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¿Qué pasa con el suelo después de los incendios? Parte 2.
Este post es la continuación del del lunes pasado, de modo que les recomiendo su lectura antes de entrar en éste de la fecha.
En ese post he respondido las siguientes preguntas:
¿Qué partes del suelo son las más afectadas?
¿Qué componentes del suelo sufren más alteraciones?
¿Qué propiedades del suelo cambian?
¿Puede el suelo recuperar su condición inicial? ¿En cuánto tiempo y en qué grado?
Hoy, saldremos del suelo mismo, para mirar el sistema de manera más completa, y para eso comenzaremos por referirnos a los procesos que modelan el paisaje que se ha visto afectado.
¿Qué otros procesos geomórficos se ven alterados?
Primero debe tenerse en cuenta que en cada sistema, son dominantes unos u otros procesos, y prácticamente todos ellos se verán modificados por un incendio de bosques o de monte, pero en este caso, voy a dejar afuera, para mejor oportunidad, aquéllos que no son pertinentes a nuestras sierras de Córdoba, tales como posibles efectos sobre aludes o ciclos reiterados de congelamiento y descongelamiento que son poco frecuentes en ellas.
Pero uno de los procesos más inmediatamente impactados será la erosión del suelo mismo.
Allí donde los suelos tienen escaso desarrollo, como en áreas escarpadas, la pérdida de la vegetación, cuya acción protectora es bien conocida, puede significar la pérdida lisa y llana de todo el suelo.
Pero aun en zonas donde el espesor del solum no es tan mínimo, las partes superficiales, desagregadas por la ruptura de estructuras y afectadas por la falta de cubierta vegetal, se convierten rápidamente en carga disponible para cualquier agente de transporte, sea el viento, el agua o la conjunción de ambos. La propia pendiente puede disparar también procesos gravitacionales, que eliminan la cubierta edáfica más superficial en muy poco tiempo.
Más allá de la erosión acelerada del suelo, también otros materiales como rocas y sedimentos se encontrarán sumidos en un nuevo escenario, donde la acción erosiva se ve modificada, impactando de manera indirecta sobre ellos.
Por ejemplo, la disponibilidad de agua será otra, porque faltará la vegetación que es la primera en interceptar el impacto de la lluvia, y en aumentar la fracción que se evapotranspira, restándola del escurrimiento directo. Estos detalles pueden verlos con mayor profundidad en varios posts en los que me he referido al ciclo del agua y sus factores.
En definitiva, para un mismo total de agua precipitada, habrá mucho mayor escurrimiento, que además será mucho más rápido por las nuevas condiciones de suelos impermeabilizados, de los que hablamos en el post anterior, y por la falta de vegetación que lo desacelere.
De allí puede deducirse que los procesos erosivos hídricos cambiarpan.
También el ciclo eólico tendrá modificaciones al faltar la barrera protectora de los árboles, que disminuyen la velocidad del agente viento, que puede volverse por ende mucho más agresivo y efectivo.
¿Qué pasa con los cauces fluviales?
Sean permanentes o temporarios, los cauces fluviales mostrarán una dinámica diferente, con aguas que se reunirán desde todas las pendientes, en mayor cantidad y con mayor velocidad, en función de lo que se dijo más arriba.
Siempre considerando que algunas situaciones serán muy particulares, puede generalizarse que muy probablemente habrá los siguientes cambios en los cauces:
- Habrá picos de creciente más altos.
- Los picos de creciente tendrán tiempos de llegada muy posiblemente más cortos.
- Los cursos mismos pueden verse más erosionados, acelerándose sus acarcavamientos.
No obstante, también es cierto que las aguas corrientes no serán tampoco tan límpidas, ya que habrá superficialmente mucho material suelto susceptible de ser arrastrado por las aguas, sean ellas salvajes o encauzadas.
Cuando esa cantidad de material supera la capacidad de transporte del agua, la cual varía según la pendiente y el caudal, habrá efectos de colmatación de algunos reservorios, y puede que también haya sedimentación incrementada en algunos sitios de los cauces mismos, o excediendo de ellos.
Este efecto puede ser altamente contaminante, cuando se piensa sobre todo en que mucho material puede ser arrastrado hacia los reservorios de agua para consumo, cuyo tratamiento se dificulta.
Ahora bien, hemos hablado de dos efectos prácticamente opuestos y cabe preguntarse si hay allí o no una contradicción.
Para comprender esto mejor, debe recordarse que la erosión y la sedimentación ocurren normalmente juntas, sólo que no en el mismo sitio, sino que lo que se arranca de un lugar, se deposita en otro.
Ahora bien, cuál de ambos procesos será el que más impacto genere, es decir si dominarán los efectos de la erosión o de la sedimentación, eso depende del conjunto de factores de cada subsistema en particular, pero cualquiera sea el caso, habrá modificaciones del equilibrio preexistente, con cambios sensibles en la dinámica hídrica regional.
¿Qué pasa a nivel de cuencas?
Cada uno de los cambios que se observan aisladamente en los diversos cursos de agua, se van potenciando unos a otros en auténticos efectos dominó. En general, puede esperarse que una cuenca afectada por incendios se vea sujeta a inundaciones más intensas y más rápidas, en el supuesto, claro, de que las restantes condiciones sean las adecuadas para ellas.
Por otra parte, debe recordarse que una cuenca no solamente incluye el agua superficial, sino también la subterránea en la región.
Un escurrimiento acelerado, puede significar un descenso en el nivel de las capas subterráneas, simplemente porque la distribución del agua precipitada cambia.
A esto debe sumarse el efecto «hidrofóbico» que se produce en el suelo en muchas oportunidades, por efecto del fuego, con lo cual la infiltración se dificulta.
También puede ocurrir que el material suelto y restos biológicos que se incorporan como carga del agua en movimiento, se depositen finalmente en los diques y reservorios, naturales o artificiales, que actúan normalmente como reguladores del flujo.
Esa sedimentación puede contribuir a una colmatación acelerada de los depósitos de agua, lo cual altera todo el balance de la cuenca.
¿Qué pasa con las aguas infiltradas?
Ya dijimos que normalmente verán disminuido su caudal, pero también puede que lleven en suspensión y/o disolución materiales contaminantes, como las cenizas mismas provocadas por el incendio, además de carga biológica producto de la fauna y flora en descomposición.
El material en suspensión, dominantemente cenizas, puede llegar a ser transportado por mucho tiempo (tanto más cuanto más liviano sea), con lo cual la contaminación es «exportable» a zonas no afectadas directamente por los incendios. Sólo la lluvia volverá a limpiar la atmósfera, y a veces un milimetraje muy exiguo no alcanza para llevar todo el material hacia abajo. Y eso sin considerar que lo que el viento haya exportado antes de la lluvia, se seguirá propagando por otros sitios hasta que en ellos se produzcan suficientes precipitaciones.
Corolario: sigue sin parecerme inteligente eso de «manejo del fuego», y aquí les presenté mis argumentos. Ustedes decidan por sí mismos cuánto de manejables son los efectos de los incendios.
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de la red.
¿Qué pasa con el suelo después de los incendios? Parte 1

Sé que este tema será polémico, porque hay muchos agricultores, agrónomos y hasta biólogos que piensan que pueden utilizar el fuego como una herramienta de desmonte, o para el desmalezado, para obtener rebrotes de pasturas tiernas, o lo que sea, y han acuñado expresiones para mi gusto muy poco afortunadas, tales como «fuego controlado».
Como si el fuego estuviera tan bien dispuesto, como para someterse a controles de alguna clase. Como si no bastaran un par de chispas desacatadas para generar un infierno sin reglas fijas de propagación, cosa que nos ha tocado comprobar de la manera más dolorosa en estos días pasados.
Por eso, mi personal opinión es que se debe dejar a la naturaleza el exclusivo «copyright» de los incendios, ya que por sí misma encuentra muchas maneras de generarlos, sin que tenga que venir también el hombre a meter la cuchara.
Pero una vez fijada mi propia postura al respecto, y a sabiendas de que existen esas opiniones profundamente arraigadas que se manifiestan pro «manejo del fuego», creo que los acontecimientos recientes ameritan un análisis tan objetivo e integral como sea posible.
Mi área de conocimiento no comprende el subsistema suelo-planta, sino otro mucho más geológico que se centra en la interfase: geosferas-suelo.
Por esa razón, no voy a abordar el tema a nivel de lotes, que en determinadas situaciones pueden «sacar provecho» del incendio, y a nivel de los cuales se suelen utilizar esas expresiones como «manejo, uso o gestión del fuego».
Mi abordaje es mucho más sistémico, y a otra escala, donde la cosa cambia por completo. Entonces, lo primero que se debe reconocer es que el sistema sometido al fuego es complejo, y los resultados sobre él exceden el simple desmalezado, o desmonte.
Por eso el tema a tratar será extenso y comprenderá mínimamente dos posts. En el de hoy, haremos foco en el suelo, pero en el siguiente, saldremos de este subsistema, para meternos con el resto de los procesos y subsistemas afectados, respondiendo preguntas como:
¿Qué otros procesos geomórficos se ven alterados?
¿Qué pasa con los cauces fluviales?
¿Qué pasa a nivel de cuencas?
¿Qué pasa con las aguas infiltradas?
Ahora volvamos atrás, y comencemos con el suelo, pensado, repito, como un cuerpo integrante del paisaje geológico, y no solamente como el soporte de tal o cual cultivo. Por esa misma razón, no pretendo darle una carga valorativa a este análisis. Me referiré a los cambios, sin llamarlos buenos ni malos, porque cada quien podrá evaluarlos de diferentes maneras.
¿Qué partes del suelo son las más afectadas?
Al hacer esta pregunta estamos asumiendo que el suelo todavía está, porque el incendio es reciente, pero ojo, como verán en el siguiente post, hay situaciones en que una afectación indirecta es la pérdida del cuerpo pedológico entero, o su parcial decapitación, por efectos erosivos posteriores.
De todos modos, si hay todavía suelo, porque éste había tenido un desarrollo suficiente -que no siempre es el caso en los ambientes serranos- como para tener un espesor no despreciable, sus horizontes (nombre que se le da a las capas que lo componen) superficiales serán los más alterados, mientras que los más profundos no tendrán tan importantes cambios.
Esto es así porque el material combustible está esencialmente por encima de la superficie, y es específicamente la vegetación en su mayor parte.
Conviene recordar que la combustión es en esencia una oxidación muy rápida y con gran desprendimiento de calor, y no otra cosa. Así, pues, la presencia de oxígeno libre es imprescindible, y éste en el caso del suelo está contenido en el aire que, a su vez, se encuentra en los poros de mayor tamaño disponibles. Y digo disponibles, porque a veces algunos de ellos están ocupados por agua, con lo cual la cantidad real de oxígeno que puede participar en una combustión es comparativamente exigua.
Por eso, repito lo que se quema -en un sentido estricto- está por encima del suelo, y nunca muy profundamente contenido en él.
Pero, ojo, que aunque no haya presencia de llama, la temperatura obviamente asciende hasta niveles en que numerosos cambios ocurren, de todas maneras, también a cierta profundidad.
Y es allí, donde los componentes del sistema completo se modifican y eso nos lleva a la siguiente pregunta.
¿Qué componentes del suelo sufren más alteraciones?
Permítanme presentarles, en la figura 1, la composición generalizada y básica del suelo.
Observen por favor, que ésta es una instantánea, por decirlo de algún modo, de manera que a lo largo del tiempo, los porcentajes son bastante variables, y así por ejemplo, si entra más agua al sistema, lo hace a expensas del aire que desaloja de los poros, y viceversa. Vale decir que esta figura sólo pretende manifestar la abundancia relativa de los diversos componentes en el suelo.
Y así, podemos notar que la mayor parte de los suelos comunes en áreas no pantanosas, está constituida por elementos minerales, los cuales a su vez resultan relativamente inalterados en el incendio.
Puede haber algunos cambios menores en los minerales, resultantes del aumento de temperatura, tales como la aceleración de los procesos de meteorización química y hasta la desintegración física de algunos otros como las micas, especialmente susceptibles por su laminación.
Dentro de los componentes minerales, cuando el contenido de arcillas es alto, puede ocurrir algún grado de «cocción» medianamente asimilable al que se produce intencionalmente en la alfarería.
Pero, en general, los componentes que más afectados resultan en un incendio, son la materia orgánica y el contenido de agua.
Y cuando hablamos de materia orgánica, no hacemos referencia solamente al humus sino a toda la fauna y flora que tiene participación activa en los procesos que hacen del suelo un sistema que puede usarse como recurso.
Así, por ejemplo, todo el sistema radicular, las bacterias, las lombrices, algunos insectos y hasta pequeños animales cavadores, mueren durante un incendio, o si la suerte los acompaña, huyen del lugar, que pierde las características derivadas de su actividad.
Respecto al contenido de agua, en general es evaporada durante el incendio, lo cual es si se quiere un cambio temporario, porque a la larga volverá a condensarse en algún momento y precipitará sobre el suelo, con consecuencias que veremos en el post siguiente.
¿Qué propiedades del suelo cambian?
A pesar de que pocos componentes cambian, su rol en la dinámica del sistema es tan importante, que las propiedades del suelo en su conjunto se ven profundamente afectadas.
Por ejemplo, las arcillas y el humus que se «cocinaron» son los elementos que definen la Capacidad de Intercambio Catiónico (C.I.C.) del suelo. Y esa propiedad no es para nada irrelevante, porque cuanto más alta sea esa capacidad, más nutrientes quedan retenidos en el suelo para responder a la demanda de la vegetación en los momentos oportunos.
La alteración de esa variable incide de manera directa en la fertilidad.
La porosidad y permeabilidad del suelo, por otra parte, que definen la posibilidad de circulación de aire y agua, vitales para la salud de las plantas, se ven también afectadas, porque parte de la porosidad es precisamente el resultado de las acciones de los organismos. En efecto insectos y pequeños animales cavadores remueven el material de manera que generan lo que se conoce como porosidad secundaria o biológica.
También las estructuras se ven afectadas, porque también dependen de la disponibilidad de cationes y materia orgánica, entre otras cosas.
Las estructuras, a su vez inciden en muchas otras propiedades, como la posibilidad de penetración de raíces entre otras.
La afectación de estructuras, porosidad y permeabilidad pueden generar en el suelo, como parte integrante del paisaje, una condición que se conoce como «hidrofóbica», que tiene luego otras consecuencias que veremos el lunes próximo.
En instancias posteriores, la presencia de cenizas pueden también cambiar el pH del suelo, que tiende a ser más ácido. Pero este tema será motivo de otro post en el futuro por su capital importancia.
El tiempo de residencia de determinados compuestos en el suelo también cambia, pero en este punto, he leído artículos agronómicos que tanto se rasgan las vestiduras al respecto, como lo consideran un «beneficio» tan importante como para insistir en aquello del «uso del fuego».
Mi personal apreciación es que en cada caso la valoración depende del uso del suelo. Pero vuelvo a insistir en que yo no lo estoy pensando aquí como un bien de uso en la escala de un lote, sino como parte de un sistema muchísimo más complejo, y por cierto más grande, razón por la cual no hago lecturas agronómicas (además de que no sé un pomo de agronomía).
¿Puede el suelo recuperar su condición inicial? ¿En cuánto tiempo y en qué grado?
Bueno, en este punto, deberán ustedes recordar los conceptos de resistencia y resiliencia que les he presentado en otro post, y que por eso mismo no me parece necesario repetir aquí.
De todas maneras, recordemos que lo que aquí se ha degradado en estos voraces incendios ha sido el sistema ambiental en su conjunto, y el suelo sólo es uno de sus componentes.
Puede que el suelo sea más o menos resiliente, según la interacción de numerosos factores, como la colonización más o menos espontánea por parte de nueva vegetación; (digo esto porque es a esa parte a donde se apunta cuando se habla de «medidas de remediación»); las condiciones climáticas, el relieve involucrado; el tamaño del área afectada, etc., etc., pero el sistema mucho más complejo del que el suelo forma parte, se encontrará en un nuevo estado de equilibrio seguramente muy precario, por mucho tiempo.
Y muchos de los elementos que se perdieron no se recuperarán jamás, porque, por dar un simple ejemplo, y volviendo a la materia orgánica, no olvidemos que lo que se pierde no es solamente lo que ya estaba en el suelo, sino también aquello que ya no va a incorporarse a él, porque se ha convertido en cenizas, en lugar de compuestos capaces de generar nuevos contenidos húmicos.
Recuerden que este post tiene una continuación el próximo lunes.
Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente, porque esta página está registrada con IBSN04-10-1952-01.
Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de este sitio de la red.
Aspectos geológicos en la planificación territorial en ambientes de uso agrícola
Hoy les traigo otro de los trabajos publicados en que soy uno de los autores, y que ya tiene sus años, pero puede ser útil como información de base para nuevos proyectos.
Debe citarse como:
Sanabria, J.A.; Argüello, G.L. 1998. Aspectos geológicos en la planificación territorial, en ambientes de uso agrícola. Actas de la Segunda Reunión Nacional de Geología Ambiental y Planificación Territorial. San Salvador de Jujuy
Evaluación de la erosión potencial en suelos.
El trabajo que aquí les presento fue publicado en 1996, pero sigue teniendo actualidad, por lo cual lo pongo a disposición de mis colegas. Su principal mérito es la adecuación del método original a las condiciones locales.
Lo comparto, como siempre a través de Scribd, y debe citarse como:
SANABRIA,J.A; ARGÜELLO, G. L.; MANZUR, A. 1996. «Aplicación del método de susceptibilidad a la erosión de Van Zuidan y Cancelado en la cuenca baja del Arroyo San Agustín, Córdoba, Argentina». Actas (en CD) del XIII Congreso Latinoamericano de la Ciencia del Suelo. Aguas de Lindoia. Brasil.
06-069aguas de liondoia
El recurso suelo: diez preguntas frecuentes sobre su degradación. Parte 2.
Como ya les está advirtiendo el propio título, este post es continuación del del lunes pasado, de modo que les conviene ir a leer ése primero, si es que no lo hicieron en su momento.
6. ¿Hay cultivos particularmente dañinos para el suelo?
Esta pregunta se me ha formulado muchas veces a partir de los dichos de la Presidente que han convertido a la soja en una especie de «yuyo» (sic) casi vandálico. Y la respuesta sólo requiere un poco de lógica y sentido común, pero parece que a muchos no les anda sobrando, de modo que aquí va: todos los cultivos tienen sus propios requerimientos en cuanto a nutrientes, y si a un suelo repetidamente se le extraen ciertos elementos de manera preferente, tarde o temprano, mostrará un déficit en ellos. Y esto vale para la soja, la cebolla o el cáñamo, de la misma manera.
En condiciones naturales, la vegetación nace, se desarrolla y muere en el mismo sitio, de modo que el ciclo se cierra y los elementos extraídos del suelo por las plantas vuelven a él ya sea de forma directa o indirecta.
Sería directa si la planta simplemente muere y se descompone en el lugar, e indirecta si por ejemplo, un animal la consume y la devuelve en sus excrementos, si no en el mismo sitio, tampoco demasiado lejos.
Ahora bien, al existir la agricultura, y con ella la cosecha, los nutrientes se «exportan» y eso empobrece al suelo paulatinamente.
Pero, lo importante aquí, es que el potencial «villano» no es un vegetal en particular sino una práctica agrícola desfavorable, como es el monocultivo. Y repito, de lo que sea. Si se practica una rotación inteligente, las extracciones de elementos se van compensando y equilibrando en el tiempo. Para saber sobre ese punto en particular, recurran a un agrónomo, yo no puedo decirles más.
7. ¿Son las actividades agrícolas las principales responsables del daño sobre el recurso suelo?
No necesariamente. Aun descartando las causas naturales, hay otras causas antrópicas que reducen de manera acelerada los espacios de suelos más o menos fértiles en todo el mundo. Basta con mencionar las urbanizaciones siempre crecientes en extensión, por ejemplo. O determinadas formas de turismo, como las que tienen que ver con el automovilismo, entre otras.
O en el caso particular de nuestra provincia, donde la cacería del pichón (práctica de por sí mucho menos edificante que la producción de alimentos, e intrínsecamente inmoral) contamina con plomo los suelos y las aguas.
Y la generación de determinados espacios recreativos como grandes parques temáticos con más cemento que materiales naturales, o la construcción de diques y represas que inundan grandes zonas. En estos casos, tampoco digo que no deben hacerse, pero sí insisto en la necesidad de realizar antes una Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), y recordar que sólo a partir de ella, se pueden tomar decisiones científicamente fundamentadas.
8. ¿Hay alternativas amigables para preservar el recurso suelo?
Desde luego que las hay.
Ya mencioné en el post anterior la existencia de manejos de suelos que apuntan a su mejor sostenimiento en el tiempo, que van desde cultivos en terrazas, preservación de bosques y montes en posiciones estratégicas, construcción de canales empastados y diques reguladores para controlar en lo posible la erosión; hasta rotación de cultivos para evitar el empobrecimiento químico; o la labranza cero para no afectar las condiciones físicas del suelo.
Y por cierto, toda vez que se deba mediar en un conflicto de intereses, la EIA es fundamental, y en ella, a su vez, el relevamiento de los suelos presentes y sus condiciones es un punto de partida imprescindible.
Lo que NO es una solución es ahogar la producción, porque nos guste o no, todos tenemos la costumbre muy arraigada de comer de vez en cuando.
Antes de pasar a la siguiente pregunta, conviene recordar que el propio suelo es parte integrante de un sistema complejo, donde puede resultar también él contaminante de otros medios, o a la inversa, también actuar de filtro. Estos temas dan para nuevos posts, pero no deben ser desatendidos aquí, pues de no mencionarlos puede quedar la sensación de que el suelo es un elemento meramente pasivo en el paisaje, y decididamente no lo es.
9. ¿A qué se debe la demonización de la soja en Argentina?
Es verdad que la soja suele cosecharse en tiempos previos a la estación lluviosa, de modo que si no hay prácticas inteligentes de manejo, cuando comienzan las lluvias intensas el suelo puede estar desprotegido y falto de vegetación que atempere su erosión.
Esto da pie a muchas críticas, pero lo digo una vez más, una rotación inteligente, y un manejo racional son requisitos indispensables para este cultivo tanto como para cualquier otro, si se pretende tener un desarrollo sostenible.
Por otra parte, en nuestro país, se toman muy a menudo posturas que no resisten ningún análisis lógico, y éste parece ser uno de esos casos, en los que oponerse a una política determinada, desata persecuciones y demonizaciones sin mayor fundamento.
Resumiendo, hay buenas y malas prácticas de manejo agrícola, pero la agricultura, y con mayor razón un cultivo en particular, como la soja, no tienen en sí mismos nada de condenable.
10. ¿Existen avances científicos relevantes en esta área?
Por el momento, todavía no tengo mucha información, porque en realidad no corresponde estrictamente a mi área de especialidad pero me llegó a través del Boletín Electrónico Infouniversidades – Argentina Investiga del 2 de Abril de 2012, una noticia que me parece interesante adelantarles:
La Universidad Nacional del Litoral, a través de su Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas está investigando nuevas semillas transgénicas de maíz, trigo y soja que serán capaces de tolerar la sequía y la salinidad, e incrementar los rindes hasta un 100%.
La parte más interesante de esta información, es que aparentemente podrían utilizarse esas especies como elementos naturales capaces de recuperar suelos salinos, que en muchos lugares significan de otra manera, maniobras muy costosas para su rehabilitación.
Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente
porque esta página está registrada con IBSN 04-10-1952-01.
Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela
