Archivo de marzo de 2013

¿Es la perla una piedra preciosa?

En realidad, si ustedes son seguidores asiduos y de larga data del blog, ya sabrán la respuesta, (negativa, por cierto) porque estuvo implícita en otro post, pero hoy quiero explayarme un poco más, porque precisamente es lo que les prometí en ese momento.

¿Por qué la perla no es una piedra preciosa?

Pues, muy sencillamente porque no es un mineral, puesto que su origen es orgánico, a pesar de que químicamente tenga un alto contenido de carbonato de calcio.

Como expliqué en el post que ya deberían haber consultado, pese a no ser piedra preciosa, sí es una gema. Recuerden que las gemas comprenden a las piedras preciosas y a varias sustancias más, como en este caso, la perla.

¿Qué es en realidad la perla?

La perla, si uno bien lo mira, debería parecernos más bien asquerosota, ya que no es en el fondo más que tejido cicatrizal de un determinado grupo de seres vivos.

También podríamos llamar a las perlas «estrategias defensivas» o quistes, si quieren, con lo cual se llega a la inmediata conclusión de que los seres humanos somos capaces de cualquier cosa por adquirir status. Hasta de colgarnos del cuello una especie de tumor de bonita apariencia.

Pero expliquémoslo mejor: sucede que cuando una partícula extraña se introduce en la parte blanda de algunos moluscos, sobre todo en los bivalvos, su presencia produce una notable irritación, y para defenderse de ella, las ostras (entre otros bichos) han aprendido a neutralizarla, creando perlas.

Para generar las perlas, el interior del molusco cubre lentamente la partícula invasora con una mezcla de cristales de carbonato de calcio (CaCO3) y una proteína llamada conchiolina.

Esa mezcla se conoce como nácar, sustancia que normalmente protege toda la cavidad interna de las valvas del animal (cavidad paleal). Cuando el animal no sufre agresiones, el nácar es como una piel interior, pero si hay un cuerpo extraño, esa misma piel se va engrosando a su alrededor, y cuando varias capas de ese nácar se han aglutinado en forma de un verdadero abultamiento, ¡voilá! estamos ante el nacimiento de una perla.

Digamos que ese nacimiento requiere más gestación que un elefante, ya que pueden requerirse aproximadamente diez años para que se forme una perla discretita.

Las perlas más conocidas son las consideradas como gemas o piedras preciosas, por su simetría y su particular lustre. Las perlas preciosas son producidas en su inmensa mayoría por las ostras pertenecientes a la familia Pteriidae.

¿Por qué se considera a la perla como gema?

Porque cumple con los requisitos exigibles, y que ya mencioné en el post que he linkeado más arriba. En pocas palabras porque es durable, hermosa y relativamente escasa.

¿Cuáles son las condiciones que dan a la perla su belleza?

Aclaremos que si bien todos los tejidos cicatrizales generan perlas en sentido amplio, sólo son perlas clasificables como gemas, aquéllas que tienen formas más o menos esféricas o de lágrima, de lo contrario se las descarta como gemas y se las destina a otros usos. Esos usos pueden ser, entre muchos otros, molerlas para dar brillos nacarados a ciertos cosméticos, o para generar perlas reconstituidas, etc.

Además de la forma, y los diversos matices posibles que hasta pueden llegar a dar perlas negras, existen otras características que suman puntos en la belleza de las perlas.

Esas características son: el brillo tornasolado propio del nácar, y que se conoce en gemología como iridiscencia, la intensidad de ese brillo, de apariencia sedosa, y la presencia, a veces, de lo que se conoce como formas o figuras lumínicas.

Tanto el brillo como las figuras lumínicas son también respuestas características de los minerales ante la acción de la luz que incide sobre ellos, razón por la cual los explicaré en detalle en su momento, entre las propiedades físicas que vengo analizando.

No obstante, hoy no puedo menos que mencionar y describir una de esas figuras, (que después les develaré por qué se produce) porque es una condición muy valiosa en las perlas.

De todas las figuras lumínicas posibles, las perlas suelen presentar adularescencia, nombre que viene de la adularia o piedra de luna, y que consiste en un brillo interno y profundo muy parecido a una nube lechosa que cambia de tonalidad según la dirección en que se observe el objeto.

¿Desde cuándo se la considera gema?

Si bien no hay un registro seguro de esto, y todo lo que podemos hacer es especulaciones al respecto, no es una locura pensar que ya desde la prehistoria puede haber sido apreciada, por la sencilla razón de que a diferencia de otras gemas, no requiere de pulidos, tallados ni de ningún otro tratamiento para develar su belleza. Seguramente tan pronto como el primer molusco conteniendo una perla fue abierto, ese hallazgo habrá sido atesorado, tal vez hasta como algo mágico.

Pese a la falta de documentación fehaciente, desde las más antiguas culturas se las ha encontrado engarzadas en ornamentos varios, por lo común pertenecientes a la realeza y las clases nobles de cada sociedad.

¿Es alto su precio en el mercado actualmente?

El precio, como el de todas las gemas, es altamente dependiente de los vaivenes de la moda, y de las reglas de la oferta y demanda.

Por esa precisa razón, el precio originalmente era exorbitante. Esto era así cuando el suministro de las perlas dependía de la pesca de moluscos realizada por buceadores nativos de las zonas ricas en ellos, carentes de todo equipo, y que por esa razón muchas veces dejaban la vida en la empresa.

Al mejorar las técnicas de buceo, aumentando la cosecha de moluscos y disminuyendo el riesgo de tal empresa, los precios fueron disminuyendo progresivamente.

En la situación actual, por un lado el gusto y la moda han relegado a las perlas a un segundo plano respecto a las piedras preciosas más caras, como el diamante o la esmeralda; y por el otro las perlas pueden cultivarse, inundando el mercado con una oferta creciente, pese a la demanda estabilizada. Por todo esto, las perlas tienen hoy un precio bastante menos elevado que a lo largo de su historia previa.

¿Cómo se cultivan las perlas?

Básicamente lo que se hace es confinar a los moluscos de las especies productoras de perlas, en criaderos donde sistemáticamente se les inyectan sustancias irritantes para estimular su producción de quistes defensivos en forma de perlas.

Existen criaderos de agua dulce y salada, de temperaturas cálidas y frías, lo cual define las especies de bivalvos empleados, y consecuentemente la calidad de las perlas obtenidas, y la velocidad de la generación, que puede variar entre unos pocos meses hasta tres o cuatro años, vale decir mucho menos que en la naturaleza. Ese tiempo tiene además que ver con la sustancia inyectada.

Por todo lo dicho, a mí regálenme diamantes en lugar de perlas, así no andan torturando moluscos por mi causa. 😀

Y ya que estamos, ¿no se preguntaron si los corales son piedras preciosas?

Espero verlos el próximo miércoles. Un abrazo. Graciela.

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P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de una página de la red.

Un poema atómico de Margaret Cavendish, del Siglo XVII.

Hoy comparto con ustedes un poema dedicado al átomo, que data de 1653. Debo ser honesta intelectualmente, por lo cual les aclaro que no conocía el libro Atomic Poems de Margaret Cavendish, hasta que lo encontré mencionado por Valeria Edelsztein, en su libro Científicas: Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera). ISBN 978-987-629-241-2

Ese libro editado en Buenos Aires en 2012, por Siglo Veintiuno Editores, forma parte de la colección Ciencia que ladra…, dirigida por Diego Golombek, y obtuvo el Primer Premio en el concurso organizado por la editorial.

Pero no es de ese libro que les quiero hablar, sino que quiero compartir el poema que en él se reproduce, y que luego me tomo la libertad de traducir de manera personal y muy ligeramente diferente a como Valeria Edelsztein lo tradujo.

Me parece sobre todo original el intento, ya tan remoto en el tiempo, de ponerle poesía a la estructura de la materia, y es por eso que me parece bueno difundirlo. Y ya sin más, con ustedes, el poema… y más abajo mi propia traducción.

The weight of Atoms, by Margaret Cavendish (1653)

If atoms are as small, as small can be

They must in quantity of Matter all agree:

And if consisting Matter of the same (be right)

Then every atom must weight just alike.

Thus Quantity, Quality and Weight, all

Together meets in every Atom small.

Y ahora, mi traducción ligeramente disidente:

Si los átomos son tan pequeños como lo pequeño puede ser

Ellos deben en cantidad de Materia, todos coincidir.

Y si la Materia de que consisten es la misma (y la justa)

Entonces todos los átomos deben pesar exactamente igual

Así la Cantidad, la Calidad y el Peso se cumplen

todos en cada pequeño átomo.

Bueno, convengamos en que no es la cumbre de la Poesía, pero es por lo menos interesante, ¿no les parece?

P.S.:La imagen que ilustra el post es la tapa del libro de Valeria Edelsztein, y la tomé del mismo sitio que he linkeado más arriba.

 

10 tips para tener en cuenta a la hora de redactar informes de trabajo.

Hace ya mucho tiempo, y a instancias del Pulpo, redacté un post en el que di los lineamientos generales para redactar un informe sobre un trabajo profesional, fundamentalmente -aunque no exclusivamente- resultante de la investigación científica.

Ese post resultó uno de los más convocantes, y por supuesto tuvo muchos comentarios, entre los cuales destaco el de Rosalba, quien me pidió que actualizara información para abarcar más aspectos del tema. Pues bien, aquí está una primera ampliación sobre el tópico.

Les recomiendo que lean primero aquel post del que les hablaba, ya que no repetiré ahora lo que allí ya expuse, sino que me referiré a diez puntos a tener en cuenta, sobre todo, mencionando los errores comunes que se deben evitar.

1. Prestar atención al estilo literario pertinente.

El modo en que se redactará un escrito depende fundamentalmente del destinatario. Yo puedo aquí, en el blog, imaginar un lector que espera un lenguaje amigable, y al que puedo dirigirme como si tuviéramos una charla informal; pero jamás podría enviar un trabajo para publicar en una revista científica, redactado de la misma manera.

Y tampoco podría informar a alguien que me ha contratado para evaluar los suelos de su lote, escribiendo por ejemplo: «yo que vos, no edificaría en la parte sombreada del mapa…»

Para todas las situaciones formales, debe preferirse el estilo impersonal, y la voz pasiva. Digamos por ejemplo que si yo no estuviera escribiendo un blog tan coloquial como éste, la oración que lo inicia debería haber sido de una de las dos formas siguientes:

Hace ya mucho tiempo, y a instancias del Pulpo, se redactó un post en el que se dieron los lineamientos…

Hace ya mucho tiempo, y a instancias del Pulpo, fue redactado un post en el que se dieron los lineamientos…

¿Se entiende? (Preguntas como ésta tampoco aparecerán en un informe o en un trabajo científico).

2. Prestar atención a la ortografía.

Ningún editor publicará un trabajo con errores de ortografía, y nadie contratará por segunda vez a un profesional que le presente un informe plagado de barbaridades ortográficas. Además, hay textos que son un insulto a la vista para cualquier lector, de modo que este punto es básico.

No es suficiente pasar un corrector de Word o similar, ya que esas herramientas no distinguen las funciones gramaticales de las palabras que revisan, de tal manera que si se da el caso de partículas que en una situación llevan acento y en otra no, el corrector aceptará ambas, aunque haya error en eso. Por ejemplo, la palabra mas lleva o no acento, según sea adverbio de cantidad o conjunción adversativa, respectivamente. El problema es que la herramienta de Word no distingue cuál es el caso.

Por eso, sólo caben dos alternativas: o aprender las reglas ortográficas y aplicarlas, o contratar a un corrector humano (¡pero que sea bueno, por favor!). De eso sé bastante, porque mis estudios universitarios fueron solventados con trabajitos de esa clase, además de las traducciones y clases de idiomas… y debo decirles que esa tarea era muy rentable por ese entonces, porque todavía no éramos muchos.

3. No redactar párrafos excesivamente largos.

Cuando un párrafo se hace excesivamente largo, suceden dos cosas igualmente indeseables: se pierde la atención del lector por un lado, y se oscurece el significado, por el otro.

Si se desea agregar mucha información, es preferible hacerlo a través de oraciones cortas, separadas por puntos, antes que llenar el párrafo de aclaraciones, ya sea entre guiones, comas o paréntesis.

Por supuesto, tampoco se debe caer en el extremo de enunciar una tras otra, una colección de oraciones inconexas. Ninguno de los extremos es bueno, pero ¿cómo saber si estamos abusando de las aclaraciones? Si en un párrafo aparecen una y otra vez expresiones como «el cual», «el mismo», «cuyo», «por lo cual», y similares, es señal de que hacen falta algunos puntos para separar mejor las ideas a expresar.

Imaginen algo así:

«El patrón de drenaje del área superior de la cuenca, la cual se extiende por muchos kilómetros entre las localidades más importantes, mencionadas más arriba, y del cual podrá presentarse un análisis más detallado tan pronto como la fotogrametría de la zona- actualmente en vías de realización en el laboratorio pertinente- puede caracterizarse de modo general como rectangular, si bien localmente…»

El precedente es un párrafo imaginario, pero no dista mucho de algunos que me toca a menudo corregir, y coincidirán conmigo en que es, por lo menos, oscuro.

Eso mismo se entiende mejor si se usan oraciones cortas y completas en sí mismas.

Algo como:

«El área superior de la cuenca se extiende por muchos kilómetros entre las localidades más importantes, mencionadas más arriba. Su patrón de drenaje puede caracterizarse de modo general como rectangular, aunque con cambios locales. Un análisis más detallado se presentará tan pronto como se complete la fotogrametría de la zona, actualmente en curso en el laboratorio pertinente».

4. Prestar atención a los signos de puntuación.

Por más que mucha gente lo ignore, las comas, los puntos, puntos suspensivos, etc., tienen sus propias reglas de uso, que deben respetarse. No se trata de ponerlas azarosa ni caprichosamente, al menos en los textos formales. En las prosas literarias o coloquiales existe más libertad, pero no es así en los párrafos científicos.

Una consideración semejante vale para las abreviaturas y las siglas. Uno puede entender qué significa mts, pero no puede usarlo en esa forma en un texto científico, ya que la convención internacional indica que la abreviatura correcta es m.

5. No olvidar los créditos en las figuras, mapas y tablas.

Ya en el post que he linkeado más arriba, hice mención a los créditos que deben figurar en los agradecimientos, pero además, cuando se usan curvas o gráficos tomados de otros trabajos, al pie de cada uno de ellos debe aparecer la fuente. Es común que se usen ábacos, curvas y figuras de otros autores para ilustrar argumentos o análisis propios, pero es una obligación ética mencionar el origen.

6. No incluir análisis innecesarios.

Todos y cada uno de los análisis cuyos resultados figuran en un texto deben aportar algo al objetivo del informe, y ser el fundamento de alguna o algunas conclusiones. De lo contrario su presencia es ociosa, y conduce a pensar que se está intentando «rellenar» un trabajo poco sustancioso. En definitiva, resta más de lo que suma.

7. Expresar lealmente los resultados obtenidos.

Muchas veces se plantea una hipótesis al comienzo de un trabajo, y se espera que los resultados la avalen. Pero si no es ése el caso, es perfectamente válido poner por escrito esa circunstancia. Lo que no es aceptable es ocultar los resultados o menos aún tergiversarlos.

La evolución y modificación del conocimiento propio es parte integrante y resultado natural de la investigación, de modo que señalar cambios en las aseveraciones realizadas en trabajos previos, es perfectamente admisible.

8. No repetir párrafos.

En el post que es antecedente de éste, ya enumeré las partes de un informe, entre las que se cuentan por un lado la discusión de resultados, y por otro, las conclusiones. Es error común repetir en el segundo de los apartados, lo que ya figura en la discusión. Eso se evita, simplemente, aludiendo a lo ya escrito a través de expresiones como «según se explicó más arriba», «conforme a lo ya mencionado en la discusión», o similares.

Lo que no es admisible es repetir párrafos enteros bajo más de un acápite.

9. No abundar en referencias inútiles.

Es también práctica común, repetir párrafos enteros de otros autores, que no son imprescindibles en el informe. En todo caso, si refuerzan alguna aseveración del que escribe el texto, basta con mencionarlos entre paréntesis, como referencia bibliográfica, de modo que puedan consultarse en el original, si ése es el deseo del lector.

Sólo se puede hacer una excepción a esta regla cuando se hace un resumen del estado del arte sobre un tema determinado, lo que a veces ocupa una parte de la Introducción del informe. En los demá¡s apartados, deben evitarse esas reproducciones .

10. Prestar atención a las leyendas en los gráficos.

En los mapas no pueden faltar las escalas, la posición del norte y /o coordenadas geográficas y las explicaciones del significado de cada uno de los trazos, trazas y/ o colores que se hayan utilizado. En los otros tipos de gráficos, salvo las coordenadas geográficas y la posición del norte, vale la misma recomendación.

Les aseguro que todo lo dicho se tiene en cuenta a la hora de revisar un trabajo científico, y lo digo por experiencia porque me ha tocado actuar como evaluadora en más de una ocasión.

Espero que esto sea un aporte útil, aunque cuanto más escribo al respecto, más me doy cuenta de que el tema no se ha agotado todavía, de modo que no se asombren si vuelvo al ataque con otros posts relativos al mismo.

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Un abrazo y hasta el miércoles, Graciela

P.S.: La imagen que ilustra el post vino en una cadena de mails, no conozco al autor.

Seguimos con el humor para geólogos.

Como les adelanté el viernes pasado, todavía tengo algunas pavaditas del estilo «era más», y aquí se las dejo.

Era más…

Era más desubicado que trilobite en el Pleistoceno.

Era más feo que gliptodonte con paperas.

Era más trucho que hallazgo de dinosaurio embarazada.

Era más difícil que rellenar el Cañón del Colorado.

Era más traicionero que la Falla de Sampacho.

Era más frío que el permafrost.

Era más desprolijo que horizonte bioturbado.

Bueno, espero que esto los haya entretenido por un ratito. Un abrazo y hasta el lunes. Buen fin de semana. Graciela.

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