Otra anécdota de campo.

PICT0328Ésta es la narración de otro de esos momentos tontos y risueños que hacen inolvidables algunas campañas de trabajo.

Hace varios años, todos los miembros del equipo de investigación pasamos una mañana muestreando un perfil de loess. Era un día cálido, seco y ventoso, en el interior provincial.

LLegado el mediodía, decidimos hacer algo inusitado: en lugar de comer nuestros sandwiches en el lugar de trabajo, y en vista de que por la sequía el viento nos hacía masticar limo y arena; subimos al auto y fuimos hasta la estación de servicio más cercana, para comer al reparo de tanta tierra en suspensión.

Por supuesto, ya que contábamos con las instalaciones pertinentes, aprovechamos para pasar a los servicios a lavarnos un poco antes de almorzar.

Cuando yo entraba, salían del baño dos mujeres conversando, pero al verme se callaron un momento, me miraron de arriba a abajo y luego se alejaron murmurando en voz baja.

Apostando a que hablaban de mí, aunque no entendía por qué, di unos pasos y me volví a mirarlas, y ¡bingo! efectivamente, se habían dado vuelta y cuchicheaban entre sí.

Pensé entonces: «¿nunca habrán visto a una mujer con borceguíes y equipo de campaña?», y entré en los servicios.

Y al mirarme en el espejo ¡voilá!, entendí por fin su sorpresa: tenía el pelo cubierto de polvo blanquecino, la cara entre parda y gris por el mismo  loess, y tanto el jean como la camisa teñidas por la tierra en colores indescifrables.

Todavía deben estar preguntándose de dónde salía yo y que había estado haciendo, ya que parecía un personaje de dibujo animado al que acaban de revolcar por el suelo. ¡Una verdadera caricatura!!!

Un abrazo y hasta el próximo lunes, con un post científico. Graciela.

 

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