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Galileo Galilei y la Geología.

Imagen1galileoHoy vamos a conversar sobre la influencia e impulso a la ciencia que se le debe a Galileo Galilei.

¿Qué se sabe de la vida de Galileo?

Galileo Galilei nació el 15 o el 18 de febrero, según las fuentes, en Pisa, Italia. Sus padres pertenecían a las familias ilustres de la época, y se llamaban, Vicente Galilei y Giulia Venturi degli Ammannati. Pese a la alcurnia familiar, los Galilei carecían de fortuna, y vivían del comercio. La educación del joven Galileo fue el producto de esfuerzos y privaciones.

Luego de estudiar letras, matemáticas, mecánica, pintura y música en su propio hogar, y de la la mano de su padre, ingresó en la Universidad de Pisa para estudiar Medicina.

Su verdadera vocación y definitivo camino se despertó muy tempranamente, según se cuenta, cuando a la edad de 20 años, visitó la Catedral de Pisa. Allí, la observación de una gran lámpara de bronce suspendida del techo, que oscilaba regularmente, lo condujo a inventar el primer péndulo, que aplicó a la medición del tiempo, a mover la maquinaria de los relojes, y a medir el ritmo del pulso humano.

Por esa misma época inventó también la balanza hidrostática en la que se aplica el principio de Arquímedes,  básicamente para medir densidades. De resultas de estos inventos, fue nombrado profesor de Matemáticas en la Universidad de Pisa, a la temprana edad de 25 años.

Más adelante, de resultas de otro descubrimiento, relacionado con la gravedad, y que referiré brevemente más adelante, Galileo se granjea las enemistades de los «científicos» de la época, y debe abandonar Pisa para refugiarse en Padua, a partir de 1592, donde ejerce como profesor de Geometría, Mecánica y Astronomía hasta 1610.

En 1599, Galileo participa en la fundación de la Accademia dei Ricovrati y es por ese tiempo que conoce a Marina Gamba, quien lo hace padre de dos niñas, Virginia y Livia, y de un hijo al que llamaron Vincenzo.

En 1610 se traslada a Florencia y tras algunas vicisitudes que detallo más abajo, continúa su brillante carrera científica, con la publicación del que sería su último libro publicado, ya que comienza a tener serios problemas en la visión, que culminan en 1638 cuando se queda definitivamente ciego. Una sexta y última parte de sus «Discursos», de los que Dino Peri y el padre Ambrogetti tomaban nota textual, aparecería de manera póstuma en 1718.

Galileo muere en su casa de San Giorgio el 8 de enero de 1642, a la edad de 77 años.

¿Cuáles fueron sus principales descubrimientos?

Tal vez el primero que lo enemistó con sus pares fue el que echó por tierra una aseveración aristotélica que era casi un dogma. Aristóteles, sin experimento alguno había afirmado que un objeto pesado caía más velozmente que uno más liviano. Galileo lo desmintió por el sencillo expediente de arrojar desde la torre de Pisa dos piedras de pesos muy diferentes, que llegaron juntas a tierra. Se formuló así la ley de la aceleración de la gravedad constante, con la salvedad de la acción opuesta, ejercida por la resistencia del aire, que es más efectiva en cuerpos menos densos y más alargados.

Ahora hagamos una pequeña digresión, recordando una historia que -de ser exacta- es muy pintoresca. Se dice que un óptico natural de Holanda, y llamado Jean Lippershey, permitió a su pequeño hijo entretenerse jugando con algunas lentes. Él puso dos cristales alineados, y se llevó tremendo susto cuando la iglesia que observaba pareció venírsele encima, al aumentar aparentemente de tamaño. A partir de allí, Lippershey construyó el primer telescopio del que hay registro.

Galileo siguió su método constructivo y desde entonces se concentró en las observaciones astronómicas que revolucionarían la historia de la ciencia. Una nota de color es el nombre que la gente común dio a este invento: (cannochiale), acortando la expresión occhiale in canna, que en italiano significa «anteojos en caña» .

A partir de allí, son innumerables los descubrimientos que legó Galileo: las manchas solares, los cráteres de la Luna, cuatro de los satélites de Júpiter, las fases de Venus, el anillo de Saturno, la inmensidad de la Vía Láctea,etc., etc.

Pero su gran aporte fue establecer que el Sol, con todo su sistema de planetas acompañantes no estaba inmóvil, sino que se desplazaba por el espacio.

Pero lo «peor» para el conocimiento dogmático de la época fue apoyar la teoría copernicana, en cuanto a que es el Sol y no la Tierra, el centro del sistema. Y ¡colmo de la herejía!, aportar pruebas irrefutables de ello.

Hay mucho más que recordar respecto a sus restantes aportes, pero ya excede el espacio de un post, y seguramente iremos viendo algunos más a lo largo de nuestras charlas.

¿Qué influencia tuvo Galileo Galilei sobre la Geología?

Desde luego, la comprensión del sistema del que la Tierra forma apenas una pequeña parte. La enunciación de la ley de aceleración de la gravedad, el uso de los elementos que inventó y que mencioné más arriba, y muchos otros etcéteras. Pero, por sobre todo, instalar de manera ya irreversible la experimentación como parte de la investigación científica, y desterrar por fin la tiranía del pensamiento aristotélico que por siglos detuvo los avances del conocimiento en las ciencias físicas y naturales.

¿Qué consecuencias tuvo la enunciación de sus pruebas relativas a la teoría heliocéntrica?

Más allá de revolucionar el paradigma astronómico reinante, tuvo consecuencias en la vida personal de Galileo, que vale la pena recordar, porque hay allí toda una enseñanza que cada uno podrá extraer por sus propios medios.

Cuando Galileo Galilei presentó pruebas en apoyo de la teoría de Copérnico, en la que el Sol ocupa el centro del sistema, en lugar de la Tierra, sus colegas se sintieron indignados (tal vez porque tenían que ponerse a revisar sus conocimientos otra vez) y lo denunciaron, a través del religioso dominico, Fra Lorini (cero formación científica) ante la Inquisición de Roma, el 15 de febrero de 1615.

En esa primera instancia, y debido al prestigio alcanzado por sus descubrimientos e inventos anteriores, la Inquisición fue benevolente y sólo se le advirtió que la Teoría Copernicana era herejía, y se le prohibió su enseñanza, a partir del 26 de febrero de 1616.

En 1623, Galileo escribe su texto Saggiatore, en el que con mucha discreción se desliza su preferencia del Sistema copernicano sobre el tolemaico, y se lo dedica al Papa Urbano VIII, quien lo recibe con beneplácito, tal vez porque nunca lo leyó…

Todo cambió a partir de 1632, con la publicación de su «Diálogo de los máximos sistemas del mundo, tolemaico y copernicano», donde trata la teoría vigente con gran sarcasmo y ningún disimulo. Entonces sí la Inquisición reacciona con violencia y lo condena a prisión, y a recitar todas las semanas durante tres años, los Salmos Penitenciales. Además debía someterse a una humillante ceremonia en la que debía abjurar de todos sus errores, cosa que hizo el 22 de junio de 1633.

Allí surge una anécdota de difícil comprobación, ya que se la da a conocer más de un siglo después en el libro de Jrailh, «Querelles litteraires», aparecido en 1761, y en el cual no hay fuentes claras.

No obstante, la anécdota es bella y se ha hecho inmortal. Según ella, al terminar de «retractarse de sus herejías», Galileo golpeó el suelo con el pie, y exclamó. » E pur si muove», es decir, «Y sin embargo, se mueve».

El Papa le redujo la sentencia dictada por la Inquisición, y en lugar de enviarlo a la cárcel, lo confinó a sucesivas residencias, a saber: Trinitá del Monti, residencia del embajador de Toscana, emplazado en el Monte Pincio; palacio de Piccolomini, arzobispo de Sena, y finalmente en su propia villa San Giorgio de Arcetri hasta su muerte.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es una fotografía del cuadro pintado por Justus Sustermans, pintado en 1636, y se encuentra en el museo Uffizi en Florencia.

En el Día de la Minería, una leyenda interesante, La Ciudad de los Césares.

Imagen1ciudad de los cesaresSiendo mañana un día de festejos en la actividad minera, se me ocurre que un post algo más próximo a las leyendas y al entretenimiento que a la ciencia, puede ser el adecuado.

¿Qué es la Ciudad de los Césares?

Se trata de un lugar mítico, que nunca pudo encontrarse pese a las muchas campañas que se realizaron en su búsqueda, al que también se denominó alternativamente de muchas otras maneras, como: Ciudad Encantada de la Patagonia, Ciudad Errante, Trapalanda, Trapananda, Trapalandia, Lin Lin o Elelín.

De su ubicación sólo se dice que estaría en algún lugar austral de América del Sur, ya sea en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y la Argentina, o como se indicó originalmente, en un valle entre las que hoy son las Provincias de Córdoba y San Luis.

Se supuso que la Ciudad había sido fundada, o bien por españoles sobrevivientes de algún naufragio, o separados de las expediciones, y errantes por el territorio; o bien por mitimaes incas. Lo que siempre es coincidente en todas las versiones es que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata.

Aclaremos de paso que el término mitimaes deriva de la palabra quechua mitmay, que significa desterrar. Hay deformaciones de esa palabra, tales como mitmakuna o mitmaqkuna, pero todas aluden a grupos de familias separadas de sus comunidades de origen, y enviadas por el Imperio inca a otros pueblos, donde cumplían funciones económicas, sociales, culturales, políticas y militares. Casi como embajadores de la época.

Según la tradición popular, la ciudad existe pero no puede encontrarse porque estaría rodeada de una niebla impenetrable que sólo habrá de levantarse al final de los tiempos, para aparecer entonces en todo su esplendor.

¿De dónde surge esa leyenda?

Según las crónicas de la época, es decir, por fuera de los relatos míticos, se sabe que en el año 1527, Sebastián Gaboto fundó el fuerte Sancti Spiritu en la confluencia de los Ríos Carcarañá y Paraná.

Desde esa base partió un año después, una expedición que debía reconocer el territorio, siguiendo el Carcarañá hacia sus nacientes, y que era comandada por el Capitán Francisco César.

Ese grupo de exploradores recorrió los cursos de los ríos Carcarañá y el Talamochita, (también denominado Ctalamochita o Río Tercero), y concluyó en la zona de la Sierra de los Comechingones, probablemente en el Valle de Conlara, al límite con la provincia de San Luis. Allí los indígenas tenían por jefe al Cacique Yungulo, y eran tan amistosos que obsequiaron a los viajeros, objetos de oro y cristales de berilo.

Cuando los españoles, luego de dos años de travesía regresaron al Paraná, exageraron el relato sobre las riquezas encontradas y generaron la leyenda. El nombre de Ciudad de los Césares se derivó del nombre de césares con que se conoció por entonces a los hombres de la expedición comandada por el Capitán César.

¿Por qué, entonces, hoy se sitúa a la Ciudad de los Césares preferentemente en algún lugar de la Patagonia, y no ya en Traslasierras?

Si bien el origen primero parece ser claro (o al menos el nombre de la ciudad parece indicarlo), luego como todas las leyendas, fue evolucionando con matices regionales, que básicamente van cambiando tanto los supuestos descubridores, como el emplazamiento teórico de la mítica ciudad, hasta prácticamente consagrar la idea de que los relatos de época aludían a la Patagonia, y no al Valle de Traslasierras.

Bien podría ser, sin embargo, toda la evolución del mito, una estrategia intencional, para incentivar la exploración de sitios más australes e inhóspitos que los de la leyenda original.

O, en el último de los casos, también podría tratarse de noticias independientes, llegadas desde diversas fuentes y aludiendo a distintos sitios, que la tradición oral terminó reuniendo en una sola leyenda mucho más grandilocuente, y más alejada de los centros explorados; lo que justificaría que nunca fuera hallada.

¿Había realmente tanta riqueza en las Sierras Pampeanas de Córdoba y San Luis?

Este tema ya lo vengo tratando en otros posts, que les recomiendo leer, siguiendo este link.

¿Qué consecuencias trajo esa leyenda?

La obvia, es decir, despertar la codicia de los españoles, que organizaron muchas expediciones para buscar la ciudad maravillosa.

Pero también significó que allí en los lugares en que se registraban hallazgos, por pequeños que fueran, de metales preciosos o particularmente útiles, se iniciara por entonces una explotación tanto del recurso, como de los indígenas, a los que se hacía trabajar hasta la extenuación, sin protección ni derecho alguno. Lo cual forma parte del aspecto más oscuro de la evolución de la mnería.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es de este lugar.

Los primeros antecedentes de la Geología en Argentina.

escanear0003Tal vez decir Geología sea un poco aventurado, ya que los primeros pasitos de los que hablaremos hoy tienen más que ver con actividades no sistemáticas de gente curiosa e interesada en la naturaleza, que con acciones científicas. Pero valen como antecedentes que iniciaron actividades exploratorias posteriores, mucho más sistemáticas.

¿Cuáles fueron los primeros intentos de comprender la naturaleza de nuestro territorio americano, y más específicamente del argentino?

Ya en el primer viaje de Colón, habían participado aventureros que recogían por escrito sus impresiones, a los que se conocía como «cronistas», y que describían con mucha meticulosidad tanto los paisajes como sus habitantes y las costumbres imperantes.

Esas cronicas junto con numerosos ejemplares botánicos y zoológicos que eran hasta entonces por completo desconocidos, despertaron, al regreso de Colón a Europa, el anhelo de reconocer las nuevas tierras.

El título de primer «cronista de la naturaleza» podría merecerlo Gonzalo Fernández de Oviedo, que algún tiempo después de su regreso escribió la «Historia General y Natural de Las Indias», texto en el que incluyó además de sus propias observaciones, los relatos de otros aventureros.

Dentro del territorio argentino, una descripción muy detallada de las islas del Paraná fue suministrada por Alonso de Santa Cruz, que participó de la expedición de Sebastián Gaboto.

¿Qué áreas de la naturaleza se exploraron primero?

Obviamente las que saltaban a la vista y no requerían una mirada muy aguda ni entrenada en los cambios sutiles del pasiaje, vale decir que los primeros reportes se referían básicamente a la flora y la fauna.

Es también importante recordar que los primeros colonizadores debieron recurrir a los frutos de la tierra y a la cacería para asegurarse el sustento cotidiano. Por eso, su ojo avizor se dirigió primero a la vegetación y los animales de la región. Sólo más adelante se interesarían ¡y de qué modo! en los recursos minerales y los ambientes y paisajes.

¿Cuándo comienza a analizarse el componente geológico de los nuevos territorios?

Debió esperarse hasta 1741, y la llegada del Padre José Sanchez Labrador, para que se conocieran las primeras obras en que la Geología asoma, todavía tímidamente.

Labrador era un jesuita y como tal, dividía el territorio sudamericano según las provincias que su orden religiosa reconocía. Argentina estaba comprendida en la Provincia Jesuítica de Paraguay, y de allí que las observaciones fisiográficas realizadas en nuestro territorio aparecieran en su libro «El Paraguay natural», parte de una trilogía que incluía también «El Paraguay católico» y «El Paraguay cultivado».

En «El Paraguay natural», recoge información acerca de la calidad de los suelos y las aguas y hace referencias al clima; además por supuesto, de describir la flora y la fauna. También es interesante rescatar de su obra «El Paraguay cultivado», las reseñas sobre la agricultura, horticultura y silvicultura que se aplicaban en la región.

¿Qué hallazgos geológicos y paleontológicos significativos se realizaron en el que hoy es el territorio argentino?

El primero de los hallazgos que conviene recordar es el del «mesón de hierro», un yacimiento de ese metal que no es otra cosa que un enorme meteorito caído en las selvas chaqueñas.

La existencia del cuerpo metálico se conocía desde mucho antes, pero es a partir de 1776 que se procura utilizar los metales presentes. En 1788, el Virrey Vértiz envió una expedición a tomar muestras que se analizarían en Europa, en España y Londres. Los resultados de esos estudios informaron sobre la presencia de plata de baja ley, y de hierro de calidad superior. Durante algún tiempo se lo explotó, pero hoy ya no se registra su presencia, probablemente de resultas de la sobreexplotación y del propio avance de la selva, que con sus efectos de meteorización, sobre todo química, terminó «engulléndolo». Sólo se exhiben algunos de sus restos en el Museo de Historia Natural de Londres.

En relación con los hallazgos fósiles, la primera gran revolución se debe al descubrimiento de los restos de un gliptodonte, realizado en 1760 por el Padre Tomás Falkner, en las barrancas del río Carcarañaá.

El otro gran descubrimiento fue el del megaterio.

Ese hallazgo data de 1787, y fue realizado por el padre dominico Manuel de Torres, que por ser criollo, podría considerarse el primer naturalista autóctono.

El descubrimiento tuvo lugar en Luján, y el fraile se ocupó de hacer excavaciones hasta recuperar los huesos que le permitieron reconstruir el animal completo, con mucha fidelidad. Tanto las piezas individuales como el esqueleto reconstruido fueron dibujados con gran preciosismo por José Custodio de Saa Faría.

A pedido del virrey Loreto, los restos fueron embalados, y junto con los dibujos y anotaciones del padre Torres, fueron enviados al Museo de Madrid, perdiéndose así para la que luego sería Argentina, una parte importante de su patrimonio científico. Aunque a la luz de lo que pasó a lo largo de los años con nuestra herencia paleontológica, tal vez fue la única manera de garantizar su preservación.

¿Qué consecuencias tuvieron esos hallazgos?

Obviamente se produjo una gran revolución cultural, ya que muchos de los pobladores de estas nuevas tierras, sobre todo los jesuitas y sus seguidores, se abocaron a coleccionar restos fósiles, tal vez sin orden ni concierto, pero que prestaron una enorme utilidad al cabo del tiempo, cuando comenzaron a describirse y clasificarse sistemáticamente esas colecciones.

Esos primeros intentos fueron también un valioso incentivo para que desde Europa llegaran expediciones que incluían naturalistas formados en las universidades de esas tierras, y que abrieron el camino para el verdadero advenimiento de la investigación geológica y paleontológica en Argentina.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post corresponde a la referencia mencionada en el post que he linkeado arriba.

Una curiosidad bibliográfica.

Hoy voy a compartir con ustedes un hallazgo que se produjo hurgando cajas de libros que hace años reposaban en casa, rescatados de la casa de mis tías, que nunca estudiaron Geología, pero atesoraban a su vez los textos familiares, que iban pasando de generación en generación.

Este libro, es el primero de una serie de un curso de Historia Natural y se llama precisamente: Libro Primero de Mineralogía y Geología (Reino Mineral).

Su autor es «El doctor Juan García Purón» (sic.) y si bien esta edición -realizada por D.Appleton and company de New York y London- es de 1924, el copyright de la primera edición es de 1888, ¿qué tal?

Como regalo especial, he extractado para ustedes, algunos párrafos que me parecieron muy peculiares, y que aunque deben ser comprendidos en el marco de la época a que se remontan- lo que sobre todo se nota en los giros literarios-, conservan cierta vigencia.

Los que verán a continuación corresponden solamente a la introducción. En otros posts, seguramente les regalaré otras líneas de este tesoro histórico.

El estudio de los tres Reinos de la Naturaleza, el animal. el vegetal y el mineral, es sin disputa alguna el más útil de todos, el que más encantos posee para la juventud, y por lo tanto debiera constituir el principio, y aun estoy por decir, el fin de la enseñanza.

Estudiar la Naturaleza debe ser el gran interés de nuestra existencia. Todo en ella nos invita al conocimiento de nosotros mismos, de la tierra que habitamos, y de cuanto en ella se conoce ya pertenezca al pasado ó al presente.

Noten ustedes que no he cambiado ni una coma, y he respetado, inclusive el empleo del acento en la o, que hoy ya no existe, salvo en medio de una sucesión de números, en cuyo caso se aplica para diferenciarla del cero.

A medida que voy leyendo el libro, encuentro cientos de perlas que vale la pena comentar, pero eso vendrá en otros posts. Por hoy alcanza con esta breve presentación de mi joyita encuadernada.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

Arquímedes y la Geología.

Imagen1arquimedes

Hoy quiero presentarles a uno de los tantos sabios de la antigüedad a los que no sólo la Geología, sino todas las ciencias en general le deben un gran impulso.

¿Quién era Arquímedes?

No sería demasiado exagerado considerarlo como uno de los padres de la ciencia experimental, ya que ideó muchos aparatos de uso práctico, basándose en sus estudios y análisis teóricos.

Tuvo ventajas desde la cuna, ya que su padre, Fidias, era astrónomo, y estaba emparentado con la casa gobernante de la colonia griega en que nació, lo que le permitió realizar muchos viajes y estudiar en Alejandría donde conoció a Eratóstenes de Cirene, quien le habría contagiado su pasión por la astronomía, que luego se extendió a la matemática, la física, geometría, mecánica y  óptica. En todas estas materias dejó algún legado de interés.

¿Qué se sabe de su vida?

Arquímedes nació en el año 287 a.C. en Siracusa, ciudad de Sicilia que por entonces pertenecía a las colonias externas de la Magna Grecia.

Como ya señalé antes, se educó- siendo adolescente- en Alejandría, centro cultural por excelencia de la antigua Grecia. Esa experiencia lo conectó con otros notables sabios como Euclides, del que ya hemos hablado en otro post.

Desde entonces su vida se conoce a través de sus obras escritas e invenciones, hasta un evento que marcaría tanto su vida y fama, como su muerte.

En el año 216 a.C., teniendo ya Arquímedes más de setenta años de edad, murió el rey Hierón, que había sido su pariente, de resultas de lo cual, los siracusanos se aliaron con los cartagineses durante la Segunda Guerra Púnica.

En ese marco, el cónsul Claudio Marcelo puso sitio a Siracusa, y la ciudad recurrió a Arquímedes para que generara aparatos bélicos para usar en la resistencia.

Muchos de los inventos que se le atribuyen fueron mitos posteriores, acuñados por los historiadores, que a su vez recurrían a tradiciones orales como fuente, pero otros, como la catapulta múltiple, existieron realmente.

También su muerte está envuelta en algo que podría ser o no un mito.

La realidad es que luego de una resistencia de cuatro años, en el 212 a.C:, más precisamente el día de la fiesta de la diosa Artemisa, las tropas romanas entraron en la ciudad y la saquearon. Se sabe que la fama de sabio de Arquímedes había llegado a Roma, y existía la orden de respetar su vida.

No obstante, según cuenta la leyenda, varios soldados romanos penetraron en la casa de Arquímedes, que estaba tan absorto en su trabajo que no solamente no obedeció a uno de los saqueadores, sino que además lo reconvino por pisar algunas figuras geométricas que había dibujado en el piso. El soldado entonces levantó su espada y asesinó al anciano, que en ese momento tenia setenta y cinco años.

¿Cuál fue su aporte a la ciencia?

Probablemente todos los lectores conocen ya la famosa anécdota relativa la formulación del «Principio de Arquímedes» sobre el cual se fundamentó luego toda la investigación sobre hidrostática. Pero no estará de más repetirla.

El rey Hierón- pariente del sabio- recibió como regalo una corona de oro, sobre cuya pureza albergaba ciertas dudas, de modo que consultó sobre ese punto a nuestro personaje de hoy.

Arquímedes pensó de inmediato que con sólo conocer la densidad del material podía dar la respuesta esperada, pero obviamente debía determinar esa medida sin destruir el regalo, que por otra parte tenía una forma tan irregular que no resultaba sencillo evaluar mediante fórmulas conocidas.

Según se cuenta, Arquímedes elucubró la solución mientras tomaba un baño, del cual salió desnudo y gritando «¡¡¡Eureka!!!», que significa «lo encontré». Esta parte de la historia puede o no ser verdadera, pero es tan pintoresca, que todos elegimos creer en ella, porque de cualquier manera, tal creencia no hace daño.

Como sea, lo que él había observado es que cuando su cuerpo se sumergió en la bañera, sintió su peso más ligero que fuera de ella, de donde dedujo que el agua ejerce una fuerza hacia arriba, que se resta de la ejercida por la gravedad.

Luego de realizar algunos experimentos, formuló el postulado que lleva su nombre y que reza: «Todo cuerpo sumergido en agua recibe de parte de este líquido un impulso de abajo a arriba igual al peso del volumen de agua que desaloja». Así al menos lo expresaría más tarde en su libro «Equilibrio de los cuerpos flotantes».

Pero entre esos experimentos y la aparición del libro, Arquímedes supo cuál era el volumen de la corona, simplemente pesando el agua desalojada, y la densidad se deduce del peso en el aire, dividido por ese volumen. Conclusión: la corona no era de oro puro, pero eso es lo de menos. Importa mucho más el Principio de la hidrostática establecido.

Arquímedes no sólo estableció ese principio, sino que además, en el área de la mecánica generalizó la teoría de la palanca, con aquella famosa frase: «¡Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo!» .

Como mencioné más arriba, este sabio fue también un gran ingeniero, que entre otras muchas cosas ideó un método para desecar pantanos mediante la utilización del «tornillo de Arquímedes», consistente en un tubo helicoidal con un extremo sumergido, que capturaba el agua, la cual ascendía al girar el tornillo sobre su eje.

En matemáticas, su arenario sentó las bases de lo que hoy se conoce como cálculo integral; por otra parte estableció que la razón entre la circunferencia y su diámetro es igual, independientemente de la longitud del radio de la figura. Introdujo también el concepto de concavidad; avanzó en el conocimiento de otras muchas figuras, como las espirales, y contribuyó a establecer el valor del número π  (pi).

Y sólo he mencionado algunos de sus méritos, que son demasiados para mencionarlos en un solo post.

¿Son ciertas todas las cosas que de él se cuentan?

Ya les dije que tanto su carrera desnudo, gritando Eureka, como la manera en que perdió la vida, son puestas en duda por los historiadores recientes. Pero hay algo más que no sería otra cosa que un mito: los espejos ustorios .

Los espejos ustorios son grandes espejos de metal brillante y cóncavos, que debido a esa forma concentran los rayos solares, reflejando a distancia su energía multiplicada. Tales espejos existieron, y sí fueron creados por él, pero atribuirles la energía suficiente como para incendiar desde lejos la flota romana, hoy parece una exageración no justificada en los datos reales.

¿Cuál fue su aporte a la Geología en particular?

Básicamente, todo el conocimiento acerca del movimiento de los fluidos, tan importante para comprender los mecanismos del transporte en la erosión, se basa en sus aportes en el campo de la hidrostática y el equilibrio de los cuerpos.

Pero por cierto, de modo más indirecto, sus avances en matemáticas son vitales para la ciencia en general y la Geología en particular.

También el tornillo que imaginó para desecar pantanos se usó por años para extraer el agua de las excavaciones mineras.

¿Qué puede agregarse a todo esto?

Una simple nota de color: un círculo de montañas lunares de unos 80 Km. de diámetro, ha sido bautizado como Círculo de Arquímedes, en su honor.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de esta página.

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