«Soy minero» – Versión de David Bisbal y Antonio Molina
Este video fue un descubrimiento de Alejandra Cardona, locutora de Radio Salta, a cargo del programa «Hablemos de minas», que me entrevistó alguna vez.
Ella me envió gentilmente una selección de temas relacionados con la minería que, como en este caso, iré compartiendo con ustedes.
En esta oportunidad, David Bisbal y Antonio Molina, gracias a la tecnología logran una versión sublime de «Soy Minero».
Disfrútenlo como yo. Un abrazo y nos vemos el próximo lunes. Graciela.
El balance de una vida con la Geología. Parte 1.
Este post me generó muchas dudas a la hora de tomar la decisión de publicarlo o no.
Y les explico la historia:
Ocurre que al cumplir mis 60 años de edad, tomé la resolución de jubilarme, pero lo hice silenciosamente, en agosto de este año.
Dayana comenzó a insistir en que debía hacer un post al respecto. Y yo a resistirme. Mi resistencia pasaba por el hecho de que conozco los prejuicios de nuestra sociedad con respecto a la gente que supera la barrera de los 60.
Mi temor era específicamente que de pronto mis lectores me vieran como un fósil que ya no tiene más nada que aportar (aunque los que saben algo de Paleontología saben también que la información que los restos fósiles brindan es invalorable), y comenzaran a abandonarme.
No obstante, pasados un par de meses, y encontrándome con la realidad de que estoy cada vez más ocupada, y que además no me he alejado de la actividad científica como podría esperarse, me rendí a la estocada final del argumento de Dayana:
-«Si no demostrás lo contrario, estás contribuyendo a sostener el mismo prejuicio que tanto te molesta».
Y sí, es maldita la criatura, pero tiene toda la razón del mundo, así que aquí está mi «post del alpiste» como ella lo bautizó, porque según ella, si no levanto la bandera de los jubilados activos, sólo me queda dar de comer a las palomas en la plaza.
De hecho, ella y el Pulpo, cayeron a casa el día de mi jubilación, con un paquete de alpiste de regalo, que es el que ven en la foto 1.
En cambio, la foto que ilustra el post es actual, tomada en una de mis prácticas de ballet clásico, más especÃficamente durante ejercicios de barra a tierra, y tiene el objetivo de demostrarles que 60 años no es nada, y que yo sigo tan regia como siempre, jejeje 😀
Volviendo al tema del post, la otra cara de la moneda es que además yo no entendía muy bien qué quería Dayana que contara, ya que mi jubilación al cabo y a la postre, es un hecho privado que no le interesa a nadie más que a mí.
Y entonces, ella se descolgó esgrimiendo preguntas que bien miradas, pueden tener algún significado para los lectores.
Hecha la introducción, tomo las preguntas tal como me las formuló Dayana, y completo una especie de «reportaje imaginario» para compartir con ustedes algo que se parece a un balance, pero nunca a una despedida.
Y son tantas las preguntas que de hecho este post del alpiste vendrá en dos partes.
¿Cómo llegaste a la docencia?
Tuve la suerte de entrar por la puerta grande, aunque fuera con un cargo chico, jejeje. Paso a explicarles. Yo me recibí siendo muy joven (21 años cumplidos dos meses antes de recibir el título), y lo hice con promedio superior a 8, que además era el mejor promedio de la promoción, y sin aplazos. Esos tres requisitos eran los exigidos para obtener el Premio Universidad, también conocido como Medalla de Oro.
Parte de la reglamentación de ese Premio implicaba que se me otorgaba un contrato por un año con un cargo de docente (el cargo más bajo) en la materia que yo misma eligiera. Y así empezó mi carrera, en la Cátedra de Geofísica, de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Universidad Nacional de Córdoba.
Después fui obteniendo mejores cargos, primero en promociones directas, y después a través de los concursos, cuando volvieron a existir en las Universidades argentinas, desde 1985. En total en mi carrera acumulé cinco concursos (abiertos) ganados. Más que muchos colegas, me enorgullece decir,
¿Cómo han cambiado las cosas en casi 40 años de enseñar Geología?
Difícil pregunta ésta, ya que todo el abanico entre «nada» y «sustancialmente» podría incluirse en la respuesta. Y eso es así porque depende de cada cátedra, materia y/o equipo docente.
Así, es cierto que hay quienes no se han enterado ni siquiera de los cambios de nomenclatura que vienen acontenciendo desde hace más de 20 años en su área de especialidad (no voy a dar ejemplos, pero los que están en el tema ya estarán acuñando nombres, jejeje); pero también hay materias en las que todos los docentes se encuentran en la cresta de la ola y empujan para que los demás se unan al cambio.
También en las técnicas didácticas hay quienes no salieron todavía del franelógrafo, o poco más o menos, y quienes incorporan (incorporamos) todas las herramientas que la tecnología pone en sus manos.
Hay quienes no terminan de entender qué significa la enseñanza cuyo objetivo es el desarrollo de competencias, y quienes a pesar de no saber de qué se trata, se oponen de todas maneras. Hay en el otro extremo, entusiastas del aprendizaje basado en problemas, aunque también otros están convencidos de que si no «desarrollan» todos los temas en clase, los alumnos no pueden acceder a ellos de ninguna otra manera.
En otras palabras, puedo señalar cambios, pero también estatismo, depende de los actores involucrados.
¿Cómo eran tus clases?
No querría calificarlas yo misma, pero sí puedo decir que a mí me encanta dar clases, que nunca me aburrí, y espero no haber aburrido a mis alumnos tampoco.
Pero si miran el blog detenidamente, tendrán una pista de cómo presento la información, y cómo me gusta jugar con ella.
Este blog es un poco como un aula virtual más abierta que la que desarrollé en mi materia.
Porque me enorgullece decir que en el mismo año en que ya había presentado los papeles para jubilarme, estaba usando el aula virtual de la materia, como una innovación más.
Mi orgullo es que nunca «hice la plancha», hasta el último minuto estuve generando los cambios, a medida que la Facu ponía los medios a nuestra disposición. Y puedo asegurar que fui la primera profe que dio clases con Prezi en la Escuela de Geología de Córdoba.
¿Cómo era tu relación con alumnos y ex alumnos?
Otra vez, una difícil pregunta. Pero puedo dar datos objetivos.
Existe en la Universidad un sistema de Control de Gestión Docente que incluye entre otras cosas, encuestas a los alumnos, que ellos responden anónimamente una vez cursada la materia. Y siempre tuve elogiosos resultados. Siempre.
Y de mis ex-alumnos, puedo decir que todavía muchos de ellos me escriben mails, o son mis amigos de facebook, y cuando los encuentro por la vida, es una alegría mutua. No recuerdo que algún ex alumno haya pasado por la facultad sin hacer un alto en la cátedra para darnos un abrazo.
Y hay lectores en este mismo blog, que fueron mis alumnos y a veces dejan comentarios cariñosos.
Todos ellos enriquecieron mi vida, y de todos aprendí algo.
Creo que eso se debe a dos cosas: soy una buena persona, aunque no sea ningún genio de la Geología, por un lado; y por el otro, siempre amé y disfruté la docencia, y eso se nota. Los alumnos saben, no son tontos.
¿Qué cosas no tan buenas encontraste en la Facultad?
La burocracia. La permanente exigencia de rellenar papeles para esto y para lo otro. La lentitud para resolver las cosas. Y los palos en la rueda que a veces se ponen unos a otros los propios docentes, por un extraño sentido de la competencia que no siempre es todo lo sana que me gustaría ver. Y algunas cosillas más que prefiero reservarme porque mi mamá me enseñó que la ropa sucia se lava en casa, y porque no son tan graves como para merecer una denuncia pública, después de todo. 😀
¿Recordás historias graciosas?
Por supuesto, pero ya las he contado, o las iré contando en la categoría Anécdotas geológicas del blog.
Pero te cuento una que no da para un post porque es muy cortita.
Cuando ingresé en la docencia, era como ya te dije, muy jovencita, y uno de los primeros días en que me tocó dar una clase, y había puesto sobre la mesa bastante material para ilustrarla, un alumno, que no tenía idea de quién era yo (una ignota ayudante, pero docente al fin), me advirtió:
-Che, flaca, ése es el escritorio del profe, si llega a ver todo lo que le desparramaste ahí, te va a sacar cagando (sic)
Bueno fue verle la cara cuando le dije:
-Es que yo tengo que dar la clase hoy. Soy la nueva docente.
Hasta aquí llegamos por hoy, los invito a leer las respuestas a las siguientes preguntas, la semana que viene:
– Historias emotivas.
– Historias del campo.
– Historias de logros (personales, de los alumnos, etc).
– ¿Qué esperás haber dejado en los alumnos que pasaron por tus clases?
– ¿Qué vas a seguir haciendo de tu vida por fuera de la unc?
– ¿De qué te jubilás y de qué no?
Juana de Ibarborou y la Geología
En este hermoso párrafo de Juana de Ibarborou, (1892-1979) la enorme escritora uruguaya parece referirse a la carga eólica, que efectivamente puede recorrer mucho mundo. No sé si ustedes ven la relación, pero para mí tiene que ver con un elogio al loess. Y me encanta…
Por la persiana entornada entra al comedor en penumbra, un rayo de sol matinal. Y por la misma rendija sale a la calle, oblicua hacia arriba, una banda ancha y dorada de moléculas. Parece una legión de bailarines, pues, mirando atentamente, veo que cada uno de los puntitos rubios gira de una manera vertiginosa sobre sí mismo. Si yo supiera física, ¡cuántas observaciones podría hacer ahora! Pero no sé nada más que imaginar y soñar. Y miro con envidia a esa banda de átomos que se va a correr el mundo, llevándose quizás el secreto de todas mis intimidades. ¡Oh granitos de polvo que vais a ver lo que yo no he de mirar jamás: bosques, mares, ciudades, templos, auroras boreales, maravillas! De soplo en soplo, de ráfaga en ráfaga, recorréis la tierra, sorprenderéis el secreto de mil mujeres, y cuando el viento os vuelva a traer otra vez a este lugar, quizás haya transcurrido un gran montón de siglos. Yo no seré ya más que un puñadito de polvo amarillo. Y entonces me iré a danzar y a correr por el mundo con vosotros.
Espero que lo hayan disfrutado. Nos encontrams el lunes nuevamente. Un abrazo, Graciela.
P.S.: He ilustrado el post con un billete uruguayo, tomado de wikipedia, en que hay una imagen de Juana, ya que no he conseguido otras fotos de ella.
¿Cuándo y cómo se usan los términos glaciar y glacial?
Debo reconocer que soy una purista del idioma, bastante hinchapel exigente, razón por la cual me molesta sobremanera el uso erróneo que se hace de esos dos términos, aun entre colegas. Y por eso mismo, con mi mejor voz de Maestra Ciruela, les digo:
-A ver, niños, escriban cien veces la siguiente consigna: «No debo usar los términos glaciar y glacial como si fueran intercambiables».
Y ahora les explico por qué, como siempre, a través de las acostumbradas preguntas y respuestas.
¿Qué es un glaciar?
Esencialmente es un cuerpo de hielo natural y superficial, de grandes dimensiones, que se origina por la acumulación de nieve a lo largo de varios años, y que puede proteger o modelar el paisaje, según cuál sea su dinámica.
Esto que acabo de decirles es apenas un aperitivo, necesario para explicar la terminología, pero la acción del hielo será motivo de varios posts, porque es de una riqueza inmensa, además de ser muy entretenido.
Por allí, en muchos textos se lee que el glaciar es «un río de hielo», lo cual sólo es cierto en determinadas circunstancias, y es por esa razón que prefiero presentarles mi definición propia, un poco más elaborada, pero más cercana a la realidad, que se abre como un extenso abanico cuando de glaciares se trata.
¿Qué significa la palabra glacial?
La palabra glacial se relaciona también con ese cuerpo de hielo que les he descrito más arriba, pero no es un sustantivo, sino un adjetivo. Es decir que no puedo decir «el glacial avanza», porque ese término no designa a un objeto, sino que lo califica, y por ende falta el sujeto capaz de avanzar.
Sí podría decir, entonces «el frío glacial avanza», porque en este caso es el frío el sujeto de la oración, y la palabra glacial describe a ese sujeto en avance.
Así, pues, puede decirse «glaciar alpino» y no «glacial alpino». Puede decirse «dinámica glacial», pero no «dinámica glaciar».
¿Entienden la diferencia? Es sencilla, por más que muchos geólogos se niegan a verla, y hasta en apuntes didácticos embadurnen el idioma, que sin su dudoso «aporte» es bastante claro y específico.
¿Pueden usarse los dos términos de manera indistinta?
Ya lo he dicho varias veces: NO, NO y NO. Pero lo repetiré una vez más.
Glaciar es sustantivo, mientras que glacial es adjetivo, y por ende cada uno debe usarse en la situación correcta, y ejerciendo la función exacta que le cabe.
Además, puedo poner a disposición de ustedes un tercer término que es también adjetivo, y que puede por lo tanto reemplazar a la palabra glacial, aunque no a glaciar.
Ese término es glaciario y ya está incorporado a los códigos geomorfológicos. Cuando no quieran repetir tanto los mismos vocablos, vale usar glacial y glaciario de manera indistinta, pero NUNCA para referirse al cuerpo de hielo, sino a sus cualidades y aspectos relacionados a él.
¿Cuánto de grave es intercambiar los términos?
Afortunadamente no se trata de los errores semánticos en los que el mal empleo de una palabra remite a conceptos totalmente divorciados entre sí, como sería por ejemplo el caso no geológico en que se confunden los términos apóstrofe y apóstrofo, que mucha gente usa como si significaran lo mismo, cuando nada hay más lejos de la realidad que eso.
Y ya que estamos, y como una yapita, se los explico también:
Apóstrofe es una figura literaria en la cual se habla en segunda persona, como dirigiéndose a un interlocutor más o menos imaginario.
Como cuando dice uno, por ejemplo.
-¡Maldito trilobite!, ¿por qué tenías que aparecer en este estrato, complicando todo el modelo que me venía armando?
Allí es claro que se trata de una figura literaria, ya que ni le hablo al fósil ni espero su respuesta, sólo lo estoy apostrofando.
En cambio, el apóstrofo es un signo de puntuación en forma de comilla simple de cierre (‘) que indica apócopes o letras faltantes, como cuando se escribe, simulando un hablar muy coloquial:
– ‘ta bueno, me voy pa’l monte.
Ahora, dejando esta digresión semántica, volvamos a lo geomorfológico.
En el caso de confundir glaciar y glacial, no nos estaremos yendo a las antípodas como en el ejemplo anterior, pero sí estaremos demostrando un cierto grado de incultura, que no mejora en ningún caso nuestra imagen profesional, ¿no creen?
Bueno, ya saben que estaremos volviendo sobre los glaciares y sus fenómenos asociados, más de una vez, por hoy alcanza con este bocadillo.
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La foto que ilustra el post me llegó en una cadena de mails, ignoro el autor.
Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
La pirotecnia y el ambiente.
Como se vienen aproximando las fiestas de fin de año, ya se han empezado a hacer notar los petardos, cohetes y otras yerbas con que algunos creen aportar algo a la alegría más o menos generalizada.
Y no se puede menos que intentar un análisis racional de los efectos de tanto despliegue de cohetería sobre el ambiente que nos vemos obligados a compartir, participemos o no de semejante salvajada.
Con esa última afirmación se habrán dado cuenta ya, de que no se trata de una actividad inocente ni inocua, pero mi propuesta es hacer una lectura objetiva de las consecuencias de tanto jolgorio, desde un punto de vista ambiental. Manos a la obra pues.
¿Qué se entiende por pirotecnia?
La palabra procede de dos vocablos griegos: pirós= fuego y techne= técnica, de modo que podría entenderse como la técnica de producir fuego.
Con el tiempo, el uso de la palabra pirotecnia se fue reservando a campos mejor definidos, y hoy se refiere a la fabricación y empleo de dispositivos destinados a producir reacciones químicas que generan la combustión de determinados materiales.
Los efectos observables de esa combustión son llamas, chispas y humos coloreados, con o sin el acompañamiento de explosiones.
De ocurrir estas últimas, se supone que son controladas, aunque ya sabemos de la cantidad de accidentes que provoca su manipulación.
Generalmente el uso que se le da es festivo, aunque en su forma más explosiva, y por ende más peligrosa, suele relacionarse también con manifestaciones de protesta callejera.
¿Cómo se componen químicamente los implementos pirotécnicos?
Más arriba les he dicho que estos artilugios provocan combustión y en otro post les expliqué también que básicamente la combustión es una forma especial de oxidación química.
Por esta razón, los compuestos químicos que se requieren en la pirotecnia son de dos grupos, los oxidantes que provocan la combustión, y los combustibles que la alimentan para que dure el tiempo necesario para el efecto que se busque.
Entre los oxidantes, los más comunes que se utilizan en la pirotecnia son: cloratos de Potasio, Bario, Sodio, y Estroncio, percloratos de Potasio, Amonio y Bario, y nitratos de Estroncio, Potasio y Sodio.
Entre los combustibles, dominan el Magnesio y sus aleaciones, el Aluminio en polvo y el Fósforo rojo, blanco o amarillo.
Ya la mera enunciación de estos compuestos debería empezar a preocuparnos, pero antes de ver sus posibles efectos, respondamos a preguntas más generales.
¿Qué efectos tiene el uso de la pirotecnia sobre el ambiente en general?
Si nos proponemos hacer un análisis bien contextualizado y profundo, veremos que hay varios aspectos a considerar:
- El destino de los recursos naturales involucrados.
- La contaminación resultante de su manufactura.
- La contaminación resultante de la utilización del artefacto mismo.
- Lo que debería contemplar una Evaluación de Impacto Ambiental.
¿Qué pasa desde el punto de vista del recurso?
En el post que les he linkeado más arriba, encontrarán una definición de recurso, y también la correspondiente clasificación. Y allí habrán visto ustedes que todos los elementos que forman parte de los artefactos pirotécnicos son recursos no renovables. Por esa razón, dilapidarlos en un uso tan banal, es por lo menos irresponsable.
Porque prácticamente todos esos elementos tienen otras aplicaciones mucho más vitales, con las cuales no debería competir tan innecesaria utilización.
Recordemos que la minería está permanentemente cuestionada por sus efectos sobre el medio, y que por eso mismo reducir la presión de la demanda es una de las estrategias más sostenibles en el tiempo.
Solamente una producción racional permite una disminución de los impactos. Y no es racional absorber costos ambientales solamente para producir elementos que se van a quemar en unos segundos de algarabía.
Yo soy una defensora de la minería responsable y con los más estrictos controles, pero eso no es compatible con una demanda desbordada para destinos injustificados.
Efectivamente, si la demanda es excesiva, la urgencia de producir en cantidad suficiente para responder a ella, hace que se relajen los controles y las medidas de seguridad. Por otra parte, una ganancia también muy elevada abre la puerta a tentaciones como la de elegir un camino no del todo legal, pero aceitado por el dinero contante y sonante.
Las mismas personas que se oponen a la minería, muchas veces, en las propias manifestaciones en su contra, utilizan bombas de estruendo. Por favor, ¿alguien puede explicarme tamaño despropósito?
Pensando en que esas actitudes nacen fundamentalmente del desconocimiento, es que surge este post, para tratar de estimular alguna coherencia y, en todo caso, para que las decisiones se basen en la razón, no en meros slogans.
Pero volvamos a la pirotecnia.
¿Qué pasa desde el punto de vista de la contaminación durante la fabricación de pirotecnia?
Las fábricas de elementos pirotécnicos son fuentes permanentes de residuos sólidos, efluentes líquidos y emanaciones gaseosas, que se van produciendo y liberando durante la manufactura.
Existen por supuesto, numerosas medidas de seguridad exigibles, y casi siempre también exigidas, que permiten disminuir en alguna medida, los efectos nocivos (casi siempre hasta niveles medianamente razonables).
La autorización para el emplazamiento de tales fábricas está teóricamente precedida de una Evaluación de Impacto Ambiental y el consiguiente monitoreo, de modo que en un alarde de ingenuidad voy a permitirme suponer que no es éste el aspecto más peligroso del tema, aunque no debe ignorarse su participación en la consideración integral del problema.
Pasada la etapa de producción, nunca debe olvidarse que el riesgo del almacenamiento de materiales combustibles, oxidantes y explosivos, es en sí mismo alto y omnipresente.
Pero, repito, en esta etapa, hay todavía un cierto grado de control, y la zona afectada está bien delimitada.
Los peores efectos ocurren después de la comercialización, es decir durante y después del uso mismo de la pirotecnia en un desfile, demostración o en festejos callejeros.
¿Qué grado de contaminación puede producirse durante y después del uso de la pirotecnia?
La más obvia entre las múltiples formas de contaminación es la sonora, que a todos nos mantiene irritables, además de perturbar el descanso y alterar notablemente a las personas nerviosas, ancianas o enfermas, tanto como a las mascotas y a los niños.
Pero ésa está lejos de ser la peor forma de polución ambiental resultante de los fuegos artificiales, porque la mayoría de las sustancias que intervienen en la composición de tanta cohetería, se liberan durante el consumo y pueden permanecer en el aire, o descender hacia el suelo y concentrarse en los cursos de agua.
Por lo general esto permanece desatendido porque en las zonas urbanas, el suelo está ya cubierto o pavimentado, y pocos son los cursos que atraviesan las ciudades. Pero lo que no se tiene presente es la contaminación aérea que afecta muy directamente a los habitantes del lugar, y que la circulación atmosférica puede llevará a zonas distantes de las de la liberación original.
Y debido a que la mayoría de los compuestos combustibles (como el magnesio, aluminio y fósforo que mencionamos más arriba) se encuentran en forma de polvo con partículas muy finas, pueden permanecer mucho tiempo en suspensión, siendo inhalados por los seres vivos y afectando grandes áreas hasta su depositación final.
Respecto a los efectos específicos, los percloratos pueden afectar a la tiroides, el bario contiene isótopos radioactivos, y en la explosión misma se desprende una gran cantidad de dióxido de carbono, partícipe del efecto invernadero.
Con relación a la duración del efecto, según algunos análisis, dentro de 14 horas de la utilización de los fuegos artificiales, los niveles de fondo de perclorato aumentan entre 24 y 1028 veces respecto al contenido habitual de un sistema ambiental sano. Pueden alcanzar el máximo un día más tarde y sólo después, los compuestos empiezan a degradarse lentamente hasta volver a niveles normales dentro de los 20 a 80 días.
No es tampoco despreciable la contaminación lumínica que puede afectar el comportamiento de la fauna, sea silvestre o urbana.
Y hay todavía una instancia más a considerar, y es la carga de residuos aun cuando muchos de ellos sean ya inertes, que se impone al ambiente.
Tanto los del packaging, como los que forman parte del artefacto mismo, en los cuales la carga explosiva está contenida, son todos desechos de los que la comunidad debe después librarse.
Y acá me permito una digresión: existe tal volumen de basura en las comunidades urbanas, que se ha impuesto la llamada regla de las 4 R como la única alternativa inteligente para evitar que los residuos nos tapen por completo.
Las 4 R significan:
- Reducir. Y como ya he dicho más arriba, generar «bienes de consumo» inútiles no es la mejor manera de achicar el tonelaje de basura de la que hay que disponer después. La pirotecnia viola este principio.
- Reutilizar: Nada en la pirotecnia puede volver a usarse, porque literalmente se quema, casi por completo. Otro postulado ambiental violado.
- Reciclar: No hay tampoco envases inocuos ni materiales que puedan procesarse para nuevos usos, con lo cual la regla de las 4 R es por completo inaplicable para proteger el ambiente, cuando de fuegos de artificio se trata.
- Reparar: Tampoco se aplica esta regla, según la cual, los desperfectos solucionables nunca deben conducir a desechar artículo alguno.
¿Qué pasaría si se hiciera una evaluación de impacto ambiental?
Hasta aquí me he ceñido a la parte más directamente relacionada con mi profesión geológica, vale decir que me he referido a recursos, contaminación, suelos, aire y agua. Pero una evaluación de impacto ambiental debe, por definición ser completa, y por ende analizar todos los subsistemas que componen el medio, incluyéndose por lo tanto el análisis de los efectos potenciales sobre la población, la fauna, las construcciones, y hasta la economía.
En esa inteligencia, se pueden sumar otros resultados adversos, que sólo menciono porque exceden mi área de especialidad, pero que deben ser considerados también; por ejemplo:
- Posibilidad de incendios y explosiones, de los que hay muchísimos antecedentes, tanto en las etapas de fabricación como de almacenamiento, transporte, venta y uso.
- Efectos sobre las mascotas y animales silvestres que alteran su comportamiento por el estrés derivado del ruido y la vibraciones. No solamente se pueden producir heridas y muertes o extravíos por desorientación en el momento mismo del uso de la pirotecnia, sino que a largo plazo, la contaminación química puede afectar los ciclos reproductivos, y la salud en general.
- Accidentes personales, a veces invalidantes y hasta fatales que ocurren durante la manipulación de los artefactos.
- Costo económico y social a la hora de atender a los accidentados, y las posibles secuelas que deban sobrellevar.
- Costo de esfuerzo, tiempo y dinero para acudir a controlar los incendios que mencioné más arriba, y a mitigar sus daños.
- Costo psicológico para los afectados por accidentes. Esto permanece casi siempre como invisible, y no obstante, la sensación de culpa de un padre que ha comprado la pirotecnia con la que su hijo menor de edad ha padecido una mutilación o una quemadura, es de larga duración y puede conducir a conductas no deseadas, desde depresiones hasta adicciones y suicidios.
Insisto en que en estos aspectos, mi palabra surge del simple sentido común, pero hay miles de especialistas que podrían explayarse al respecto desde sus respectivas áreas de conocimiento. El precedente es un simple listado ilustrativo, que dista mucho de ser completo, precisamente porque excede mi propio conocimiento profesional.
¿Hay regulaciones legales?
Desde luego que sí, al menos en la mayoría de los países, ciudades y/o municipios. Por ejemplo, en casi todos lados está prohibida de manera absoluta la venta callejera, y la venta a menores. Tambié©n se exige que los menores manipulen los fuegos artificiales solamente con la asistencia de adultos responsables.
Y por lo general, solamente los artefactos debidamente autorizados por autoridad competente pueden ser comercializados.
En Córdoba, por ejemplo, está prohibido el uso de bombas de estruendo en las manifestaciones, y de bengalas en recitales de música.
Pero, ¿cuántas de estas reglamentaciones se cumplen de manera efectiva? ¿Cuándo se ha sabido del ejercicio de un poder de policía relacionado con este tema? ¿Alguien conoce que se haya aplicado alguna sanción alguna vez?
En determinados municipios del mundo, hay además legislación que solamente habilita a personal especializado, y en predios y horarios preestablecidos para manipular pirotecnia en festejos determinados. Eso es digno de imitar, siempre que luego se exija el cumplimiento de la normativa.
Por otra parte, la tecnología está buscando alternativas más saludables, menos peligrosas y mas amigables con el ambiente, para aplicar en la fabricación de pirotecnia.
Por ejemplo, se está privilegiando el uso de de materiales ricos en nitrógeno o nitrocelulosa, por sobre el del perclorato, porque su combustión es comparativamente más limpia y produce menos humo. Pero esos artefactos son todavía muy costosos, motivo por el cual, su utilización es muy reducida en la mayoría de los países.
¿Qué puede agregarse sobre el tema?
En este post, voy a salirme por un momento más de mi rol profesional, para hacer una pregunta desde el más profundo sentido común: ¿cuántos padres darían a su hijo preadolescente, un revólver o una granada para que se entretenga en Navidad? ¿Entonces, por qué le entregan una bolsa de explosivos casi tan potencialmente dañino, sin que se les arrugue el jopo?
Sí, ya sé que me van a decir que un cohete no es tan dañino como una granada, por cierto, pero por eso mismo se manipula de una manera mucho más irresponsable, a veces junto a elementos altamente inflamables, en la ventana de vecinos irascibles o metiéndolos en un tarro con cuanta porquería logran juntar para que el efecto sea más ruidoso.
Es verdad que una granada es más letal, pero por eso mismo su manejo es menos desaprensivo. ¿Sacan alguna conclusión al respecto? ¿Cómo creen que se vería la estadística si se comparara el número de accidentes fatales provocados por uno u otro aparejo en las fiestas de fin de año?
Bueno, por hoy creo haberme ya explayado bastante.
Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente, porque esta página está registrada con IBSN 04-10-1952-01.
Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de este sitio.
