Archivo de la categoría ‘Geología y literatura’
La fe y las montañas, Augusto Monterroso
Extraído del libro La oveja negra y demás fábulas.
Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.
Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, Éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.
Cuando en la carrera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.
Arena – Alejandro Dolina
Fragmento extraído de El Libro del Fantasma.
(…) la historia de la arena comienza con una distracción de un Dios omnipotente.
Las tradiciones islámicas dicen que, habiendo finalizado la creación, el Señor advirtió que faltaba la arena. Grave defecto, si bien se mira. Los hombres estarían privados de la deliciosa voluptuosidad que sienten al caminar junto a los mares. El fondo de los ríos sería siempre rispido, los arquitectos carecerían de un material indispensable, los caminos no podrían suavizarse, las huellas de los enamorados serían invisibles.
Dispuesto a remediar su olvido, Dios envió al arcángel Gabriel con una enorme bolsa de arena a que la desparramara allí donde fuera necesario.
Pero el Enemigo trabaja siempre para estropear la obra divina.
Mientras Gabriel volaba con su carga inconcebible, el diablo le agujereó la bolsa. Esto sucedió exactamente sobre la región que hoy es Arabia. Casi toda la arena se volcó en ese lugar, de modo tal que las nueve décimas partes del país quedaron convertidas para siempre en un desierto.
De memoria y olvido (fragmento) – Juan José Arreola
Extraído del libro Confabulario.
Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna que viene y se va como un delgado sueño. Desde mayo hasta diciembre, se ve la estatura pareja y creciente de las milpas.
A veces le decimos Zapotlán de Orozco porque allí nació José Clemente, el de los pinceles violentos. Como paisano suyo, siento que nací al pie de un volcán. A propósito de volcanes, la orografía de mi pueblo incluye otras dos cumbres, además del pintor: el Nevado que se llama de Colima, aunque todo él está en tierra de Jalisco. Apagado, el hielo en el invierno lo decora. Pero el otro está vivo. En 1912 nos cubrió de cenizas y los viejos recuerdan con pavor esta leve experiencia pompeyana: se hizo la noche en pleno día y todos creyeron en el Juicio Final.
Para no ir más lejos, el año pasado estuvimos asustados con brotes de lava, rugidos y fumarolas. Atraídos por el fenómeno, los geólogos vinieron a saludarnos, nos tomaron la temperatura y el pulso, les invitamos una copa de ponche de granada y nos tranquilizaron en plan científico: esta bomba que tenemos bajo la almohada puede estallar tal vez hoy en la noche o un día cualquiera dentro de los próximos diez mil años. (…)
Cosas de Natacha, (Luis Pescetti)
Este fragmento es de otro de los libros de Pescetti, de la serie Natacha. En este caso es de Nuestro planeta, libro que de ciencia no tiene nada, pero que presenta fragmentos absolutamente divertidos, que rozan la geología, y por eso los comparto con ustedes. El de hoy habla de los vulcanólogos, y díganme si no está super gracioso.
Los pongo en tema: Natacha le cuenta a su perro Raffles acerca de un documental que vio, y lo hace de esta manera:
-…Bueno, ¿sabés qué es esto? Se llama «volcén en erupción». ¡Otra que la película catástrofe que te conté el otro día, Raflis! Esto sí existe…
-…(perro vuelve a acostarse).
-…. y por eso te la muestro, porque en el documental de después había un señor que era vulcanista, vulcanólogo…que estudiaba los volcanes, bah ¿Sabés qué hacía? Caminaba hasta el borde del cráter, pero explicándole a la cámara, mirándola ¡Con Pati nos agarramos las manos! Porque pensamos que en medio de la explicación el tarado seguía caminando y ¡paf! se caía al cráter. ¡¿Cómo les muestran esas películas a los niños, Raflis?! Después nos dan ejemplos «Miren dónde pisan» (voz imita adultos) Decí que esa parte no la mostraron…o no se cayó, no sabemos, porque el tipo no aparece más en la peli, ¿no? Con Pati dijmos que el tarado ése seguro se hizo el cancherito y se resbaló y se fue a la mona.
-…(perro se echa y vuelve a abrir las patas).
-…ahora, ¿sabés qué pensó tu mami adorada? Pensé: «Si la mamá se entera por dónde camina el pavo de su hijo, se muere de cinco infartos»….
Espero que les haya gustado, porque vendrán otros posts con Natacha en cualquier momento.
El canto rodado – José Agustín Goytisolo
Del libro Palabras para Julia y otras canciones.
Como la piedra amigos
como el canto rodado
en perpetuo combate
con el agua y los años.Sí sed como la piedra
como el canto rodado:
puros y resistentes
terribles y obstinados.
Lástima, claro que la erosión siempre puede más…