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Diferencias entre niebla, neblina y bruma
Este post surge en respuesta a la sugerencia de Pulpo, quien notó que la confusión entre estos términos se reiteraba en distintos ámbitos, y me conminó a subir un texto aclarando la cosa.
En realidad varias veces fui posponiendo el post porque otros temas se iban presentando, pero como lo prometido es deuda, acá estoy cumpliendo finalmente con él.
¿Qué se entiende por niebla o neblina?
Comencemos por recordar que para que el agua permanezca en estado de vapor, se requiere una cierta temperatura, razón por la cual, si ésta desciende, ese vapor de agua se condensa sobre las partículas sólidas en suspensión, normalmente presentes en la atmósfera, y se genera una especie de nube visible, a nivel del propio suelo y hacia arriba. Ésas son pues las nieblas y neblinas.
¿Cómo se produce el fenómeno?
Hay varios mecanismos, semejantes en cuanto al principio físico, pero ligeramente diferentes en cuanto al modo preciso de generarse.
Por un lado, puede formarse la niebla cuando desde una superficie de agua relativamente cálida, se produce evaporación. Si sobre el espejo líquido que provee la humedad hay aire bastante más frío, la condensación es casi inmediata y se forma una niebla densa. Esto se ve muy comúnmente sobre los lagos y diques en invierno, durante las primeras horas de la mañana, cuando la temperatura de la atmósfera es la mínima, y el agua se mantiene relativamente templada.
Pero puede ocurrir también la situación inversa, cuando por ejemplo en verano, un frente frío genera una cuña, levantando las masas de aire caliente, que en su ascenso se condensan y producen una lluvia cálida, una porción de la cual se va evaporando en la caída, y vuelve a condensarse cerca del suelo, sobre esa masa fría ya mencionada.
En cualquiera de ambos casos, hay una diferencia térmica, a favor de la cual el agua pasa de un estado a otro.
¿Cuál es la diferencia entre niebla y neblina?
El uso ha consagrado una separación entre ambos términos, reservándose niebla para la cortina más densa y neblina para la más tenue.
La diferencia fue inicialmente arbitraria y subjetiva, pero luego se comenzó a aplicar un límite convencional entre ambas, y suele decirse que los objetos en la niebla no se ven más allá de 1 km de distancia. De hecho, si es muy densa, a veces en pocos centímetros ya se desdibujan, pero el kilómetro es el máximo de visibilidad.
En la neblina, los objetos se ven hasta 5 km como máximo. Si se ven más allá, obviamente no hay ni una ni otra.
También es obvio, que la referencia es bastante relativa y más bien teórica, porque en una ciudad, los edificios no dejan ver otra cosa que sus propias moles, aun en el más soleado y luminoso de los días.
Y si se es muy corto de vista ver algo a un kilómetro no sería niebla sino milagro, pero bueno, la idea implícita es lo que importa.
¿Y la bruma, qué es?
En este caso, el término se usa muchas veces erróneamente como sinónimo de niebla o neblina, porque en realidad se trata de un fenómeno totalmente distinto y de origen hasta opuesto.
En efecto, aquí el agua no juega ningun papel, es más bien su falta la que posibilita la ocurrencia del fenómeno, ya que se trata de partículas sólidas en suspensión, y son precisamente las partículas secas las que son levantadas por el viento y mantenidas largamente en la atmósfera.
De hecho, una lluvia las arrastra y las deposita en todas las superficies disponibles.
Bueno, espero que la información les sirva, y puedan hablar con mayor propiedad sobre los fenómenos aquí descriptos.
Un abrazo. Graciela
Clima Global: ¿Cuál es el origen de los fenómenos de El Niño y La Niña?
Ya estoy preparando futuros posts, en los que iré lentamente discutiendo el tema más general del tan mentado Cambio Climático Global, pero ahora sólo quiero referirme a algunas manifestaciones del clima que son lo bastante impactantes como para llegar a los titulares de los diarios.
Así es que estamos leyendo con asombro que en espacios relativamente poco distantes, fenómenos de signo contrario están teniendo lugar sincrónicamente, en aparentes paradojas que bien miradas no son tales.
Las inundaciones en Mèxico, por ejemplo, son titulares en la prensa.
Y aquí mismo, en Argentina, también hay regiones bajo el agua, mientras otras soportan notable escasez del lìquido elemento.
Estamos obviamente en presencia de un cambio en el patrón que consideramos “normal” para las distribuciones de lluvias y de temperaturas.
Pues claro, estamos ante el fenómeno de El Niño, o ENSO como se conoce también, por las siglas en inglés de El Niño Southern Oscillation.
Y entonces, ¡oh sorpresa! descubrimos, ya en el nombre que este suceso va y viene, (por eso lo de oscilante) es decir que se repite cíclicamente. No es nada nuevo.
Hay registros arqueológicos que denuncian que al menos en los últimos 15.000 años, se ha venido produciendo con una relativa regularidad.
Recientemente se ha comprobado además que se trata más bien de un par de fenómenos de distinto signo que se complementan entre sí, y que casi como una humorada se han denominado El Niño y La Niña.
El nombre de El Niño fue acuñado por pescadores peruanos que ya varios siglos atrás, relacionaron la llegada del niño Dios, a finales de diciembre, cerca de la Navidad, con la aparición de corrientes cálidas en el mar.
Lo de la Niña pareció la contrapartida lógica, cuando se reconoció que juntos constituyen un ciclo con periodicidad aproximada de 10 años, en que se alternan uno y otro.
Esto quiere decir que cada uno aparece más o menos cada cuatro o cinco años.
Pero ojo, sólo los humanos queremos almanaques perfectos, la Naturaleza no se toma el trabajo de armar agenda, ni de consultar calendarios, sino que simplemente va generando las condiciones para que algún fenómeno se presente en el momento exacto.
Es decir, que a veces hay Niños que se adelantan tanto como para tener una distancia de sólo 2 años, o que se demoran hasta 7 en decir ¡presente!
Pero, ¿Qué es “El Niño”?
Nada sencillo de explicar, pero baste con saber que es, aparte de las estaciones y las variacioens en la constante solar, el único gran disparador de cambios meteorólogicos de rápida ocurrencia y corta ciclicidad.
Esto hace que los humanos podamos percibir estos cambios, a diferencia de otros, que por su recurrencia secular o milenaria no entran en nuestra experiencia vital.
¿Cómo se percibe la presencia de El Niño?
Como una condición anormal en el Océano Pacífico Tropical, cerca de Australia e Indonesia, que persiste entre doce y dieciocho meses, afectando a las condiciones térmicas, y por ende repercutiendo sobre otros elementos del clima, como las precipitaciones.
¿Por qué ocurre?
Los vientos Alisios soplan de manera relativamente constante, sobre todo durante el verano, circulando entre los trópicos, (desde 30-35º de latitud hasta el ecuador) y transfiriendo energìa desde las altas presiones subtropicales, hacia las bajas presiones ecuatoriales.
Por supuesto, su ruta se ve modificada por el efecto de Coriolis y otros factores, pero ésos son temas para futuros posts.
Lo concreto es que normalmente, estos vientos concentran gran cantidad de agua y calor en la parte occidental del océano Pacífico, con lo que éste puede ser hasta medio metro más alto en Indonesia que frente a las costas de Perú y Ecuador.
Puede crearse, además, una diferencia en la temperatura marina superficial de alrededor de 8º C.
Dadas estas condiciones, consideradas las normales, las lluvias son abundantes en el sureste de Asia, pues la formación de nubes y consecuente precipitación está asociada al aire ascendente que proviene del agua sobrecalentada.
Pero cuando los Alisios se debilitan, el excedente térmico puede desplazarse hacia las costas del este, y alcanzar la costa de América del Sur.
Obviamente, como contrapartida, hay enfriamiento relativo en el Pacífico Occidental, es decir, cerca de Asia.
Ya estamos entonces en presencia de “El Niño”.
Este cambio en la distribución del excedente térmico, afecta a toda la dinámica atmosfèrica provocando lluvias torrenciales en las costas americanas habitualmente secas, y sequías compensatorias en las otras áreas.
¿Y qué pasa con La Niña?
Pues así como El Niño es provocado por Alisios débiles, La Niña se relaciona con Alisios particularmente fuertes, que acentúan las condiciones habituales, con lo que las lluvias en Indonesia se intensifican, y la sequía se hace más notable en América.
En definitiva, todo es un ciclo que se compensa siempre, y cuando hablamos de condiciones más húmedas o más secas, debemos agregar en dónde.
Lo que se concentra de humedad en una parte es en realidad restado de otra, tratándose más de un tema de distribución que de valores absolutos diferentes.
Este tema está lejos de haberse agotado, del clima charlaremos muchísimo más, sólo dénme tiempo.
La imagen la he tomado de la red, si alguien la reconoce como suya, sólo hágamelo saber, y le agrego la autoría, no lo hago ahora, porque ignoro quién la generó.
Un abrazo Graciela
Libro Geomorfología y Cambio Climático
El pasado 23 de Septiembre, en el marco del IV Congreso Argentino de Cuaternario y Geomorfología, XII Congresso da Associaçâo Brasileira de Estudos Do Quaternário, y II Reunión Sobre el Cuaternario de América del Sur, eventos todos que tuvieron lugar en simultáneo en la Ciudad de La Plata, se presentó oficialmente el libro “Geomorfología y Cambio Climático”, editado por Sayago y Collantes, con fondos del INGEMA (Instituto de Geociencias y Medio Ambiente) de la Universidad Nacional de Tucumán.
Este libro incluye catorce capítulos de diversos autores, tratando temas relacionados al Cambio Climático, desde una perspectiva científica, y con resultados de sus propias investigaciones.
Yo no puedo menos que recomendarlo, porque soy primera autora del Capítulo 13 y coautora del Capítulo 9. Los detalles sobre esos trabajos en particular, los pueden ver en la pestaña que incluye mis publicaciones científicas, y les prometo que en algún momento subiré los textos completos de esos capítulos al blog.
