Archive for the ‘Anécdotas Geológicas’ Category

La Geología es pura poesía

imagen1para-avellLes llamará la atención que este post tiene dos etiquetas: Geología y literatura, cosa fácil de entender por la belleza del texto que les presento; y Anécdotas geológicas, porque ese texto me fue dedicado por el poeta Avellaneda, de España, como respuesta a un comentario mío en un post de su blog: Por si tú quieres hoy…un libro, que recomiendo muy especialmente, por la calidad de los textos que allí publica.  

Y sin más preámbulos, esta prosa poética que fue su respuesta a mi intervención:

¿Qué dices, Maestra? Tú que casi me matas con un adjetivo recién olvidado. ¡Tú que calculas los vahídos del planeta! ¡Tú que enumeras los granos de erosiones inmemoriales! ¡Tú que delineas la ruina de cordilleras!
Tú andas sobre la tierra que te nombra maestra para cubrir los errores ajenos con la paciencia de las piedras.

Absolutamente maravilloso, digno de ser compartido, ¿verdad? Y por otra parte, lo considero como un homenaje a los geólogos en general.

Un abrazo. Graciela.

Los terremotos y el clima

09Hace muchos años, en una madrugada de lluvia, cuando mis niños eran bebés,  y mientras yo hablaba por teléfono con su padre- médico de guardia en una clínica- se produjo un sismo en las Sierras de Córdoba, que no tuvo suficiente entidad como para que todos pudieran sentirlo.

Yo fui una de las personas que lo percibió, y lo comenté durante la conversación, cosa que mi interlocutor no tuvo mejor ocurrencia que contarle a las enfermeras, a lo que una de ellas replicó, muy suelta de cuerpo, como si dijera una gran verdad:

-Dígale a su señora, Doctor, que siendo universitaria debería saber que cuando llueve no puede haber terremotos….

Las barbaridades que hay que oír, ¿no?

Espero que pasen un buen fin de semana. Un abrazo, Graciela

Una anécdota de los alumnos de Geología: el parcial

290px-orpiment_mineralEsto sucedió hace tanto tiempo, que ya se puede contar sin herir la susceptibilidad de nadie.

Ocurrió en un examen parcial en el cual se solicitaba entre otras cosas, un ejemplo de minerales de arsénico.

Una de las posibles respuestas, y casualmente la mencionada durante las clases, era el oropimente, (sulfuro de arsénico), y seguramente el alumno que firmaba el parcial no tenía la menor idea, de modo que pidió ayuda a algún compañero que le dictó la solución.

Pero aparentemente escuchó bastante mal, porque escribió muy orondamente:

“Dos minerales que tienen  arsénico son el oro y el pimiento” (sic)

Moraleja: si no estás seguro de lo que te dictan, mejor no escribas nada.

Nos vemos el lunes. Un abrazo Graciela

P.S.: La foto que ilustra el post es precisamente de un ejemplar de oropimente y fue tomada de wikipedia.

Historia de la revista “Contacto Geológico” (la abuelita de Locos por la Geología)

contacto geológico n| 8Después de haber mencionado tantas veces aquella revista que hace casi 30 años atrás fue como un preanuncio de lo que es hoy este blog, Dayana me sugirió que a los lectores podía gustarles esa lejana historia, por lo que dice de esa locura por la Geología que siempre me aquejó, y de esa manía por comunicarme a través de la palabra escrita, que trasciende la profesión, y configura muchas de mis actividades fuera de ella.

Veamos cómo se los puedo contar, “sin describir la confección de los papiros ni la dieta de los escribas”, según textual recomendación de la ut supra mencionada Dayana, quien además preparó algunas preguntas que podría hacerme en un hipotético reportaje, y que casi como un juego paso a responder.

¿Cómo se me ocurrió la idea de hacer la revista?

De un modo muy natural, porque nada me es más fácil que inventar locuras y llevarlas a la práctica contra viento y marea.

Pero fue en un contexto bien determinado, ya que por aquel entonces, yo era miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Geológica de Córdoba, y sentí la necesidad de generar un espacio de comunicación entre colegas que fuera más allá de las consabidas publicaciones científicas y/o técnicas, donde pudieran mostrarse otros aspectos de sus intereses y experiencias.

Pensarlo y poner manos a la obra fue todo uno.

¿Cómo logré materializarlo?

De la única forma que hay: trabajando sin reparar en ningún obstáculo, y haciendo oídos sordos a todos los agoreros que me aseguraban que era imposible.

Lo primero fue caminar kilómetros buscando precios en las imprentas por un lado, hasta dar con ARPON que no sé si todavía existe, pero que en ese momento fue la única accesible dentro de la calidad a la que aspiraba; y clientes a los que venderles un espacio de publicidad por el otro.

En los tiempos en que el trabajo rentado, los hijos pequeñitos, la administración hogareña (léase que no tenía un mango para empleada doméstica por ese entonces)  y las mencionadas caminatas me dejaban libres, iba armando los contenidos a publicar y el diseño de la revista, más otras tareas que detallaré más adelante.

¿Qué características tenía la revista Contacto Geológico?

Era una publicación de dos hojas tamaño A3 que dobladas por la mitad, daban el formato de la revista con un total de ocho páginas. Se publicaba en blanco y negro, con sistema offset, sobre masters de fibra sintética si mal no recuerdo. Tampoco recuerdo bien la tirada, pero por el número de geólogos asociados, anunciantes y demás, creo que rondaba los 500 ejemplares.

Alcanzaron a salir ocho números, a lo largo de los años 1982 y 1983.  Por una de esas coincidencias inesperadas de la vida, tanto el primer número de la revista como el primer post de este blog, vieron la luz en sendos días del géologo, es decir, 9 de junio de 1982 y de 2009, respectivamente.

¿Cuál era el objetivo de la revista?

Si lo pienso un poco, tal vez en el fondo no era otro que el de plasmar mi propio sueño, pero por entonces escribí en la nota editorial (que estaba a mi cargo como casi todas las demás notas y responsabilidades :D ) del primer número:

…Los que cometemos la presente osadía lo hacemos animados por la convicción de que se impone la necesidad de un instrumento ágil de comunicación que permita a los profesionales de la Geología de nuestro medio, mantenerse informados acerca de los proyectos, realizaciones, objetivos, necesidades y aspiraciones de la Asociación que de algún modo los representa…

¿Cómo se hacía en aquella época?

Supongo que de contar con los medios económicos, todo el trabajo se habría encargado a la editorial, y yo me habría limitado a darle los textos; pero un poco por falta de dinero, y otro poco porque me apasionaba todo el proceso, la tarea era de verdad artesanal.

En esa época por otra parte, no había muchos medios digitales en Córdoba, y yo escribía todos los textos en una vieja Olivetti, con papel carbónico, para conservar copia después de entregar el original a la imprenta.

Ellos lo re-escribían en su propia máquina eléctrica para generar los másters, pero yo debía corregir las pruebas de galeras, marcando errores de tipeo, de ortografía, puntuación, etc. (Y acá, otra vez me veo, genio y figura hasta la sepultura, porque aún actualmente esa parte de la revisión final de los papers, apuntes, informes o documentos, siempre se sabe que me toca a mí, no importa quiénes ni cuántos integremos el equipo de trabajo o investigación. Es que ya se conoce lo jodida minuciosa que soy con esos detalles).

Por otro lado, en una cartulina del tamaño de los másters, yo marcaba el diseño de las páginas. Qué iba en cada una, cómo se distribuía y con qué tamaño de letras, láminas y fotos, era también mi decisión, ya que contratar edición en la imprenta aumentaba mucho los costos.

Cosas como el logotipo de la Asociación, que encabezaba la página 1, eran recortados y pegados en la posición adecuada en la cartulina, para modelo por un lado, y entregados en papel independiente por el otro, para su inclusión en el máster.

Había que estar en mil detalles, les aseguro. Y es mi orgullo decir que los resultados fueron impecables para la tecnología de la época.

¿Quién ayudaba?

Como es común en estos casos, cuando comuniqué mi intención en el seno de la Comisión Directiva de la AGC, la primera reacción fue una mirada de lástima generalizada en la que se podía leer “está loquita esta mina”.

Cuando demostré que ya tenía el proyecto bastante claro en mi cabeza, la siguiente reacción fue una palmadita en el hombro y un apoyo nominal “siempre que la revista se financie sola”, que en el fondo implicaba la firme creencia del resto de los miembros de la C.D. de que allí se acababa el sueño. Poco me conocían, claro.

Cuando la cosa comenzó a cobrar cuerpo, mi colega y amiga Alicia Kirschbaum se unió a la cruzada, en algunas de las tareas más lentas, monótonas y pesadas, pero imprescindibles como el compaginado de los ejemplares, que doblábamos a mano, en largas horas de café, amistad y galletitas.

Con posterioridad el geólogo Ángel Eduardo Maza (el que luego sería gobernador de La Rioja, y que era alguien muuuuy diferente por ese entonces) me dio una mano para conseguir publicidad, y me acompañó con la pesada carga hasta el correo, lo que me lleva a la siguiente pregunta.

¿Cómo se distribuía?

Por correo, y no precisamente electrónico, es decir que teníamos, cada vez, que fotocopiar un listado de direcciones que nos proporcionó la AGC, y como niños de jardín trabajar con tijera y plasticola en mano. En efecto, cortábamos cada destinatario y lo pegábamos en el borde superior derecho de la revista, que se enviaba sin sobre, como material impreso, porque eso nos daba precio preferencial en el franqueo postal. Por otra parte, como los ejemplares sólo estaban ensamblados, para que no se desarmaran los doblábamos por la mitad y los abrochábamos como si cerráramos un sobre.

En esta tarea también estábamos juntas Alicia y yo, y a veces se sumó además Eduardo.

Muchos de los ejemplares los entregábamos en mano en nuestros sitios de trabajo, como habrán adivinado ya, para achicar costos allí también.   De modo que vayan sumando tareas: Directora, redactora, coordinadora, promotora publicitaria, diseñadora, correctora de pruebas, armadora y cadete.

Por si todo ello fuera poco, me encargué de varias entrevistas, en las que Alicia era fotógrafa, y tenía a mi cargo espacios fijos en la revista, a saber: la nota editorial, los Apuntes bibliográficos, las gacetillas informativas, la página de humor, las entrevistas como ya dije, y toda nota que hiciera falta para completar los espacios.

¿Cómo elegía los temas?

Del modo más ecléctico, exactamente como en el blog. Unos porque eran de actualidad, otros por pedido, otros porque me interesaban a mí, y otros porque una vez en marcha la revista, comenzaron a aparecer colaboradores espontáneos que se interesaban en publicar sus propios textos.

¿Cómo se financiaba?

Con publicidad, que yo misma salí a vender, en empresas con alguna relación con la Geología. Y debo decir que tuve que declinar algunos posibles anuncios, porque nunca falta el desubicado que cree que la compra de espacio publicitario viene con promotora incluida, y por ese entonces mis acciones estaban aún más altas que ahora  en el mercado,  :D (tenete fe, Graciela)

¿Quiénes eran los lectores de la revista?

Era una revista de distribución gratuita entre los asociados de la AGC, es decir, geólogos y afines, más los auspiciantes.

¿Cuál fue el final de la revista?

Básicamente dejó de ser autosustentable durante la hiperinflación de 1983, cuando el precio del papel se disparó a las nubes primero, y como consecuencia normal en Argentina, implicó la casi desaparición de la oferta. Ni papel higiénico se conseguía por ese tiempo.

Hubo además otras causas que atentaron contra la continuidad, pero de ellas prefiero no hablar porque ya ni vale la pena comentarlas.

¿Qué me gustaba de la revista en papel y qué no?

Salvo los costos que me obligaban a andar de vendedora ambulante, cosa que no es mi fuerte, todo lo demás me gustaba. Fue una experiencia maravillosa e inolvidable.

¿En qué se parecen la revista y el blog?

En la pasión.

¿En qué se diferencian?

En su forma, en el público al que van destinados, en los costos, en los tiempos.

¿El blog cumple con los objetivos de la revista o va más allá?

En realidad los objetivos de la revista siempre fueron más acotados, según lo que escribí más arriba, pero así hubieran sido los mismos, el blog tiene ventajas por su propio carácter.

Esas ventajas son principalmente:

  • Costo prácticamente nulo.
  • Velocidad de la comunicación entre el que escribe y el que lee.
  • La difusión sin fronteras físicas
  • La posibilidad de generar verdaderas comunidades virtuales.
  • La posibilidad de incluir herramientas multimedia.

¿Qué diferencias hay entre escribir para colegas y para público en general?

Básicamente el lenguaje, que para unos es más formal, y para otros más coloquial.

Por otra parte, el enfoque es diferente si se trata de un aspecto muy específico sobre un tema que el interlocutor conoce bien, o si es en cambio una generalidad que para el lector es sin embargo novedosa.

Es importante colocarse en el lugar del que lee. No se trata de deslumbrarlo con lo que uno sabe (o cree que sabe) sino de hacerle más fácil la comprensión de lo que le quiere comunicar. Y eso vale para colegas o no.

¿Se disfruta más una cosa que otra?

No en mi caso, porque lo que me gusta y gratifica es escribir por un lado, de lo que sea y como sea; y por el otro, ejercer la docencia en el formato que esté a mi alcance.

Ojalá no los haya aburrido con esta historia personal, porque muchas cosas de Contacto geológico aparecerán alguna vez en futuros posts.

Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela

La geóloga más peligrosa del lejano oeste

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Hoy estoy trayendo una anécdota de la vida real desde mi otro blog -¿Y si hubiera una vez?-, y lo hago porque esto ocurrió con motivo de un viaje profesional a un evento científico en Alemania.

A la que suscribe le encanta viajar. ¡Vaya originalidad! ¿A quién no? Y ha tenido la buena fortuna de realizar viajes de trabajo, que sus flacos bolsillos, de otro modo no le permitirían. Y precisamente por eso, viaja en solitario, metiéndose a veces en situaciones que a la distancia son risibles, y se constituyen andando el tiempo, en divertidas anécdotas, pero que en el primer momento, implicaron algún riesgo. Por suerte hasta hoy ha salido sin daño… pero pudo ser peor….

En noviembre de 2006 fui invitada a dar una conferencia central en un Workshop en Hanover, Alemania, y allá partí con mi valijita. Prolijamente empaqué para bodega todo lo que sabía que estaba prohibido llevar en cabina.

Cosas como mi set de manicura, que incluye un alicate o el kit de costura para emergencias en viaje, que tiene una tijerita, etc etc. Tuve también la precaución de sacar del equipaje de mano, los perfumes y aerosoles que por alguna razón consideran peligrosos, y OBVIAMENTE, puse en el fondo de la valija para bodega, mi aerosol de gas pimienta, fiel compañero de tantas andanzas, con el que me siento protegida en cualquier lugar del mundo, por desconocido y hostil que pueda resultar.

Por eso me causó mucha gracia ver en el mostrador de la aerolínea, mientras hacía el check in en Ezeiza, un cartelito con advertencias definitivamente ridículas. Decía textualmente (y puede atestiguarlo quien haya viajado en esa época, cuando hubo uno de los tantos picos paranoicos de seguridad aérea, que por suerte han aflojado en estos dos últimos años) “Prohibido embarcar en equipaje de mano: cuchillos, tijeras, cortaplumas….” y seguía un largo etcétera en el que se incluía “granadas de mano”. Como cualquiera de ustedes lo habría hecho en mi lugar, me largué a reír pensando “¿Habrá algún boludo tontuelo que pretenda viajar con una granada de mano en el bolso? ¡Por favor! ¡Ridículo!” Bueno, pero…

Dspués de disfrutar una semanita en Hanover, con todos los gastos pagados por el Instituto de Investigaciones Geológicas, y habiendo recorrido ciudades y bosques, protegida por mi amado aerosol de defensa personal, embarqué nuevamente, rumbo al terruño.

Un poco más adelante que yo, un alemán tuvo la mala suerte de que se le rompiera la manija con la que arrastraba su valija y sencillamente la sacó, haciendo su registro con esa varilla rígida inocentemente en la mano. Como surgidos de la nada, aparecieron dos patovicas tamaño alemán extra large. (¿Se dirá Patoviken?) y lo sacaron de las pestañas, exigiendo una explicación para esa especie de bastón que podía usarse (según ellos) en un contundente ataque. (¡Pero por favor! Si esas manijas se doblan si le llegás a cargar un pañuelo de más al bolso) El caso es que lo revisaron entero, y hasta después de que hubo demostrado la inocencia del adminículo, se lo quitaron, lo reconvinieron, y con expresiones de repulsa lo dejaron pasar.

Yo miraba y pensaba “¡Pobre tipo, rompérsele justo acá la valija, con estos paranoicos en plenas funciones!”

Mientras tanto, la cola había avanzado, de modo que llegó mi turno. La empleada del check in revisó mi bolso de mano con cierta displicencia, pensando seguramente “esta boludita qué puede tener de peligroso?” Luego me pidió la riñonera, la abrió maquinalmente y prorrumpió en germánicos alaridos:

-“¡Es gibt eine Waffe! ¡Waffe!- o sea, “¡Hay un arma! ¡Arma!”

Y, sí, mi amado aerosol le sonreía inocentemente desde el fondo del bolsito. Lo había olvidado por completo.

Los patoviken, que ya estaban algo excitados, volvieron a corporizarse a mi lado con cara de solución final.

¡Merde! – pensé- ¡están grandotes los monos!

Debí recurrir a mi sentido del humor, que ocultó muy bien el K Gaso y me eché a reír, explicándoles en mi mejor alemán, que soy una ancianita sudaka, acostumbrada a moverse sola por el tenebroso tercer mundo, plagado de irracionales e incivilizados delincuentes, con ese aparatito como único seguro anti violaciones (“sí, ya quisiera” habrán pensado los tipos) secuestros y asesinatos en ocasión de robo.

Hubo un largo diálogo conmigo, y conciliábulos entre ellos, mientras yo derrochaba sonrisitas cómplices, modelo “ancianita boluda despistada metiendo la pata sin ninguna mala intención” y mi aerosol iba a parar al canasto donde retenían cosas mucho más inofensivas, como una lima para uñas o un shampoo.

Finalmente, me midieron con la vista, sopesaron mi amenaza y decidieron dejarme pasar con un par de advertencias:

-Agradezca que está en Hanover (aeropuerto pequeño, si se quiere- digamos como el de Córdoba-) y no en Frankfurt (aeropuerto monstruoso al que se dirigía mi vuelo, y que es un nudo de entrada a toda Europa). Y tiene suerte de hablar el idioma. Si no hubiera podido explicarse tan bien, quedaba detenida acá mismo.

Lo dijeron muy amistosamente, porque con un par de chistes cordobeses debidamente traducidos, ya éramos cumpas. Lo cual es lógico si se comparan los chistes cordobeses con los alemanes.

Eso sí, casi la embarro al final, cuando les dije:

-¿Me devolverían el aerosol? Cuesta como  10 €-

Cuando vi su mirada asesina, me apresuré a aclarar

-¡Es un chiste, es un chiste! Y me zampé sin demora por la puerta, antes de que se arrepintieran

Por eso digo que pudo ser peor, pero nunca tan malo como desperdiciar un fin de semana. De modo que a disfrutarlo y hasta la próxima . Besos Graciela.

La ilustración de este post es obra de Dayana, quien incorporó una foto mía en un cartel que según cree va a hacer las delicias de mis alumnos de la Facu. Puede que sí, pero por lo menos, se me ve con una alta cotización. :D

Y si hay gente nueva en esto de los blogs y  todavía no aprendieron muy bien cómo interactuar, vayan a estudiar en este link

Un abrazo y buen fin de semana, Graciela.

Nominado por Deutsche Welle, tercer puesto por votación popular
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