Entradas con la etiqueta ‘Desiertos’

Parvati Tyler y un colapso de dunas.

escanear0001La semana pasada les presenté un párrafo de Parvati K.Tyler, tomado de su libro Shadow on the wall (Sombra sobre la pared) en el que magistralmente describe una avalancha de arena en un desierto de dunas. Hoy traduzco el texto para los que no pudieron disfrutarlo en su idioma original, el inglés.

Caminando a lo largo de la cresta fe la duna, esperando encontrar un camino hacia el área plana más abajo, que no implicara deslizarse a lo largo de la gran pared de arena, Recai sintió un retumbo en su pecho. Una vibración lo rodeaba, llamándolo desde el aire mismo. Un profundo rugido se elevó desde la tierra. El tono se elevaba al intensificarse el sonido, convirtiéndose en un gruñido ululante como la canción del djinn.

Las dunas estaban colapsando.

Recai corrió, esperando mantenerse por delante de la avalancha. La sorprendente física del fenómeno habría sido pasmosa si no fuera tan mortal…La canción de la duna alcanzó un crescendo y Recai devolvió el grito ante el espectáculo del poder de la Madre Naturaleza…

Espero que esta pieza literaria les haya gustado tanto como a mí. Nos vemos el lunes. Graciela.

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El desierto

Este post inaugura una nueva etiqueta, para los días viernes, que ya hemos decidido dedicar a un poco de esparcimiento, como quien calienta motores para el fin de semana.

La etiqueta que estreno es Geología y literatura, y en ella vendrán textos no sólo míos sino de autores importantes.

Esta vez, como yo también empiezo a vivenciar el fin de semana con algo de pereza, estoy replicando un post que subí el año pasado en mi otro blog, el  llamado ¿Y si hubiera una vez?

Allí pueden ir a leer un poco la historia de este escrito que aquí les presento como un simple ejercicio literario que describe un dominio geomorfológico de gran importancia.

Rescato también un par de los párrafos que agregué en aquel post.

¿PREDESTINACIONES, TAL VEZ?

Yo llevo escribiendo desde que tengo memoria, pero cuando comencé a guardar mis engendros literarios, lo hice en cuadernitos escolares prolijamente numerados.

Precisamente en el cuaderno Nº 1, el texto Nº 1 , tiene una fecha de cuando apenas hacía una semana que ostentaba 13 años de edad.

Al leer esto me parece un poco grandilocuente, y lleno de palabras repetidas (como arena, tesoro, y sed) pero aun así aceptable, si se considera la inexperiencia, y corta edad.

EL DESIERTO

desierto

El sol, hirviente tesoro del cielo lastimeramente azul, quema la arena que el viento cálido no puede refrescar.

Los restos de antiguos caravanas, que permanecen bajo el celoso cuidado de las arenas, se descubren, al moverse las inquietas dunas.

En los ojos del viajero, el polvo lastima la pupila con su calor ígneo.

El agua, incolora vida que la tierra guarda, ebria de su propia sed, es el más preciado tesoro.

El viandante se familiariza al fin con el espejismo, fantasmal visión, producto de su mente afiebrada. El hombre desprecia ese oro que pisa y que quema su planta.

Un doloroso silencio, contesta quedamente, a su gemido prolongado.

Es que el hombre gime, vencido por el coloso monstruo de la soledad, la sed y el cansancio.

La noche es breve, y el mismo hombre que recién se quejó del intenso calor, pide ahora mantas para abrigar sus miembros ateridos.

Así es el desierto, inconmovible rey, que aún el progreso no pudo avasallar.

Me resultan notables al análisis actual, una serie de coincidencias: por ejemplo muchos de los términos como dunas, arenas, etc, son hoy parte de mi lenguaje profesional corriente, aunque por entonces no sospechaba siquiera que sería geóloga.

Y noto también el uso de un término que es poco común: viandante. Esta palabra hoy da nombre al blog del Pulpo, mi hijo, que me transmitió su fiebre blogueril, y que es uno de los responsables de armar el diseño de este blog . ¿Otra premonición?
¡Notables son las vueltas del destino!

Bueno, niñitos, vayan yendo a hacer predicciones para el próximo lunes, cuando volveremos a vernos. Un beso Graciela

Diferencias entre desertización y desertificación

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Quienes leyeron mi post anterior, habrán notado que los términos que hoy nos ocupan no se utilizaron allí como sinónimos ni se intercambiaron livianamente entre sí.

No obstante, una rápida consulta a Wikipedia o al diccionario de la Real Academia Española demuestra que esa diferenciación allí no aparece. Por esta razón  es más importante aún, señalar los matices que la aproximación científico- técnica confiere a cada una de esas palabras, si queremos adentrarnos en los códigos propios de la Geología.

Comencemos por definir desierto. Esta palabra, como muchas, puede entenderse de diferentes maneras según quien la emplea. Algunos geógrafos, con una mirada antropocéntrica, tienden a referirse a todo espacio sin colonización vegetal y población permanente, como desierto. Esto conduce a clasificaciones que incluyen, por ejemplo, a los desiertos helados, como la Antártida.

Geológica y geomorfológicamente, en cambio, la definición de desierto es más estricta, ya que se exige en ella un déficit hídrico permanente.

-¡Ay cag sonamos!- dirán ustedes – ¿y eso, qué es?

Bueno, es largo de explicar y les prometo un post al respecto, por ahora tómenlo como un dogma o verdad revelada, y apréndanlo de memoria como el catecismo.

Por lo menos, ya van sabiendo que en geología, desierto es igual a déficit hídrico permanente, y no a despoblado.

Ahora digamos que desertizar y desertificar significan “dar lugar a un desierto” pero de dos maneras muy diferentes.

La desertización es natural, y se debe exclusivamente a un cambio climático. Observen que la palabra es una sustantivación (acción y efecto) del verbo desertizar.

La palabra desertificación, por su parte, procede de manera nada inocente del verbo desertificar, que incluye el sufijo latino ficare, que quiere decir “hacer”, con lo cual abarca la influencia humana.

Es decir que se alude aquí a  todas aquellas acciones erróneas del ser humano, que aceleran el avance del desierto en áreas marginales, de equilibrio precario o metaestable (otro post para este término, anotá, Graciela).

Notarán ahora la sutil diferencia en los verbos que usé más arriba en el post.

Cuando hablé de desertización dije: “se debe al” cambio climático y hasta agregué “exclusivamente”.

No fue así cuando me refería a la acción antrópica (humana) en la desertificación. En ese caso, el verbo elegido no fue más allá de “acelerar”. Nunca dije “causa”, “genera”, ni “provoca”, sencillamente porque el hombre no tiene la capacidad para hacerlo.

Si las condiciones climáticas no están dadas previamente, el hombre no puede fabricar un desierto, como no podría un piojo que caminara por mi cabeza, modificar mi ADN.

Pues sí, es hora de que nos demos cuenta de que la influencia humana no es tan radical como la propia soberbia nos quiere hacer creer.

Existe, sí, es grande, también, pero no puede superar en ningún caso los condicionamientos que la naturaleza le impone.

A ver si nos convencemos de eso de una buena vez por todas (¡Otro post por acá!).

Resumiendo, si vamos a hablar con propiedad, diremos desertización toda vez que nos estemos refiriendo al avance de un desierto en regiones áridas y semiáridas marginales, a favor de un cambio en las condiciones climáticas imperantes; y diremos desertificación cuando las actividades humanas favorezcan y/o aceleren  ese proceso natural.

En suma, la diferencia entre los términos es la inclusión o no, de la influencia antrópica, y no es menor, porque uno de ellos lo hará inocente, y el otro, en cambio co-responsable  de modificar las condiciones del medio.

Si las  nuevas condiciones son desfavorables para la calidad de vida de los futuros habitantes, sólo en el segundo de los casos, ellos podrán mirar acusadoramente a sus antecesores.

No es irrelevante la diferencia, ¿no les parece?

Si todavía les apetece, nos vemos en el próximo post .

Un abrazo Graciela.

La foto corresponde a ripplemarks sobre una duna en Al Liwa, desierto de RubAl Khali, en los Emiratos Árabes unidos, y fue tomada (algo recortada) de GUTIERREZ ELORZA, M. 2001 Geomorfología climática. 627 págs. Ediciones Omega. I.S.B.N.84-282-1209-0

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