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Las inundaciones en Concordia y zonas aledañas.

Imagen1rio uruguay¡¡¡Realmente no me dejan vivir!!! Ya están Day y Pulpo, exigiéndome explicaciones de lo que pasa en el noreste argentino, como si yo tuviera la culpa.

Pero bueno, lo mío es un sacerdocio como ya dije otras veces, y aquí me siento a preparar algunas reflexiones, para sumar a las que ya están hace tiempo en el blog, y que pueden leer en este post del año pasado, y en todos los que en él están también linkeados.

Una vez que ustedes hayan hecho su parte, leyendo lo que les marqué arriba, que apunta a las zonas inundadas del margen oeste mesopotámico, pueden adentrarse en este nuevo aporte centrado en lo que ocurre en el lado este de la región afectada.

¿Cuál es la situación actual?

Las inundaciones están teniendo lugar en todo el Litoral argentino donde hay ya más de 25 mil personas evacuadas, 10.000 de las cuales corresponden a Concordia (sobre una población aproximada de 190.000), razón por la cual mi post de hoy se centra en el Río Uruguay, sobre cuya margen derecha se emplaza la mencionada ciudad.

Pero cabe consignar que también los ríos Paraná y Paraguay están dejando bajo el agua muchas localidades de las provincias de Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa, Entre Ríos y Santa Fe.

De resultas de esta situación ya hay dos personas fallecidas en Argentina y otras dos en Salto, Uruguay.

Se considera que la inundación de Concordia, es la más severa desde 1959.

Debido a que la Mesopotamia sufre las crecidas de los dos ríos que la flanquean por el este y el oeste, es sin duda la zona que en peor situación se encuentra.

En Entre Ríos, hay localidades como Federación rodeada por el agua y semejando una isla; Concepción del Uruguay con más de mil evacuados, y Colón con otros mil.

En Corrientes, el número de evacuados llegó a 2.000, 800 de los cuales son habitantes de Goya.

¿Cuál es la cuenca afectada?

La cuenca que está causando hoy tanta zozobra, es la segunda en cuanto a superficie en todo el mundo, con un área de 3 200 000 km² y se denomina Cuenca del Plata.

Comprende territorios de Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay y todo el Paraguay. Sus dos subcuencas principales son las de los ríos Paraná y Uruguay, que desembocan en el Río de la Plata, conectado por un amplísimo estuario con el océano Atlántico Sur.

Esas dos subcuencas reúnen a su vez gran cantidad de afluentes, subafluentes y tributarios menores, entre los que se destacan los ríos Paraguay, Pilcomayo, Bermejo, Salado, Carcarañá, Río Tercero 0 Ctalamochita, Río Cuarto o Chocancharava, Iguazú, Salado, Gualeguay, arroyo Nogoyá, y Gualeguaychú,  por mencionar sólo los más importantes.

¿Qué puede decirse del Río Uruguay?

Cuando este río fue conocido por los españoles al mando de Magallanes, fue bautizado como San Cristóbal, pero afortunadamente recuperó luego su nombre guaraní, que es mucho más musical, pero que ha generado controversias nunca resueltas a la hora de discernir su significado.

Según dónde se coloque la división de la palabra, puede relacionarse con el término  urú que quiere decir pájaro y guay, que quiere decir río; o bien con uruguá que significa caracol, e y, que representa el agua.

De tal suerte, Uruguay sería según una versión “Río de los pájaros”, y según la otra “Río de los caracoles”, aunque en este último caso hay también quienes interpretan que se referiría más bien a “Río que caracolea”, por las curvas que describe su curso.

En todo caso, el río Uruguay puede dividirse en tres sectores: superior, medio e inferior.

El curso superior comprende desde su nacimiento en la confluencia del Pelotas y el Canoas hasta la desembocadura del río Piratiní, con una extensión de 816 km y una pendiente de 43 cm/km.

El curso medio sigue desde allí hasta algo al sur de la represa de Salto Grande, recorriendo 606 km, con desnivel de 9 cm/km.

Desde allí comienza el curso inferior hasta punta Gorda, comprendiendo 348 km y con una muy escasa pendiente del orden de 3 cm/km.

Los saltos Grande y Chico resultan de la presencia de  grandes afloramientos de basalto interpuestos en el cauce.

Los más importantes entre sus abundantes afluentes son: Peixe, Chapecó y Pepirí Guazú todavía en territorio brasileño; Aguapey, Mocoretá, y Gualeguaychú en Argentina y Negro y San Salvador en Uruguay.

¿Cómo es el régimen de crecidas en la zona?

Es uno de los sistemas más complicados de crecientes, ya que abarca una cuenca con afluentes procedentes de territorios con regímenes de lluvias muy variados, como son Brasil, Uruguay y Argentina, además de estar condicionado por la actividad de regulación de la represa de Salto Grande.

Pero puede muy ampliamente generalizarse que los picos ocurren en el periodo estival, con sus máximos más habituales hacia febrero y marzo, cuando el suelo ya está saturado, tras las lluvias de todo el verano. En este caso se han adelantado bastante a los tiempos habituales, en consonancia con precipitaciones inusualmente intensas.

¿Por qué es tan extrema esta creciente actual?

Por la sinergia de factores como:

  • la perturbación conocida como El Niño, que ya les he venido comentando hace tiempo, que en nuestras latitudes se manifiesta con veranos extremadamente cálidos y lluviosos.
  • la ocupación del territorio de manera no planificada ni controlada.
  • la pérdida de superficies de infiltración por la urbanización sin control y sin lógica, que entre otras cosas (y sólo por citar un ejemplo) tiende a cubrir de cemento todas las plazas de juegos y espacios de esparcimiento, que deberían funcionar como pulmones verdes y como esponjas absorbentes de los excesos pluviales.
  • la deforestación que modifica el ciclo natural del agua. Para ser objetivos, conviene recordar que el impacto del avance agrícola es comparativamente mucho menor que la deforestación resultante del avance urbano.

¿Qué se puede decir de las acciones a tomar?

Los remito al post que les he linkeado más arriba, ya que allí las he mencionado in extenso, pero quiero añadir que aplaudo de pie la medida anunciada por el presidente Macri, quien ha afirmado que se relocalizará a los evacuados en zonas no inundables. ¡Por fin una medida inteligente que respetaría la vocación natural del territorio, como me he cansado de recomendar desde que escribo este blog!!!!

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

La imagen que ilustra el post pertenece a: «Riodelaplatabasinmap» de Kmusser – Trabajo propio, Elevation data from SRTM, drainage basin from GTOPO [1], all other features from Vector Map.. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons – https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Riodelaplatabasinmap.png#/media/File:Riodelaplatabasinmap.png

Diez preguntas frecuentes sobre inundaciones y anegamientos.

aguamansaHace algunos días, terribles inundaciones en las Sierras Chicas generaron gran inquietud en la población toda, y por entonces tomé nota de la necesidad de crear un post para dar respuesta a las muchas preguntas que la gente se hace al respecto. Aquí está ese post, a disposición de todos.

 1- ¿Se pueden evitar las inundaciones? Tanto como evitarlas, es un poco demasiado pedir, ya que en la dinámica de los cauces fluviales, los periodos de crecida son parte de un ciclo natural, que resulta básicamente de los cambios en la cantidad de agua precipitada, según se suceden los intervalos secos y los húmedos. Lo que sí se puede hacer es minimizar sus consecuencias sobre los bienes y vidas, humanas y de animales domésticos.

2- ¿Cuánta responsabilidad le cabe al hombre? Por la respuesta anterior, ya se habrán dado cuenta de que, sobre la inundación, sólo se puede atribuir responsabilidad al hombre cuando “trabaja en su  magnificación”, pero no es el generador directo del fenómeno natural. Sí tiene una ENORME responsabilidad en algunas de las consecuencias que resultan de las inundaciones.

3- ¿Pueden ocurrir lejos de los ríos? Aquí hay un problema de nomenclatura. En un post anterior expliqué las diferencias entre inundación y anegamiento. La inundación, en sentido estricto se relaciona con el desborde de cauces existentes. Cuando no hay tal desborde, sino un estancamiento de aguas precipitadas que no encuentran una salida, con lo cual suben de nivel, se trata de un anegamiento. Esta última situación puede ocurrir casi en cualquier lugar y a cualquier distancia de los cauces, si los restantes factores como falta de pendiente, impermeabilización de las superficies de infiltración (por simple sobresaturación, o por otras causas muy diversas), ascenso de las napas subterráneas, etc., etc., impiden o retrasan el drenaje del territorio afectado.

4- ¿Por qué generalmente en nuestra zona los mayores eventos ocurren en febrero? Por la sencilla razón de que la temporada de lluvias suele comenzar entre los meses de septiembre y noviembre, de modo que al llegar febrero, ya el suelo está tan sobresaturado que su capacidad de infiltración y retención de agua es casi nula, de manera que casi todo lo que precipita se suma al escurrimiento. Ya en marzo, las lluvias disminuyen, y por eso el riesgo es máximo en febrero.

5- ¿El cultivo de soja y la minería tienen algo que ver? En general ambas actividades han sido seleccionadas como chivos expiatorios de cuanto desastre natural ocurre en el mundo, sin demasiado fundamento. Hay situaciones en que el avance del desmonte tiene que ver con alguna de ambas actividades, y en otros casos, no guarda relación alguna con ellas, y responde más bien a urbanizaciones, loteos, e incendios, muchos de los cuales son intencionales. Debo decir que ni la soja ni la minería son por sí mismas causantes de deterioro intenso, pero ambas pueden serlo (como todas las restantes actividades humanas) cuando no se cumple con ciertas regulaciones, o se interviene a tontas y a locas. Importante es señalar que como ambas actividades son altamente rentables, pero también costosas e implican  inversiones de riesgo, normalmente se ejercen con bastante cautela. Casi ningún productor sojero (cuando es dueño de la tierra que cultiva, y depende de ella para su sustento) se pondrá a sí mismo en jaque; muy por el contrario es el primer interesado en aplicar estrategias conservacionistas, como la rotación de cultivos, la construcción de embalses de contención, canales empastados, y uso racional tanto de la labranza como de los agroquímicos. Por cierto, lo que se requiere es que haya políticas de fomento a esos manejos inteligentes de la producción. Lo mismo cabe para las explotaciones mineras.

6- ¿Qué estrategias se pueden recomendar para evitar los efectos catastróficos de las tormentas intensas? Un cambio en la política, que priorice una planificación territorial con base científica, que tome en cuenta la evaluación del riesgo por un lado, y la de impacto ambiental por el otro. Un monitoreo permanente de todas las obras e intervenciones sobre el paisaje (ya sea a través de loteos, urbanizaciones, construcción de puentes, canales, caminos, o lo que fuere), puesto que una vez instalada cualquier obra, el paisaje sigue siendo dinámico y evoluciona de manera continuada.

7- ¿Qué papel le cabe a los incendios? Sobre ello ya he realizado un post en el que alertaba, muchos meses antes de que tuvieran lugar las inundaciones de 2014 y 2015, que cabía esperar esos acontecimientos. Les recomiendo ir a leerlo, siguiendo el link que les puse más arriba.

8- ¿Por qué los cauces abandonados son retomados por los ríos? Por lo extenso y complejo del tema, será tratado detalladamente en un post más específico sobre él. Pero baste para este momento saber que tiene que ver, en las zonas de escasa pendiente, con la dinámica natural de los meandros, que tarde o temprano se rectifican en unos casos y reactivan en otros. En áreas con más pendiente, se refuncionalizan cauces antiguos, por precipitaciones excepcionales que sencillamente superan los límites habituales del canal, para ocupar todos los espacios de la llanura de inundación construida en muchos años de dinámicas cambiantes.

9- ¿Se puede optimizar el sistema de alertas meteorológicas tempranas? Si bien no soy experta en meteorología, puedo señalar que las imágenes satelitales por sí solas son insuficientes para prever la intensidad de las precipitaciones que se avecinan. Solamente el uso de modelos puede aproximarse a esas estimaciones, siempre que los datos que se ingresan en ellos sean confiables, completos y actualizados. Allí, hay un punto débil, ya que los registros no cumplen con todas esas estipulaciones en zonas alejadas de las principales cuencas hídricas. Por otra parte, los modelos deben estar calibrados para cada zona en particular. La importación sin modificación alguna, de modelos generados en otros sitios, con dinámicas diferentes, o regímenes pluviométricos distintos, es casi una pérdida de tiempo.

10- ¿Qué pasa con las alertas por inundaciones? En teoría existe un sistema de alertas para las cuencas principales en nuestra provincia. El problema es en cuencas menores o en cursos esporádicos, donde no hay un seguimiento tan estrecho como sería de desear, al menos en las estaciones lluviosas, y en los sitios de mayor vulnerabilidad.

Una preguntita como yapa:

¿Por qué en esta ocasión ha habido inundaciones en lugares tan alejados entre sí como las Sierras Chicas y localidades aledañas a la Mar Chiquita, entre otras?

Hay dos razones fundamentales: por un lado, la obvia es que las lluvias en esta oportunidad han sido muy generalizadas, afectando a toda la parte este de la provincia.

La porción oeste ha resultado más aliviada porque las Sierras actúan como una barrera, dejando la parte occidental en lo que se conoce como “pluvisombra”, es decir que la humedad procedente del Atlántico se descarga principalmente en la vertiente oriental.

La otra razón, que muchos parecen ignorar, es que algunas de las principales cuencas hídricas de la provincia, son endorreicas, o arreicas, vale decir que se descargan en un espejo interior, o se insumen en el propio territorio, respectivamente.

Así es que gran parte de los cursos de arroyos y ríos que nacen en las Sierras Pampeanas, son afluentes de dos de los mayores ríos, el Suquía (o Primero) y el Xanaes (o Segundo), que desaguan finalmente en la Mar Chiquita.

En otras palabras, un tratamiento coherente del problema no se agota en cada localidad inundada, sino que debe resolverse con intervenciones y manejos que incluyan toda la cuenca.

¿Qué más se puede agregar?

En primer lugar, que la población tiene también responsabilidades que asumir, ya que muchos de sus acciones imprudentes se suman a la peligrosa ecuación natural. Tirar basura y escombros en zanjas, cárcavas y paleocauces que a veces alivian la sobrecarga hídrica, es una práctica común que debe erradicarse.

Otro tanto vale para las alcantarillas y desagües urbanos que muchas veces dejan de ser funcionales por la acumulación de residuos en ellos.

Las descargas desaprensivas de piletas de natación a través de los sistemas de drenaje de las calles, suman al caudal que es vital conducir fuera de las zonas anegables.

No menos importante es recordar que corresponde a las autoridades específicas realizar los estudios del caso para monitorear el estado de las capas freáticas, que muchas veces ascienden, por su excesiva recarga, afectando zonas muy alejadas de las que sufrieron las precipitaciones intensas, y amenazando los cimientos de las construcciones, además de anegar las edificaciones mismas.

Por último, como no puedo ignorar otra de mis pasiones- el amor a los animales- les recuerdo que en zonas susceptibles de sufrir inundaciones o anegamientos, los perros y otros animales domésticos NUNCA deben quedar atados o enjaulados si los dueños se ausentan de la casa (para mi gusto nunca deberían estar atados, en realidad) porque eso los condenaría a una muerte segura si el nivel del agua supera el escaso grado de libertad que la cadena o la jaula les permite.

Ante la emisión de la alerta correspondiente, niños, ancianos, enfermos y mascotas deben ser trasladados a lugares seguros de inmediato, más allá de la decisión de los adultos sanos, que a veces prefieren quedarse a resguardar sus bienes, aunque eso signifique la posibilidad de perder algo mucho más valioso, como la propia vida.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de Radio Jesús María y Más Radio y corresponde al barrio Quintas de Santa Elena en Jesús María.

El desastre de las Sierras Chicas de Córdoba. Explicación geológica.

Hoy debo interrumpir la secuencia de posts programados, porque otra vez irrumpe la naturaleza con toda su fuerza para cambiar nuestros planes.

Vemos con tristeza que muchos de nuestros hermanos cordobeses se han visto afectados por un fenómeno meteorológico de gran magnitud, que además se ha cobrado al menos 5 vidas humanas.

¿Qué es lo que ha sucedido, cuándo y dónde?

Ayer domingo, se registraron precipitaciones intensas desde las primeras horas de la madrugada en la provincia de Córdoba, que provocaron desbordes de ríos, inundaciones, y localmente alguna corriente de lodo, principalmente en la zona de Sierras Chicas y Punilla.

La capital  se vio también afectada, resultando de ello cortes de luz, cientos de vecinos evacuados y cierre al tránsito en las vías rápidas de la costanera.

La peor de las consecuencias fue la muerte de al menos 5 personas, la desaparición de otras tantas, y el desplazamiento de casi mil personas cuyas viviendas están en riesgo estructural o se encuentran bajo el agua.

Además de Punilla y Sierras Chicas, también se vio afectada la localidad de Jesús María, donde se encuentran cerrados los puentes de la zona urbana y la ruta provincial E-66, que la une con Ascochinga.

Villa Allende y Mendiolaza, que ya se consideran parte del Gran Córdoba, también resultaron inundadas, pero la peor parte, probablemente, le tocó a Río Ceballos.

El temporal se hizo sentir, en suma, a lo largo de unos 70 km en el sentido norte sur y aproximadamente 30 transversalmente, lo cual redondea unos 2.100 km2, o 210.000 ha.
Córdoba no registraba un hecho tan impactante desde la tragedia de San Carlos Minas.

¿Qué explicaciones caben?

En tan amplia variedad de situaciones particulares (área urbana, zona de piedemonte, valles y localidades serranas) no cabe una explicación única, salvo  la mención del propio disparador que fue la precipitación misma.

Por ese motivo, y para que quepan en este post la mayor cantidad de variables posibles, me voy a limitar a mencionar los factores generales en juego. En cada situación específica, esos factores se habrán combinado de maneras diferentes, interviniendo a veces unos u otros, y con distinto grado de importancia en cada caso.

Por eso es importante que recuerden lo que ya les he explicado en otro post, relativo a la ley de la convergencia de causas.

Hecha esta salvedad, veamos las causas que confluyen, de diversas maneras en esta situación general:

  • La precipitación intensa, que alcanzó, en algunos puntos a sumar 300 mm en 15 horas. Esto es parte de un ciclo natural, que se relaciona con el fenómeno de “El Niño”, que ya les he explicado en otro momento. Les recomiendo seguir los links para entender todo mejor.
  • Las pendientes topográficas, que son elevadas en algunos de los lugares afectados, y que favorecieron el escurrimiento por sobre los otros destinos posibles (infiltración y evapotranspiración) para el agua precipitada. En algunos sitios, los volúmenes que se desplazaban ladera abajo, aumentaron el caudal de los ríos, ya fuera de cauce.
  • El emplazamiento de algunas construcciones en zonas de alto riesgo, y que deberían dejarse libradas a la dinámica natural de la cuenca. Ése fue el caso de la Plaza de Río Ceballos que ocupaba un paleocauce, y que fue arrasada.
  • Las consecuencias de los incendios forestales de los últimos años, tema que traté en septiembre de 2013.
  • Falta de alerta meteorológica. Si bien se pronosticaban lluvias, no hubo ningún  indicio relativo a la intensidad que podían llegar a alcanzar. Sólo dentro de unos pocos días se inaugurará el radar meteorológico Doppler que puede ser de gran utilidad en situaciones como ésta. Lamentablemente, el fenómeno se produjo antes que la inauguración del sistema.
  • Momento en que ocurrió el fenómeno, en medio de un fin de semana largo, que encontró las zonas serranas llenas de turistas, lo que complicó la evacuación, y ahora complica su asistencia, y el retorno a sus hogares, por las rutas cortadas.
  • La notable insuficiencia de mantenimiento en los diques. Cualquiera debería saber que los diques, lagos y lagunas son formas geológicamente efímeras, porque, salvo que se reactiven tectónicamente, o se los someta a dragados periódicos, tienden a colmatarse por la sedimentación en el fondo. Esto significa que se requiere menores volúmenes de agua para desbordarse, o para requerir la apertura de válvulas que generan las crecientes en los ríos aguas abajo.

¿Qué puede esperarse ahora?

No quiero ser alarmista, pero pueden esperarse deslizamientos, derrumbes y desplomes en zonas de topografía abrupta, por la sobrecarga que en los materiales provoca la sobresaturación.

Por otra parte, es importante el control de los pilotes de los puentes que pueden ser socavados por el ímpetu de la correntada.

Desde aquí hago mi modesto llamado a los funcionarios responsables de la seguridad.

Una recomendación extra, sería evitar el tránsito en las zonas en que las rutas están o estuvieron inundadas, hasta tanto se constate cuál es el estado de las mismas, que pueden haber padecido sofusión, y podrían hundirse repentinamente.

A los responsables y trabajadores de medios de comunicación los invito a visitar el post que escribí sobre Geología para periodistas y comunicadores.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.
P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de Imágenes Google, que me direccionó a este sitio.

El impacto de las precipitaciones intensas, inundaciones y anegamientos en las grandes ciudades

inundaciones Luján 01-11-12 (35)Los recientes acontecimientos en las ciudades de La Plata y Buenos Aires, deben movernos a profunda reflexión, y sobre todo, a buscar las explicaciones de por qué un fenómeno natural e inevitable se convierte en catástrofe.

Ya en otra oportunidad nos convocó la tragedia de San Carlos Minas, que verán en seguida sin embargo, que difiere en mucho de lo que hoy está sucediendo.

Empecemos por el principio, entonces:

¿Qué son las precipitaciones intensas?

Uno tiende a pensarlas como “lluvias fuertes” y punto. Sin embargo, la ciencia las define con parámetros que se calculan para cada región, según las condiciones tanto hidrometeorológicas como fisiográficas. Definir entonces la lluvia intensa para un lugar dado, significa realizar muchísimos análisis estadísticos, ya que se requiere primero establecer el tiempo mínimo sin lluvia necesario para separar un evento de otro y considerarlo como una precipitación independiente; una altura de lámina que justifique su análisis, y por fín una cantidad precipitada por unidad de tiempo, como para que se considere intensa.

A partir de allí, se puede establecer el tiempo de recurrencia, es decir, cada cuánto tiempo puede repetirse un fenómeno dado, con intensidad comparable. Y si se planifica a conciencia, esos datos deben considerarse al programar cualquier intervención en el medio.

De estos temas, ya les adelanté algo en dos posts: uno de definición de riesgos, y otro de evaluación de impacto ambiental, que les recomiendo leer también.

¿Es lo mismo inundación que anegamiento?

En el lenguaje corriente sí, pero para la Geomorfología son dos fenómenos de origen diferente, aunque puedan resultar ambos a partir de precipitaciones intensas.

Las inundaciones se relacionan con desbordes de cursos preexistentes, y en general afectan a las zonas ribereñas, o a canales, sean ellos naturales o artificiales, permanentes o temporarios, actuales o abandonados. El ejemplo que les he linkeado más arriba, de la catástrofe de San Carlos Minas, es una inundación en sentido estricto.

Tienen las inundaciones muchas aristas que analizaremos en otros posts, porque son de alto impacto y muy interesantes, pero dada la complejidad del sistema, no podemos tratar todo junto ahora.

Los anegamientos, en cambio, son el resultado de la retención de agua en un terreno desde el cual no encuentra salida por diversos problemas que impiden su drenaje. El agua que produce el anegamiento, en situaciones normales, es de origen pluvial y ocurre durante e inmediatamente después de las precipitaciones intensas.

Si ustedes recuerdan aquellos posts en que hablamos del ciclo del agua, podrán fácilmente deducir que toda aquella parte del volumen total de agua precipitada que no se infiltra o evapora, no tiene otra alternativa que escurrir.

Pero cuando algo detiene, impide, retrasa o dificulta el escurrimiento, la lámina de agua crece y puede llegar a alcanzar los niveles del evento que hoy presenciamos en Buenos Aires y La Plata. Eso es un anegamiento en sentido estricto.

Por supuesto, muchísimas veces, ambos procesos confluyen en el mismo escenario, y anegamientos e inundaciones se combinan y potencian entre sí

Hoy nuestro foco son, pues, los anegamientos, porque en los acontecimientos recientes tienen papel preponderante, aunque no exclusivo.

¿En los anegamientos puede tener incidencia la intervención humana sobre el medio?

Sí, por supuesto.

Mientras que para evitar las inundaciones, bastaría con sólo respetar las zonas que no deben urbanizarse porque “pertenecen” a los cauces; la situación para los anegamientos es otra, porque son muchas las acciones humanas que agudizan el problema.

Supongamos por un momento que la urbanización no está emplazada en zonas de riesgo, aun así, su crecimiento incontrolado y sin planificación conduce casi inevitablemente a los anegamientos de las partes más vulnerables.

¿Cuáles son los resultados de la urbanización en general?

Aclaremos que hoy sólo quiero contarles los impactos sobre el escurrimiento del agua, porque son ellos los que inciden en anegamientos e inundaciones, pero además de estos efectos, las urbanizaciones tienen millones más, de los que iremos hablando a lo largo de muchos otros encuentros.

Pero, vean qué importantes son las principales alteraciones que en el escurrimiento introducen las construcciones urbanas:

  • Aumentan la impermeabilización, con lo cual la infiltración se ve impedida, y hay un mayor caudal de agua que permanece en la superficie. En esto deberían pensar los vecinos cuando se pasan la vida pidiendo asfalto.  Y es terrible la falta de criterio de los funcionarios que transforman las plazas en moles de cemento, en lugar de dejar superficies verdes para la infiltración y la evapotranspiración.
  • Obstaculizan las vías naturales de escurrimiento. Esto pasa cuando se levanta una construcción en el medio de una parte baja del terreno, que hasta ese momento actuaba como drenaje natural de las partes más altas. A veces se trata de la nivelación de un terreno para edificar en él, o de una ornamentación como una fuente, un monumento o lo que sea, para “embellecer” un predio no utilizado con otros fines.
  • Aceleran los escurrimientos al generar canales artificiales, que al carecer de rugosidad y vegetación drenan a mucha velocidad las aguas en las zonas altas, pero no dan tiempo de recuperación a las partes bajas que resultan anegadas.
  • Concentran la salida de las aguas a través de drenajes que eligen unas pocas vías prediseñadas, en lugar de permitir la distribución de las aguas por múltiples canales aliviadores. Esto puede sumar a los anegamientos, fenómenos de inundación en las zonas recorridas por los canales que sufren desbordes en los casos de precipitaciones intensas.

¿Esto necesariamente conducirá a catástrofes?

Bueno, si no pone el asado en la mesa, por lo menos le preparó el mantel y los cubiertos, ¿no les parece?

En otras palabras, en esas situaciones, las condiciones están dadas, y si se produce una lluvia intensa, un resultado como el que vemos,  no debería asombrar a nadie.

¿Qué medidas preventivas se aconsejan?

Para algunas ya llegamos tarde, porque en realidad las megalópolis mismas están demostrando su inviabilidad.

Numerosos eventos naturales se han convertido en catástrofes, simplemente por la dimensión de la urbanización afectada, donde no solamente los daños se magnifican, sino que se dificultan las medidas de remediación, y se disparan problemas sociales que van desde los saqueos hasta la definitiva marginación de los damnificados, que por su enorme número resultan difícilmente reubicados en zonas de menor riesgo, o no encuentran reinserción social cuando su fuente de ingreso es afectada.

La calidad de vida -en materia de seguridad, disponibilidad de tiempo real para actividades productivas o aun recreativas, que queda muy disminuido por las grandes distancias a recorrer cotidianamente, etc. -, es también mucho menor en las grandes urbes que en las comunidades de magnitudes más compatibles con la dimensión humana.

Pero esto es casi una utopía mientras no se ponga patas arriba la concepción misma del problema.

Todo el tiempo estamos trayendo a la gente donde está el progreso, en lugar de llevar el progreso a donde está la gente. Y así vemos cómo las pequeñas poblaciones se ven abandonadas por los habitantes que terminan apiñándose en gigantescas aglomeraciones con todo el riesgo que eso conlleva.

Definitivamente se trata de decisiones polìticas que los funcionarios no están dispuestos a tomar, porque por otra parte no se acostumbran a las grandes claves que podrían minimizar los problemas:

  • Planificación y ordenamiento territorial con base científica.
  • Evaluación de impacto ambiental antes de empreder cada modificación del ambiente.
  • Consulta a los que saben sobre cada tema en particular.
  • Abandono de la demagogia.

¿Hay medidas de mitigación del daño?

Sí, por supuesto, pero significan enormes inversiones, porque una vez que las decisiones equivocadas en materia de crecimiento urbano ya se tomaron, todas las medidas incluyen obras ingenieriles de mucho costo y difícil mantenimiento.
Eso sin tener en cuenta que, además, muchas de ellas resultan impracticables porque tendrían un altísimo costo social sobreagregado, en un  momento en que ya se corre por detrás del problema, en vez de prevenirlo.

Por otra parte, existe la tentación, a la que muchas veces los funcionarios sucumben, de drenar las aguas de un sitio, para terminar anegando otro. Sólo un manejo integral de todo el espacio involucrado, con base científica, y honestidad política (lo que significará a veces tomar medidas antipáticas para la población) puede disminuir los daños a futuro.

¿Pueden repetirse estos eventos?

Lamentablemente sí, porque las condiciones estructurales que he mencionado más arriba son semejantes en casi todos los grandes conglomerados urbanos. Si las lluvias son lo suficietemente intensas, las consecuencias son predecibles.

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La fotografía que ilustra el post la he tomado de este sitio en la red.

Un abrazo y hasta mañana con un post más alegre. Graciela

Tragedia de San Carlos Minas, ¿qué pasó el 6 de enero de 1992 y por qué?

Cada 6 de enero se cumple un nuevo aniversario de una tragedia que podría no haber ocurrido si se hubieran tenido en cuenta las condiciones geológicas y geomorfológicas del terreno antes de planificar su uso.

Conviene aclarar que la inundación en sí misma era, como casi todos los eventos geológicos, absolutamente inevitable, pero podría no haber tenido las consecuencias trágicas que ya conocemos, si se hubiera respetado la “vocación natural” del territorio, en lugar de intervenir inadecuadamente en él.
Es decir, que una vez más quedó demostrado que el concepto de catástrofe es antropocéntrico por excelencia como ya señalé.

¿Dónde se encuentra la población de San Carlos Minas?

En la Provincia Geológica Sierras Pampeanas de Córdoba y San Luis, geográficamente en la Provincia de Córdoba, Argentina, con coordenadas 31° 11′ latitud Sur y 65° 16′ longitud oeste, a 740 metros sobre el nivel del mar.

Su ubicación es sobre la pendiente occidental de las Cumbres de Gaspar, que son parte a su vez del Cordón Central de las Sierras Pampeanas de Córdoba.

¿Qué ocurrió el 6 de enero de 1992 en San Carlos Minas?

Nada menos que lo que hoy se recuerda como la peor catástrofe acontecida por causas naturales y en tiempos históricos, en la Provincia de Córdoba.

Según lo que comunicó en su momento la prensa, el Arroyo Noguinet, que por largas temporadas luce casi escuálido, creció a expensas de una fuerte tormenta hasta generar un frente de crecida de 300 metros de extensión lateral y ocho metros de altura, que se encajonó en el viejo puente, en buena medida ya obstaculizado por troncos y escombros arrastrados por la corriente.

De resultas de ello, parte del agua endicada aguas arriba se precipitó por lo que había sido su viejo cauce, justamente donde se había urbanizado intensivamente en las décadas anteriores.

El propio puente cedió también y el agua arrasó con aproximadamente 100 casas, muchas de las cuales fueron arrancadas con sus cimientos completos.

Otras 72 viviendas resultaron dañadas, y el barro se aposentó con espesores de hasta un metro en el propio centro del pueblo, que contaba con alrededor de mil habitantes entre permanentes y estacionales.

Todo el evento duró menos de dos horas, en las cuales algunos cuerpos fueron arrastrados hasta el dique Pichanas y otros no aparecieron jamás. Se calculó que se habían perdido unas 40 vidas humanas.

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¿Qué características meteorológicas tuvo el evento que produjo la inundación de San Carlos Minas?

Se trató de una tormenta convectiva, característica del verano, ya que es producto del rápido ascenso de aire sobrecalentado hasta alturas en que la condensación de la humedad produce nubes de desarrollo vertical, las cuales a su vez generan precipitaciones intensas. (Ésta es una descripción muy breve de un tema que amerita futuros posts).

El área de influencia de la tormenta en ese momento fue de unos 400 km2, comprendiendo varias cuencas, entre las cuales estaba la del Arroyo Noguinet.

La Dirección Provincial de Hidráulica de Córdoba informó la caída de 240 mm de agua a lo largo de seis horas en la cuenca alta (Cumbres de Gaspar); 140 mm en siete horas en la cuenca media y 204 mm en seis horas en la parte baja.

Como es natural, las precipitaciones fueron variando su intensidad, pero tuvieron su pico en un lapso de tres horas aproximadamente.

El caudal estimado para el escurrimiento producido fue de 1900 m3 por segundo.

Estudios posteriores determinaron un tiempo de recurrencia de cinco mil años para eventos de esta magnitud.

Esto quiere decir que ocurre uno de ellos, en promedio, cada 5.000 años. Pero como todo cálculo estadístico puede resultar peligrosamente engañoso si no se comprende que el mismo resultado puede obtenerse con dos tormentas separadas por cinco mil años entre sí, pero también por dos tormentas semejantes en la misma semana, o lustro o década, seguidas de casi 10.000 años sin que se repitan.

¿Cómo puede describirse la inundación desde el punto de vista geomorfológico?

El detalle de los acontecimientos que arriba se describen de manera casi anecdótica, tiene un correlato geomorfológico que es el siguiente:

Luego de haber llovido copiosamente en toda la cuenca desde la madrugada, y cuando el caudal de agua que se desplazaba por ella superó el umbral de 1.000 m3 por segundo, alrededor de las 9 de la mañana el agua comenzó a ingresar al valle donde está emplazada la población, utilizando un paleocauce (cauce antiguo que hasta ese momento no era funcional y que fue reactivado en el evento) que está al este del pueblo, y que puede verse en la fotografía aérea de 1994, señalado con las trazas en rojo que marcan la dinámica de la creciente.

El paleocauce es el que aparece más a la derecha del lector y que se ve como un curso serpenteante, mientras que las otras flechas más rectas marcan desbordes desde él y desde el Arroyo, todos los cuales afectaron al poblado arrasándolo desde distintos frentes siempre de este a oeste. Aclaremos que el norte está hacia la parte superior de la foto aérea.

Este primer ataque cubrió la zona urbanizada con un espesor de aproximadamente un metro y medio de agua.

A continuación, el meandro (curva acentuada del río) que se ve al sur del pueblo se rompió con el avance de la creciente, abandonando así las aguas su curso habitual, para dirigirse hacia la parte de urbanización más reciente, un barrio de planes de vivienda, que fue el más afectado y donde más vidas y bienes se perdieron en todo el evento.

A la salida del meandro se localizaba el puente carretero que se mencionó más arriba y que se observa claramente en la fotografía aérea de 1970, el cual primero actuó como barrera que forzaba el agua hacia el pueblo, y luego, al ceder, liberó una corriente de agua, lodo, escombros, etc., sobre la ya devastada población.

En las Figuras que siguen, puede observarse la reconstrucción del evento.

San Carlos Minas

¿Qué factores condicionaron la magnitud del evento?

Hubo factores de diversa índole que generaron las condiciones para la producción de la inundación misma, y a ellos se sumó la intervención antrópica (humana) para que esa inundación fuera en definitiva catastrófica.

  • Factores meteorológicos fueron las características propias de la tormenta, tales como su intensidad, duración y distribución temporal.
  • Factor geológico dominante fue la constitución litológica, que corresponde en un 70% a rocas metamórficas de muy baja permeabilidad.
  • Factor geomorfólógico de alta incidencia es el relieve abrupto que se encuentra al este de la zona afectada, y que concentra los escurrimientos precisamente hacia el valle que ella ocupa.

  • Factor antrópico que además resultó determinante es el emplazamiento de la urbanización.

¿La tragedia pudo haberse evitado?

Sí, si se hubiese ocupado el terreno de una manera coherente con una planificación en que se hubiera tenido en cuenta el riesgo geológico.

Vuelvo a repetir lo ya dicho: el fenómeno de la creciente no podría haberse evitado, pero sí sus consecuencias.

Por ejemplo, la mala ubicación del puente, a la salida del meandro, y su diseño en el que no se atendió a la cantidad de agua que se debería evacuar en un evento extraordinario como el de 1992, son elementos que definieron el desarrollo de la tragedia, según ya se ha mencionado.

Por otra parte, los invito a observar la foto de 1970 y compararla con la de 1994:  en la última está resaltado en rojo el paleocauce que se reactivó en el evento, pero en la de 1970 es también visible, sobre todo para un ojo entrenado.

Por mínima que hubiera sido la participación de los técnicos (geólogos por ejemplo) en la planificación urbana, ese rasgo habría sido una señal de alarma al rojo vivo.

En efecto, la urbanización se encuentra claramente  encerrada entre un canal que actúa como lecho episódico (de esto habrá posts en el futuro, pero se trata de un cauce que se activa  solamente en crecidas extraordinarias) en el límite este del valle y el canal actual activo, sobre el límite oeste.

La mera presencia de señales de antiguas inundaciones (el paleocauce y los niveles de terrazas) indica que esa zona debe ser liberada al río porque éste lo reclamará en algún momento.

Instalar allí un barrio es suicida, o como muchas voces dijeron en su momento, una prueba de avaricia, corrupción o tal vez ambas cosas, en las personas responsables de aprobar los planes de vivienda y llevarlos a cabo.

Ojalá esta dramática experiencia sea tenida en cuenta por los planificadores urbanos.

Espero que no les haya aburrido un post tan extenso. Un abrazo Graciela.

PD: A los responsables y trabajadores de medios de comunicación que estén interesados en informarse para para realizar notas sobre desastres naturales, los invito a visitar el post que escribí sobre Geología para periodistas y comunicadores.

Bibliografía consultada:

Barbeito, O. y Ambrosino, S. 1993. Estudio geomorfológico de la catástrofe de San Carlos Minas. Pcia de Córdoba. Rep. Argentina. X Simposio Brasileiro de Recursos Hídricos. I Simposio de Recursos Hídricos do Cone Sul Anais 3. 78-97

Barbeito, O. y Ambrosino, S. 2005.Evaluación de umbrales de inundaciones extremas y desastres, mediante el empleo del criterio geomorfológico, las técnicas de teledetección e información histórica. RIOS 2005: Principios y Aplicaciones en Hidráulica de Ríos. H. D. Farias, J. D. Brea y R. Cazeneuve (Editores). ISBN 987-20109-4-3 (CD-ROM) & 987-20109-5-1 (libro). Segundo Simposio Regional sobre Hidráulica de Ríos, Neuquén, Argentina, 2-4 nov. 2005

Las tres figuras pertenecen al trabajo citado en primer término, mientras que la comparación entre fotografías aéreas que ilustra el post es del segundo de los trabajos mencionados.

Agradezco la gentileza de ambos colegas, Barbeito y Ambrosino, quienes me facilitaron el material bibliográfíco detallado más arriba.

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