Archivo de la categoría ‘Geología y literatura’

Traducción de «Down in the Mine» de Dierk S. Bentley

El vienes pasado les dejé la letra en inglés de «Down in the Mine», de Dierks Bentley. Hoy hice para ustedes una traducción. Espero les guste.

Aquí en el Condado de Harlan, son pocas las opciones
para tener comida sobre la mesa, y  zapatos para los hijos.
Puedes cultivar marihuana lejos tras los pinos
O trabajar para el dueño, abajo en la mina.
Nunca te olvidas de tu primer día en el socavón.
Hay un agujero en tu estómago y tienes la boca llena de carbón.
No hay retorno, una vez que tomaste una decisión.
Mientras el vagón traquetea bajando a la mina,
allí abajo, tus lágrimas se vuelven barro,
y no puedes respirar por el polvo en tus pulmones.
Cargando oro crudo donde nunca brilla el sol.
Doce horas al día, cavando tu tumba,
allá abajo en la mina.
Bueno, los viejos hablan, pero tú simplemente no les crees.
Todo puede irse al demonio a los dos mil pies.
La vida se balancea en equilibrio entre la naturaleza y el tiempo,
y el destino no tiene clemencia abajo en la mina.

Sorpresa para mis lectores

Mi nuevo libro de cuentos cortos

En un post totalmente fuera de programa, los invito a ir a ver la gran noticia en mi blog personal ¿Y si hubiera una vez?, siguiendo este link.

Por lo demás nos vemos mañana al retomar el programa habitual de este blog. Saludos. Graciela.

Una nueva lectura de Eating dirt de Charlotte Gill

Otra vez les traigo la traducción de un maravillosos párrafo del extraordinario libro «Eating dirt» de Charlotte Gill. Personalmente considero a ese libro como un básico en la biblioteca de cualquier persona interesada en la ecología.

Toma al menos cuatrocientos años para que vuelva a crecer naturalmente un antiguo bosque, pero el tipo de tiempo requerido para generar suelo es geólogico y cubre milenios. Usted no puede construir un suelo forestal  en un invernadero, o fabricar el suelo superior en un criadero. La tierra es tierra, y es todo lo que seró por todo el tiempo que lleva a los bosques regenerar un suelo. El bosque en todo el mundo puede secuestrar carbón – 1.146 billones de tonelada- pero dos tercios de él no se almacenan en los árboles sino subsuperficialmente en el suelo y la turba.

Disfrutable, ¿verdad?

Los veo el próximo lunes, con un post científico. Graciela.

Un texto de Elizabeth George

Otra vez encuentro en novelas que son muy disfrutables, como las de la autora Elizabeth George, párrafos en los que la Geología y disciplinas afines adquieren protagonismo.

Ojalá disfuten estas citas, pero además se interesen en leer todo el libro, titulado «El precio del engaño» que es muy bueno de verdad.

…Encontré a Theo en la sala de estar que antes se utilizaba por las mañanas. Hacía tiempo que la había convertido en su guarida, y para ello la equipó con un televisor, una cadena estéreo, libros, muebles viejos y cómodos y un ordenador personal, mediante el cual se comunicaba con los desarraigados sociales del mundo que compartían su pasión particular: la paleontología. Agatha lo consideraba una excusa de adulto para revolcarse en el barro. Pero para Theo era una vocación a la que se entregaba con la dedicación que la mayoría de los hombres reservaban para perseguir órganos genitales femeninos. De día o de noche, tanto le daba a Theo. Cuando tenía una hora libre, partía en dirección al Nez, donde los acantilados erosionados habían vomitado dudosos tesoros desde que el mar roía la tierra.

Aquella noche no estaba sentado ante el ordenador. Tampoco estaba utilizando su lupa para estudiar un fragmento de piedra deforme («Es un diente de rinoceronte, abuela», decía con paciencia) rapiñado en los acantilados. Estaba hablando por teléfono en voz baja y apresurada, vertiendo frases a toda prisa en el oído de alguien que, al parecer, no quería escucharle…

… … … … … … … … … …

…Las ventanas estaban abiertas, pero la sala era inhabitable. Hasta las paredes parecían tener ganas de sudar a través de su papel William Morris antiguo. La confusión de revistas, periódicos, libros y, sobre todo, la confusión de piedras («No, abuela, sólo parecen piedras. En realidad, son dientes y huesos, y fíjate en esto, es un fragmento de colmillo de mamut», diría Theo) conseguía que la sala fuera aún más insoportable, como si elevaran su temperatura otros diez grados. Y, pese al esmero con que su nieto las limpiaba, impregnaban el aire de un fecundo olor a tierra muy inquietante.

Theo se alejó del teléfono en dirección a la gran mesa de roble. Estaba cubierta por una fina capa de polvo, porque no permitía que Mary Ellis aplicara un paño a su superficie y desordenara los fósiles que había agrupado en bandejas de madera individuales. ..

Espero que los haya motivado para incursionar en esta novela policial de la serie que consagró a su autora, que es una de mis favoritas.

Hoy un texto literario

El que sigue es un relato escrito y enviado por un asiduo lector del blog, que me pide que reserve su nombre. Como me ha gustado mucho, lo comparto para que lo disfruten.

La pendiente se empinaba conformando un ascenso más duro, el arroyo vibraba sonoramente impulsado por la energía que explica provisoriamente algo de la relojería del universo. Repentinamente su cascado rumor cambió, la batuta del maestro supremo había desplegado un bosque (mejor: la ley de evolución de las especies lo hizo prosperar en la cara que recibe más luz en el valle serrano); umbrosidad, frescor, el follaje del Aguaribay-Molle filtraba ruido y luz, y aunque el arroyo estaba ahí, parecía haberse angostado dado el menguado volumen de su sonido. Probó nuevamente del sencillo fenómeno retrocediendo unos pasos y volviendo a internarse en el bosquecillo; otra vez exaltado negaba a esa burbuja de bálsamo natural la causa del cambio tonal del sonido ambiente y pretendía la presencia de los duendes encantados dando bienvenida a su alma sutil. ¿Acaso no hay quienes refieren que seres superiores con tecnología inimaginable visitan regularmente cierta aldea serrana instalando centrípeta atracción a almas sensibles?

Luego llegó a un punto donde el arroyo recibía el aporte de otra vertiente. Una saliente de las rocas formaba balcón y daba refugio, miró hacia atrás el valle de un verde menguante y al final una mancha plateada, las salinas pensó, mientras el arroyo corría hacia su triple destino, vida subterránea, sal y nube.Por fin el salto del Tomillo y su nombre prestado por la hierba aromática europea y ahora adosado a nuestra Peperina serrana. Despojado de la ropa se zambulló nadando con fuerza contra la corriente de la mítica laguna hasta alcanzar la pared del chorrillo. Luego buceó dejándose arrastrar por el agua entregado a su poder disolvente.

Tendido a lo largo descansó sobre una roca de granito pulido; entrecerró los ojos aguzando la mirada en la pared del flanco erosionado, reparó primero en una ranita trepadora, delirante, asoció un común anfibio con signo premonitorio del ensueño arcano, luego lo encegueció el brillo de las vetas, ¡eran minerales preciosos! filones de ópalo, corindón y jadeíta, también del ponzoñoso cinabrio. Aceleró sus arrebatos ilusorios y febrilmente calculó costos de explotación, tasas de ganancia y retorno. Así estaba cuando vio a la mujer de tez trigueña, llevando como única vestidura un velo sujeto entre sus senos con fíbula rhea-forme, dejaba traslucir su cuerpo y lo observaba con rostro amable, él aún tendido en su desnudez, intentó cubrirse pero algo lo detuvo; emanaba de ella, especie de Astarté y deidad Inca, una calidez irresistible al abrazo envolvente. Ya erguido y a su frente extendió temblorosamente los brazos para alcanzar ese cuerpo deslumbrante.

Entonces despertó e inicio el descenso, la montaña le había deparado la magia tan buscada.

Los espero el lunes con un post científico. Ojalá hayan disfrutado este hermoso relato. Graciela.

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