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El ciclo del agua. Parte 2

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Ciclo del agua. Modificado de Sawkins et al. 1974

Este post es la continuación prometida en el del lunes pasado, de modo que la lógica indica que, si no lo han hecho ya, lo que deberían hacer es comenzar leyendo ése.

En ese post ya les hice notar que estábamos ante un ciclo cerrado que podemos comenzar a estudiar en cualquier punto, que puede así constituirse en el principio, y por ende es un muy buen lugar para empezar. 😀

En este caso, comenzaremos por lo que en el dibujo he señalado como 1, y que es en realidad un término abarcativo que se irá desglosando más adelante en sus muchas facetas.

1. Evaporación.

Si bien más adelante veremos que hay diversas fuentes que se pueden constituir en potenciales aportantes a esta parte del ciclo, y que cada una de ellas tiene características propias, las cuales a su vez son modificadas por diversos factores, hay también algunas generalidades que podemos resumir aquí.

Lo primero que se puede decir es que evaporación es el proceso por el cual el agua pasa de su estado líquido al de vapor, para lo cual se consume gran cantidad de energía, como ya explicamos en otro lugar.

Ese alto consumo energético hace que la evaporación se vea favorecida por las altas temperaturas. Como además al alcanzarse la saturación del aire con el vapor de agua presente, el proceso se dificulta, la renovación del aire es vital, y para ello, la acción del viento es también un factor que acelera la evaporación. Otros factores dominantes que definen el curso del proceso son: tensión de vapor, presión barométrica, y contenido de humedad atmosférica.

2. Formación de nubes.

El agua que ha sufrido evaporación constituye la humedad atmosférica, y puede permanecer como tal, ya sea de modo disperso o generando nubes, durante tiempos variables que dependen esencialmente de los mismos factores que  provocaron la evaporación. Esto es completamente lógico porque el fenómeno es reversible y se mueve en una u otra dirección según vaya cambiando el estado de los mismos factores involucrados.

imagen1referemcias-agua 3. Condensación seguida de precipitación.

En algún momento, sea por sobresaturación de humedad o por condiciones favorables para la condensación, (tales como la presencia de partículas en suspensión que actúan como núcleos atractivos de la humedad) el agua que se encontraba en estado de vapor, se precipita sobre la tierra.

4. Precipitación.

Según la latitud, altitud y estación del año -factores todos que inciden en la temperatura reinante- y según la altitud en la atmósfera en la cual la condensación tuvo lugar, la precipitación puede tomar distintas formas. Si sucede en estado líquido se denomina lluvia, y en estado sólido, puede ser granizo (cristales de hielo) o bien nieve, que tiene espacios de aire incluidos, los que le dan mucho menor densidad.

A partir de la precipitación se desatan numerosos procesos que redistribuyen el agua sobre la superficie terrestre, que van ocurriendo de modo más o menos simultáneo, y complejamente imbricado.

5. Evaporación simultánea con la precipitación, que ocurre en la misma atmósfera.

Tal vez les haya llamado la atención esa flechita que parte de la lluvia y vuelve a las nubes. Esta situación ocurre en regiones de escasas precipitaciones, poco intensas además cada una de ellas, y temperaturas muy elevadas. Se da a veces el caso de que en zonas desérticas, el agua no alcance nunca el suelo, porque se evapora en la propia caída.

No obstante, ese caso es bastante excepcional, y lo más corriente es que sólo una pequeña fracción del agua precipitada se vaya al mismo tiempo evaporando, si la atmósfera no está saturada.

6. Interceptación en el follaje.

Si la zona en que ocurre la precipitación tiene algo de cobertura vegetal, se producirá el efecto denominado de interceptación que no es otra cosa que un cierto grado de retención del agua caída, que es ejercido por el follaje.

Esa interceptación, disminuye por una parte el efecto erosivo de la lluvia, ya que minimiza el impacto sobre el suelo, y por otra parte, resta algún volumen – por pequeño que sea- del total que alcanza la superficie de la tierra de manera inmediata.

7. Evaporación y evapotranspiración desde las plantas.

El agua interceptada puede ser evaporada en parte desde la propia cubierta vegetal, mientras que otra parte puede ser absorbida por los tejidos de las plantas, y luego de un proceso interno en los tejidos, ser eliminada desde ellos por la transpiración, que provoca lo que se conoce como evapotranspiración.

Podemos aclarar que otro tanto ocurre desde la fauna, hombre incluido que tarde o temprano aporta su propia transpiración al ciclo del agua.

De todo lo dicho se desprende que existe una porción del monto de lluvia, que nunca hace contacto con el suelo.

Una vez que la capacidad de interceptación de la vegetación en un lugar dado es superada, y la evaporación simultánea con la lluvia se elimina, el monto restante de agua precipitada sigue su camino hacia la superficie terrestre.

Se denomina precipitación eficaz, al total del agua caída que llega realmente al suelo.

8, 9 y 10. Evaporación desde las corrientes, el suelo, mares, océanos y otros espejos de agua.

De esa precipitación eficaz, no toda continúa su marcha en estado líquido, puesto que la evaporación continúa, esta vez desde superficies líquidas libres, como los canales, lagos, mares, charcos, etc., o desde la humedad que se retiene en la parte superficial del propio suelo.

Esta evaporación continuada se debe esencialmente al calentamiento solar.

11. Volatilización desde la nieve y el hielo.

Como un caso particular de retorno de humedad a la atmósfera, se debe mencionar el proceso de volatilización, (cambio del estado sólido al gaseoso, sin pasar por la fase líquida) a partir de campos de nieve y glaciares.

En cualquiera de los casos, hasta aquí explicados, parte del agua aportada es recuperada más o menos rápidamente por la atmósfera, y queda disponible para reiniciar el ciclo.

12. Escurrimiento superficial.

Del monto restante, una parte permanecerá en el suelo según un proceso que veremos en el punto siguiente, mientras que el resto, (denominada lluvia en exceso) una vez superada esa capacidad de almacenamiento, forma en un primer momento una lámina continua sobre el suelo.

Dicha lámina crece hasta una altura variable que nunca supera el orden de los milímetros, y que depende de las características del terreno, de la presencia o no de vegetación, etc.

Cuando la altura del agua es mayor que la resistencia opuesta por la rugosidad del suelo, se inicia el escurrimiento superficial, que sigue la pendiente general del terreno.

A lo largo de ese escurrimiento, seguirán ocurriendo pérdidas por evaporación, evapotranspiración, e infiltración, de tal modo, que sólo se considera lluvia efectiva a la que finalmente se incorpora a los cursos permanentes o temporarios de curso definido.

A través de complicados diseños de drenaje que van aportando afluentes y tributarios a los grandes ríos, lagos o mares, una gran parte del agua termina por sumarse a las masas oceánicas que constituyen los mayores proveedores de humedad a la atmósfera, donde vuelve a producirse la condensación y se cierra otra vez el ciclo.

13. Infiltración.

Ya les dije en el punto anterior que una parte de la precipitación eficaz ocupará los poros libres del suelo, sean ellos superficiales o subsuperficiales, comenzando el fenómeno de infiltración, el cual tendrá lugar hasta superar la capacidad de almacenamiento del suelo involucrado.

Dicha capacidad es variable en el tiempo, ya que no sólo depende de las propias características de porosidad y permeabilidad del material, sino también de la intensidad de la lluvia, del tiempo transcurrido desde la última precipitación, y de las condiciones meteorológicas imperantes en ese lapso, del estado de saturación del terreno, etc.

Del total de agua infiltrada, habrá una parte que permanecerá en el suelo y que mencionaremos más adelante; otra que ingresará a las plantas por sus raíces (una parte de la cual, a su vez volverá al circuito de la evapotranspiración ya conocido); y habrá también otras porciones que continuarán el ciclo según los destinos que veremos en seguida.

14. Percolación.

Dijimos que el agua que supera la barrera entre la atmósfera y la litósfera incorporándose al suelo se denomina infiltrada, y que dividirá sus montos según diferentes destinos.

Así pues, habrá una cantidad que descenderá por su propio peso, aprovechando los poros de mayor tamaño del suelo, constituyendo el proceso conocido como percolación, que generalmente terminará por alimentar el caudal de las aguas subterráneas.

15. Escurrimiento subsuperficial.

Siempre dentro de las aguas infiltradas, una parte iniciará un escurrimiento subsuperficial siguiendo la pendiente regional y moviéndose lateralmente a través de poros interconectados en el interior del suelo.

Sus caminos tendrán diversos destinos, tales como el mar, los manantiales, ríos de alimentación subterránea, eventualmente oasis, o aún permanecerán como caudales subterráneos, etc.

16. Almacenamiento en el suelo en los poros capilares.

Los poros de menor tamaño se denominan capilares, palabra ésta que reconoce el mismo origen que el término cabello, y hace alusión a su escaso grosor.

Estos diminutos poros están capacitados para retener agua, y a veces por efectos de presiones diferenciales o fenómenos de succión pueden llegar a determinar ascensos, denominados precisamente fenómenos de capilaridad, que ponen a disposición de las plantas esa agua que muchas veces es la que hace toda la diferencia para permitirles sobrevivir en periodos de sequía.

17. Almacenamiento en acuíferos.

Los fenómenos de infiltración, percolación y escurrimiento subsuperficial son los responsables de generar reservorios profundos de agua a los que se llama acuíferos, y que dado lo importante del tema y su complejidad, serán motivo de numerosos posts en este blog.

18. Almacenamiento en glaciares.

Cuando la precipitación ocurre en forma de nieve, y se acumula a lo largo de muchos años, pueden generarse glaciares, que ocasionalmente liberan agua en estado líquido a través de ríos con nacientes en zonas de deshielo, y siempre aportan al ciclo por volatilización. Estos también serán temas para numerosos posts.

19. Almacenamiento en rocas sedimentarias.

Sea por precipitación directa o escurrimiento superficial o subsuperficial, las aguas pueden eventualmente alcanzar los fondos marinos o de otras cuencas locales, donde generan aguas congénitas, las cuales no son otra cosa que el agua que ha quedado aprisionada en los poros de las rocas sedimentarias durante su consolidación.

Estas aguas congénitas no son utilizables como recurso y requerirán millones de años para reinstalarse en el ciclo del agua, pero tienen gran importancia como registro de acontecimientos geológicos del pasado, de modo que también las mencionaremos en futuros posts.

19. Almacenamiento en cámaras magmáticas.

En su viaje subterráneo, puede que parte del agua se encuentre con zonas volcánicas y alimente fuentes termales, o bien que pase a formar agua de constitución de nuevos minerales, o dé lugar al nacimiento de aguas juveniles, nombre que se les da cuando se incorporan a magmas.

20. Almacenamiento en reservorios superficiales.

Por cualquiera de los múltiples caminos, superficiales y profundos que hemos mecionado, el agua puede volver a formar parte de un espejo libre tal como río, lago, mar, pantano, laguna, etc. etc., y cerrar el ciclo a través de la evaporación a partir de ellos.

21. Devolución a la atmósfera en fenómenos volcánicos y postvolcánicos.

Partes de las aguas juveniles que mencionamos antes pueden llegar a ser devueltas a la atmósfera en erupciones volcánicas, que siempre contienen cantidades de vapor de agua, o bien regresar como parte de geysers o fumarolas, entre otras manifestaciones postvolcánicas.

Sin embargo lo corriente es que tiendan a permanecer en las profundidades por miles de años.

Espero que esto les haya resultado interesante, porque todavía hay mucho que decir sobre el agua.

Un abrazo. Graciela

Bibliografía:

ARGÜELLO, Graciela L. 2002. LOS RECURSOS SUELO Y AGUA. Libro de Texto para el Trayecto Ciencias de la Tierra, del PROGRAMA DE POSTITULACIÖN EN CIENCIAS NATURALES, de la F.C.E.F. y Naturales de la U.N.Cba. 86 págs. ISBN Nº987-9406.

SAWKINS,F.J; CHASE,C.; DARBY,D.G.; RAPP.G. Jr.1974. «The evolving earth» Mac Millan Publishing Co.

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El ciclo del agua. Parte 1

cicloaguaA lo largo de una serie de posts, hemos venido avanzando en el conocimiento del agua, de la cual hemos visto sus características, propiedades, comportamiento térmico, actividad geológica, y su valor como recurso.

Hoy veremos el ciclo que cumple en la naturaleza, pero vamos a profundizar un poquito más en él que lo acostumbrado desde la escuela primaria en adelante. Vamos a ver que hay más complicaciones, subsistemas y factores involucrados que los que saltan a la vista en los esquemas clásicos como el que he tomado de imágenes Google (www.jmarcano.com) para ilustrar el post.

Para eso, deberé dividir el texto en dos partes por su extensión y grado de detalle. Hoy va la primera, que consiste en un gráfico algo más completo, (Figura 1, adaptada de Sawkins et al, 1974) que explicaré con mayor profundidad en el siguiente post, más algunas consideraciones generales que vale la pena tener en cuenta.

Figura 1. El ciclo del agua

Figura 1. El ciclo del agua

Como se trata de un ciclo cerrado, la numeración podría empezar como en el presente dibujo, o en cualquier otra parte del mismo, ya que a la larga se cierra sobre sí misma.

¿Qué se entiende por ciclo del agua?

Es un proceso conocido también como «ciclo hidrológico» que describe la continua movilización del agua desde la atmósfera hacia la tierra y su regreso desde ella nuevamente a la atmósfera, para cerrar un circuito que tiene numerosos pasos intermedios, y que depende de gran cantidad de factores, como ya les adelanté varias veces.

Este circuito involucra los tres estados del agua, y tiene por escenario tres medios distintos:

a) La atmósfera, espacio en que es objeto formal de estudio de la Meteorología y la Climatología.

b) La superficie terrestre, -sea ésta continental u oceánica- donde es estudiada por la Hidrología superficial, o por la Geomorfología, cuando se la entiende como agente de modelado del paisaje.

c) El ambiente subsuperficial, en donde la estudia la Hidrogeología.

¿Qué procesos integran el ciclo del agua?

Según lo que ya es un clásico en la educación, todo el ciclo puede sintetizarse como una secuencia de Evaporación- Precipitación- Escurrimiento e Infiltración que se cierra con una nueva evaporación desde la fracción que escurre y se junta en alguna parte.

¿Qué es el balance hídrico?

Suele conocerse como balance hídrico a la ecuación según la cual el total de agua precipitada es aproximadamente igual a la suma de las siguientes porciones:

P= E + I + R

Donde P es el agua precipitada, E, el total de evaporación y evapotranspiración; I, el total infiltrado y R la cantidad aportada al escurrimiento.

En el próximo post comenzaremos a analizar detalladamente cada una de estas porciones.

Bibliografía:

ARGÜELLO, Graciela L. 2002. LOS RECURSOS SUELO Y AGUA. Libro de Texto para el Trayecto Ciencias de la Tierra, del PROGRAMA DE POSTITULACIÓN EN CIENCIAS NATURALES, de la F.C.E.F. y Naturales de la U.N.Cba. 86 págs. ISBN Nº 987-9406.

SAWKINS,F.J; CHASE,C.; DARBY,D.G.; RAPP.G. Jr.1974. «The evolving earth» Mac Millan Publishing Co.

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El recurso suelo: diez preguntas frecuentes sobre su degradación. Parte 2.

bolivia-045Como ya les está advirtiendo el propio título, este post es continuación del del lunes pasado, de modo que les conviene ir a leer ése primero, si es que no lo hicieron en su momento.

6. ¿Hay cultivos particularmente dañinos para el suelo?

Esta pregunta se me ha formulado muchas veces a partir de los dichos de la Presidente que han convertido a la soja en una especie de «yuyo» (sic) casi vandálico. Y la respuesta sólo requiere un poco de lógica y sentido común, pero parece que a muchos no les anda sobrando, de modo que aquí va: todos los cultivos tienen sus propios requerimientos en cuanto a nutrientes, y si a un suelo repetidamente se le extraen ciertos elementos de manera preferente, tarde o temprano, mostrará un déficit en ellos. Y esto vale para la soja, la cebolla o el cáñamo, de la misma manera.

En condiciones naturales, la vegetación nace, se desarrolla y muere en el mismo sitio, de modo que el ciclo se cierra y los elementos extraídos del suelo por las plantas vuelven a él ya sea de forma directa o indirecta.

Sería directa si la planta simplemente muere y se descompone en el lugar, e indirecta si por ejemplo, un animal la consume y la devuelve en sus excrementos, si no en el mismo sitio, tampoco demasiado lejos.

Ahora bien, al existir la agricultura, y con ella la cosecha, los nutrientes se «exportan» y eso empobrece al suelo paulatinamente.

Pero, lo importante aquí, es que el potencial «villano» no es un vegetal en particular sino una práctica agrícola desfavorable, como es el monocultivo. Y repito, de lo que sea. Si se practica una rotación inteligente, las extracciones de elementos se van compensando y equilibrando en el tiempo. Para saber sobre ese punto en particular, recurran a un agrónomo, yo no puedo decirles más.

7. ¿Son las actividades agrícolas las principales responsables del daño sobre el recurso suelo?

No necesariamente. Aun descartando las causas naturales, hay otras causas antrópicas que reducen de manera acelerada los espacios de suelos más o menos fértiles en todo el mundo. Basta con mencionar las urbanizaciones siempre crecientes en extensión, por ejemplo. O determinadas formas de turismo, como las que tienen que ver con el automovilismo, entre otras.

O en el caso particular de nuestra provincia, donde la cacería del pichón (práctica de por sí mucho menos edificante que la producción de alimentos, e intrínsecamente inmoral) contamina con plomo los suelos y las aguas.

Y la generación de determinados espacios recreativos como grandes parques temáticos con más cemento que materiales naturales, o la construcción de diques y represas que inundan grandes zonas. En estos casos, tampoco digo que no deben hacerse, pero sí insisto en la necesidad de realizar antes una Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), y recordar que sólo a partir de ella, se pueden tomar decisiones científicamente fundamentadas.

8. ¿Hay alternativas amigables para preservar el recurso suelo?

Desde luego que las hay.

Ya mencioné en el post anterior la existencia de manejos de suelos que apuntan a su mejor sostenimiento en el tiempo, que van desde cultivos en terrazas, preservación de bosques y montes en posiciones estratégicas, construcción de canales empastados y diques reguladores para controlar en lo posible la erosión; hasta rotación de cultivos para evitar el empobrecimiento químico; o la labranza cero para no afectar las condiciones físicas del suelo.

Y por cierto, toda vez que se deba mediar en un conflicto de intereses, la EIA es fundamental, y en ella, a su vez, el relevamiento de los suelos presentes y sus condiciones es un punto de partida imprescindible.

Lo que NO es una solución es ahogar la producción, porque nos guste o no, todos tenemos la costumbre muy arraigada de comer de vez en cuando.

Antes de pasar a la siguiente pregunta, conviene recordar que el propio suelo es parte integrante de un sistema complejo, donde puede resultar también él contaminante de otros medios, o a la inversa, también actuar de filtro. Estos temas dan para nuevos posts, pero no deben ser desatendidos aquí, pues de no mencionarlos puede quedar la sensación de que el suelo es un elemento meramente pasivo en el paisaje, y decididamente no lo es.

9. ¿A qué se debe la demonización de la soja en Argentina?

Es verdad que la soja suele cosecharse en tiempos previos a la estación lluviosa, de modo que si no hay prácticas inteligentes de manejo, cuando comienzan las lluvias intensas el suelo puede estar desprotegido y falto de vegetación que atempere su erosión.

Esto da pie a muchas críticas, pero lo digo una vez más, una rotación inteligente, y un manejo racional son requisitos indispensables para este cultivo tanto como para cualquier otro, si se pretende tener un desarrollo sostenible.

Por otra parte, en nuestro país, se toman muy a menudo posturas que no resisten ningún análisis lógico, y éste parece ser uno de esos casos, en los que oponerse a una política determinada, desata persecuciones y demonizaciones sin mayor fundamento.

Resumiendo, hay buenas y malas prácticas de manejo agrícola, pero la agricultura, y con mayor razón un cultivo en particular, como la soja, no tienen en sí mismos nada de condenable.

10. ¿Existen avances científicos relevantes en esta área?

Por el momento, todavía no tengo mucha información, porque en realidad no corresponde estrictamente a mi área de especialidad pero me llegó a través del Boletín Electrónico Infouniversidades – Argentina Investiga del 2 de Abril de 2012, una noticia que me parece interesante adelantarles:

La Universidad Nacional del Litoral, a través de su Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas está investigando nuevas semillas transgénicas de maíz, trigo y soja que serán capaces de tolerar la sequía y la salinidad, e incrementar los rindes hasta un 100%.

La parte más interesante de esta información, es que aparentemente podrían utilizarse esas especies como elementos naturales capaces de recuperar suelos salinos, que en muchos lugares significan de otra manera, maniobras muy costosas para su rehabilitación.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela

El recurso suelo: diez preguntas frecuentes sobre su degradación. Parte 1.

pascua-084Hemos visto ya, qué se entiende por recurso, y algo hemos avanzado acerca del suelo, de modo que parece un buen momento para que nos ocupemos de algo que preocupa con razón a cualquier ciudadano pensante, y esto es: ¿se está poniendo en riesgo un bien de valor inapreciable? ¿puede ese riesgo minimizarse?

De entre la multitud de preguntas que pueden formularse al respecto he seleccionado 10 que serán motivo de éste y del próximo post.

1. ¿Qué es la degradación del suelo?

Es la alteración o destrucción, natural o antrópica de alguna o algunas de sus propiedades, en grado tal que conduce a la pérdida de la productividad.

No sé si están lo bastante alertas como para darse cuenta de que la degradación no siempre ni necesariamente se debe a la acción del hombre.

Vale decir que hay situaciones en que la pérdida del suelo o el descenso de su rendimiento son prácticamente inevitables. Sólo cuando este punto queda claro, puede uno abordar este tema con objetividad, sin andar buscando chivos expiatorios todo el tiempo, como lamentablemente se hace tan a menudo, a veces por ignorancia y a veces por conveniencia política, o por prejuicios ideológicos.

Dije que hay circunstancias en que la naturaleza decreta por sí misma la muerte de un suelo, y creo que eso amerita más aclaraciones.

Puede un suelo, por ejemplo, resultar cubierto de cenizas volcánicas, como ya hemos presenciado más de una vez, o ser sepultado por toneladas de lodo debido a procesos de remoción en masa, o ser arrastrado por la erosión, con o sin la participación del hombre.

Ha habido casos históricos en que movimientos sísmicos han significado desplazamientos tales, que los suelos productivos resultaron enterrados por otros materiales menos fértiles.

También un cambio climático afecta al suelo, y así podríamos enumerar muchas alternativas más, sobre las que volveremos en sucesivos posts.

No obstante, las ya mencionadas alcanzan para ilustrar mi punto: el hombre no es todopoderoso y ni siquiera a la hora de destruir se equipara a la capacidad de la naturaleza misma. Puede ser un factor más, pero no es siempre el más importante.

Antes de pasar a otra pregunta, quiero que observen el final del concepto que les presenté: el de pérdida de productividad.

Ése es también un concepto antropocéntrico, ya que cuando se habla de productividad se hace referencia a los rendimientos agrícolas, que el hombre mismo se toma el trabajo de medir y comparar.

Ahora bien, que el suelo se tape y se destape a lo largo de algunos miles, cientos de miles o millones de años, para el sistema natural del que forma parte, no es más que una de las tantas modificaciones que siempre se suceden y entrelazan en una dinámica cuyo equilibrio es siempre cambiante y no cesa de evolucionar.

A ver si nos quedó claro. Lo que le pase al suelo nos afecta, pero también nos excede. Podemos morigerar ciertos cambios o acelerarlos, pero nunca podremos impedirlos de plano.

Es decir que aquellas personas que esgrimen slogans como Salvemos el planeta sólo demuestran un profundo desconocimiento acerca de él. Lo más que podríamos enunciar es «Tratemos de no empeorar demasiado las condiciones para nuestra propia supervivencia».

Más que eso no podremos hacer, el planeta no necesita de nuestro rescate. Si la población humana se vuelve excesiva para el sistema, el planeta no se destruirá, sino que simplemente se sacudirá de encima esa especie que dejó de ser viable. Ya lo ha hecho antes muchísimas veces. Su sistema de control se llama extinción, y no es ninguna novedad en la historia de la Tierra.

Pero no quiero irme de tema, sólo quería señalar que el futuro que afectamos con nuestras decisiones es sobre todo el propio nuestro, que no es poco. Pero al planeta, ni le va ni le viene. 😀

2. ¿Cómo se produce la degradación de un suelo?

Ya que según dijimos, la degradación es pérdida de productividad, muchos son los aspectos que pueden ser afectados generándola, y numerosas las causas que provocan esa afectación. Pero vale la pena mencionar algunos elementos que pueden verse alterados en el sistema suelo, y que podríamos considerar como distintos modos de degradación:

  • Degradación biológica: ésta se produce por, y se manifiesta en la Pérdida de la biodiversidad. En efecto, si un suelo sustenta cada vez menos variedad de especies tanto de la fauna como de la flora, es un signo de que algo no está en equilibrio. Vale decir que puede considerarse como un síntoma o geoindicador de un problema existente. Pero a su vez, puede ser la causa del problema si ha significado la ruptura de un ecosistema preexistente, cuando por ejemplo se ejerce una excesiva presión a través de monocultivos que erradican otros componentes de un sistema que antes era equilibrado.
  • Degradación química: esta forma de degradación ocurre en muchos casos como respuesta natural a las interacciones de la vegetación y el suelo que la sustenta, pero es también en buena medida producida por el hombre, a través de sus adiciones de pesticidas o contaminantes de diversos orígenes. Sus principales manifestaciones son pérdida de nutrientes, salinización y/o sodificación, modificación del pH y como ya dije, contaminación o polución. Todos y cada uno de estos temas son demasiado extensos para tratarlos aquí, pero serán motivo de otros encuentros.
  • Degradación física: estos cambios tiene que ver con temas como la pérdida de la estructura, motivada muchas veces por la compactación resultante del repetido paso de maquinarias agrícolas, el pisoteo resultante del sobrepastoreo, etc. La decapitación ocurre muchas veces por extracción minera, y hasta por la costumbre de «vender tierra negra» para los jardines y parques. La erosión es obviamente natural, pero el hombre puede trabajar a su favor, acelerándola, o bien puede utilizar estrategias que la minimicen hasta donde sea posible. Del sepultamiento ya he hablado más arriba, y es muy importante señalar que sus causas son casi siempre naturales.

2. ¿Se recupera un suelo degradado?

El suelo tiene dos capacidades que vale la pena mencionar, aunque por la riqueza del tema, volveremos a él en muchas ocasiones. Esas capacidades son la resistencia y la resiliencia.

Resistencia de un suelo (y de casi cualquier material, y también de los seres vivos) es la capacidad de oponerse a un cambio. Es de alguna manera como la inercia, o tendencia a permanecer en un estado dado hasta tanto la energía que se aplique sea suficiente para inducir una modificación en él. Un bonito ejemplo es la resistencia a levantarse de la camita calentita en invierno.

Resiliencia, en cambio,es la tendencia a volver a un estado igual o más o menos próximo al anterior, después de que se ha producido una modificación. Es la capacidad de recuperación del suelo. Si volvemos al ejemplo cotidiano, se puede ser muy resiliente también, y volverse a meter en la camita en cuanto deja de existir la presión del despertador sonando a todo volumen.

Entonces resumiendo: los suelos son resistentes y resilientes, pero en grados sumamente variables, y en definitiva la posibilidad de que un suelo degradado se recupere depende de todo el conjunto de factores que definen si su resiliencia es alta, baja o nula. Esos factores son el clima, el relieve, el material que le dio origen, la biota, el estado de desarrollo, y por supuesto de la implementación o no de medidas de recuperación por parte del ser humano.

4. ¿Cuánto demora en recuperarse un suelo?

Esta pregunta está más que directamente relacionada con la anterior, puesto que una vez dado el requisito de que la resiliencia exista, cuánto demora el suelo en recuperarse es función de las características de ésta y de los factores que la definen y que ya he mencionado arriba.

Es importante considerar el hecho de que normalmente la recuperación no es total, de modo que en sucesivos estados de desequilibrio, el regreso a estados anteriores es cada vez más problemático, porque se va regresando a situaciones cada vez más distantes del punto de partida original. De alguna manera, las perturbaciones se hacen acumulativas, mientras que las recuperaciones son sustractivas.

5. ¿Puede prevenirse la degradación de un suelo?

Sí, hay numerosas estrategias, a las que se agrupa bajo el concepto de medidas de «conservación del suelo», que permiten minimizar los daños. Obviamente, las personas más interesadas en conseguir que el suelo preserve su productividad son los propietarios, de allí que cuando no se aplican las medidas del caso, sólo puede atribuirse a desconocimiento, falta de capacidad económica, o escaso apoyo de parte de las autoridades pertinentes.

Todo este tema tiene demasiadas aristas para su abordaje completo en este post, de modo que les prometo otros en el futuro donde hagamos algunos análisis que apunten al marco legal y los controles respecto a la explotación del recurso.

Aparte de eso, quedan todavía 5 preguntas cuyas respuestas pueden leer el próximo lunes, porque este post ya es más largo que rosario de tartamudo. Un abrazo Graciela.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela .

Los planetas de nuestro sistema solar

380px-solar_sysYa hemos visto en posts anteriores algunos conceptos introductorios relativos al Sistema Solar, y a su cuerpo central, el Sol.

Hoy avanzaremos un poco más, adentrándonos en otros elementos constitutivos del sistema: los planetas.

¿Qué quiere decir planeta?

La palabra planeta, fue por primera vez aplicada a los acompañantes del Sol, por los griegos. Su significado es «estrella ambulante», nombre que se aplica todavía, pese a que hoy se sabe que en su naturaleza, un planeta difiere notablemente de una estrella, pues carece de luminosidad propia, ya que no es capaz de producir por sí mismo la energía necesaria para generarla.

¿Cuántos planetas forman el Sistema Solar?

Se conocen hasta la fecha entre ocho y once planetas integrantes del Sistema Solar. La diferencia en los números se debe a que hay una cierta divergencia entre los astrónomos a la hora de considerar o no en la cuenta a los cuerpos más pequeños, a los cuales desde hace algunos años se ha dado en llamar «planetas enanos» o hasta «planetoides». Yo los incluyo en el listado, pues por muy enano que sea un planeta, no deja por eso de serlo, ¿verdad?

¿Cuáles son y cómo se llaman los planetas?

Los cinco planetas más próximos a la Tierra, eran ya conocidos por los griegos, quienes los bautizaron con los nombres de sus dioses; tradición respetada aún en el siglo XX, en que para nominar a los más recientemente descubiertos, se recurrió a la misma mitología.

Desde el centro del Sistema hacia afuera, los planetas se denominan: Mercurio (en honor al dios del comercio), Venus (en honor a la diosa del amor), Tierra (en honor a Terra-diosa del suelo y la fertilidad)

A continuación de la Tierra se encuentra Marte– dedicado al dios de la guerra, Júpiter– que por su tamaño corresponde al dios del Universo; Saturno– dedicado al dios del tiempo- fue por muchos años, el más externo planeta conocido.

Recién en 1781, William Herschel descubrió a Urano (así llamado por el dios del cielo) al que hasta 1781 consideró erróneamente como un cometa (concepto que nos merecerá otro post).

En 1846, Leverrier y Galle descubrieron Neptuno (denominado así por el dios del mar), con el cual se cierra la cuenta de los ocho planetas cuya categorización no está en discusión.

¿Cuáles son los planetas cuya categoría se discute?

En 1930, Tombaugh y Sir Percy Lowell (trabajando separadamente) detectaron a Plutón, que dedicaron al dios de los infiernos.

A su vez, Mike Brown ( científico de la NASA) anunció en el año 2004, la existencia de un planeta más alejado, que fue denominado Sedna, en honor a la diosa que según la mitología esquimal dio vida a los seres marinos del Ártico.

Existe también otro cuerpo Quaoar, conocido desde el año 2002 que no se ha incorporado oficialmente todavía como planeta al Sistema Solar, pero podría llegar a serlo en el momento en que se demarquen mejor los límites entre los cuerpos planetarios y los que no lo son.

¿Por qué se discute la calificación de Plutón, Sedna y Quoar?

El diámetro promedio de Plutón es de 2300 km, mientras que el de Sedna es de algo menos de 2000 km, y el de Quaoar es más pequeño aún, por esta razón es el desacuerdo entre los científicos, sobre todo porque nunca se han definido universalmente los límites para una u otra categoría.

¿Cómo se dividen los planetas del Sistema Solar?

Mercurio, Venus, Tierra- y para algunas opiniones, también Marte-constituyen los llamados planetas interiores o terrestres, reservándose la calificación de exteriores para todos los demás.

La división tiene que ver con ciertas consecuencias, como la mayor densidad, ya que en las proximidades del sol, donde las temperaturas son muy elevadas, sólo pueden condensarse los materiales de mayor punto de fusión como los metales, mientras que más lejos, en los planetas exteriores, se concentran materiales más livianos de menor punto de fusión.

Por eso, precisamente, Mercurio es el planeta más denso del Sistema.

¿Cómo se explican las regularidades del sistema?

Las marcadas regularidades observables en la distribución planetaria han sido resumidas en unas pocas leyes, tales como las de Kepler, la de Newton y la de Titius- Bode, que serán motivo de otros posts, porque son de sumo interés y bien sencillas de explicar.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

Este post es una modificación de mi propio apunte didáctico, que debe ser citado como:

Argüello, Graciela 2006.» La Tierra como planeta integrante del Sistema Solar» Cuadernillo didáctico Nº II, Capítulo 1. Para circulación interna en la U.N.R.C. Versión totalmente actualizada.17 páginas.

 

La imagen que ilustra el post es de Wikipedia.

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