A 92 años del descubrimiento de los restos fósiles del «Hombre de Pekín» Parte 1
El 3 de febrero de 1928, el paleoantropólogo Davidson Black informó sobre el hallazgo de fósiles humanos en Shaukoudian, China, a través de una publicación en la revista Nature. Al cumplirse precisamente hoy 92 años de este hecho, lo haremos el tema de nuestra conversación de la fecha.
¿Quién era Davidson Black?
Davidson Black (Toronto, 1884 – Pekín, 1934) fue un anatomista y paleontólogo canadiense, que durante las vacaciones de su juventud transportaba mercaderías en canoa para la compañía Hudson Bay. En esos viajes comenzó a interesarse por las poblaciones aborígenes y hasta aprendió su idioma.
En 1906 completó la licenciatura en medicina en la Universidad de Toronto, y posteriormente estudió anatomía comparada en Gran Bretaña, en la Universidad de Manchester.
Siendo ya profesor asistente en la universidad estadounidense de la Reserva Occidental de Cleveland en Ohio, tomó un año sabático en 1914, para trabajar en Inglaterra con el famoso neuroanatomista Grafton Elliot Smith, quien lo interesó en el campo de la evolución humana.
En 1917 fue médico de las Fuerzas Expedicionarias Canadienses que participaron en la Primera Guerra Mundial. En 1919 fue invitado por la Unión Médica Colegiada de Pekín, para impartir clases de neurología y embriología, oportunidad que aprovechó para iniciar la búsqueda de fósiles de ancestros humanos.
Tras años de estudios en China, de los que hablaremos en la siguiente pregunta, Black volvió a Europa en 1930 para presentar sus hallazgos, gracias a los cuales fue elegido miembro de la Royal Society. Sin embargo, Davidson tenía un defecto congénito en el corazón, y debió hospitalizarse durante seis semanas, luego de las cuales volvió al trabajo, sólo para morir a los 49 años de edad, en marzo de 1934, debido a un infarto que sufrió mientras estaba trabajando solo y de noche en su oficina.
¿Dónde y cómo ocurrió el hallazgo del Hombre de Pekín?
Cuando en 1926 supo que se habían encontrado dos dientes fósiles, aparentemente humanos, en Zhoukoutien, en las cercanías de Pekín, Black se involucró rápidamente, obteniendo una generosa subvención de la Fundación Rockefeller, lo que le permitió iniciar nuevas excavaciones en 1927.
Ya ante los primeros hallazgos, Davidson Black manifestó que había encontrado una nueva especie y género de homínido al que bautizó Sinanthropus Pekinensis (‘Hombre de Pekín’).
Recordemos que se denomina homínidos a todos los primates antepasados del hombre moderno, y a éste último también. Se caracterizan por la postura erguida y por la locomoción bípeda, pero de todos ellos sólo sobrevive el Homo sapiens, aunque sus ancestros se remontan hasta unos 6 millones de años atrás.
Pese al inicial escepticismo, la teoría de Black fue confirmada el 2 de diciembre de 1929, cuando se descubrió el primer cráneo casi totalmente completo.
A través de estudios posteriores, se descubrió que los restos eran muy parecidos a los del hombre de Java encontrados por Eugène Dubois, confirmándose que el Hombre de Pekín era un homínido pre-humano, y debido a que todos los cráneos carecían de la superficie inferior de la caja craneana, se supuso que era caníbal y se alimentaba de los sesos de su congéneres fallecidos.
A la muerte de Black, los trabajos en Zhoukoutien fueron continuados bajo la dirección de Franz Weidenreich, pero si bien durante los siguientes cinco años hubo muchos nuevos hallazgos, todos los fósiles del Hombre de Pekín se perdieron misteriosamente en Hawai durante la década de 1940, y ya no pudieron analizarse más los restos originales. No obstante, el «Hombre de Pekín» hoy se ha reclasificado como Homo erectus.
Hasta aquí el post de hoy, el próximo lunes responderé las dos preguntas faltantes, a saber:
¿Qué podemos decir sobre el Homo erectus?
¿Cómo se relaciona el Homo erectus con el hombre moderno (Homo sapiens sapiens)?
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post es de este sitio.
Peligro en la Pampa
Como ya les he prometido, vengo hilvanando recuerdos de sucesos que tuvieron lugar en el campo, y que significaron un riesgo en su momento. Hoy recuerdo aquella oportunidad en que fuimos amenazados de manera explícita en Pampa de Olaén.
Por ese entonces estábamos realizando investigaciones sobre el desarrollo de los suelos en pampas de altura, y buscábamos sitios con la suficiente variabilidad espacial como para analizar diversos factores.
Era nuestra primera visita al lugar, y comenzábamos apenas el primer reconocimiento cuando, estando los tres geólogos que éramos, a bastante distancia del auto, apareció un puestero montado a caballo y rodeado de una docena de perros de gran tamaño y bastante salvajes. Metían miedo, ¡y lo digo yo, que amo incondicionalmente a los perros, y trabajo por sus adopciones y rescates!
Cuando este buen hombre nos increpó, preguntando qué hacíamos en las tierras que él custodiaba- y que dicho sea de paso no tenían pirca, cercado ni señal alguna que nos indicara que estábamos violando propiedad privada- le respondimos de muy buen modo, aunque con bastante preocupación por lo amenazante de su tono y su jauría.
Por mucho que argumentamos respecto a nuestro propósito científico, y a los beneficios que él mismo recibiria de la información resultante de nuestro proyecto, nada lo tranquilizó, y nos ordenó retirarnos del lugar. Pero lo hizo agregando unas órdenes a sus perros, que se desplegaron en abanico frente a nosotros y comenzaron a gruñir con las pelambres de sus lomos erizados. ¡Mala señal!
No fue necesario mucho más para que emprendiéramos la retirada, con el semicírculo de perros siempre en posición hostil y pisándonos los talones.
Cuando llegamos junto al auto, en un refinamiento de sadismo, el puestero dio la orden de ataque, y literalmente nos zambullimos en el vehículo, cerrando las portezuelas a un centímetro de las portentosas dentaduras. Todavía para salir del lugar pasó un rato largo, porque los animales rodeaban el auto siempre en medio de gruñidos y ahora también ladridos, impidiéndonos avanzar, por no atropellar a ninguno.
Cuando el guardián de la zona se cansó de divertirse a nuestra costa, llamó a los perros, que mansos como cachorritos mimosos, se acercaron al caballo moviendo las colas como si dijeran: «Estuvimos bravos, ¿viste?», y se marcharon todos al trotecito lento, con rumbo al horizonte, mientras nuestro auto salía disparado para nunca más volver a ese lugar de las sierras. Huelga decir que el proyecto se realizó a bastante distancia de allí.
Cosas que vivimos los geólogos en el campo. Un abrazo y hasta el próximo miércoles. Graciela.
La foto que ilustra el post es de este sitio.
Un libro ideal para reconciliarse con los números
Hoy voy a compartir con ustedes información acerca de un libro apasionante, que puede devolverles el gusto por los números a aquéllos que tanto les temen.
Se trata de uno de esos regalos que me hace Pulpo, porque me conoce como nadie, y sabe qué cosas disfruto aprender.
¿Qué datos conocemos sobre el libro?
Para responder a esta pregunta, nada mejor que reproducir su ficha técnica:
Título: Matemáticos, espías y piratas informáticos.
Autor: Joan Gómez
Nº de páginas: 144
Editorial: RBA LIBROS
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788498678574
Año de edición: 2010
Plaza de edición: España
¿Qué sabemos de su autor?
Juan Gómez Urgellez, que firma simplemente como Joan Gómez, es licenciado en matemáticas y doctor en ciencias de la educación. Fue distinguido con el Premio Angeleta Ferrer i Sensat, por sus aportes a la investigación e innovación educativa. Además del que comentamos aquí, es también autor de otros numerosos libros, entre los que se pueden mencionar: «De la enseñanza al aprendizaje de las matemáticas» y «Cuando las rectas se vuelven curvas».
¿Cómo está organizado el libro?
Los temas abordados están reunidos en seis capítulos, titulados:
- ¿Cuán segura es la información?
- La criptografía, de la Antigüedad al siglo XIX
- Máquinas que codifican
- Dialogar entre ceros y unos
- Un secreto a voces: la criptografía de llave pública
- Un futuro cuántico
Cuenta además con un anexo, con ejemplos y ejercicios muy entretenidos, y una breve, pero muy específica bibliografía.
¿Qué lo hace especialmente recomendable?
Su lenguaje llano, claro y directo. Además, las explicaciones son accesibles y aborda numerosos temas colaterales, como notas de color, que lo hacen particularmente atractivo.
Hay también referencias históricas que suman interés a un tema aparentemente árido.
¿A quiénes está dirigido?
El propio autor, al comentar la bibliografía define muy bien el público que puede más especialmente sentirse atraído, diciendo: …»para quienes deseen profundizar más en el mundo de la codificación y la criptografía». Y yo les aclaro que criptografía significa lenguaje oculto, o contenido no visible.
¿Por qué se disfruta su lectura?
Porque dosifica muy bien lo estrictamente numérico, complementándolo con anécdotas, referencias históricas, curiosidades y hasta desafíos de ejercitación. ¡Vale la pena!
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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
Una canción minera.
Esta canción me fue enviada por un lector del blog, Mario Luis Butticé, a quien agradezco su gentileza.
