Archivo de la categoría ‘Historia de la geología’
¿Qué le debe la Geología a Euclides, el matemático?
¿A qué Euclides nos referiremos aquí?
Empecemos por decir que el nombre original en griego se escribe Εὐκλείδης‚ y podría leerse Eukleides, y corresponde por lo menos a tres grandes personalidades históricas:
El Euclides conocido como «el Matemático» o «el Geómetra»-que es el que hoy nos convoca-; Euclides de Megara, cuyo campo de conocimiento es la Filosofía y que fue discípulo de Sócrates; y el que muchos siglos después se conocería como «el Euclides español», quien era en realidad el musulmán Abderramán Benismail, brillante geómetra que redactó un compendio de la obra aristotélica «Organon», y que mereció su apodo por el conocimiento matemático, que le obligó también a exiliarse por la persecución que se desató en su tiempo contra los estudiosos no ortodoxos.
Vuelvo pues a destacar que el nuestro de hoy es el Euclides matemático original.
¿Qué se sabe de la vida de Euclides?
No es mucho lo que de él se sabe, salvo que vivió aproximadamente entre los años 325 y 265 a. C. y que fue tal el legado que dejó tras de sí que se le conoce como «El Padre de la Geometría».
Sin embargo, sí puede asegurarse que siguiendo las sugerencias de Ptolomeo, fundó una Escuela de Matemáticas, en Alejandría- por ese entonces el centro del conocimiento y la sabiduría- y que generó tal devoción entre sus discípulos, que gran parte de su obra se conserva a través de las recopilaciones que ellos realizaron a partir de sus enseñanzas.
Hay dos hechos que pintan muy bien los rasgos sobresalientes de su personalidad y pensameinto.
Por una parte, tuvo la modestia de reconocer que no le era posible abarcar todo el saber existente, razón por la cual tomó el camino de la especialización, separando así las Matemáticas- en la que se consideraba más versado- del resto de la Filosofía, que por entonces pretendía resumir toda la sabiduría posible.
El otro hecho es una anécdota que se le atribuye, según la cual el rey Ptolomeo le preguntó si había una forma más fácil de acceder al conocimiento de la Geometría que la lectura de su libro Elementos, a lo cual Euclides (autor del libro en cuestión), respondió:
«No existe en Geometría ningún camino especial para los reyes».
¿Cuál fue su obra fundamental?
Según Heinrich Wieleitner, historiador científico de la primera mitad del S XX, la obra Elementos, de Euclides (completada con la recopilación de sus discípulos) es, luego de la Biblia y el Quijote, la más leída de todos los tiempos. Por supuesto esta afirmación debe tomarse en el contexto de la época en que se enunció, que fue mucho antes de la era de los best sellers.
También Carl Boyer dijo de Euclides, en 1956, que su obra fue la más ampliamente difundida de todos los tiempos, en el campo de la matemática, y le atribuye el mayor mérito a su formulación lógica de muchos conceptos (algunos ya existentes sobre todo en las escuelas de Eudoxio y Teaitetos), que supo organizar de manera impecable.
Elementos incluye XIII Libros, que a su vez sistematizan numerosas Proposiciones, Definiciones, Postulados y Nociones comunes.
Así , por ejemplo, el Libro I contiene 48 proposiciones, 23 definiciones, 5 postulados y 5 nociones comunes.
Las 48 proposiciones se pueden dividir en tres bloques, a saber: las primeras 26 tratan de las propiedades de los triángulos. Las siguientes seis establecen la teoría de las paralelas y demuestran que la suma de los ángulos de un triángulo suman lo mismo que dos ángulos rectos. Las restantes se refieren a los paralelogramos, triángulos, cuadrados, al Teorema de Pitágoras y a su inverso.
El Libro II se dirige al Álgebra geométrica, tiene 2 Definiciones y 14 Proposiciones
El Libro III alude a la Teoría de la circunferencia, con 11 definiciones y 37 proposiciones, 5 de las cuales son problemas y las otras teoremas.
El Libro IV atañe a las Figuras inscritas y circunscritas y consta de 7 definiciones y 16 proposiciones.
El Libro V incluye la Teoría de las proporciones abstractas, y en él se resuelve el problema planteado por el descubrimiento pitagórico de los números irracionales. Tiene 18 definiciones y 25 Proposiciones
El Libro VI trata sobre Figuras geométricas semejantes y proporcionales. Aquí se presenta la proposición de que la bisectriz interna del ángulo de un triángulo divide el lado opuesto en dos segmentos proporcionales a los otros dos lados. Contiene 4 Definiciones y 33 Proposiciones (33 ).
El Libro VII es relativo a los Fundamentos de la teoría de los números. Debido a la riqueza de la temática propuesta, a diferencia de los libros anteriores, se permite la conformación de un bloque junto con los Libros VIII y IX en donde se completan algunos temas siempre relativos a las teoría de los números. Entre los tres, comprenden 102 proposiciones que podrían considerarse como la sistematización del legado aritmético de raíces pitagóricas. El Libro VIII y IX, repito, completan esta especie de compendio de aritmética.
El Libro X es el de Clasificación de los inconmensurables, es decir que trata de los números irracionales y consta de 16 definiciones repartidas en 3 grupos y 115 proposiciones.
El Libro XI es el de la Geometría de los sólidos y forma con los siguientes una nueva trilogía que atañe a la geometría del espacio. Hay 75 proposiciones, 63 de las cuales son teoremas y las demás, problemas.
El Libro XII se refiere a Medición de figuras y tiene 18 Proposiciones.
El Libro XIII comprende los Sólidos regulares, que incluyen los 5 sólidos platónicos, a saber: tetraedro, hexaedro, octoedro, dodecaedro e icosaedro. Presenta 18 Proposiciones.
¿Qué aplicación le da la Geología a sus teoremas y postulados?
Si ustedes se han tomado el trabajo de leer en detalle la descripción del libro Elementos, que les puse en la pregunta anterior, podrían contestar solitos a esta nueva interrogación…y estoy tentada de dejar que lo hagan…
Pero no, no se asusten, haremos la revisión juntos.
Lo primero que puede considerarse importante y novedoso, es su concepto de las dimensiones que implica una gran capacidad de abstracción.
Él supone que un punto no tiene tamaño; que una línea es un conjunto de puntos que no tienen ni ancho ni espesor sino solamente longitud; que una superficie no tiene espesor, etcétera. A partir de allí es que se le atribuye al punto, una dimensión nula, a la línea la dimensión igual a uno, a la superficie dimensión dos (ancho y largo) y al cuerpo sólido o poliedro, la dimensión tres.
Esto fue un pilar fundamental del conocimiento espacial al menos hasta la irrupción de la relatividad que incorpora al tiempo.
Por otra parte, ya desde el Libro I se alimenta a la Geología, ya que ésta se vale de la resolución de triángulos para establecer muchos valores de la topografía, como por ejemplo definir altitudes a partir de mediciones de distancias y ángulos. En este aspecto, es vital el teorema de Pitágoras que pasa a las siguientes generaciones, precisamente en esta recopilación, y que recordarán ustedes que es el que enuncia: «En un triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos».
Hoy por cierto, muchas herramientas virtuales permiten resoluciones instántaneas con sólo ingresar los datos pertinentes, pero todos esos modelos se basan en los conocimientos trigonométricos que nacen en la geometría euclideana, y en los conocimientos previos que ella sistematiza.
Los libros XI a XIII, que se centran en los sólidos regulares, abren el camino a la Cristalografía, que facilita el reconocimiento mineral.
Y por supuesto, toda la Teoría de Números es base fundamental para la estadística, el cálculo de superfices, volúmenes y reservas, y la generación de los nuevos modelos matemáticos que permiten por un lado una mejor comprensión de los eventos geológicos, y por el otro la elaboración de predicciones bastante aproximadas a la realidad.
Euclides no se refirió directamente a la Geología, pero todas las ciencias que lidian entre otras cosas con el espacio y su medición, le deben un impulso poderoso.
¿Qué pasa con la Geometría no Euclideana?

Figura 1
Según este postulado, por un punto exterior a una recta sólo puede trazarse una paralela a ella. Así lo expresó el matemático griego Proclo, y fue la manera que se popularizó con el nombre de axioma de Playfair o postulado de las paralelas.
Otra manera de formular este mismo postulado es la de Euclides:
Si una recta, al cortar a otras dos, forma ángulos internos de un mismo lado que son menores que dos rectos, esas dos rectas prolongadas indefinidamente se cortan del lado en el que están los mencionados ángulos (ver figura 1). La intersección de esas rectas define precisamente el punto externo por el cual sólo una paralela ha de pasar.
Por mucho tiempo se trató de demostrar este postulado como teorema, hasta que en el siglo XIX, algunos trabajos inéditos de Carl Friedrich Gauss (1777-1855) y las investigaciones del matemático ruso Nikolai Lobachevski (1792-1856) dieron el fundamento para la geometría hiperbólica en la que no se cumple el quinto postulado y propiciaron el desarrollo de las geometrías no euclidianas, entre las que vale mencionar la geometría elíptica del matemático alemán Bernhard Riemann (1826-1866), y que luego resultaría más consistente con el modelo de espacio-tiempo relativista.
Para toda geometría que no introduzca el modelo con la cuarta dimensión atribuida al tiempo, la Geometría Euclideana sigue vigente con escasas correcciones.
LOS CINCO POSTULADOS DE EUCLIDES:
1. Se puede trazar una línea recta que pase por dos puntos.
2. Se puede prolongar una línea recta indefinidamente a partir de una recta finita.
3. Se puede trazar una circunferencia con centro y radio dado.
4. Todos los ángulos rectos son iguales.
5. La suma de los ángulos interiores de cualquier triángulo es 180°.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: Las dos imágenes que ilustran el post son de Wikipedia.
Ignacio Domeyko: una nota de color en la historia de la Geología.
La semana pasada les presenté una de las propiedades de los minerales que dependen del estado de agregación, pero mucho antes les había presentado- entre las que dependen de la luz- el color.
En ese momento les dije que existe una convención muy exacta y nada subjetiva para determinar el color, y que nombres fantasiosos no son en absoluto aceptables.
No obstante, hace un siglo y medio por lo menos, era muy corriente encontrar nombres llenos de adjetivos calificativos para designar la coloración mineral, y sobre ese tema, en mis eclécticas lecturas, encontré algo que merece ser compartido: las designaciones que proponía en su libro de texto un geólogo chileno que fue maestro de varias generaciones de profesionales.
¿A qué libro de texto se alude aquí?
Al libro Mineralojía – sí así, con J en vez de G, porque se trata de un libro de hace casi un siglo y medio, cuando la ortografía era todavía diferente- de Ignacio Domeyko, geólogo y docente polaco-chileno, que formó las primeras generaciones de geólogos de ese país. La primera edición de este texto data de 1845.
¿Qué se sabe de Ignacio Domeyko?
Ignacio Domeyko Ancuta nació en el Imperio Ruso, en lo que luego sería Bielorrusia, el 31 de julio de 1802 y murió en Santiago de Chile, donde había recibido la nacionalidad en 1848, el 23 de enero de 1889.
Estudió en la Universidad de Vilna, pero debió abandonar el país tras la derrota de la insurrección de 1831 contra la dominación rusa. Ya en París, estudió en La Sorbona, el Colegio de Francia, el Jardín Botánico y la Escuela de Minas. Su llegada a Chile se produjo en 1838, por contrato en calidad de profesor de Mineralogía y Química en el liceo San Bartolomé, de La Serena.
Entre 1840 y 1846 realizó viajes por gran parte de Chile describiendo su geología, lo que le permitió descubrir la por entonces casi desconocida riqueza minera y lo inspiró para incentivar a las autoridades chilenas hasta la creación de las Escuelas de Minas de La Serena y Copiapó.
Fue parte del claustro académico de la Universidad de Chile, llegando a ser electo como rector, precisamente cuando en parte por su influencia, el Congreso Nacional dictó una ley transformando la Universidad, que era una institución exclusivamente académica en un ámbito de docencia.
Son datos interesantes los siguientes:
- el dinosaurio más completo hallado en Chile lleva por nombre Domeykosaurus (lagarto de Domeyko) en su honor.
- el campus donde se encuentra la Escuela de Minas de la Universidad de La Serena, se denomina «Ignacio Domeyko», y otro tanto sucede con el Museo Mineralógico.
- en Valparaíso, el Instituto Tecnológico que dicta numerosas carreras técnicas se llama Universidad de Playa Ancha Ignacio Domeyko.
- en Santiago se encuentra el Liceo Industrial y de Minas Ignacio Domeyko.
- una cadena montañosa de la Cordillera de los Andes situada en el norte de Chile, al oeste del Salar de Atacama se denomina Cordillera Domeyko, y así también se llaman un asteroide del cinturón ubicado entre Marte y Júpiter, descubierto el 15 de abril de 1975; y un pequeño pueblo de la región de Atacama.
- también llevan su nombre, uno de los Salones de Honor de la Universidad de Chile, una oficina del Palacio de La Moneda, la Plaza en el sector El Llano de la ciudad de Coquimbo, y la Biblioteca Polaca fundada en 1960 en Buenos Aires, Argentina.
¿Cómo denominaba él los colores?
Se los muestro directamente en capturas de pantalla del texto que encontré digitalizado por Google, porque los términos son sumamente pintorescos, vean por ejemplo «pardo de hígado» o «pardo de tumbaga», ¿no son geniales? Por supuesto, inaceptables, aclarémsolo una vez más.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post es de Google, donde se ha digitalizado la segunda edición del libro.
¿A qué se llamó «la fiebre del oro»? Parte 1.
El tema de hoy tiene mucho de historia, pero también de leyenda, de comedia y de tragedia.
Vale la pena, no lo duden, pero precisamente porque el tema es tan interesante y extenso, lo dividiré en dos partes, la segunda de las cuales subiré el próximo lunes.
¿A qué se llamó la fiebre del oro?
Históricamente se conoce como «fiebre del oro» al fenómeno por el cual se produce una migración acelerada y masiva de emprendedores independientes hacia áreas en las que se informa sobre algún descubrimiento notable de oro, cuyo acceso es relativamente fácil.
Numerosos son los factores que influyen para que ocurran migraciones multitudinarias movilizadas por el alumbramiento de oro. Algunos de los que concurrieron en el S XIX fueron:
- La mejoría comparativa en los medios y vías de transporte y comunicación.
- Dificultad para una inserción económica y social en el lugar de origen.
- La propagación en el imaginario popular de que ciertos resultados casi mágicos en materia de evolución personal, son solamente posibles, en tierras remotas. («Nadie es profeta en su tierra»).
- El valor intrínseco del oro, como patrón monetario y como mineral útil en muchas aplicaciones más allá de la joyería.
El primero de estos factores fue característico del S XIX, pero los otros permanecen aún hoy, razón por la cual aunque sea con características muy diferentes, hay todavía lugares que son polo atractivo de migraciones de buscadores independientes, como Alaska y Australia.
¿Cuándo y dónde se produjo la fiebre del oro?
Pese a que se habla de la fiebre del oro en singular, los episodios que podrían denominarse así, fueron numerosos y comenzaron hace varios siglos.
De hecho, el primero de los antecedentes data de varios siglos antes de Cristo, en la antigua Grecia, cuando Jasón y sus argonautas- según se cuenta en crónicas legendarias- partieron en su nave «Argos» hacia la Cólquida, (reino mítico ubicado en lo que hoy es Giorgia, en la costa del Mar Negro) en un viaje plagado de aventuras, buscando el Vellocino de Oro«.
Más adelante, la búsqueda de El Dorado, que funcionó como motor de la conquista española en América, bien podría considerarse también una fiebre de esa clase, pero aun sin tomar los dos ejemplos anteriores en cuenta, los primeros «pulsos febriles» ya datan del Siglo XIV.
No obstante, probablemente la más conocida de las migraciones motivadas por la búsqueda de oro, es la que se produjo en California a partir de 1848, con su pico en 1849.
La razón de esa popularidad es casi seguramente la difusión que se le dio en novelas y películas del lejano oeste, que fueron en sí mismas un género particular.
No obstante, las «fiebres del oro» se sucedieron unas a otras, formando parte de la cultura popular del siglo XIX, con coletazos hasta nuestros días en algunos lugares.
El listado de las más importantes de esas movilizaciones poblacionales es aproximadamente el siguiente:
- En la segunda mitad del siglo XVI, fiebre de Zacatecas, México.
- 1631: movilización hacia Parral, Chihuahua, México.
- 1836 en adelante: migración hacia el sur de los Montes Apalaches, al norte de Atlanta y al oeste de Charlotte, todo en Estados Unidos.
- 1848 movimiento hacia Carolina del Norte y la más famosa Fiebre del Oro de California.
- 1850: migración hacia el norte de Nevada.
- 1856 en adelante, Colorado en Estados Unidos.
- 1858 Fiebre del cañón del Fraser también en Estados Unidos.
- 1861: Otago, Nueva Zelanda.
- Entre 1860 y 1870, este de Oregon.
- 1863, Montana.
- 1880. Zona de El Oro en México.
- 1883. Tierra del Fuego, Argentina y Chile.
- 1886, la fiebre del Transvaal (Sudáfrica) fue una de las más cruentas, ya que contribuyó a fogonear la Guerra de los Boers.
- 1888 hasta 1930: Las Juntas de Abangares, Guanacaste, en Costa Rica.
- 1896, es también una de las dos más conocidas y ocurrió en Klondike, en el Río Yukón, Canadá.
- 1898. Alaska, que comienza como una continuación de la de Canadá, afectando al mismo distrito geológico, y que sigue en cierto modo todavía vigente.
Son los pulsos febriles de California y los dos últimos mencionados, los que quiero comentarles en este post, porque son los que adquirieron más notoriedad y están rodeados de un halo de aventuras, tragedias y hasta romanticismo.
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en California?
El 24 de enero de 1848, James Marshall, capataz del rancho Sutter’s Mill, cuyo propietario, el general John Sutter, poseía una concesión sobre casi 20.000 hectáreas con los mejores suelos agrícolas de California, inspeccionaba un canal de desagüe que conducía al Río American, cuando descubrió en el lecho de este último, algunas pepitas de oro.
Al conocer este hecho, Sutter- de quien la leyenda cuenta que esa misma noche desenterró con su navaja una pepita de 43 gramos de peso- supo que estaba ante lo que podía ser su fortuna o su desgracia, y trató de mantener la noticia en secreto.
Sin embargo, como los obreros que acompañaban a Marshall en el momento del hallazgo esparcieron rápidamente el rumor, no pudo evitarse que el 15 de marzo, el periódico The Californian publicara la noticia, firmada por Samuel Brannan, que abandonó el periodismo para poner un alamacén para abastecer a los cazafortunas que sabía que llegarían muy pronto.
Se cuenta también que Brannan corrió por las calles de San Francisco, con un frasco lleno de oro y gritando «¡….oro, oro! ¡Oro en el río American!», en un pionero alarde de marketing viral, que le dio un excelente resultado, ya que fue uno de los pocos que generó un imperio a partir de sus ganancias.
En ese primer año, fueron los propios lugareños los que abandonaron sus profesiones y oficios (aun los médicos y jueces) y marcharon hacia el río a buscar el metal.
La noticia tuvo un gran impulso cuando el 19 de agosto de 1848, el diario New York Herald la publicó por primera vez en la Costa Este.
El 5 de diciembre de ese año, se oficializó la novedad, cuando el presidente James Polk pronunció un discurso ante el Congreso de los Estados Unidos, en el que incluía una referencia al yacimiento.
La mayor parte de la inmigración interna y externa llegó en 1849, razón por la cual esos aventureros pasaron a la historia con el nombre de «forty-niners».
Los primeros tiempos fueron de bonanza para el pueblo, ya que la abundancia alcanzaba a todos, pero cuando el metal comenzó a escasear y su extracción comenzó a implicar tareas de excavación, costosas en tiempo y dinero, se desató tal ola de violencia relacionada con los robos de que se hacían objeto los mineros entre sí, que el campamento minero que se hallaba al pie de las Sierras recibió el nombre de Hangtown, en alusión a la sumaria justicia que imperaba en la época. Efectivamente Hangtown es la unión de las palabras hang= colgar, y town= pueblo, y ésa era la forma en que se aplicaba muy rápidamente el castigo a quienes cometían delitos.
A todo esto, ¿qué pasó con los descubridores, que muy a su pesar iniciaron la fiebre?
Sutter lo perdió todo, debido a la violenta invasión que sufrió en sus tierras, y terminó viviendo de una pensión que le concedió en 1864, la legislatura de California, por la magra suma de 3.000 dólares anuales.
Marshall intentó encontrar oro vagando por años por la zona, sin conseguirlo jamás. Cuando murió, en 1885, todas sus pertenencias se subastaron por 150 dólares que se usaron para pagar sus deudas.
Debe haber una moraleja en alguna parte, ¿no creen?
Hasta aquí ya es un post bastante largo, en la segunda parte, que sube el próximo lunes, responderé las siguientes preguntas:
¿Cuál es el contexto geológico de los yacimientos de oro de California?
¿Qué es un placer aurífero?
¿Cómo se desarrolló la fiebre del oro en Canadá y Alaska?
¿Cuáles son las caracteríticas geológicas allí?
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Los albores de la minería cordobesa.
En buena medida inspirada en el libro «La minería cordobesa, una mirada a su historia», que ya les presenté en otro post hace más de un año atrás, he elaborado varios posts, resumiendo parte de la valiosa información obtenida en ese texto, pero agregándole el producto de mis propias búsquedas, y mi toque personal.
Éste es el primero de esos posts.
¿Quiénes habitaban el territorio de la actual provincia de Córdoba antes de la llegada de los españoles?
El poblamiento primitivo de la Argentina es seguramente muy posterior a las primeras migraciones del hombre desde Asia al continente americano, hecho que se calcula tuvo lugar hace unos treinta mil años, esto es, durante el Paleolítico superior, (último de los períodos arqueológicos de la Edad de la Piedra tallada), que corresponde geológicamente al Pleistoceno tardío, dentro del período Cuaternario en la era Cenozoica.
La llegada al territorio de lo que actualmente es Argentina no está del todo dilucidada, pero hay cierto consenso en establecer una ventana de tiempo entre los 12.000 y 10.000 años antes del presente.
En Córdoba. en el sitio denominado Ayampitín se hallaron molinos de piedra y otros rastros con una edad aproximada de 8.000 años a. C.
De lo que se tiene mejor conocimiento es de que a la llegada de los españoles, los aborígenes que ocupaban el territorio que hoy corresponde a la Provincia de Córdoba, pertenecían a diversas tribus: los comechingones y sanabirones pertenecían a la etnia que se clasificó como de indios andinos o andinizados, había también malquesis y quelosis al norte de Mar Chiquita; y los pampas y ranqueles ocupaban el sur del territorio.
Los comechingones habitaron las sierras ubicadas al oeste de la provincia de Córdoba, y según los describieron los cronistas españoles, eran individuos altos, de tez morena y a diferencia de otros aborígenes, tenían barbas. Vivían del cultivo de la tierra, y la caza y recolección de frutos silvestres y habitaban cuevas semisubterráneas que ellos mismos excavaban, o aprovechaban los abrigos rocosos naturales, que hoy se conocen como aleros y que son característicos de las sierras. Su aprovechamiento de los recursos minerales se reducía a la fabricación de hachas, raspadores y puntas de flecha, a partir de las piedras del lugar.
Los sanavirones, en cambio, habitaban más al este, en las amplias llanuras que llegan hasta la depresión de Mar Chiquita. Se los tiene por labradores sedentarios que cultivaron el maíz y también se alimentaron de los frutos agrestes y de la pesca. Desarrollaron la alfarería, lo que demuestra que debían explotar las arcillas para elaborar al menos dos clases diferentes de cerámicas decoradas: una con motivos geométricos grabados, y otra con adornos pintados en negro y rojo. Esta última requería seguramente también la explotación de óxidos.
Los ranqueles y pampas mantuvieron su dominio por mucho más tiempo luego de la llegada de los españoles y son conocidos por sus ataques a las poblaciones invasoras, en forma de malones.
¿Cuáles son las primeras explotaciones de que se tiene noticia en Córdoba, en el período prehispánico?
Ya hemos visto que naturalmente algunas de las tribus de la región ejercían al menos algunas formas rudimentarias de explotación mineral, pero ésta se vio reencauzada y modificada en sus objetivos, cuando el dominio incaico avanzó desde el noroeste.
Aunque algunos estudiosos niegan tal dominación, hay hallazgos arqueológicos que la demuestran, tanto como la propia lengua quechua que todavía hoy se habla un poco más al norte de Córdoba. También los caminos construidos según el estilo incaico hablan de un avance desde el Perú que habría ocurrido hacia el año 1480, con un objetivo principalmente económico, para explotar los yacimientos mineros.
¿Qué se extraía en ese momento, y cómo?
Hasta la llegada de los incas, la explotación estaba orientada a obtener la materia prima para sus emprendimientos de alfarería, y se centraba en sitios como Ongamira (Departamento de Ischilín), Cuchiyaco, Ayampitín (Dpto Punilla) Agua de Ramón, Quillinzo y Malagueño entre otros.
Los pueblos originarios no mostraban interés alguno en explotar el oro hasta la llegada de los peruanos, quienes lo exigieron como tributo al Inca.
Fue entonces que se vieron obligados a extraer oro, plata y cobre de diversos yacimientos en los que hoy son los departamentos Minas, Pocho, San Alberto, Punilla, Calamuchita y Río Cuarto.
Se generó por entonces la leyenda de la Ciudad de los Césares, que localmente se llamó Trapalanda, que estaría ubicada en el Valle de Traslasierra y la Sierra de Comechingones, y que sería un reino de inconmensurables riquezas, que habría de tentar más tarde a los conquistadores españoles.
La procedencia de los metales preciosos es hoy algo incierta, pero se presume que se explotaban pequeñas vetas en el Cº Uritorco y en los Departamentos que hoy se denominan Cruz del Eje y Punilla.
Yacimientos muy diseminados se habrían explotado también en los Departamentos Pocho y Minas.
El método extractivo era seguramente el que hoy se conoce como pirquineo.
¿Qué destino se le daba a esos elementos?
Dado el inicial desinterés de los nativos por el oro, éste sólo fue motivo de búsqueda a instancias de las exigencias de los incas que llegaron al territorio, con el solo objetivo de llevarse tales riquezas. Por ende, pocos son los ornamentos de oro que se encontraron todavía en poder de los aborígenes locales a la llegada de los españoles. En efecto, prácticamente toda la producción se enviaba en largas caravanas hacia el Cuzco.
¿Qué incidencia tuvo el estado de la minería prehispánica en el curso de los acontecimientos históricos resultantes?
Básicamente dos: por un lado, el reconocimiento de la existencia de metales preciosos incentivó el avance de las huestes españolas en procura de descubrir la famosa Trapalanda, sin importar el costo en vidas humanas de uno y otro lado.
Por otra parte, la NO explotación del hierro por los indígenas, que- aun en las zonas no de Córdoba, sino más al norte o más al sur, donde había yacimientos- no habían desarrollado esa metalurgia, significó una decisiva desventaja que a la larga implicó el éxito de los invasores españoles.
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¿Qué le debe la Geología a Demócrito?
La construcción de la ciencia avanza lentamente – y retrocede a veces también- cabalgando sobre el esfuerzo de miles de estudiosos que van haciendo diversos aportes para ese desarrollo.
A lo largo de la historia, algunos debieron luchar contra un pensamiento dominante y sufrieron las correspondientes consecuencias.
Por eso merecen nuestro homenaje y recuerdo. Veamos hoy el legado de Demócrito, que fue vital para desentrañar el misterio relativo al edificio estructural de la materia toda.
¿Quién era Demócrito?
Su nombre en griego se escribe Δεμóξριτο, y fue un filósofo y matemático, obviamente nativo de Grecia, que vivió entre los siglos V-IV a.C. Se le conoce también como «el filósofo que ríe», por razones que están poco claras, como muchos datos de su biografía, acerca de la cual hay muchas discusiones y disidencias, además de numerosos mitos, como aquél según el cual se habría arrancado los ojos para que nada lo distrajera en sus meditaciones.
Un párrafo que le pertenece, reza en su traducción al lenguaje moderno:
Yo soy, entre mis contemporáneos, el que ha llegado más lejos; he extendido mis investigaciones más allá que todos los demás. y soy el que ha escuchado más discursos de hombres doctos.
Estas palabras parecen muy soberbias, a menos que se las entienda en el contexto, y como la mera relación de hechos, ya que en efecto fue uno de los primeros pensadores de la época que se aventuró en viajes de investigación, como veremos más adelante, y seguramente escuchó a otros sabios, algunos de los cuales fueron sus maestros.
¿Qué se sabe de su vida?
Como ya les adelanté, mucho se discute acerca de ella, incluso su lugar de nacimiento, que para la mayoría fue Abdera- colonia jónica de Tracia- aunque hay voces que lo proclaman natural de Milesia. La fecha también es dudosa, ya que para unos es el año 467, y para otros el 456 a.C. Tampoco hay acuerdo respecto al nombre del padre, que podría ser Hegesistrato, Atenócrito o Damasipo, según cuál sea la fuente consultada.
De lo que no cabe duda es de que perteneció a una familia adinerada, lo que significó que el rey Jerjes se hospedara en su casa, dejando tras de sí a los maestros que educaron al joven Demócrito.
Más tarde esa educación se refinó en la escuela de Leucipo, que fue su antecedente más directo en la teoría que lo haría inmortal; y en sendos viajes de investigación por Egipto, Persia y el Mar Negro.
En esos viajes gastó el patrimonio que le dejara su padre, por lo cual a su regreso debió vivir del producto de sus escritos, además de ser asistido por sus hermanos.
Su libro Gran Diacosmos, fue premiado con 300 talentos y le valió tal notoriedad y prestigio, que se le dedicaron estatuas de bronce, y hasta se le concedieron honores de semidios. Por supuesto, esta aseveración también es objeto de controversia, ya que algunos afirman que en su época fue totalmente ignorado, y debió esperar por los mencionados honores hasta después de su muerte, acontecida cuando tenía casi cien años, y probablemente por su propia decisión, ya que según esas fuentes, se habría suicidado en el año 370 a.C.
¿En qué campos se destacó?
En Filosofía, Metafísica, Matemáticas, Astronomía, y por supuesto, en lo que sería el antecedente de la Ciencia Química, a través de su teoría sobre el átomo, que es precisamente lo que hace su aporte tan valioso para la Geología.
¿Cuál fue su gran aporte a la ciencia?
Aparentemente fue su maestro Leucipo quien sembró la idea original, pero le cabe a Demócrito el mérito de sistematizar lo que se denominó la «teoría atómica» que sentó las bases de un conocimiento que llevaría muchos siglos completar y difundir.
Según su visión, todo el mundo y las cosas que existen en él estaban constituidas por dos elementos básicos, opuestos pero complementarios: un vacío infinito, y ocupando algunos espacios en él, unos corpúsculos diminutos a los que llamó átomos, uniendo para ello, la partícula «a» que significa falta o privación, y la palabra «tomo» que indica cortar o dividir.
De este modo indicaba que los átomos eran las partículas más pequeñas y por lo tanto indivisibles.
Lo que él postulaba puede resumirse más o menos así: los átomos no se distinguen por su sustancia sino únicamente por su figura, posición y magnitud. (Se discute si mencionaba o no la importancia del peso en su esquema teórico). Todos los cuerpos existentes del presente, del pasado y del futuro resultan de las diversas combinaciones de átomos. Los átomos son inmutables e impenetrables.
Por supuesto desde entonces hasta acá sabemos mucho más acerca de la complejidad de las estructuras atómicas, pero si pensamos esta teoría en el contexto de su tiempo, es de verdad un enorme avance. Una verdadera genialidad, que fue desde luego incomprendida en su momento, salvo por unos pocos iluminados.
¿Quiénes continuaron con su teoría?
Protágoras de Abdera fue su discípulo directo, pero su influencia es mucho más notable en Epicuro, de quien algunos aseveran que fue el que introdujo la importancia del peso entre las cualidades del átomo, mucho después de la primera elaboración teórica de Demócrito.
Lucrecio Caro, en su bellísimo poema De Rerum Natura (La naturaleza de las cosas) mantiene de alguna manera vigente el concepto de átomo.
En el Renacimiento, muchas de sus ideas fueron resucitadas, luego de la «muerte» de la que las hizo víctimas Aristóteles.
Giordano Bruno fue en ese tiempo uno de los encargados de tal reivindicación, dándole un papel tan importante que para muchos, Demócrito es «el padre de la ciencia moderna».
En esta ciencia moderna, la historia se hace mucho más compleja y será tema de otros posts.
¿Qué pasó en su tiempo con la teoría que él formulaba?
Como adelanté más arriba, Aristóteles (384-322 a.C) fue por muchos siglos la máxima autoridad del pensamiento, y desde esa autoridad descartó la teoría atómica en ciernes, imponiendo en cambio su teoría de 4 elementos (tierra, agua, aire y fuego) y 4 estados (calor, frío, sequedad y humedad). Pero eso es otra historia, lo bastante pintoresca como para incluirla más adelante en la categoría Geología y mitos, sobre todo porque perdura en el inconsciente colectivo, impregnando pseudociencias como la astrología.
Afortunadamente, los sabios que mencioné en la pregunta anterior, se encargaron de pasar la antorcha de la teoría atómica, hasta depositarla, muchos siglos después en las manos de Dalton, Proust, Avogadro y muchos otros de los que hablaremos a su tiempo.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de este sitio.




