Archivo de la categoría ‘Geología y literatura’

Impacto del blog

Con orgullo les presento un logro inesperado no sólo del blog, sino también de mi libro. Por supuesto, ese logro no es exclusivamente atribuible a ninguno de ambos, pero en algo habrán contribuido seguramente, y se trata de algo tan sencillo, pero tan importante como despertar inquietudes, y hasta quizás vocaciones; en este caso hacia las ciencias naturales en general, más que hacia la Geología en particular.

Pero déjenme que les cuente, o mejor aún, que me tome la libertad de copiar un fragmento de un mail que recibí hace unos días, y que explica lo que les vengo adelantando.

Estimada Graciela, su blog y libro, me abrieron una ventana al fascinante mundo de la geología y su historia. Entre otros intereses, me enfoco en el mundo vegetal. La observación de unos singulares árboles, estimo no habrá más de 20 en Argentina, me animó a escribir el articulo que le acompaño. Mientras buscaba información sobre ellos, hallé un articulo científico que me permitió, relacionarlos con una era geológica. No soy científico pero cité a mi manera a los autores del articulo.

Más adelante, en el mismo mail me cuenta que un diario barrial publicó el artículo que menciona, y que por supuesto leí atentamente.

El artículo, escrito por Manuel Míguez, me pareció lo bastante interesante y bellamente escrito como para compartirlo con ustedes, un poco como forma de agradecimiento por la alegría que me trajo el mail; y otro poco para colaborar en la difusión de un trabajo que merece leerse más allá de su barrio.

Articulo Sobre Agathis by GracielaL.Argüello

Aclaro que donde dice mi nombre, no es porque yo lo haya escrito ni quiera adueñarme del mérito, sino porque lo he subido en mi página de Scribd, y así es como esa plataforma lo identifica, pero repito, el autor es Manuel Míguez, y yo no le he cambiado ni una coma. 

Un abrazo y nos vemos el lunes con algo de mi propia cosecha. Graciela.

Más de Eating dirt. El original en Inglés se subió el viernes pasado.

No me canso de compartir pequeños fragmentos de este libro de Charlotte Gill porque es uno de los mejores textos que he encontrado sobre ecología y reforestación. Lo considero una obra magistral, por eso la difundo.

Woods Lagoon es un bolsón de agua rodeado por un viejo bosque de cedros. Los árboles se elevan hasta ser blancos mástiles muertos como bayonetas de madera. Es un ecosistema nudoso que retoña desde la roca, y una delgada capa de tierra, golpeado durante la maduración por cataratas de lluvias costeras. Los bosques aquí son como un monstruo de la naturaleza, un testamento de la tenacidad para el crecimiento del cedro, que tratará de crecer dondequiera que sus semillas encuentren humedad. Huele y se siente como un lugar no interrumpido por la historia, poblado por viejos seres de pasado. Si bajaran en picada pterodáctilos desde el follaje, difícilmente nos tomarían por sorpresa.

Una belleza, ¿verdad?

Un abrazo y nos vemos el lunes con uno de mis propios textos. Graciela.

More from the book Eating dirt. Será traducido al español el próximo viernes.

I keep sharing some paragraphs from this book by Charlotte Gill, because I consider it is probably the best one that I have ever met on the subject of ecology and reforestation. Enjoy it as much as I myself do.

Woods Lagoon is a purse of water ringed by an old cedar forest. The trees rise to dead white spars like wooden bayonets, It is a gnarled ecosystem, sprouted out of rock, and thin dirt, pounded through maturity by cataracts of coastal rains. The forests here are something of a natural freak, a testament to the acreeting tenacity of cedar, which will try to grow wherever their seeds find moisture. It smells and feels like a place uninterrumpted by history, populated by hoary beings of the past. If pterodactyls swooped down from de canopy, they’d hardly take us by surprise.

See you next Monday with some texts of my own. Graciela.

Un texto de Sábato

Entre mis lecturas, este libro me pareció interesante para compartir de a fragmentos. Hoy les traigo uno de esos textos, completo. El autor es Ernesto Sábato, del que no se requiere mucha más presentación ya que es un hito en la literatura argentina y americana. El libro es «Uno y el Universo», y el fragmento de hoy implica una mirada crítica sobre la «autoridad científica» que muchas veces resulta asfixiante.

Disfrútenlo porque no será el último que les presente de ese volumen.

Anteojo Astronómico.

Combinación de dos lentes que sirve para ver objetos lejanos y para refutar a
Aristóteles.

«El firmamento es eterno y sin origen», había decretado el sabio de Estagira.
Galileo se limitó a dar tres conferencias ante mil personas sobre la estrella
nueva aparecida en la constelación de la Serpiente. La disputa se exacerbó
cuando empezó a escrutar el cielo con su anteojo y a encontrar cosas raras.
Primero descubrió las fases de Venus, e hizo notar que ese hecho era la mejor
prueba de la hipótesis copernicana. Luego descubrió los satélites de Júpiter,
que si bien constituían otra prueba de esa hipótesis eran filosóficamente
absurdos: según los aristotélicos un cuerpo en movimiento no podía ser centro
de otro movimiento.

El matemático y astrónomo Clavius, de Roma, expresó con sobriedad su opinión
sobre el descubrimiento: «Me río de los pretendidos acompañantes de Júpiter».
Otros peripatéticos, más conciliadores, afirmaron que quizá el instrumento
mismo producía los satélites; Galileo ofreció diez mil escudos al que
fabricara un anteojo tan astuto. La mayoría de los aristotélicos, sin
embargo, se negó en redondo a mirar por el tubo, asegurando que no valía la
pena buscar semejantes objetos celestes, ya que Aristóteles no los había
mencionado en ninguno de sus volúmenes.

En una carta a Kepler decía Galileo: «Habrías reído estrepitosamente si
hubieras oído las cosas que el primer filósofo de la facultad de Pisa dijo en
mi contra, delante del Gran Duque, y cómo se esforzaba, mediante la ayuda de
la lógica y de conjuros mágicos, en discutir la existencia de las nuevas
estrellas».

Nos vemos el lunes, pasen un buen fin de semana. Graciela.

Once again Charlotte Gill. Será traducido al castellano el próximo viernes.

Once again I bring to my blog the wise words of this author, taken of course from her book «Eating dirt».

Does planting trees work? Can it fulfill its many promises? It’s a question of waiting around for a few hundred years to find out, since that is the basic difference between an ancient forest and a razed field studded with tender seedlings. Time. A primeval woodland is time incarnate. Sunlight made solid. Carbon turned to wood, molecules into cells. An old-growth tree needs centuries to build that bulk, which is why a natural forest stores more carbon than an engineered one. Trees run on cycles that span several human generations. They live in epic chronologies.

Until we learn how to fold up the centuries or to mimic photosynthesis there’s no substitute for patience. Human hands can replace the trees but not necessarily the forest. Tree planting sets the stage, perhaps hastening a revival, but still we must wait. For something happens underneath an established canopy that we can neither replicate nor control.

A great text! don’t you think so? See you next monday. Graciela

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