Un precursor del desarrollo de las Ciencias Naturales en Argentina: Bonpland

Si bien es cierto que Bonpland no desarrolló su trabajo específicamente en el área de la Geología, su tarea significó un impulso innegable en el avance de las Ciencias Naturales en nuestro país, por entonces muy joven.

Por otra parte, cuando en un post de viernes subí un párrafo tomado de una novela de Daniel Kehlmann, publicada en 2005 y titulada Die Vermessung der Welt (La Medición del Mundo), en la que Humboldt y Gauss eran los protagonistas,  y en el que aparece también la figura de Bonpland, recibí algunos mails pidiendo información sobre la verdad histórica de la narración, pues muchos pensaron que este último- menos conocido que los otros dos- era un personaje ficticio. Bueno, aquí está el post prometido a los que me escribieron entonces.

¿Quién fue Bonpland?

Su verdadero nombre era Aimé Jacques Goujard, pero ante el notable interés que desde niño manifestó por cultivar plantas, su padre lo apodó Bon  plant (buena planta en francés), nombre que luego él mismo adoptó, pero metamorfoseado como Amado (traducción al castellano de Aimé) o Amadeo Bonpland. Hay otra versión que atribuye el apodo a su abuelo, quien lo habría aplicado a su padre. Personalmente prefiero la primera versión, simplemente porque lo pinta como el botánico en ciernes que un día asombraría al mundo.

Bonpland no sólo era botánico, sino también médico, según veremos en seguida. Era amigo personal de Alexander Von Humboldt, a quien acompañó en un viaje de investigación a América del Sur, (viaje que no incluía nuestro país) con resultados de tal interés que se lo consideró como un redescubrimiento de estas tierras, que empezaron a observarse por primera vez con una mirada centrada en las Ciencias Naturales. Su propio interés fue tal que, pasados los años, se radicó en Argentina y dio un importante impulso a esas disciplinas, por entonces todavía casi incipientes en la por entonces Confederación Argentina.

¿Qué sabemos de su vida?

Nació el 28 de agosto de 1773  en La Rochelle, Francia, donde realizó también sus estudios iniciales y donde permaneció hasta 1791, cuando se instaló en París para estudiar Medicina. Posteriormente obtuvo su doctorado en esa área,  aun cuando nunca decreció su gran amor por la Botánica, lo que lo acercó a Antonio Jussieu, un importante naturalista de la época.

Fue Jussieu quien recomendó tanto a él como a Alejandro de Humboldt para integrar una expedición científica hacia América del Sur y África, proyecto que nunca llegó a concretarse, pero que generó en ambos la determinación de llevarla a cabo a través de su propia gestión, consiguiendo el permiso del rey Carlos IV para visitar sus dominios en América entre los años 1799 y 1804.

Durante su recorrido por la isla La Española,  y por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba, México y hasta Estados Unidos, logró reunir un muestrario de 60.000 plantas, un 10% de las cuales no existían en Europa, y que entregó al Jardin des Plantes de París. Fue también luego de esa expedición que publicó su obra en  cuatro volúmenes  «Voyage aux régions equinocciales du noveau continent fait en 1799 – 1804» (Viaje a  las regiones equinocciales del nuevo continente realizado entre 1799 y 1804); y colaboró con Humboldt en la redacción de los siete volúmenes de «Nova genera et species plantarum» (Nuevos géneros y especies de plantas).

¿Tuvo cargos oficiales?

En 1805, y de resultas de la notoriedad adquirida en la expedición arriba mencionada, la Emperatriz Josefina Bonaparte lo nombra Intendente de la Malmaison, residencia de campo famosa por sus plantas exóticas. En 1814, a la muerte de la emperatriz, Bonpland regresa a América y es contratado por Bernardino Rivadavia.

A partir de noviembre de 1816 ejerce como médico hasta 1820, fecha en que se mudó a Corrientes, en donde al año siguiente, fundó la colonia de Santa Ana, rebautizada con posterioridad como Bonpland, en su honor. Allí promueve el cultivo y elaboración de la yerba mate (Ilex Paraguariensis), desafiando la autoridad del Dictador Supremo José Gaspar Rodríguez de Francia de la República del Paraguay, que por entonces disputaba con Argentina el dominio de las tierras correntinas, y hasta ese momento tenía el monopolio de ese cultivo.

Como resultado de ese desafío, Rodríguez de Francia manda destruir la colonia y arrestar a Bonpland a quien asigna residencia en Santa María, Paraguay, donde vuelve a ejercer la medicina hasta recuperar la libertad en 1829, época en que se instaló en la Mesopotamia argentina, donde tuvo dos hijos (una niña y un varón), fruto de su unión con Maréi, hija de un cacique guaraní de la antigua Provincia jesuítica del Paraguay.

A partir de 1831 se instala nuevamente en la actual provincia argentina de Corrientes, en la colonia de Santa Ana desde  donde reinicia sus actividades científicas y colonizadoras y realiza numerosos viajes a Buenos Aires, Montevideo y Brasil.  En 1854, ya octogenario, fue nombrado «Director del Museo de la Provincia de Corrientes», que dada su avanzada edad, fue sobre todo un cargo honorífico.

Falleció el 11 de mayo de 1858 en su residencia «El Recreo» en Santa Ana, Corrientes, Argentina, y fue sepultado en el Cementerio de la Santa Cruz, en la por entonces localidad de Restauración, denominada hoy Paso de los Libres, Argentina.

¿Qué importancia tuvo su trabajo en Argentina?

Como dije más arriba, su viaje de reconocimiento de 1799 a 1804, reposicionó el continente americano en el mapa de las ciencias de la época, atrayendo a numerosos investigadores a nuestro país.

Por otra parte, donó ejemplares de diversas especies botánicas, que se aprovecharon en numerosas plazas y en el que sería el Jardín Botánico con posterioridad, y especímenes para el que alguna vez sería un Museo de Historia Natural en Buenos Aires. Por otra parte sus importantes archivos – dotados de gran minuciosidad- fueron donados a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, para usufructo de los posteriores investigadores.

Durante el ejercicio de su profesión de médico, fue además uno de los primeros divulgadores científicos de nuestra historia, ya que ocupaba sus horas de ocio en redactar numerosos artículos sobre temas de las ciencias naturales, dirigidos al público lego.

Cuando pocos años después se produjeron los ingresos de numerosos científicos europeos, traídos por Sarmiento, la suya era una figura inspiradora para que todos esos nuevos inmigrantes se atrevieran a seguir sus pasos.

¿Qué distinciones mereció?

Ya he mencionado que hay en Corrientes un pueblo que lleva su nombre, pero no es el único: también hay otro en la provincia de Misiones y un río en la Patagonia argentina.
En los Andes venezolanos, se alza el Pico Bonpland, y hay calles con su nombre en Buenos Aires,​ Bahía Blanca, Caracas,​ Oberá, ​y  Rosario en Argentina; y en Montevideo  (Uruguay) y Cumaná (Venezuela).
Existen además, el Parque Municipal Amado Bonpland en Posadas (Misiones, Argentina);  y tanto un cráter lunar  como un asteroide ( el 9587) llevan su nombre.​

Por otro lado existe una planta, cuyo nombre científico es Polemoniaceae Bonplandia, bautizada así en 1800, por Antonio José Cavanilles en su honor.

Hay dos revistas científicas denominadas en su homenaje: la Bonplandia  de Corrientes, Argentina y la Bonplandia de Hanover, Alemania.

Por si todo eso fuera poco, la abreviatura Bonpl. se emplea en Botánica para indicar a Aimé Bonpland como referente de una descripción o clasificación científica determinada.​

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es de Imágenes Google.

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