A 80 años del nacimiento del volcán Paricutín en México

Hoy, precisamente, se cumplen 80 años del nacimiento del volcán Paricutín, en Michoacán, México. Sobre ese acontecimiento ya he subido bastante información, de modo que hoy el abordaje para este recuerdo será desde otro lugar, pero les recomiendo ir a leer el post que les linkeo aquí mismo.

Así pues, hoy nos ocuparemos de recordar el destino posterior de toda esa región que se vio afectada por el fenómeno, y por supuesto de los habitantes que fueron en su momento desplazados.

¿Quiénes eran los habitantes originales de toda la zona?

Vivían en toda la región afectada por las erupciones, los miembros de una etnia originaria de Michoacán, de la que se tiene información desde el siglo XIV.

Se trata de los purépechas, nombre que en su propio idioma deriva de la palabra purhe, con que se designa a las personas. Purépecha significa  entonces: “donde viven los purhe” o donde viven las personas.

Su actividad  económica era en general primaria y tradicional, sobre la base de la agricultura, la caza y la pesca. Tenían su propio idioma, artesanías y cultura, si bien abandonaron la religión original para adoptar masivamente la religión católica llegada durante la colonización.

¿Cuáles fueron los pueblos que debieron ser evacuados?

Si analizamos la configuración del área afectada por las erupciones del Paricutín, podría describírsela como una figura aproximadamente elipsoidal con centro en el cono principal, extendiéndose según un radio mayor de posición casi noroeste-sudeste  por unos 20 kilómetros. El área total se estima en alrededor de 233 km², Todavía hoy pueden identificarse los piroclastos que por lo general se presentan en estructuras bien estratificadas, y con espesores que varían desde más de cien metros en las proximidades del cono, hasta no más de 25 centímetros en la zona más distal.
También la cuenca del Río Itzícuaro, resultó afectada por los eventos volcánicos, lo cual redundó en una seria afectación de su economía dominantemente agrícola. Fueron las más damnificadas las siguientes comunidades:

  • San Salvador Combutsio o Parícutin, con apenas (afortunadamente) 733 habitantes. Parícutin estaba a poco menos de dos kilómetros de distancia al norte del sitio de nacimiento del volcán. Sería un pueblo de alrededor de cuatro siglos de antigüedad.
  • San Juan Parangaricutiro o San Juan de las Colchas, que tenía 1895 habitantes y distaba 4.5 kilómetros del volcán, en dirección norte. Dataría de principios del S. XVII y era la comunidad más pujante, con un generador eléctrico y hasta un teléfono público. Sumaba a la agricultura, una cierta actividad comercial, por lo cual, se hablaba el castellano como lengua principal y sólo una tercera parte utilizaba el idioma nativo
  • Angahuan, con 1098 habitantes, distante 6.7 km del centro eruptivo y asentada en la base del antiguo volcán Tzintzongo. Su paisaje era de meseta elevada unos 100 metros sobre el Llano de Quitzocho. Era el pueblo que más tradiciones ancestrales conservaba, y se dedicaba mayormente a la recolección en el bosque y la agricultura rudimentaria.
  • Zirosto, con 1314 habitantes, ubicada a 8.7 kilómetros del volcán. Era la población con más mezcla con la cultura hispana, y sólo el  20% hablaba purépecha. Practicaban la silvicultura y agricultura, pero también intercambiaban  materia prima como carbón, que traficaban a lomo de mula.
  • Zacán, con 876 habitantes, estaba ya más alejada, a aproximadamente 9 km de distancia del lugar del evento principal. Ya por entonces mostraban sus habitantes un proyecto diferente, con  tendencia a migrar a la Ciudad de México o Estados Unidos. Sus actividades principales eran la agricultura y el comercio.

¿Cómo se produjo el éxodo?

Siendo las actividades dominantes de los pueblos afectados tan enteramente dependientes de los recursos fauno-florísticos, al resultar los bosques y los campos totalmente calcinados, o eventualmente cubiertos por los materiales volcánicos, la vida en la región resultó insostenible.

Así es que de manera espontánea, se fue generando un proceso migratorio creciente, en el que cada grupo familiar se marchaba a zonas aledañas haciendo uso de sus propios recursos y/o recurriendo a la ayuda de conocidos, amigos o parientes de poblados cercanos.

Más tarde debió obligarse a los pobladores a abandonar primero San Salvador Combutsio, en junio de 1943. Luego fue el turno de Zirosto en diciembre de 1943 y San Juan Parangaricutiro en mayo de 1944. Las otras comunidades no fueron desalojadas compulsivamente, y muchos grupos familiares permanecieron en el lugar.

¿Qué sucedió con posterioridad?

La parte de la población que había sido reubicada con ayuda estatal se encontraban al cabo de dos años en cuatro refugios: Caltzontzin, Miguel Silva, Nuevo San Juan y Nuevo Zirosto, ninguno demasiado distante. Esa cercanía permitió a las comunidades seguir de alguna manera la evolución del paisaje de su sitio de origen.

Comenzó, como es natural con una lenta regeneración de la flora, que facilitó el regreso de la fauna silvestre, y con ella el retorno progresivo de los habitantes humanos.

Por supuesto el paisaje mismo continúa hoy su progresiva transformación, y siendo el retorno de la vegetación arbustiva más rápido que el de la reinstalación del bosque, se produjo un cambio en el uso del suelo, que pasó de la silvicultura a la actividad hortícola. Se han ido también lentamente reinstalando caminos y comenzó un turismo incipiente, primero de estudiosos del vulcanismo, y después de quienes simplemente querían reconocer ese espacio con una historia tan particular.

¿Qué efectos colaterales pueden mencionarse?

Hubo, de resultas del regreso de algunas familias a sus tierras originales, algún grado de conflicto, pues debían hacer pasar las carreteras y las conducciones de agua por nuevas propiedades que antes no existían allí. Llegaron a generarse escaramuzas armadas y se perdieron vidas en ellas.

Y por último se destaca la diferente apreciación de la región, que para algunos es un caso de estudio y admiración, para otros es la historia de sus pérdidas y desarraigo. Entre las pérdidas se cuentan algunos de sus rasgos culturales, entre ellos el idioma que ya casi nadie habla, y las costumbres en el vestir, en las comidas tradicionales, etc.

Rescato una mención que es muy ilustrativa y que tomo textualmente del trabajo que me sirvió de bibliografía y que menciono más abajo. Según ese artículo dijo la Sra. Erlinda Rangel, oriunda de Parícutin:  “…qué tanto le vienen a ver al volcán si tanto daño nos ha hecho?”

Bibliografía consultada.

Corona Chávez, Pedro. 2018. Las comunidades de la región del volcán Parícutin: recuerdo, olvido y proyectos para la memoria. Ciencia Nicolaita N° 74. 135-160

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio.

 

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