¿Es lo mismo alud que avalancha? Parte 2.

847682Este post es la continuación del de la semana pasada, de modo que les sugiero que antes de leerlo, vean la Parte 1, en la que se han respondido las preguntas:

¿Es lo mismo alud que avalancha?

¿De dónde surge cada término?

¿Qué es y cuándo y dónde se produce un alud?

¿Cómo es un alud?

Y ahora, las preguntas que quedaron pendientes:

¿Existe más de un tipo de alud?

Sí, por supuesto. Para contestarles simplemente NO, no les plantearía la pregunta, ¿no les parece?

Existen, como en todas las clasificaciones, diferentes criterios para generar las divisiones. Yo elijo uno que me parece bastante sencillo, y que incluye tres clases:

Alud de nieve fresca, a veces también conocido como alud superficial, ya que en general no afecta al sustrato rocoso. Simplemente se debe a que la acumulación de nieve es tal que su peso supera el que la pendiente puede sostener en equilibrio, y que según la intensidad de la pendiente varía. Pese a esa variabilidad, es común que el equilibrio se rompa cuando la acumulación de nieve ronda los 25 cm de espesor. Generalmente esto sucede después de fuertes nevadas, y puede alcanzar una velocidad de 100 a 300 km/h.

Alud de placa o de fondo, es el más frecuente, e involucra a un volumen de nieve ya compacta que puede datar de numerosas temporadas, pero alcanza su límite de equilibrio, o sufre uno de los efectos disparadores que les mencioné en el post anterior. Este tipo de alud es el que suele dejar una cicatriz de fractura bien visible.

Alud de nieve húmeda es el que ocurre a favor de una superficie de deslizamiento en la que interviene el agua, principalmente de fusión. Suele producirse estacionalmente cuando suben las temperaturas, y se deslizan con velocidades de 20 a 60 km/h.

¿Cómo es una avalancha?

Esta pregunta es mucho más difícil de responder ya que en realidad, el término avalancha es demasiado genérico, y hace referencia a prácticamente todos los fenómenos de remoción en masa, con exclusión de los nivales, a los que ya elegimos denominar aludes.

Si ustedes visitan el post en que les presenté por primera vez los fenómenos de remoción en masa, verán allí un cuadro en que están mencionadas todas las posibles avalanchas, y que les recomiendo analizar un poco.

Como son tantas las posibilidades, no puedo explicarlas todas ahora y aquí, de modo que les prometo sucesivos posts para cada una a lo largo de tiempo.

¿Cuándo y dónde se produce una avalancha?

En general todos los fenómenos de remoción en masa ocurren en pendientes inestables, aun cuando no sean de gran altura, y los motivos que los causan son semejantes a los que les expliqué para los aludes.

Vale decir que allí donde la acumulación de materiales, o la saturación con agua, o una vibración ocasional rompan el equilibrio, determinando que la resistencia  interna y cohesión de los materiales se vea superada por la fuerza ejercida por la gravedad, los materiales abandonan el reposo y se desplazan ladera abajo.

¿Existe más de un tipo de avalancha?

En el hablar corriente, suele hablarse de avalanchas de tierras por un lado, y de avalanchas de rocas por el otro.

Cuando traducimos eso al código de la ciencia geológica, en cambio, ( y vuelvo a remitirlos al cuadro que les he linkeado más arriba), llamaremos a todas, movimientos de remoción en masa, y a las de tierras, las llamaremos genéricamente “en pendientes no rocosas”, y a las de rocas, obviamente las llamaremos “remoción en masa en pendientes rocosas”.

De cada una habrá muchos casos, que conoceremos lentamente, como ya les advertí más arriba.

¿A qué se debe la confusión entre los términos alud y avalancha?

Básicamente se debe a la fuente que se haya traducido.

Si se traduce desde el francés, avalancha es un término abarcativo para ambas situaciones, pero en inglés, el término se reserva para los deslizamientos de nieve, ya que los otros se conocen como landslides, o rockslides. Y allí es donde se cruzaron los términos, ya que para nosotros, en un sentido estricto y muy preciso, el alud es el que se relaciona con la nieve.

Pero sucede demasiadas veces, lamentablemente, que se traduce de la manera más cómoda por similitud con el idioma de origen, en lugar de buscar la palabra más exacta en el idioma de destino.

O sea, avalanche (en inglés) se parece más a avalancha que a alud, y entonces, los traductores históricos tomaron el camino más corto, asimilando el término a avalancha, sin percatarse de que el fenómeno que los ingleses describen como avalanche tiene un equivalente mucho más correcto en castellano, que es precisamente alud.

¿Sería recomendable desterrar el uso intercambiable de estos términos? ¿Por qué?

Sí, al menos en mi modesta opinión.

En efecto, el término avalancha ya requiere demasiadas aclaraciones cuando sólo se refiere a materiales sólidos, sean secos o saturados de agua, puesto que abarca cosas tan dispares como deslizamientos planos y rotacionales, corrientes de barro, o desprendimientos de rocas, entre otros.

Pero si además hay que sumar todas las aclaraciones relativas a los distintos aludes posibles, la confusión se hace infinita.

Por eso, reservar alud para los fenómenos que implican nieve y avalancha para los demás, es un paso adelante para desenredar semejante madeja. ¿No les parece?

Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente.

Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post procede de un artículo en Avalancha News.

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