron un magma enriquecido en el oro que antes se había depositado en aquel fondo oceánico.
El enfriamiento de ese magma, que ascendía a zonas más frías, simplemente como parte de su migración natural, provocó filones de oro que se metían en las rocas estériles circundantes.
Episodios de orogenia en la zona de contacto entre placas, dieron origen a las cadenas montañosas que afectan a toda América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en su borde occidental.
Posteriormente, esas regiones montañosas se erosionaron, exponiendo parte del oro en la superficie, en forma de placeres, cuya formación ya he explicado antes.
Los placeres del Yukón están conformados por gravas, es decir materiales gruesos en general, que todavía hoy se siguen explotando, y siguen atrayendo a trabajadores mineros de todo el mundo, aunque ahora la extracción se haga de manera regulada y sistemática.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio. En parte la elegí porque me encanta documentar la fidelidad de los perros que se embarcan sin cuestionamientos en cualquier aventura que emprendan sus dueños.
Joan Manuel Serrat canta «Arena y Limo»
Letra de Arena y Limo
Bajo el asfalto se mueren
el limo y la arena
de pena.
En su vientre han sembrado hierros
y cosechan piedras.
Ni los navegan las lluvias
ni los vuela el viento
ni vieron
de día madurar hembras
y de noche luceros.
Podrán, limo y arena,
por ver la luna llena
rasgar el negro manto
del asfalto.
Podrán, arena y limo,
volver a ser camino.
Del monte baja silbando
viento de poniente
caliente
y un agrio perfume a pastos,
y turbio el torrente.
Y una tórtola, cegada
por un sol que muerde,
se pierde
salpicando la mañana
preñada de verde.
Podrán, aroma y canto,
correr bajo el asfalto.
Podrán jugar y amarse
y acunarse…
¿A qué se llamó «la fiebre del oro»? Parte 1.
El tema de hoy tiene mucho de historia, pero también de leyenda, de comedia y de tragedia.
Vale la pena, no lo duden, pero precisamente porque el tema es tan interesante y extenso, lo dividiré en dos partes, la segunda de las cuales subiré el próximo lunes.
¿A qué se llamó la fiebre del oro?
Históricamente se conoce como «fiebre del oro» al fenómeno por el cual se produce una migración acelerada y masiva de emprendedores independientes hacia áreas en las que se informa sobre algún descubrimiento notable de oro, cuyo acceso es relativamente fácil.
Numerosos son los factores que influyen para que ocurran migraciones multitudinarias movilizadas por el alumbramiento de oro. Algunos de los que concurrieron en el S XIX fueron:
- La mejoría comparativa en los medios y vías de transporte y comunicación.
- Dificultad para una inserción económica y social en el lugar de origen.
- La propagación en el imaginario popular de que ciertos resultados casi mágicos en materia de evolución personal, son solamente posibles, en tierras remotas. («Nadie es profeta en su tierra»).
- El valor intrínseco del oro, como patrón monetario y como mineral útil en muchas aplicaciones más allá de la joyería.
El primero de estos factores fue característico del S XIX, pero los otros permanecen aún hoy, razón por la cual aunque sea con características muy diferentes, hay todavía lugares que son polo atractivo de migraciones de buscadores independientes, como Alaska y Australia.
¿Cuándo y dónde se produjo la fiebre del oro?
Pese a que se habla de la fiebre del oro en singular, los episodios que podrían denominarse así, fueron numerosos y comenzaron hace varios siglos.
De hecho, el primero de los antecedentes data de varios siglos antes de Cristo, en la antigua Grecia, cuando Jasón y sus argonautas- según se cuenta en crónicas legendarias- partieron en su nave «Argos» hacia la Cólquida, (reino mítico ubicado en lo que hoy es Giorgia, en la costa del Mar Negro) en un viaje plagado de aventuras, buscando el Vellocino de Oro«.
Más adelante, la búsqueda de El Dorado, que funcionó como motor de la conquista española en América, bien podría considerarse también una fiebre de esa clase, pero aun sin tomar los dos ejemplos anteriores en cuenta, los primeros «pulsos febriles» ya datan del Siglo XIV.
No obstante, probablemente la más conocida de las migraciones motivadas por la búsqueda de oro, es la que se produjo en California a partir de 1848, con su pico en 1849.
La razón de esa popularidad es casi seguramente la difusión que se le dio en novelas y películas del lejano oeste, que fueron en sí mismas un género particular.
No obstante, las «fiebres del oro» se sucedieron unas a otras, formando parte de la cultura popular del siglo XIX, con coletazos hasta nuestros días en algunos lugares.
El listado de las más importantes de esas movilizaciones poblacionales es aproximadamente el siguiente:
- En la segunda mitad del siglo XVI, fiebre de Zacatecas, México.
- 1631: movilización hacia Parral, Chihuahua, México.
- 1836 en adelante: migración hacia el sur de los Montes Apalaches, al norte de Atlanta y al oeste de Charlotte, todo en Estados Unidos.
- 1848 movimiento hacia Carolina del Norte y la más famosa Fiebre del Oro de California.
- 1850: migración hacia el norte de Nevada.
- 1856 en adelante, Colorado en Estados Unidos.
- 1858 Fiebre del cañón del Fraser también en Estados Unidos.
- 1861: Otago, Nueva Zelanda.
- Entre 1860 y 1870, este de Oregon.
- 1863, Montana.
- 1880. Zona de El Oro en México.
- 1883. Tierra del Fuego, Argentina y Chile.
- 1886, la fiebre del Transvaal (Sudáfrica) fue una de las más cruentas, ya que contribuyó a fogonear la Guerra de los Boers.
- 1888 hasta 1930: Las Juntas de Abangares, Guanacaste, en Costa Rica.
- 1896, es también una de las dos más conocidas y ocurrió en Klondike, en el Río Yukón, Canadá.
- 1898. Alaska, que comienza como una continuación de la de Canadá, afectando al mismo distrito geológico, y que sigue en cierto modo todavía vigente.
Son los pulsos febriles de California y los dos últimos mencionados, los que quiero comentarles en este post, porque son los que adquirieron más notoriedad y están rodeados de un halo de aventuras, tragedias y hasta romanticismo.
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en California?
El 24 de enero de 1848, James Marshall, capataz del rancho Sutter’s Mill, cuyo propietario, el general John Sutter, poseía una concesión sobre casi 20.000 hectáreas con los mejores suelos agrícolas de California, inspeccionaba un canal de desagüe que conducía al Río American, cuando descubrió en el lecho de este último, algunas pepitas de oro.
Al conocer este hecho, Sutter- de quien la leyenda cuenta que esa misma noche desenterró con su navaja una pepita de 43 gramos de peso- supo que estaba ante lo que podía ser su fortuna o su desgracia, y trató de mantener la noticia en secreto.
Sin embargo, como los obreros que acompañaban a Marshall en el momento del hallazgo esparcieron rápidamente el rumor, no pudo evitarse que el 15 de marzo, el periódico The Californian publicara la noticia, firmada por Samuel Brannan, que abandonó el periodismo para poner un alamacén para abastecer a los cazafortunas que sabía que llegarían muy pronto.
Se cuenta también que Brannan corrió por las calles de San Francisco, con un frasco lleno de oro y gritando «¡….oro, oro! ¡Oro en el río American!», en un pionero alarde de marketing viral, que le dio un excelente resultado, ya que fue uno de los pocos que generó un imperio a partir de sus ganancias.
En ese primer año, fueron los propios lugareños los que abandonaron sus profesiones y oficios (aun los médicos y jueces) y marcharon hacia el río a buscar el metal.
La noticia tuvo un gran impulso cuando el 19 de agosto de 1848, el diario New York Herald la publicó por primera vez en la Costa Este.
El 5 de diciembre de ese año, se oficializó la novedad, cuando el presidente James Polk pronunció un discurso ante el Congreso de los Estados Unidos, en el que incluía una referencia al yacimiento.
La mayor parte de la inmigración interna y externa llegó en 1849, razón por la cual esos aventureros pasaron a la historia con el nombre de «forty-niners».
Los primeros tiempos fueron de bonanza para el pueblo, ya que la abundancia alcanzaba a todos, pero cuando el metal comenzó a escasear y su extracción comenzó a implicar tareas de excavación, costosas en tiempo y dinero, se desató tal ola de violencia relacionada con los robos de que se hacían objeto los mineros entre sí, que el campamento minero que se hallaba al pie de las Sierras recibió el nombre de Hangtown, en alusión a la sumaria justicia que imperaba en la época. Efectivamente Hangtown es la unión de las palabras hang= colgar, y town= pueblo, y ésa era la forma en que se aplicaba muy rápidamente el castigo a quienes cometían delitos.
A todo esto, ¿qué pasó con los descubridores, que muy a su pesar iniciaron la fiebre?
Sutter lo perdió todo, debido a la violenta invasión que sufrió en sus tierras, y terminó viviendo de una pensión que le concedió en 1864, la legislatura de California, por la magra suma de 3.000 dólares anuales.
Marshall intentó encontrar oro vagando por años por la zona, sin conseguirlo jamás. Cuando murió, en 1885, todas sus pertenencias se subastaron por 150 dólares que se usaron para pagar sus deudas.
Debe haber una moraleja en alguna parte, ¿no creen?
Hasta aquí ya es un post bastante largo, en la segunda parte, que sube el próximo lunes, responderé las siguientes preguntas:
¿Cuál es el contexto geológico de los yacimientos de oro de California?
¿Qué es un placer aurífero?
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en Canadá y Alaska?
¿Cuáles son las caracteríticas geológicas allí?
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
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Piedra, papel, tijera geológico
Esto lo he tomado de la pizarra de Pinterest del Pulpo y me parece tan bueno, que les traduzco el diálogo para los que no leen inglés.
-¡Ja! ¡La roca ígnea eroda a la sedimentaria!
-¡No, no no, la ígnea funde a la metamórfica!
¡¿Qué?! ¡La metamórfica altera a la sedimentaria!
Personalmente, en lugar de «eroda» como dice el primero de los geólogos, yo habría puesto «cocina», «digiere» o eventualemente «intruye».
Espero que les haya gustado tanto como a mí. Un abrazo. Graciela.
Geología en mi jardín: apreciación de procesos geológicos, para niños
Hoy vuelvo con un post para los más pequeños, porque sé que son los que mejor van a entender cuántas maravillas se esconden en cada cenímetro cuadrado de nuestros propios jardines. Y seguramente se van a prender en la propuesta de explorarlos y verlos de otra manera.
¿Les gusta la idea de ser conmigo, exploradores de la naturaleza?
Empecemos por contestar una pregunta previa al tema que quiero contarles hoy.
¿Qué son los niveles de apreciación de los procesos geológicos?
Así se le llama a la «amplitud» de la mirada que observa los procesos, que puede abarcar desde el planeta entero hasta el mínimo espacio que se puede mirar a través del objetivo de un microscopio.
Estos niveles diferentes son comparativos, vale decir que si el mayor tamaño que se toma como referencia es el mundo, los otros pueden llegar a ser hasta continentes enteros; pero si en cambio el nivel referencial desde el que se parte es una montaña, el que sigue hacia abajo puede ser tal vez un simple estanque, allí donde la montaña se pone más plana.
Ahora, si querés entenderlo mejor te pongo ejemplos de tu vida diaria:
Si yo te digo que vamos a suponer que tu dormitorio es lo más grande que existe (como si fuera el mundo= nivel megascópico), entonces, tu cama puede ser equivalente a un continente (nivel mesoscópico). Pero si te digo que sólo cuenta tu cama (mega), entonces el nivel mesoscópico puede ser tu almohada. ¿Lo entendés?
Eso es lo que te quiero decir cuando digo que los niveles de apreciación se definen de manera relativa, y por supuesto, depende de cómo nos pongamos de acuerdo primero.
¿Cuáles son los niveles posibles de apreciación?
Los niveles posibles-que como te digo son variables, pero siempre respetan el mismo orden de tamaños- son:
- Nivel megascópico, palabra que viene del vocablo griego «megalos», y quiere decir muy grande o importante.
- Nivel mesoscópico, palabra que surge a partir, también del griego, de meso que significa intermedio, o entre. Se la aplica para designar lo que está entre lo muy grande y lo grande.
- Nivel macroscópico, deriva del griego macro, que significa grande.
- Nivel microscópico, del griego, micro, que significa pequeño.
¿Cuál es el nivel megascópico?
Es el más grande entre los posibles. La mirada que abarca más espacio. Si no empezamos desde espacios más chiquitos, previamente acotados, el nivel megascópico comprende el planeta todo, y los procesos típicos de ese nivel son los de la tectónica de placas.
¿Nos vamos entendiendo?
¿Cuál es el nivel mesoscópico?
Es el espacio que sigue hacia abajo en tamaño, y si ya dijimos que todo el planeta es el nivel megascópico, el mesoscópico puede ser por ejemplo la Cordillera de los Andes, o la Isla de Pascua, y hay que establecerlo formalmente en cada caso de estudio.
Pero también puede tratarse de tamaños considerablemente menores, como una estancia que estemos estudiando, o la ribera norte de un río, o una laguna como la de Mar Chiquita, por mencionar ejemplos.
¿Cuál es el nivel macroscópico?
Si hemos establecido como nivel mega el mundo, y meso una cordillera, macroscópico puede ser un volcán de esa cadena o cualquier cosa de menor tamaño, como por ejemplo la ladera oeste de un monte en ella.
Si era, en cambio meso la laguna, macroscópico puede ser una porción de sus playas, de tamaño definido.
Si en cambio, el nivel de observación megascópico comenzó en la laguna, el meso puede ser la porción de su costa entre dos localidades definidas, y el macro un balneario dado.
Se puede seguir así cambiando sucesivamente las áreas a observar, hasta llegar hasta cosas tan pequeñas como un simple canto rodado.
Pero eso sí, siempre tiene que ser algo observable a simple vista, porque todo lo que se vea solamente con lupa o microscopio, entonces ya cae (siempre) en el nivel de observación conocido como microscópico.
¿Cuál es el nivel microscópico?
El microscópico es el nivel al que la vista humana no alcanza sin ayuda de artefactos especialmente diseñados para ver lo que es demasiado pequeñito.
En Geología, son por ejemplo los cristales de minerales que no se ven a simple vista, o las partículas de arcilla.
No dejes, sin embargo que te confunda la partecita de la palabra «micro», porque ese prefijo también puede usarse en términos más abstractos para referirse a algo que tiene límites estrechos, pero no tanto, como cuando decimos por ejemplo «microclima» y nos estamos refiriendo al ambiente que en tu dormitorio genera el aire acondicionado, y cuya temperatura es distinta a la de toda la ciudad allá afuera.
En este caso, como la apreciación no tiene que ver con la vista, podemos usar el prefijo micro para cosas bastante grandes en realidad.
Pero cuando le agregás lo de «scopía», ya hablamos de ver, y allí el uso es estricto: te hace falta un aparato para mirar algo que es muuuuuyyyyyy chiquito.
¿Qué niveles podemos apreciar en nuestro jardín?
Según el contexto en que lo pongamos, puede ser desde microscópico hasta megascópico.
Si decimos que vamos a entender mi jardín como lo único que nos importa, él mismo, todo entero, te marca el nivel megascópico. En la figura, es la foto en la que ves a mis perritas jugando, es decir el jardín todo.
Abajo, a la izquierda, ves la parte pelada del jardín, gracias a los esfuerzos de la sinvergüenza de Florencia Sofía, que no para de hacer pozos. Tiene algunos metros cuadrados, porque por suerte ella ha concentrado su manía excavadora en los alrededores inmediatos de su casita. Ése es el nivel mesoscópico.
Abajo a la derecha, ves el nivel macroscópico, marcado por el tamaño del estuche de mi cámara de fotos. Y allí está lo que voy a explicarte más abajo.
Y por fin hay un nivel microscópico que no he fotografiado, porque no tengo el microscopio en casa, y sería el correspondiente, por ejemplo a una partícula del suelo del tamaño del limo o la arcilla.
¿Te quedó claro? Si algo no entendiste, volvé a leerlo, o dejame un comentario y lo conversamos un poco más.
¿Qué quiero mostrarles hoy?
El efecto erosivo bien mostrado en la parte central e inferior de la foto que ilustra el post.
Si se fijan un poco en detalle, notarán que esa matita de pasto está sobreelevada respecto al suelo circundante. Lo notarán mejor si observan las sombras. Y lo que quiero explicarles es por qué en un terreno inicialmente plano y regular, se ha formado ese desnivel.
¿Cómo se produjo esa erosión que dejó ese pedestal?
Empiezo por contarte que erosión es el nombre que- en su sentido más general- le damos los geólogos al desgaste o rebajamiento de la superficie terrestre, por acción de la lluvia, el viento, el agua, el hielo, y los seres vivos, principalmente.
En otras palabras es lo que pasa cuando las partículas se desprenden de las rocas y/o los suelos, y son arrastradas fuera de su lugar de origen, con lo cual, el sitio original queda «gastado».
En el caso de la foto, el pedestal se forma por una diferencia en la forma en que el suelo se resiste a ser arrancado y transportado. Allí donde se aferró mejor, no fue desgastado, y por eso queda con la altura original del terreno. Es ese «pedestal» que sustenta a la plantita.
El resto, alededor, sí fue arrancado y se perdió en ese lugar, aunque tarde o temprano se deposite en otro. Por esa ausencia de material es que el suelo alrededor del pedestal falta. En otras palabras, no es que haya crecido el montículo (al menos no inicialmente) sino que se gastó el resto. Eso se llama «erosión diferencial», porque una parte resistió mejor y otra peor, es decir reaccionaron de manera diferente al ataque de los agentes erosivos que nombramos más arriba.
Y por qué esa parte resistió mejor, también es interesante. Al haber allí una plantita, las partículas quedaron retenidas entre sus raíces, y no fueron arrastradas.
Entonces, si volvemos a algo que dije más arriba, fijate que si bien el pedestal sustenta a la plantita, es precisamente la plantita la que le permitió al pedestal formarse. Una cooperación interesante ¿no?
La planta genera el pedestal, y el pedestal conserva las propiedades del suelo que la planta necesita para vivir.
Por eso, cada cambio afecta a todo el sistema, y la deforestación acelera la erosión, y no solamente en el pequeño espacio de nuestros jardines, sino en cualquier lugar en el que ocurra, y eso significa a veces muuuuuuchos kilómetros cuadrados.
Y fijate en otro detalle, la presencia del pedestal, genera un obstáculo para el agua que escurre en cada tormenta, lo cual significa que corre con menos velocidad. Y por eso mismo, su capacidad para arrancar más materiales disminuye, además de que en ese mismo obstáculo, muchas partículas quedan retenidas, ayudando a la recuperación del suelo a lo largo del tiempo.
Como moraleja, si bien la deforestación acelera la erosión, siempre es efectiva la recuperación que una reforestación (volver a plantar) puede iniciar.
¿Te gusta la idea de mirar así en chiquito lo que en la naturaleza pasa también en grandes extensiones?
Si es así, no dejes de volver al blog, porque la geología sigue su curso en mi jardín.
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