Video: Megaterio, rescate en las Sierras Grandes
Este ejemplar define una nueva especie de megaterio, hasta hoy desconocida. El paleontólogo Carlos Luna, que explica el hallazgo en el video, fue mi alumno, uno de los tantos de los que puedo enorgullecerme, por la mínima parte que me cupo en su formación.
Análisis granulométrico de materiales parentales de suelos.
  El trabajo que les presento a continuación debe ser citado como:
Argüello, G.L.: Sanabria, J.A. 2000. Granulometría y caracterización estadística de materiales parentales en el interfluvio Suquía Xanaes, Córdoba, Argentina. Actas del XVII CONGRESO ARGENTINO DE LA CIENCIA DEL SUELO, 11 a 14 de abril Mar del Plata, Argentina. Resumen en Actas Impresas y resumen expandido en C.D.
Por supuesto, lo comparto a través del sistema Scribd que ya conocen.
Canción Dinosaurs song, por Johny Cash
Ésta es otra divertida canción para niños, de Johny Cash y que se refiere a los dinosaurios. Como está en inglés, primero les copio el original, y luego la traduzco para ustedes:
Dinosaur’s Song.
Dinosaurs lived a long time ago
they were terrible lizzards, don’t you know
Some ate plants and some ate meat,
some ate fish and some ate beasts
One was called Diplodocus,
one was bigger than your school bus
One was called a Triceratops,
three horns to stop anything that hops
Now can’t you just see yourself walking along
leading your pet Trachodon
Or feeding your Brontosaurus Rex
or scratching your Diplodocus’ neck
Or riding on a Stegosaurus’ back
or swimming in Brachiscaurus’ track
Oh what a time and oh what a fun
play and tag with your Iguanodon
And if we had Dinosaurus now
could they get along with a horse and a cow?
Well I wish they hadn’t become extinct
Dinosaurus would be nice pets and friends
To have around to run outside
and play with every day don’t you think
Y ahora, para ustedes, la versión en castellano:
Canción del dinosaurio:
Los dinosaurios vivieron hace mucho tiempo
eran lagartos terribles, ¡no sabés!
Algunos comían plantas y algunos comían carne,
algunos comían pescado y algunos comían bestias
Uno se llamaba Diplodocus,
uno era más grande que tu transporte escolar
Uno se llamaba Triceratops,
tres cuernos para parar cualquier cosa que salte
Ahora , ¿no puedes verte caminando por ahí
llevando tu mascota Trachodon?
O alimentando tu Brontosaurus Rex
o rascando el cuello de tu Diplodocus
O montando sobre el lomo de un Stegosaurus
o nadando en la estela de un Brachisaurus?
¡Oh, qué tiempos y qué diversión!
jugar y andar con tu Iguanodon
Y si tuviéramos dinosaurios ahora
¿se llevarían bien con un caballo o una vaca?
Bueno, me gustaría que no se hubieran extinguido
Los dinosaurios serían agradables mascotas y amigos
para tener cerca al correr afuera
y jugar con ellos todos los días ¿no creen?
Espero que les haya gustado. Nos vemos el lunes. Un abrazo. Graciela.
¿Existe el «viento de terremotos»?
Probablemente ustedes han escuchado alguna vez expresiones como:
-«El tiempo está raro, ¿vendrá un terremoto?»
-«Ese viento caliente da miedo, parece como de terremoto»
Y otras muchas variantes, igualmente absurdas, pero que como todos los mitos populares se basan en alguna razón, por falsa que ella sea.
Y de eso vamos a hablar hoy.
¿De dónde sale la expresión «viento de terremotos»?
En principio, esta «teoría» nace en la antigua Grecia, donde filósofos como Demócrito, Anaxágoras y Empédocles afirmaban que el interior de la Tierra estaba ocupado por una especie de atmósfera interior, donde se generaban vientos a veces muy violentos, de resultas de los cuales la superficie se estremecía ocasionalmente. Todos estos pensadores vivieron en el S IV a.C. y su máximo exponente, Aristételes dio a la mencionada interpretación un prestigio que resistió al paso de los siglos.
Fue así, que Estrabón, durante el Siglo I de nuestra era, sirvió de puente para acercar la teoría de los «vientos de terremotos» hasta la Roma Imperial, que definió por lo menos hasta la Edad Media el curso del pensamiento dominante.
Es precisamente Séneca, un romano, quien describe a los sismos como causados por intensos vientos que se mueven en el interior de cavernas subterráneas, y que en su esfuerzo por escapar hacia el exterior, provocan movimientos en el terreno.
Lo novedoso que aporta Séneca es el origen local de los terremotos, lo que parece explicar por qué algunos sitios son más propensos que otros a padecerlos.
¿Por qué se extendió esa teoría?
Porque la actualización y el barniz pseudocientífico que le aporta Séneca, al señalar-como dijimos más arriba- que los sismos son más propios de determinadas geografías que de otras, hacen de esa teoría rescatada desde tantos siglos atrás, un concepto aparentemente aceptable, que se instala casi hasta hoy en el inconsciente colectivo.
Por otra parte, por ser Séneca perteneciente a la cultura rectora del pensamiento por muchos siglos, logra entronizar esa hipótesis, que de otro modo podría haberse perdido en la nebulosa de los tiempos.
¿Quién era Séneca?
Lucio Anneo Séneca (en latín: Lucius Annæus Seneca), conocido también como Séneca el Joven nació en Corduba, en el año 4 a. C. y murió en Roma, en el año 65 d. C.
Era hijo del orador Marco Anneo Séneca y pasó a la historia como el máximo representante del estoicismo y moralismo romano aun cuando vivió durante la época de la decadencia de la República romana, y aunque el hecho de haber sido tutor de Nerón terminaron por arrastrarlo al desprestigio y consecuente suicidio.
Pese a ello, Séneca es uno de los pocos filósofos romanos que fue respetado y admirado en la Europa continental y occidental, mucho más allá de la Edad Media.
Tanto es así que fue citado por intelectuales como Erasmo de Rotterdam, Michel de Montaigne, René Descartes, Denis Diderot, Jean-Jacques Rousseau y Francisco de Quevedo, entre otros.
Como si eso no bastase, su obra Naturales quaestiones- redactada en 7 libros mayormente resultantes de recopilaciones de los griegos que antes mencionamos- aborda temas relacionados con meteorología, mineralogía y oceanografía.
Esa obra fue muy alabada por Plinio el Viejo, lo que la convirtió en un clásico de referencia en las cuestiones de la Ciencia Natural de la época.
Para completar el panorama, en ese tiempo, las Ciencias Naturales se «investigaban» como una parte integrante de la filosofía en general, vale decir que bastaba con observar y especular, ya que no existía por entonces un método científico que incluyera validaciones rigurosas.
¿Tiene la teoría de los vientos de terremotos algún asidero?
No, por cierto, ya que la Tierra no es hueca en su interior y los fluidos sólo ocupan espacios porosos de las rocas, de modo que imaginarse vientos corriendo violenta y libremente en su seno es muy imaginativo pero nada realista.
Además, las causas generadoras del viento son exógenas, mientras que los sismos tienen origen endógeno.
¿Qué podemos concluir, entonces?
Que los mitos populares, por más que tengan un rancio abolengo, tienden a perpetuarse hasta cuando carecen de toda base científica, y siempre se corre el riesgo de decir una gansada si no se analiza la «sabiduría colectiva» con un mínimo de espíritu crítico.
La próxima vez que escuchen que «el tiempo está tan loco, que puede venir un sismo», están plenamente autorizados a lanzar la más estridente carcajada.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de Wikipedia.
Antonio Prieto canta a Chuquicamata
Seguramente saben ustedes que la riqueza minera de Chile se sustenta en buena medida en los yacimientos de cobre de Chuquicamata, de los cuales hablaremos en algún post de lunes más adelante.