Archivo de julio de 2011
El embarazo es como la tectónica global
Mi hijo, Pulpo, a quien ustedes ya conocen como uno de los pilares en el backstage de este blog, forma parte de la Red Bloguera de la serie Chicken Soup for the Soul , lo cual significa que recibe de la editorial homónima todo nuevo título que sale a la luz, para su comentario, y para compartir con sus lectores.
En mi caso soy una de las afortunadas que recibe ejemplares, ya que soy ávida lectora y siempre disfruto especialmente la lectura si es en el idioma original.
El texto que quiero compartir con ustedes hoy, es del libro de esa serie titulado: New Moms, dedicado a las madres recientes, como resulta obvio, pero que tiene muchas historias disfrutables para todo el público, sobre todo porque campea en ellas el humor.
El párrafo particular que he seleccionado para el blog, y que presentaré en inglés primero, y luego con una traducción mía, implica una comparación entre el embarazo y la tectónica global que no tiene desperdicio.
A ver si les gusta tanto como a mí.
La autora de la historia elegida (porque todo el libro reúne 101 historias de distintas autoras que relatan su experiencia) es Andrea Farrier, y el párrafo de interés (página 8) es como sigue:
..The whole truth also involves, shall we say, anatomical reorganization. These are similar to the theories discussed in college geology classes- poles shifting and causing wobbles and a loss of balance, new hilly eruptions and subsequent foliage cover, bulges in the equator, and the heartbreaking, gradual sinking of northern mountain ranges. Stuff just doesn´t stay put when you’re pregnant. Your belly button thrusts forward, as if trying to escape the disruptions to its previously peaceful domain…
Y ahora, para los que no leen inglés de corrido, una ayudita con mi traducción personal:
…La verdad completa también involucra, diremos, una reorganización anatómica. Esto es similar a las teorías discutidas en las clases de geología del colegio- polos que se intercambian y causan bamboleo y pérdida de balance, nuevas erupciones montañosas y subsecuente cobertura de follaje, abultamientos en el ecuador, y el desgarrador hundimiento gradual de los sistemas montañosos del norte. Las cosas simplemente no se mantienen en su sitio cuando estás embarazada. Tu ombligo embiste hacia adelante como si tratara de escaparse de los trastornos de su dominio antes pacífico…
¿No les parece una comparación de verdad divertida? La buena noticia es que tanto en geología como en embarazo, el equilibrio se restaura y el paisaje resultante es de una total armonía. Un beso Graciela.
La referencia completa del libro original es Chicken Soup for the Soul. New Moms, editado por Canfield, Hansen y Heim, de la editorial Chicken Soup for the Soul Publishing LLC COS COB CT. 2011 ISBN:978-1-935096-63-4.
Tipos de fósiles Parte 1
En un post anterior, ya adelanté la definición de fósil, y señalé que existen varios tipos diferentes. Hoy voy a profundizar un poco más esos conceptos, porque estoy lentamente preparando la presentación de un video documental que filmó el Pulpo en su visita al rancho La Brea en Estados Unidos.
Tanto ese documental como muchísimo material informativo que en su calidad de corresponsal bloguero recopiló en el viaje, serán objetos de muchísimos posts, porque todo el tema es de verdad fantástico, y lo que él trajo no tiene desperdicio.
Pero para sacarles el máximo provecho, voy a ir introduciendo algunos conceptos previos.
Hoy profundizaremos acerca de la clasificación de los fósiles, recordando de paso que los criterios para estas sistematizaciones son variados, cosa que explicité en el post cuyo link aparece más arriba. Debido a la longitud del tema a tratar, dividiré el post en dos partes, para dos lunes sucesivos.
¿Qué criterios utilizaremos?
En primer lugar nos referiremos a una clasificación bastante generalizada, donde se tiene en cuenta exactamente qué clase de registro se encuentra, en qué estado, y cómo se produjo ese «archivo natural».
Luego veremos algunas clases de fósiles que responden al tipo de utilidad que prestan como testigos de hechos del pasado; y por último tendremos en cuenta su tamaño.
Por supuesto, existe también una clasificación que responde a la taxonomía biológica, pero eso ya es mucho más específico y escapa al objetivo de este post en particular.
¿Cómo clasificaremos a los fósiles según su origen y estado de conservación?
Para que esta primera clasificación sea más comprensible, les he preparado la figura 1, donde he intentado sistematizar un poco la información. Después de que le hayan echado un vistazo, les explicaré cada punto en forma individual.
Ahora nos meteremos con cada una de las partes de este cuadro sinóptico.
Los organismos completos son exactamente lo que su nombre indica, es decir fósiles que tienen todas las partes que constituían el ser vivo original.
Por cierto, son tanto más difíciles de encontrar cuanto más complejo era el organismo, y por lo general sólo son invertebrados de pequeño tamaño. Pero por ejemplo, insectos suelen encontrarse completos, en situaciones de preservación que serán tema de otro post.
Las partes de organismos son hallazgos mucho más frecuentes, y son casi siempre las partes duras u óseas, tales como escamas, dientes, y piezas de endo (huesos) o exoesqueletos (como caparazones o conchillas).
Las improntas son huellas o trazas dejadas por la actividad mientras el ser vivía aún, o bien son las marcas que quedan en los sedimentos con posterioridad a la muerte y enterramiento del organismo.
Entre las primeras, como vemos en el cuadro, puede haber pruebas de su actividad locomotriz, tales como las pisadas, las marcas de reptación, etc.; o bien de actividad reproductiva, como puede ser el polen, o los huevos. La actividad social puede dejar tras de sí objetos como nidos, y la digestiva, registros tan atractivos como los excrementos, a los que por no llamarlos caca fósil se ha denominado coprolitos, palabra que significa la misma cosa, pero que suena más cool.
El estudio de las improntas es tan interesante y revelador que ha generado una disciplina independiente que se denomina Paleoicnología, y de la cual también vamos a hablar más de una vez.
Las huellas que los organismos dejan en los sedimentos de manera póstuma se conocen como moldes, y pueden ser internos o externos. Para que entiendan el proceso de manera muy sencilla, les he preparado unas fotos de mis laboriosas manitos, que usaré para ejemplificar el fenómeno.
Supongamos que esas dos manos que se ven en la figura 2 son las valvas de un invertebrado marino que ha pasado a mejor vida, y que es enterrado en el sedimento, que lo comprime por fuera y lo rellena por dentro. Imaginen arena muy fina entre las manos, pero también alrededor de ellas.
Con el tiempo, la materia orgánica desaparece, pero el sedimento, mucho más estable, queda compactado reproduciendo como en un calco las formas que alguna vez estuvieron allí.
El molde será externo, si corresponde a la parte de las arenas que envolvían el organismo por fuera, y reproducirá su aspecto exterior, en el caso del ejemplo, tomará la forma del dorso de las manos (figura 3), porque habrá estado presionado contra él.
Por el contrario, si lo que se encuentra es lo que había rellenado el interior de las valvas, se tratará de un molde interno, y mostrará la forma del organismo tal como era por dentro, en el ejemplo, las palmas de las manos (figura 4)
Espero que este ejemplo tan cotidiano, les haya dejado un panorama claro. porque para más complicación, cada molde puede ser también positivo o negativo, según que aparezca como un alto o un bajorrelieve.
Como creo que este post ya está bastante largo, aquí dejo por hoy, esperando que les haya interesado lo suficiente como para volver a leer lo que nos falta, el próximo lunes.
La imagen que ilustra el post, es el esqueleto fósil de un rimoceronte lanudo del Pleistoceno, y su reconstrucción en la parte superior. Fue tomada del artículo: Las faunas frías del Pleistoceno de Jaime Casanova Sancho, publicado en Enero de 2010 en Paleontogía de Vertebrados y Humana.
Nos vemos el miércoles con información de interés relacionada con nuestra locura geológica. Un abrazo, Graciela.
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La torre y la muerte, Michael Innes
Esta vez, les presento la descripción de un aficionado a la Geología, tal como lo visualiza Michael Innes en su libro La Torre y la Muerte, publicado en 1945 en las Ediciones Séptimo Círculo.
…Él sacudió su cabeza, y un rubor lento y profundo cubrió su cara. Resultó que llevaba consigo un libro, la Geología de los Grampianos, y que había adelantado mucho en esta ciencia, aunque su estudio había sido solitario y secreto…
Tal vez se pregunten por qué tenía este personaje tanta vergüenza por su afición geológica, y no puedo menos que aclararles que no se debe a una valoración de la actividad misma, sino al hecho de que se trata de una aspiración tan lejos de sus reales posibilidades (noten que esto se publicó en 1945), ya que el personaje en cuestión es un campesino pobre, que ve en la ciencia geológica lo que se describe en el siguiente párrafo:
…Lindsay no habló en ningún momento, absorto en un texto de Geología. La Geología, descubrí, era su pasión: descendiente de gente atada, generación tras generación, al incensante laboreo del suelo, había hecho de la roca estéril e inmutable, el símbolo de su rebelión….
Con respecto a lo de roca inmutable, podríamos hablar un rato, pero no ahora, claro. Lo que sí vale la pena es aclarar qué es eso de la Geología de los Grampianos.
Los Grampianos son los picos que constituyen un macizo en las Highlands de Escocia, con las máximas altitudes de Gran Bretaña, donde se destaca el Ben Navis, de 1.343 m.
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¿Azar o finalidad?: una controversia histórica
Hoy nos vamos a meter una vez más en la Historia de la Geología, intentando sacar alguna enseñanza de ella.
Esta vez vamos a remontarnos varios siglos atrás, lo cual nos hará sonreír condescendientemente en un primer momento, pero sólo hasta que miremos las cosas desde otro ángulo, como a mí me encanta proponerles.
Los protagonistas de nuestra historia de hoy vivieron en el S.V a.C, en la antigua Grecia, y son el muy conocido Aristóteles, que dominó todo el pensamiento por siglos, y desafiar cuya autoridad era por mucho tiempo una auténtica herejía, por un lado; y por el otro un pintoresco Empédocles, el cual es considerado uno de los primeros mártires de la ciencia, ya que muere al caer en el cráter del Etna. (Sí, ya sé el chiste fácil: sólo en pédocles pudo caerse así…)
Pero vayamos a nuestra historia con moraleja y todo.
¿Qué postulaba Aristóteles?
Que los organismos se adaptan como respuesta al medio, presentando cambios que les dan mejores posibilidades de vida. Así menciona la lana más gruesa de los carneros de climas más fríos, por ejemplo.
No obstante, hubo también voces críticas que señalaban que existen igualmente, organismos con características que los desfavorecen, como la excesiva cornamenta de algunos cérvidos que muchas veces obstaculizan sus desplazamientos en zonas con determinadas formas de vegetación.
Así, pues, casi como una protesta, Empédocles elabora su propia teoría.
¿Qué enunciaba Empédocles?
Algo que suena como una extraña y algo alocada hipótesis, según la cual, la historia de la vida pasa por tres etapas, a saber:
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en la primera etapa, desde el suelo mismo surgen espontáneamente órganos y miembros aislados.
-
en la segunda etapa ellos se combinan azarosamente en todas las formas posibles.
-
en el tercer momento sólo sobreviven las combinaciones mejor organizadas, que desde entonces comienzan a reproducirse sexualmente.
¿Cuándo aparece la controversia?
Las dos visiones mencionadas definieron la separación de dos escuelas de pensamiento: la del azar y la de la finalidad.
Son cultores de esta última Anaxágoras y Aristóteles, y apoyan a la primera Demócrito y Teofrasto.
Según la escuela del azar, los cambios no responden a necesidades ni propósitos previos sino que se dan de manera casual.
Según la escuela de la finalidad, aparece primero la necesidad del cambio, y luego los organismos responden con una mutación.
¿Cómo se dirime la controversia?
De hecho, por muchos siglos, Empédocles fue estigmatizado como poco menos que un delirante, al menos en lo que hace a su visión de la conformación de los organismos, pero a la luz de la interpretación actual, se reconoce en ella el germen de un concepto moderno, y se comprende al fin que la realidad pasa más o menos por el medio, como por otra parte ocurre casi siempre.
Porque si me permiten una digresión, casi no hay forma ni de acertar ni de equivocarse de manera total, completa y absoluta. Cada afirmación loca puede rozar por algún lado alguna verdad, y cada sensata formulación tiene algún tornillito flojo si uno lo mira un poco mejor.
Si los seres humanos incorporaran esta premisa, muchos fundamentalismos y enconados enfrentamientos dejarían de tener sentido, pero no es fácil ¿verdad?
En suma ¿qué pasó con ambas concepciones?
Toda la fabulosa interpretación de Empédocles resume un hecho: el papel del azar en las mutaciones. La postura Aristotélica, en cambio, representa de alguna manera la selección natural y la supervivencia del más apto, y su mayor capacidad de reproducción.
En efecto, hoy se piensa que las mutaciones son fundamentalmente provocadas por distintos factores, generalmente fortuitos o accidentales, pero no en respuesta a una necesidad preexistente.
Pueden deberse algunas veces a cambios ambientales, como radiaciones, variaciones en las dietas, exposición a contaminantes o enfermedades, por ejemplo, todo ello durante la gestación.
Triste y célebre ejemplo lo provee el caso de la Thalidomida, un sedante que, consumido por mujeres gestantes en Estados Unidos y en la década del cincuenta, provocó numerosos nacimientos de individuos con malformaciones en los miembros, o directamente sin ellos.
Cualquiera de esos factores y otros que no se conocen, pueden causar un cambio en la información genética transmitida que, de perpetuarse, es el inicio de una mutación.
Si lo miramos detenidamente, esto apunta más o menos en la dirección de la postura partidaria del azar, o de lo que puede rescatarse de ella.
Ahora bien, debido a que algunas de esas potenciales mutaciones implican la aparición de individuos mejor adaptados a las exigencias del medio, éstos se vuelven dominantes y se reproducen más, perpetuando el cambio -que había sido primero casual- en sus descendientes, lo cual hoy llamamos supervivencia del más apto y selección natural.
Supongamos un herbívoro que no se distinguiera del resto, que da a luz un hijo con un cuello anormalmente largo. Supongamos también que hay sobrepoblación y hambruna, pero este «bicho raro» se encuentra, sin quererlo, con la ventaja de un cuello que le deja alimentarse de aquellas partes del follaje a la que los demás no llegan. Está mejor alimentado y más fuerte que el resto, de modo que se reproduce más y pasa esa mutación a más ejemplares que los demás. En el tiempo ese cambio puede llegar a acentuarse hasta generar hasta una nueva especie, que podría haber sido la jirafa, en esta supuesta situación.
Todo esto podría asimilarse en alguna medida a la antigua escuela de la finalidad, aunque en realidad nunca existe el plan previo que la palabra finalidad parece indicar. Simplemente se trataría de un cambio inesperado y no planificado, que fue funcional a un fin: la supervivencia, y el potencial reproductivo.
En resumidas cuentas, ninguno era del todo loco ni tampoco tan sapiente, porque ni la finalidad es tal en un sentido estricto, ni el azar deja de jugar un papel importante en la evolución de las especies.
¿Les gustó este tema? Si es así, prepárense para muchas otras controversias que a la larga demostraron su esterilidad, ya que cada postura tenía su pizca de razón. Interesante moraleja para la soberbia de muchos.
La imagen que ilustra este post es una pintura de Pablo Picaso, que he seleccionado porque el período cubista de ese creador siempre me trae a la mente la teoría de Empédocles. Según dicha teoría, esa pobre criatura sería uno de los especímenes no viables que tenderían a desaparecer. Y que me salten al cuello los Picasistas…
Nos vemos el miércoles. Un abrazo Graciela
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El peso de la prueba, de Michael Innes
Hoy comparto con ustedes el primer párrafo de una novela de Michael Innes, natural de Edimburgo, y por mucho tiempo profesor en la Universidad de Adelaida, Australia, quien obviamente sabía de qué hablaba cuando escribió lo que sigue, extraído de su policial El peso de la prueba.
Si bien la novela fue publicada en la década del 40 (y ya es siglo pasado) conserva -ese parrafito al menos- una sorprendente actualidad.
Rápidamente se llegó a la conclusión de que Pluckrose había sido asesinado. La simple inspección del cadáver patentizaba que sólo había otra posibilidad: la que los abogados llaman intervención divina y, ésta, de una naturaleza abiertamente en contra de todas las leyes naturales. De cuantos tenían relación con el suceso, quizá tan sólo el profesor Prisk consideró la fatalidad tan feliz como para hacer plausible esta explicación. Y sin embargo, entre Prisk y Pluckrose no existía, al menos tal era la opinión general, ningún motivo profundo de animosidad. Simplemente, habían sido obligados a compartir el uso de un teléfono. Así son las antipatías del claustro.
Por si eso fuera poco, bastante más adelante, en la misma novela, escribe:
… Mas el enigma principal lo constituía el mismo Pluckrose. ¿Era su proceder- lo que de éste había salido a la luz- susceptible de alguna explicación racional? ¿O hallábase en lo cierto el vicerrector? Una cosa a recordar sobre los profesores: Se vuelven locos.
A mí me divirtió ¿y a ustedes? Un abrazo, Graciela



