Reflexiones sobre el terremoto de Venezuela

En este caso particular, los tremendos daños registrados, la cantidad de muertos, heridos y desaparecidos ameritan una reflexión que se relaciona con la Geología, pero que no es estrictamente técnica.
Vamos a ello.
¿Ha sido éste el terremoto de mayor magnitud de los últimos años?
No, no lo ha sido. Por ejemplo, han acontecido en Chile sismos de magnitud Richter próxima a 9 en años no muy remotos, que no provocaron tantas víctimas. Les señalo que por tratarse de escalas logarítmicas, si traducimos la magnitud en términos de energía, podemos decir que esa diferencia de dos puntos Richter implica una energía aproximadamente mil veces mayor para el sismo de Chile. Y sin embargo los resultados son absolutamente diferentes, liderando las pérdidas un sismo -el de Venezuela- que liberó casi mil veces menos energía.
¿Por qué son entonces tantas las pérdidas en materia de vidas?
Hace mucho tiempo les expliqué ya cómo se estima el riesgo geológico, y un componente muy importante del cálculo es la vulnerabilidad. Y ésta precisamente es extremadamente alta en este caso, porque la situación económico-social y política, se traduce en falta de controles y mantenimiento en las estructuras; y de monitoreos para observar el estado de peligrosidad que también entra en la fórmula que les he enviado a revisar hace un momento.
¿Qué responsabilidades cabe mencionar?
Con posterioridad al evento y sus cientos de réplicas, faltó una respuesta oficial para el estado de catástrofe. Se ve claramente que no había planes de contingencia, ni medidas de evacuación. Hoy escuché que no se han habilitado ni estadios, ni escuelas ni edificios gubernamentales para refugio de los sobrevivientes.
No se ven maquinarias gubernamentales removiendo escombros, por lo cual en los medios hay pedidos desesperados de grupos que se están organizando espontáneamente, para que desde otros países envíen las excavadoras que se requieren. Mientras tanto, los escombros se apartan a mano, y eso significa perder muchas vidas, ya que no todos los decesos ocurren en el momento mismo del desastre. En todo sismo quedan atrapados sobrevivientes cuyas vidas se apagan a medida que pasan las horas, sin que llegue el rescate que el gobierno no está pudiendo garantizar.
Tampoco ha habido una respuesta orgánica para establecer listas oficiales de desaparecidos, y no parece haber respuestas en relación con la provisión no sólo de refugio, sino también de alimento, agua y medicinas para los que lo han perdido todo, y muchos de los cuales están además heridos.
Esta catástrofe podría haber generado menos muertes, si no hubiera existido tanta negligencia oficial, antes, durante y después de los eventos.
¿Qué puede esperarse?
Si siguen las réplicas, (lo cual puede ocurrir mientras los bloques de las fallas activadas en esta oportunidad no encuentren una nueva posición de equilibrio y reposo, al menos temporario) y el gobierno no actúeade manera sistemática, organizada y metódica, según los protocolos vigentes en el mundo, la situación sólo puede empeorar. Lamento tener que decirlo, pero la comunidad internacional debe involucrarse para exigir esa acción, cuanto antes.
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La imagen que ilustra el post es de el diario EL País, on line.
Un abrazo y hasta el próximo miércoles, con un post informativo. Graciela.