Las gemas y sus supuestos poderes curativos.

gemasEs muy común encontrar entre las “medicinas alternativas”, numerosos anuncios acerca del “poder curativo” o como “talismán” contra las enfermedades, de las gemas. Bien vale la pena explicar el origen de esta susperstición popular.

¿Cuándo comenzó a difundirse esta creencia?

En realidad, tiene antecendentes desde la mismísima prehistoria, cuando todo acontecimiento que excedía el escaso conocimiento teórico de que se disponía, se explicaba con afirmaciones religiosas o mágicas. Así fue que se asumía que a determinadas similitudes fácilmente observables, correspondían relaciones de causa y efecto.

Ejemplo clásico es que se ofrecieran frutos rojos a los heridos, pensando que de ese modo repondrían la sangre perdida, también roja.

Con posterioridad, las civilizaciones antiguas comenzaron a suponer que los minerales de brillo intenso podian iluminar los intelectos, y así al infinito.

Pero el caso de las gemas como talismanes para prevenir enfermedades graves, o aun como agentes terapéuticos, data de la Edad Media, y desde entonces se ha perpetuado.

¿Con qué evento histórico se relaciona ese pensamiento mágico?

Hacia el año 1347, desembarcó en el occidente la peste bubónica, conocida también como peste a secas, o Muerte negra, responsable de una disminución de la población europea de entre 30 y 60%, según las diversas fuentes consultadas.

Según se cree, la peste llegó desde la India, llevada por los ejércitos mongoles, que avanzaron hacia el occidente, y que habrían llegado a sitiar la ciudad de Caffa (Génova). Fueron los fugitivos de ese sitio los que actuaron como vectores hacia el resto de Europa, y según las crónicas cuentan, ellos habrían adquirido la enfermedad porque los mongoles les arrojaban a través de catapultas, cadáveres infectados con la peste.

¿Cuál es la verdadera explicación?

Hoy se sabe, que más allá de la atractiva truculencia de la idea de cadáveres portadores de una muerte espantosa, arrojados por el aire, eran en realidad las pulgas las que albergaban el bacilo causante de la enfermedad. Y esas pulgas eran transportadas por las ratas, que convivían con los humanos, haciendo la transferencia necesaria; o bien, y peor aún, servían de alimento a los campesinos sitiados durante la hambruna de la guerra.

Lo concreto es que la peste se esparció por Europa entre 1347 y 1460, en sucesivos pulsos, diezmando a la población al causar millones de muertes.

Lo llamativo es que las clases pobres morían por las calles en números siempre crecientes, mientras que las clases más ricas sobrevivieron en su gran mayoría.

Por otro lado, por ese entonces, la riqueza se ostentaba entre otras cosas, a través del uso de piedras preciosas y gemas en general, y esa coincidencia entre el uso de gemas y la relativa escasez de muertes entre los ricos, llevó a concebir la idea de que eran las piedras preciosas las que actuaban como talismanes protectores contra la peste. Más tarde, cuando la peste decayó, se las consideró protectoras contra otras enfermedades.

Sin embargo, las causas de la escasa cantidad de muertes entre los poderosos se relacionaban en realidad, no con las piedras sino con los siguientes factores:

  • En primer lugar, los ricos eran muchísimos menos, de modo que naturalmente siempre serían también menos sus muertes.
  • Ante los primeros episodios que señalaban un brote de la epidemia, los ricos podían huir hacia otros sitios de sus extensas posesiones, lo que les estaba vedado a los pobres, atados a su pequeña concesión de labranza.
  • Los ricos que se enfermaban, eran tratados en el interior de sus castillos, y sus muertes, que nunca acontecían en las calles, podían fácilmente atribuirse a otras causas; lo que se hacía para evitar el pánico entre los sirvientes, que de saber de qué había muerto el señor, habrían abandondao masivamente sus ocupaciones.
  • Los palacios estaban algo más alejados de las tierras labrantías, establos y galpones donde pululaban las ratas, que las casas de los pobres.
  • No eran los señores los que manipulaban los alimentos crudos, como cereales u hortalizas que eran visitados asiduamente por las ratas.

Por todas estas causas absolutamente lógicas, morían los pobres en cantidades ingentes, pero no los ricos, que casualmente se adornaban con gemas y piedras preciosas. Así surgió el mito de los poderes medicinales de las piedras.

¿Qué otras consecuencias sobre las costumbres populares tuvo esta creencia?

El anillo de bodas, adornado en lo posible con un diamante, surge de la misma superstición. En efecto, el diamante, la más cara de las piedras preciosas se constituyó, en la creencia popular, en el más poderoso de los talismanes. Por eso, los caballeros debían regalárselos a sus novias como medida de protección contra todos los males, salvo el casamiento, claro.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La foto que ilustra el post fue tomada por el Pulpo en el Museo de Ciencias Naturales de Los Ángeles.

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