Ambrose Bierce y la geología

Estas definiciones por una vez no me pertenecen, sino que son tomadas del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce:

Caaba: Piedra de gran tamaño ofrecida por el Arcángel Gabriel al patriarca Abraham, que se conserva en La Meca. Es posible que el patriarca le haya pedido al arcángel un pedazo de pan.

Diamante: s. Mineral que suele encontrarse debajo de un corset. Soluble en solicitato de oro.

Geología, s. Ciencia de la corteza terrestre, que sin duda incluirá la del interior del globo cuando un charlatán salga de un pozo. Las formaciones geológicas del planeta ya observadas son: el Primario, o inferior, que está formado por rocas, huesos de mulas empantanadas, cañerías de gas, herramientas de mineros, viejas estatuas desnarigadas, doblones y antepasados. El Secundario está constituido principalmente por gusanos colorados y topos. El Terciario comprende vías férreas, pavimentos, hierbas, víboras, botines enmohecidos, botellas de cerveza, latas de tomates, ciudadanos intoxicados, basura, anarquistas e imbéciles.

Huracán, s. Manifestación atmosférica antes muy común, pero que hoy es reemplazada generalmente por el tornado y el ciclón. El huracán goza todavía de preferencia popular en las Indias Occidentales, y algunos marinos anticuados lo prefieren. Se usa también para construir la cubierta superior de los vapores, pero en términos generales puede decirse que la utilidad del huracán ha sobrevivido al huracán mismo.

Meandro, s. Curva sinuosa. Toma su nombre de un río situado unas ciento cincuenta millas al sur de Troya, que cambia de curso para no oír a griegos y troyanos jactarse de sus hazañas.

Newtoniano, adj. Perteneciente a la filosofía del universo inventada por Newton, quien descubrió que una manzana siempre termina por caer al suelo, aunque no pudo explicar por qué. Sus sucesores y discípulos han progresado tanto que son capaces de decir cuándo.

Océano, s. Extensión acuática que ocupa dos tercios del mundo hecho para el hombre, que casualmente carece de branquias.

Prehistórico, adj. Perteneciente a un período primitivo y a un museo. Anterior al arte y práctica de perpetuar falsedades.

Publicar, v. i. En asuntos literarios, situarse en la base de un cono de críticos.

Rabdomante, s. El que con una varita adivinatoria busca metales preciosos en el bolsillo de un tonto.

El geólogo y su sombrero

imagen1sombreromiosEste post se lo vengo prometiendo a Dayana hace un montón. Bueno, no sólo éste sino muchos más, puesto que ella entiende que así como en su momento me explayé sobre la piqueta, hacerlo sobre los demás objetos que constituyen el equipo fundamental del geólogo no estaría de más.

Y voy a cumplir con esta premisa, paso a paso. Hoy veremos que un sombrero que pretenda entrar en la lista de los objetos de verdad amados por un geólogo, no puede ser cualquier cosa que le tape los sesos para que no se los cocine el sol.

Un buen sombrero tiene sus requisitos. Y van mucho más allá de la estética. De hecho, pueden a veces ir a contrapelo de ella, pero tienen su razón de ser.

¿Cómo se selecciona un buen sombrero para el campo?

Primero hay que tener en cuenta las circunstancias en las que se lo va a usar. Hoy no hablaremos de los cascos de protección contra accidentes que son norma de seguridad ineludible en las canteras a cielo abierto, ni de los que además deben portar una lámpara para tareas subterráneas, porque a ésos no les podemos dar adecuadamente el nombre de sombreros.

Hoy hablaremos de los que usamos en tareas al aire libre, pero del tipo exploratorio o de investigación.

Y en ese punto, lo primero a considerar es el clima.

¿Cómo es un buen tocado para zonas frías?

Algunas personas creen suficiente un gorrito de lana para abrigarse la cabeza, pero por experiencia les digo que aun en pleno invierno, una larga exposición solar produce quemaduras en el rostro, y eso arruinaría nuestro bello cutis a la larga.

Por eso, considero indispensable el uso de la visera hasta en el invierno más crudo. Y no me parece práctica la costumbre de ponerse la capucha del rompevientos y sobre ella una gorrita de golf, o al revés una gorra playera y encima subirse la prolongación de la campera, porque cualquiera de ambas cosas limitan mucho el movimiento.

La mejor opción es, para mi gusto, una gorra con visera, orejeras flexibles que pueden levantarse si no hace frío excesivo, y si es posible, con forro de lana o similar.

Precisamente hoy ilustro el post con un par de fotos de mi sombrerito, ése que mis colegas y alumnos ya me conocen bien, porque va conmigo a todas partes, en invierno, claro. Lo ven con las orejeras bajadas y levantadas, y tiene corderito por dentro y visera, aunque no se la vea bien.

¿Qué usar en verano?

Si se trata de una zona no excesivamente calurosa, una gorrita de las comunes, con visera anda bien, sobre todo para las áreas con vegetación más o menos enmarañada, o si en algún momento hay que atravesarlas para llegar al sitio de trabajo. Yo prefiero elegir tres requisitos más, dentro de lo posible, a saber: que sean de colores llamativos, para el caso de que haya algún accidente, porque eso facilitaría la búsqueda de mi cuerpo (pre o post mortem, 😀 ), que tenga buena ventilación, ya sea por los dos o tres agujeritos que algunas gorras traen, o porque sea de una tela tipo red, por lo menos en parte, y por fin, algo que no siempre encuentro: que tenga un bolsillito con cierre en la copa, para llevar un carnet, tarjeta o llave que conviene conservar a mano. No siempre se juntan todos los requisitos con facilidad pero hay que tener paciencia y buscar.

Si la zona es extremadamente cálida, son muy recomendables los sombreros tipo legionario que tienen una extensión para proteger la nuca del rayo directo del sol.

Y por último, lo que más me gusta a mí personalmente (aunque el que tanto amé ya pasó a mejor vida después de muchos años de uso y abuso) que es una opción para campos abiertos y climas no muy ventosos: el sombrero de paja toquila, que nosotros llamamos panamá, pese a provenir de Ecuador. Tienen la gran ventaja de ser frescos, livianos y proveer un ala ancha que genera una sombra muy deseable cuando se va a estar todo el día al aire libre, sea cual sea la hora y por consiguiente la posición del sol. Ésa es su ventaja respecto a las gorritas de visera que hay que ir dando vuelta según uno se va desplazando o se corre el sol. Además, conveimagensombreos-toqu1ngamos que son una paquetería, ¿no les parece?

 

Espero que les sirva de algo, porque vendrán más posts relativos a la indumentaria.

Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente porque esta página está registrada con IBSN 04-10-1952-01.

Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela

 

El mar, con los ojos de Galeano.

imagen1marEste texto es parte de El libro de los abrazos de Eduardo Galeano, y creo que vamos a coincidir en que es genial.

La función del arte/1

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.

Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

-¡Ayudame a mirar!

No sé si hay modo de describir mejor algo tan bello como el mar, que de verdad nos deja «mudos de hermosura».

En este mismo libro, he seleccionado muchos otros párrafos que de algún modo tienen que ver con nuestra locura geológica, y que iremos compartiendo de tanto en tanto, porque son tan fantásticos como el párrafo precedente.

Un abrazo, Graciela

«Científicos en el ring», otro libro para recomendar

cientificosenelring-213x300Hoy vuelvo a la carga con algunos comentarios sobre un libro de la colección Ciencia que ladra, de la Editorial Siglo XXI, que me parece muy valiosa por su intención de desacralizar la ciencia y sus cultores, llevándola a un público masivo que a veces le teme, por estar acostumbrado a leerla en textos de rebuscada redacción y llenos de términos abstrusos.

En esta colección, la ciencia es amigable y está arropada en un lenguaje coloquial que hace su lectura muy amena y fácil.

El título que me ocupa hoy es «Científicos en el ring» de Juan Nepote, y los demás detalles editoriales y comerciales, es decir la ficha técnica completa- pueden leerlos en el correspondiente post del blog de Dayana.

¿Cómo es la estructura del libro?

Se plantea a través de un capítulo general en donde se vierten conceptos acerca de la ciencia que se parecen bastante a mis propias apreciaciones, razón por la cual no puede menos que gustarme; y seis capítulos más, cada uno de los cuales reseña controversias históricas entre los grandes genios del desarrollo científico.

En cada uno de esos capítulos, presentados como eventos de lucha libre, se recuerdan datos biográficos de los «contendientes» y sus correspondientes teorías, por las cuales se enfrentaron de maneras más o menos elegantes, según las personalidades de los involucrados.

¿Cuánta profundidad tiene el tratamiento de los temas científicos?

Sólo la imprescindible para comprender la controversia misma, porque es en realidad un libro enfocado a la parte epistemológica si se quiere, es decir a un análisis del desarrollo del conocimiento a través del tiempo. Por eso mismo abarca disciplinas diferentes sin volverse pesado en ningún momento ni indigerible para especialistas de áreas diversas o legos, directamente.

¿Qué partes son dignas de destacar?

Para mi gusto personal, las que brillan con luz propia son las que dejan al descubierto las verdaderas y muy humanas características de los científicos, por completo alejadas de ese estereotipo de iluminado carente de emociones, errores y pasiones que parece reinar en el imaginario colectivo.

Tanto cuando se muestran en sus mezquindades como cuando aparecen sus grandezas, este paseo al que Nepote nos invita, es para mi gusto muy atrapante.

Y me gustan algunas reflexiones que surgen casi como al pasar.

Me he permitido elegir los párrafos que más me gustaron y agregarles un pequeño comentario en algunos casos. Acá va mi selección.

Después de algunos rounds donde se ve mucho encono en los enfrentamientos, aparece un Darwin sereno y generoso con su competidor Wallace, que me deslumbra:

…Pero Darwin actuó sensatamente: le comunicó todo el asunto a Charles Lyell y solicitó su apoyo para una publicación inmediata y conjunta de sus trabajos y los de Wallace en la prestigiada Linnean Society. Pocas veces se ha visto semejante acto de elegancia entre científicos.

Ya lo creo que no es muy común, y de esto tengo anécdotas para los posts de los viernes, ya lo verán.

Ya en la cuarta lucha, casi como al pasar se plantea una pregunta que es maravillosa:

…¿Un descubridor es quien primero encuentra una novedad en la naturaleza, o quien sabe darle un significado?

Aunque parezca que la respuesta es obvia, y no puede ser otra que la igualdad en importancia de ambas acciones, (ya que no se puede explicar lo que no se ha descubierto aún, ni alcanza la mera observación de algo que no se comprende) esta pregunta ha generado peleas dignas de mejor causa, y algunas están detalladas en el libro de manera muy entretenida.

Un parrafito que me pareció maravilloso es aquél que cita las palabras de Schrödinger, premio Nobel de Física de 1933, quien demuestra una humildad muy poco corriente entre los científicos, según lo cuenta Nepote:

…cuando cayó en sus manos una versión impresa de la teoría de la relatividad general de Einstein que le causó enorme impacto («su comprensión me planteó grandes dificultades a pesar de que disponía de todo el tiempo que desease para abundar en ella»)…

Por si esto no fuera suficiente para hacernos admirar a Schrödinger, Nepote encuentra todavía en una de sus cartas a Wien, otra joyita que comparte con el lector:

…La física no consiste sólo en la investigación atómica, la ciencia no se limita a la física, y la vida no se reduce a la ciencia.

Por si todos los méritos ya señalados en el libro fueran pocos, el remate es contundente y no puedo menos que presentarlo, inclusive en apoyo de cosas que ya les conté, y que muchos se niegan a aceptar:

…La ciencia, entonces es un gran edificio colectivo, aquella actividad acumulativa en la que es esencial negociar y consensuar, y en la que es válido (y muy necesario) disentir, que trabaja con verdades temporales…

…Y así avanzamos, golpe a golpe y ciencia a ciencia.

¿Cuál es la conclusión de esta reseña?

Pese a que es un texto de divulgación científica, y como tal especialmente pensado para los que se interesan en ella sin practicarla profesionalmente, a mí me parece un libro que no debería faltar tampoco en las bibliotecas de los investigadores, porque hay muchas interesantes moralejas que extraer de él.

Como habrá quedado claro, a mí me encantó.

Un abrazo, Graciela.

Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente porque esta página está registrada con IBSN 04-10-1952-01.

El volcán Puyehue, por el ilustrador Pablo Bernasconi

Esta intresante ilustración sobre el fenómeno del Volcán Puyehue pertenece al artista argentino Pablo Bernasconi y salió originalmente en el diario La Nación. Sin embargo, la imagen ha sido tomada de su blog personal.

Lo que se lee en la base de la ilustración es:

«La proporción entre la obra humana y la naturaleza es la misma que media entre el hombre y Dios.»

Leonardo Da Vinci

volcan-puyehue-la-naciocc81n

Sin duda es un hecho artístico, pero por lo que más quieran, no la tomen como un esquema científico, ya verán que las estructuras volcánicas no se parecen en nada a esto. Aviso por las dudas algún distraído la toma al pie de la letra, 😀 un abrazo. Graciela

buscar en el blog
Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Archivo