15 situaciones de posibles riesgos en el campo y cómo minimizarlos

placageologiaPara los que trabajamos en profesiones que exigen realizar algunas actividades en entornos silvestres, conocer los riesgos implícitos, y tomar algunos recaudos al respecto, es un aspecto importante, y ése es el motivo de este post.

Conviene aclarar que las 15 situaciones de riesgo que he seleccionado, son las que corresponden a las tareas no específicas de determinadas especialidades.

Es decir, por ejemplo, que no mencionaré aquí que un vulcanólogo debe procurar no caerse en el interior de un volcán (hay casos históricos que serán motivo de futuros posts), ni enumeraré los equipos de protección requeridos en la alta montaña, o en un  glaciar.

Tampoco hablaré sobre los accidentes en excavaciones mineras o perforaciones petroleras.

Insisto, en este caso estoy apuntando a la generalidad, lo que puede servir también a quien ande haciendo turismo por zonas agrestes. En el futuro podrían aparecer posts sobre seguridad minera o semejantes, para cubrir las situaciones que hoy no se incluyen.

Y relacionado con el tema de accidentes y riesgos en el campo, los invito a visitar mis posts sobre Cómo mejorar la posibilidad de supervivencia en el campo parte 1 y parte 2.

  1. Picaduras de insectos. Esto es una eventualidad que puede complicarse cuando se trata de personas alérgicas, y la mejor manera de prevenirla es el uso de repelentes, de los cuales hay muy buenos productos en el mercado.  Por otra parte,  la precaución especial al dar vuelta una piedra suelta, o al apoyar la mano en un tronco, evita accidentes con los invertebrados más ponzoñosos, como los alacranes, que suelen ocultarse allí. Contar con antihistamínicos en el mínimo botiquín de campo, es también una buena idea.
  2. Mordedura de ofidios. La precaución especial es el uso de calzado de caña alta como los borceguíes, según ya mencioné en el post sobre indumentaria. Valen también los recaudos del punto anterior porque también los ofidios eligen troncos y espacios bajo piedras sueltas para esconderse.
  3. Intoxicaciones. Esto puede suceder cuando se lleva al campo comida que requiere refrigeración continua, sin atender a ese detalle debidamente, cuando se compran embutidos por el camino, o cuando se deja uno tentar por frutas silvestres no muy maduras. Las maneras de evitarlo son las obvias; no llevar un sobre de mayonesa en la mochila que se expone al sol, por ejemplo, o separar convenientemente las provisiones de los reactivos que se usan en el campo. Cargar todo junto y a lo loco, es suicida. Carbones y antieméticos en el botiquín son una ayuda, pero implican el riesgo de enmascarar una intoxicación más grave que podría pasar desapercibida.
  4. Derrumbes. Para los que como yo describen perfiles en paredes expuestas de muchos metros de espesor, y sobre materiales deleznables, como el loess, el riesgo omnipresente es el desplome de la pared encima del que la está describiendo. Conozco casos fatales, y por eso, no es cosa de desatender. La principal precaución es mirar siempre por encima de la propia cabeza, por si se observan cambios alarmantes, y seleccionar muy bien los sitios de muestreo, de modo que no se quite la sustentación de volúmenes de sedimentos sobreyacentes.
  5. Caídas. Son los accidentes comunes, y casi inevitables, pero hay que tener particular cuidado con los sitios donde uno se para, que muchas veces están erosionados por debajo. Usar el sistema “culipatín” (descender sentado, deslizándose sobre la cola) puede no ser muy elegante, pero sí es muy seguro.
  6. Accidentes con los implementos geológicos. Ya mencioné algunos, como por ejemplo con el uso de la piqueta, en un post anterior. Otros implementos, como palas, mazas, picos, etc., implican sus propios riesgos y se verán en otros posts  en el futuro.
  7. Insolaciones. Son probablemente el riesgo más desatendido hasta por los profesionales con muchos años de experiencia, pero pueden conducir a malestares severos. Una gorra adecuada es un sencillo modo de evitarlas.
  8. Quemaduras de sol. Vale lo mismo que para el punto 7, pero aquí lo indicado es usar pantalones largos y camisas con mangas también largas, más protector solar de factor 30 o más en las áreas expuestas. Les aseguro que se adquiere de todas maneras un lindo bronceado, y eso sin poner en riesgo la piel, ya que como decía la propaganda “tenemos una sola piel ¿por qué no cuidarla?”
  9. Tormentas eléctricas. Son un riesgo bastante importante porque a veces pueden ser letales. Lo primero a tener en cuenta es que buscar refugio bajo un árbol es la peor de las estrategias posibles, ya que son precisamente ellos los que actúan como pararrayos en el campo. Por razones que explicaré en otro post, cuando una persona está expuesta en un área sin árboles, es ella precisamente quien atrae los rayos, por sobresalir sobre el terreno. En tal caso, si el auto está cerca, entrar en él y cerrar todos los vidrios genera una jaula de Faraday que protege de las descargas eléctricas. Pero si la distancia a recorrer es excesiva y los rayos están cayendo en el lugar en que uno está, la mejor estrategia es tirarse en el suelo, tan plano como se pueda, por mucho que uno se embarre…y rezar (el que pueda, los ateos pueden intentar una rápida conversión, en todo caso)
  10. Granizo. En este caso sí, una saliente rocosa, o un árbol son buenos refugios. No es común que el granizo y los rayos sean simultáneos, pero de darse el caso, elijan la muerte que  más les guste: una pedrada en el mate o que los parta un rayo, y actúen en consecuencia. 😀
  11. Conflictos con los dueños de los campos. Desconozco qué pasa en otros países, pero en Argentina, donde lamentablemente el cuatrerismo rural, los asaltos en las estancias, los robos de silos etc,  están de moda, meterse en un campo privado sin autorización del dueño es una apuesta peligrosa. Tengo un par de anécdotas para subir en futuros posts, relativas a ocasiones en que fuimos corridos a tiros o amenazados con armas, por propietarios irascibles.
  12. Enfriamientos. No necesariamente deben alcanzarse niveles de auténtica hipotermia para padecer consecuencias indeseadas, o incomodidades innecesarias, aun en climas considerados benignos, cuando se carece del abrigo suficiente y necesario en jornadas ventosas o sin insolación. Yo personalmente recomiendo llevar además una prenda extra, por si se producen cambios inesperados a lo largo de la jornada de trabajo.
  13. Ataques de animales. Cuáles son los animales sobre los cuales estar alertas, depende de cada geografía particular, pero puede decirse que casi cualquier animal es potencialmente peligroso si se siente acorralado o está defendiendo a sus crías. Por supuesto, el daño que pueden causar varía mucho si se trata de un hámster o un puma, pero hasta la mordedura del primero puede transmitir enfermedades y causar infecciones, de modo que el mejor consejo es respetar a todas las especies, y no provocarlas innecesariamente. Normalmente éste es un peligro de baja incidencia, porque los animales salvajes tienden a alejarse de los visitantes humanos, porque idiotas no son. En realidad los ataques más peligrosos pueden llegar a ser los de los perros entrenados para eso, y suelen ocurrir en predios cerrados y no en campo abierto.
  14. Desorientación. Aunque pueda creerse que en la era de la tecnología, ya no hay modo de perderse en el campo, eso es un riesgo siempre presente cuando se conjugan ciertas circunstancias. Por ejemplo, aun contando con un GPS (geoposicionador satelital), un manto espeso de nubes, o una niebla densa debilitan hasta tal punto la señal del satélite que el grado de precisión disminuye críticamente. Por otra parte, si bien lo común es ir al campo con fotografías aéreas, mapas y/o imágenes satelitales, estas últimas tienen una escala de muy poco detalle y los otros dos no sirven de nada cuando la visibilidad es prácticamente nula, ya sea por bruma, niebla o nubes bajas, y no pueden reconocerse las referencias de campo a más de dos o tres metros. La brújula es la mejor opción en este caso, siempre y cuando se esté consciente de cuáles han sido los propios desplazamientos hasta el lugar de su consulta. Este punto da para un post posterior.
  15. Asfixia por inmersión. Esta situación es más común entre aquéllos que trabajan en lagos o lagunas, pero aun quien trabaja alejado de ellos debe tener cuidado antes de decidirse a vadear una corriente cuya verdadera topografía desconoce. Muchos arroyos y ríos aparentemente someros, ocultan hoyas y remolinos, o canales profundos, que pueden ser una trampa para cualquier desprevenido.

Todo lo dicho no apunta a generar paranoias, sino solamente prudencia. Algunas precauciones se van incorporando lentamente a la práctica cotidiana, hasta que se toman de modo automático y se trabaja de modo seguro.

Espero que les haya servido de algo. Un abrazo y hasta el próximo post. Graciela.

* Sobre la ilustración: es una alusión (con un poco de humor negro) al canal Crónica TV de Argentina que es famoso por las noticias amarillistas, extrañas o bizarras que presenta en sus clásicas placas rojas.

4 comentarios para “15 situaciones de posibles riesgos en el campo y cómo minimizarlos”

  • terox dice:

    Podrías contar algunas anécdotas relacionadas con estos puntos… de seguro tenés muchas muy interesantes…

  • Graciela L.Argüello dice:

    No lo dudes, Terox, de hecho, ya las estoy prometiendo en el mismo post. Serán posts de días viernes, y son multitud.

  • Dayana dice:

    En la lista se pueden agregar tornados? 😛 No serán tan comunes como todos los otros, pero son un fenómeno impresionante cuando uno ve las consecuencias que dejan.

  • Graciela L.Argüello dice:

    Recomendación en caso de tornados, para Dayana: atarse a un árbol y rezar que no sea justo uno de los que se lleve el viento 😀 Mucho más no hay para hacer si estás al aire libre, porque sólo los refugios especiales para tornados son efectivos y no siempre al 100 % Recordame que haga un post con la anécdota del caso. Un beso Graciela

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