Sarmiento y la Geología.

Como en Argentina  se aproxima el Día del Maestro, fecha creada en memoria de Domingo Faustino Sarmiento, me pareció pertinente que charláramos un poco acerca de lo que él hizo por la Ciencia en general y la Geología en particular, cuando fue Presidente de la República Argentina.

¿Cuáles son los datos más relevantes en la biografía de Sarmiento como figura política?

Domingo Faustino Sarmiento nació en San Juan el 15 de febrero de 1811, y todos recordamos la figura materna, Doña Paula Albarracín, que según se dice, moldeó su personalidad desde la más tierna infancia, dándole un ejemplo de laboriosidad- según cuenta la crónica más difundida- mientras tejía en su telar  instalado bajo la higuera del hogar familiar.

Domingo Faustino fue docente desde muy temprana edad, y más tarde también escritor y autodidacta en muchísimas disciplinas.

Fue gobernador de su Provincia entre 1862 y 1864; y más tarde Presidente de la Nación Argentina (12 de octubre de 1868-12 de octubre de 1874), lo que lo consagró como el segundo presidente constitucional, luego de Bartolomé Mitre). Este período fue precisamente el más fructífero para la Ciencia en general y la Geología en particular, no porque él mismo fuera científico sino porque tomó decisiones políticas que fueron progresistas y pioneras en la época.

Posteriormente fue también Senador de la Nación Argentina por San Juan (12 de octubre de 1875-9 de octubre de 1879) y ostentó otros cargos públicos. Por los vaivenes políticos de este nuestro país tan ciclotímico, fue también un exiliado.

Falleció el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años de edad en Asunción del Paraguay; y nosotros, los egresados de Córdoba le debemos mucho, más allá de cualquier convergencia o divergencia ideológica.

¿Cómo se relacionó la gestión política de Sarmiento con la Geología?

Cuando Sarmiento ocupaba el cargo de Ministro de Instrucción Pública de la Provincia de Buenos Aires, por gestiones de Humboldt en Europa, el científico alemán Germán Burmeister obtuvo un apoyo financiero del gobierno prusiano que le permitió radicarse en Argentina.

Más tarde, Burmeister llegó a ser director del Museo de Buenos Aires, y en  1868, como parte de sus tareas, envió una carta fechada el 5 de octubre, a un Sarmiento recientemente electo presidente, pero aun antes de su consagración oficial. En esa misiva, le solicitaba su apoyo para fortalecer la generación de contenidos científicos propios en el país, que hasta entonces se limitaba a importar conocimientos, o a recibir científicos que sólo permanecían algún tiempo colectando información.

Ejemplos de esta afirmación son las expediciones de Humboldt, o del Almirantazgo británico, en la que vino un por entonces ignoto biólogo llamado Charles Darwin. Pero eso es parte de otras historias, que también vamos a contar, como la del mismo Burmeister, en este blog, porque son de una riqueza extraordinaria.

Sarmiento se interesó personalmente en el tema que le planteara Burmeister, y redactó una ley que fue promulgada el 11 de Septiembre de 1869, en la que entre otras cosas se autorizaba al Poder Ejecutivo a contratar dentro y/o fuera del país a hasta veinte profesores para la enseñanza de ciencias exactas y naturales (el término por entonces era “ciencias especiales”).

Se decidió que la sede lógica para que esos científicos inauguraran sus cátedras sería la Ciudad de Córdoba (de allí lo de La Docta), tanto por su emplazamiento geográfico (central  en el territorio nacional, y rodeada de las Sierras donde la geología  y demás rasgos naturales se manifiestan de manera esplendorosa); como por su desarrollo cultural ya bastante adelantado, no sólo por su Universidad sino también por sus Colegios Nacionales. (Ejem, ejem, disculpen, ¿a qué Universidad pertenece mi corazoncito, eh?)

¿Cuáles fueron los primeros científicos que arribaron al país en esa convocatoria?

Como era natural, el encargado de todas las gestiones para la importación de los estudiosos que más adelante darían nacimiento a otras prestigiosas instituciones, fue el Dr. Burmeister, con el cargo de Comisario Extraordinario.

Los primeros “sabios importados” fueron: Max Siewert (químico), Pablo G. Lorentz (botánico), Hendrix N. Weyenbergh y Alfred Stelzner, geólogo, de quien tenemos mucho para hablar, por lo cual ameritará en algún momento su propio post.

¿Qué puede decirse de Germán Burmeister?

Para que este post no resulte tan extenso, en esta primera mención sólo apuntaré unos pocos datos sobre él.

Karl Hermann Konrad o Carlos Germán Conrado (como se lo conoció luego de haberse nacionalizado argentino) Burmeister,  nació en Stralsund, Alemania, el 5 de enero de 1807  y murió en Buenos Aires, Argentina, el 2 de mayo de 1892, después de una larga y fructífera vida como naturalista, paleontólogo y zoólogo.

Publicó casi 300 exhaustivos trabajos describiendo la fauna, flora, geología y paleontología de varios países sudamericanos, pero en especial de Argentina.

Con su Description Physique de la République Argentine obtuvo la medalla de oro de la Exposición Geográfica de Venecia.

Dirigió desde 1862  y hasta su muerte el Museo Argentino de Ciencias Naturales  en Buenos Aires, con un interludio durante el cual se ocupó de las gestiones que ya hemos explicado más arriba.

¿Qué consecuencias tuvo el ingreso al país de esos profesores europeos?

Además de generarse la carrera de Doctorado en Ciencias Naturales, y la primera Cátedra de Geología en Sudamérica, ese primer ingreso de estudiosos fue el antecedente inmediato de la Academia Nacional de Ciencias, creada en 1871, y cuya sede propia comenzó a construirse por un decreto de 1872, también durante la presidencia de Sarmiento.

Con posterioridad, en 1878, la Academia se separó de la actividad docente y se consagró de manera exclusiva a la investigación. La docencia quedó entonces en manos de la también recientemente creada Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, que es hoy todavía la encargada de formar ingenieros, biólogos y geólogos.

¿Qué otras cosas relacionadas con la Geología impulsó Sarmiento?

El Observatorio Nacional de Córdoba forma parte de su legado, ya que fue él quien, mientras era representante argentino en Estados Unidos logró convencer al astrónomo Benjamin Apthorp Gould para que viajara a la Argentina para crear un observatorio astronómico.

Distintas demoras determinaron que Gould llegara a nuestro país cuando Sarmiento ya era presidente y ya había también creado el Observatorio Astronómico de Córdoba, al que la llegada del astrónomo norteamericano posicionó entre los de relevancia internacional.

Fue también durante la presidencia de Sarmiento que se crearon en la región cuyana las cátedras de mineralogía en los Colegios nacionales de Catamarca y de San Juan. De ellos surgiría, en 1876, la Escuela de Ingenieros de San Juan.

En 1872, y también a instancias de ese progresismo del presidente Sarmiento, se fundó la Oficina Meteorológica Nacional que funcionó hasta 1884 en Córdoba, para trasladarse luego a Buenos Aires.

Como pueden ustedes apreciar, Sarmiento no agota su gestión en el impulso a  la escuela primaria argentina, ni muchísimo menos, y por todo ello merece la conmemoración que se aproxima.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de Imágenes Google, que me direccionó a este sitio.

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