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El “alud” de Catamarca, ¿qué dice la Geomorfología al respecto?

Nuevamente la naturaleza, en su grandiosidad, pasa por encima de todos nuestros planes, y debemos asumir los resultados de un evento luctuoso, que es importante comprender, si deseamos sacar de él alguna enseñanza.

Esta vez, la noticia procede de la provincia de Catamarca, donde según informa la prensa, ha ocurrido un “alud”. ¿Pero se trata realmente de un alud? Veamos qué puede aportar la Geología al respecto.

¿Cómo, dónde y cuándo sucedieron los hechos?

Como consecuencia de un fuerte temporal de lluvia y viento que se inició el pasado jueves en los alrededores de la villa veraniega El Rodeo, a unos 38 kilómetros al norte de la capital de Catamarca, tuvo lugar una crecida repentina del río Ambato, cuyas aguas bajaron arrastrando árboles, piedras y lodo.

Las consecuencias inmediatas fueron el corte de la Ruta provincial 4,  la caída de postes de media tensión, y lo que es más lamentable, la ocurrencia de entre cinco y siete muertos -según las distintas fuentes- y entre 10 y 20 personas desaparecidas.

Como ya es habitual en nuestra cultura antropocéntrica, nadie dio cuenta de ellas, pero seguramente se perdieron también las vidas de numerosos animales, que al estar domiciliados o encerrados no pudieron obedecer a tiempo sus instintos de huida.

Hasta aquí, lo que reporta la prensa.

Ahora mirémoslo desde la Geología y la Geomorfología.

¿Se trata de un verdadero alud?

Para responder brevemente, no. No lo es estrictamente al menos, si bien algún componente de ese proceso habrá también intervenido una vez que se desencadenó el fenómeno. Ya saben ustedes: convergencia de causas.

Ya les he explicado en otros posts qué es un alud, qué es una avalancha, y también de qué se trata, en general la remoción en masa. Les recomiendo seguir todos esos links, y repasar esos posts, para que todo les quede más claro, pero insistiré en algunos de los conceptos aquí también.

Por lo pronto, les voy adelantando que la forma correcta de denominar el fenómeno acontecido no es alud, sino aluvión, y en seguida verán por qué.

¿Qué se define como aluvión?

Un aluvión es un proceso natural que ocurre en zonas con cierta pendiente, de resultas de lluvias intensas que arrastran materiales detríticos de diversos tamaños, y que generalmente provocan desbordes más o menos repentinos de los cursos temporarios o permanentes por los que originalmente se desplazan.

¿En qué se diferencian un alud y un aluvión?

Si ustedes han leído los posts que les mandé a leer, y la definición anterior, ya podrán establecer las diferencias por sí mismos, pero como soy un ángel de buena, 😀 se los voy a explicar personalmente.

El alud es un proceso de remoción en masa, es decir, que el agente movilizador es la gravedad, aunque pueda intervenir en mayor o menor grado el agua en alguna de sus formas, pero nunca como “medio de transporte”.

El aluvión en cambio, es una forma de arrastre hídrico, vale decir que el agua es el agente que mueve el material.

Por otra parte, el alud no reconoce cursos preexistentes, mientras que el aluvión se origina en ellos, aunque luego los desborde, derramándose por toda el área circundante. Y es ese derrame o inundación, lo que le da su potencial para provocar erosión acelerada, y eventualmente daños como los que se reportaron en este caso particular de Catamarca.

Antes de cerrar este punto, les aclaro que coloquialmente los términos aluvión y alud suelen usarse como sinónimos; y que en ciertas regiones, los mismos geólogos intercambian ambos términos, influenciados por las costumbres locales.

¿Qué puede decirse acerca del Río Ambato?

En general se considera que existen en la Provincia de Catamarca nueve cuencas hídricas, la más importante de las cuales es la denominada, “Del faldeo Oriental de la Sierra de Ambato”, y en ella se inscribe el Río El Rodeo o Ambato.

Este río nace en el cerro El Manchao y  recibe las aguas del río Los Nogales y arroyos Nevado, Picaso, Manchao, Angostura, Higuerita y Algarrobal.

En La Puerta  se une al Río del Valle, que es el gran proveedor de agua de la provincia, ya que recibe aportes tanto pluviales y de deshielos como de vertientes, por lo cual tiene un suministro continuado.

Una nota de color respecto a la toponimia, indica que el nombre Ambato proviene de los idiomas kakán y quechua, en los que An-Huatu significa Hechicero del Alto, y se aplicó originalmente a la Sierra donde este Río nace.

Por otra parte, el cerro más alto donde específicamente se inicia el río Ambato se llama “Manchao”, que significa Manch= miedo y  Ao= lugar, vale decir que es un “Lugar del Miedo”, y se presume que los aborígenes le llamaban así por los ruidos del viento. Pero tal vez hayan también presenciado aluviones en tiempos remotos, los que son mucho más aterrorizantes que el sonido del viento.

¿Cómo es el contexto geológico?

Toda la zona pertenece a la provincia geológica de Sierras Pampeanas cuya estructura se reconoce como un sistema de montañas en bloque, limitadas por fallas inversas de alto ángulo; con cordones orientados en dirección norte-sur, y perfil marcadamente asimétrico.

En efecto, el flanco occidental es más abrupto, mientras que el oriental se tiende de manera mucho más suave, en respuesta a la posición y forma profunda de las fallas que originan el levantamiento.

Además, la vertiente oeste es bastante más desnuda en materia de vegetación, lo que se atribuye mayormente al microclima resultante de las Sierras mismas, que son una barrera para los vientos húmedos del Atlántico.

No obstante, en la zona de Ambato en particular, deben considerarse también las diferencias litológicas y de relieve, que condicionan los suelos resultantes.

En el área, las migmatitas dominan el  flanco oeste, mientras que en el lado oriental, éstas coexisten con micaesquistos y metacuarcitas, todas rocas constituyentes del “Basamento cristalino” de edad precámbrica a paleozoica inferior. No muy alejadas, hay intrusiones graníticas de dimensiones batolíticas, como el granito de Las Juntas.

El clima es cálido y árido con un monto de precipitaciones de 350 mm anuales, que se concentran entre los meses de diciembre y febrero;  y la temperatura media anual ronda los 18º C.

¿Cuáles fueron los factores involucrados en el aluvión?

Todos los mencionados, por supuesto, es decir:

  • La pendiente del cerro que da origen al río involucrado.
  • Las condiciones de las rocas que favorecieron el escurrimiento.
  • Las características climáticas, que implican una tendencia a la concentración de las precipitaciones en la estación estival, generando a veces lluvias muy intensas.
  • Condiciones favorables para que además del aluvión mismo, fueran arrastrados materiales desde las laderas, a través de avalanchas en sentido estricto.

Conviene agregar que en las avalanchas que se sumaron al aluvión propiamente dicho, pueden haber tenido incidencia los movimientos sísmicos que han venido ocurriendo en los últimos meses en las Sierras Pampeanas.

En efecto, los sismos generan vibraciones que desequilibran sistemas metaestables, preparándolos para su posterior derrumbe, o provocándolo en el momento mismo.

¿Qué actuó como disparador?

Si bien como ya dije, el aluvión se vio seguramente magnificado por otros procesos como los deslaves de laderas, que a su vez pueden ser acelerados por múltiples causas, el detonante inmediato fue seguramente el temporal con abundantes precipitaciones que ocurrió inmediatamente antes del fenómeno.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post la he tomado de la prensa on line.

 

¿Es lo mismo alud que avalancha? Parte 2.

847682Este post es la continuación del de la semana pasada, de modo que les sugiero que antes de leerlo, vean la Parte 1, en la que se han respondido las preguntas:

¿Es lo mismo alud que avalancha?

¿De dónde surge cada término?

¿Qué es y cuándo y dónde se produce un alud?

¿Cómo es un alud?

Y ahora, las preguntas que quedaron pendientes:

¿Existe más de un tipo de alud?

Sí, por supuesto. Para contestarles simplemente NO, no les plantearía la pregunta, ¿no les parece?

Existen, como en todas las clasificaciones, diferentes criterios para generar las divisiones. Yo elijo uno que me parece bastante sencillo, y que incluye tres clases:

Alud de nieve fresca, a veces también conocido como alud superficial, ya que en general no afecta al sustrato rocoso. Simplemente se debe a que la acumulación de nieve es tal que su peso supera el que la pendiente puede sostener en equilibrio, y que según la intensidad de la pendiente varía. Pese a esa variabilidad, es común que el equilibrio se rompa cuando la acumulación de nieve ronda los 25 cm de espesor. Generalmente esto sucede después de fuertes nevadas, y puede alcanzar una velocidad de 100 a 300 km/h.

Alud de placa o de fondo, es el más frecuente, e involucra a un volumen de nieve ya compacta que puede datar de numerosas temporadas, pero alcanza su límite de equilibrio, o sufre uno de los efectos disparadores que les mencioné en el post anterior. Este tipo de alud es el que suele dejar una cicatriz de fractura bien visible.

Alud de nieve húmeda es el que ocurre a favor de una superficie de deslizamiento en la que interviene el agua, principalmente de fusión. Suele producirse estacionalmente cuando suben las temperaturas, y se deslizan con velocidades de 20 a 60 km/h.

¿Cómo es una avalancha?

Esta pregunta es mucho más difícil de responder ya que en realidad, el término avalancha es demasiado genérico, y hace referencia a prácticamente todos los fenómenos de remoción en masa, con exclusión de los nivales, a los que ya elegimos denominar aludes.

Si ustedes visitan el post en que les presenté por primera vez los fenómenos de remoción en masa, verán allí un cuadro en que están mencionadas todas las posibles avalanchas, y que les recomiendo analizar un poco.

Como son tantas las posibilidades, no puedo explicarlas todas ahora y aquí, de modo que les prometo sucesivos posts para cada una a lo largo de tiempo.

¿Cuándo y dónde se produce una avalancha?

En general todos los fenómenos de remoción en masa ocurren en pendientes inestables, aun cuando no sean de gran altura, y los motivos que los causan son semejantes a los que les expliqué para los aludes.

Vale decir que allí donde la acumulación de materiales, o la saturación con agua, o una vibración ocasional rompan el equilibrio, determinando que la resistencia  interna y cohesión de los materiales se vea superada por la fuerza ejercida por la gravedad, los materiales abandonan el reposo y se desplazan ladera abajo.

¿Existe más de un tipo de avalancha?

En el hablar corriente, suele hablarse de avalanchas de tierras por un lado, y de avalanchas de rocas por el otro.

Cuando traducimos eso al código de la ciencia geológica, en cambio, ( y vuelvo a remitirlos al cuadro que les he linkeado más arriba), llamaremos a todas, movimientos de remoción en masa, y a las de tierras, las llamaremos genéricamente “en pendientes no rocosas”, y a las de rocas, obviamente las llamaremos “remoción en masa en pendientes rocosas”.

De cada una habrá muchos casos, que conoceremos lentamente, como ya les advertí más arriba.

¿A qué se debe la confusión entre los términos alud y avalancha?

Básicamente se debe a la fuente que se haya traducido.

Si se traduce desde el francés, avalancha es un término abarcativo para ambas situaciones, pero en inglés, el término se reserva para los deslizamientos de nieve, ya que los otros se conocen como landslides, o rockslides. Y allí es donde se cruzaron los términos, ya que para nosotros, en un sentido estricto y muy preciso, el alud es el que se relaciona con la nieve.

Pero sucede demasiadas veces, lamentablemente, que se traduce de la manera más cómoda por similitud con el idioma de origen, en lugar de buscar la palabra más exacta en el idioma de destino.

O sea, avalanche (en inglés) se parece más a avalancha que a alud, y entonces, los traductores históricos tomaron el camino más corto, asimilando el término a avalancha, sin percatarse de que el fenómeno que los ingleses describen como avalanche tiene un equivalente mucho más correcto en castellano, que es precisamente alud.

¿Sería recomendable desterrar el uso intercambiable de estos términos? ¿Por qué?

Sí, al menos en mi modesta opinión.

En efecto, el término avalancha ya requiere demasiadas aclaraciones cuando sólo se refiere a materiales sólidos, sean secos o saturados de agua, puesto que abarca cosas tan dispares como deslizamientos planos y rotacionales, corrientes de barro, o desprendimientos de rocas, entre otros.

Pero si además hay que sumar todas las aclaraciones relativas a los distintos aludes posibles, la confusión se hace infinita.

Por eso, reservar alud para los fenómenos que implican nieve y avalancha para los demás, es un paso adelante para desenredar semejante madeja. ¿No les parece?

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post procede de un artículo en Avalancha News.

¿Es lo mismo alud que avalancha? Parte 1.

9X64P4ON-XARL-OTL4P8GA4QEWÉste es uno de los muchos posts sugeridos por Dayana, que como siempre les digo, sabe mejor que nadie (salvo Guille, con quien debo decretar empate), cuáles son los temas que pueden interesar a los lectores del blog.

Hoy nos ocuparemos entonces de los términos alud y avalancha, para establecer similitudes y diferencias.

¿Es lo mismo alud que avalancha?

Aquí podría responder con el clásico NI, que suele usarse como un híbrido entre NO y SÍ, porque hay inclusive textos de Geología donde se intercambian ambos términos, como si se tratara de la misma cosa.

Sin embargo, cuando uno estudia el tema con más detenimiento y profundidad, puede establecer claramente las diferencias, y comprender también el origen de la confusión.

Convengamos en que para el hablar corriente, el uso indistinto de las dos palabras es enteramente aceptable, pero los geólogos podemos exigirnos un poquito más de precisión, ¿no les parece?

Y ahora voy a explicarlo con ese prurito que podemos autoimponernos en un blog como éste.

¿De dónde surge cada término?

La etimología de la palabra alud es bien clara, e incluye expresamente la palabra nieve. Veámoslo:

Alud deriva del término luta , que en idioma euskera se emplea para designar un desmoronamiento, tanto de nieve como de tierra, ya que se emparenta con lur= tierra y elur= nieve.

La historia de la palabra avalancha es un poco más compleja, ya que parece proceder de sucesivas derivaciones, a saber: su antecedente más próximo es el vocablo francés avalanche, que deviene a su vez de la forma antigua valanche, que puede rastrearse hacia el Siglo XVI, en que surge como deformación del término latino labes que significa caída.

Aparentemente esta palabra se sumó a la expresión francesa antigua aval, con el significado de valle abajo. De toda esta historia surgiría avalancha, como caída valle abajo. Presten atención al hecho de que en este caso no hay alusión alguna a la nieve.

¿Qué es y cuándo y dónde se produce un alud?

Según vimos antes, cuando nos ponemos estrictos, el alud es un desplazamiento de una masa de nieve, a favor de la gravedad, que en su movimiento valle abajo va incorporando todo cuanto encuentra a su paso, incluso parte del suelo y su cubierta vegetal.

El sitio en que puede producirse, es obviamente en las cumbres nevadas, y su causa no es única. Y sí, otra vez la convergencia de causas.

Esas causas convergentes incluyen:

  • La falta de homogeneidad de la capa de nieve, que genera límites de despegue del material, a lo largo de los cuales se puede producir la ruptura inicial.
  • La existencia entre los límites mencionados, de agua- sea de origen pluvial o por fusión de la propia nieve- que facilita el deslizamiento de una de capa sobre las subyacentes.
  • Los cambios de temperatura que afectan a la cohesión y estabilidad de la nieve acumulada.
  • Las condiciones del suelo, que cuanto menos rugoso sea, (por ser muy arcilloso, o estar helado, etc.) menos resistencia opone a la caída.
  • Las características de la pendiente, su forma, intensidad, longitud, etc.
  • La ocurrencia, generalmente fortuita de un agente disparador, que puede ser desde un sismo próximo o remoto, la onda sonora de un ruido fuerte, el desprendimiento de una roca o un bloque de hielo, o el sobrepeso debido al paso de animales o personas.

La ocurrencia de una de estas causas, si es lo suficientemente intensa, o en el caso de no serlo, la comjunción de dos o más de estas circunstancias pueden generar un alud.

¿Cómo es un alud?

Desde el punto de vista geomorfológico, un alud reconoce tres partes, que pueden reconocerse por algún tiempo después de su ocurrencia, hasta que nuevos procesos en la ladera obliteren sus rasgos.

Esas partes topográficamente diferenciadas son:

La cabecera o zona de origen, que es el sitio donde ocurre la primera ruptura de equilibrio, y se pone en movimiento la masa de nieve y detritos. Según el tipo de alud de que se trate puede dejar o no una marca visible.

El escurridero que es el camino recorrido por el alud, a veces muy sinuoso, según las condiciones de la pendiente. Suele quedar como un rastro denudado, donde la vegetación y los fragmentos sueltos de rocas han sido barridos ladera abajo, por lo cual se lo ve como si se tratara de un sendero amplio y libre de materiales.

El cono de depositación donde se acumulan los materiales arrancados a lo largo de toda la pendiente.

Coincidirán ustedes conmigo en que este post ya es bastante extenso, y como falta todavía mucho para completar el tema, les propongo un descanso hasta el próximo lunes, cuando responderé a las siguientes preguntas que han quedado pendientes:

¿Existe más de un tipo de alud?

¿Qué es una avalancha?

¿Cuándo y dónde se produce una avalancha?

¿Existe más de un tipo de avalancha?

¿A qué se debe la confusión entre estos términos?

¿Sería recomendable desterrar el uso intercambiable de estos términos? ¿Por qué?

Si este post les ha gustado como para llevarlo a su blog, o a la red social, por favor, mencionen la fuente.

Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela.

P.S.: La imagen que ilustra el post procede de un artículo en Nat Geo .

Explicación geológica de la avalancha de Oaxaca en México

465625Vengo nuevamente a la carrera, convocada por un desastre acontecido en el suroeste mexicano, razón por la cual, he desplazado para mañana la gacetilla que habitualmente corresponde a los días miércoles .

La emergencia de hoy está referida a un fenómeno de remoción en masa, en buena medida semejante a los eventos de Aguas Calientes y Río de Janeiro que ya fueron motivo de otros posts.

No obstante, como suele ocurrir en estos eventos, cada situación es única e irrepetible, y  resulta de la convergencia de una serie de factores que intentaremos analizar.

¿Dónde se ubica el estado de Oaxaca?

Oaxaca se encuentra en la región sur oeste del Pacífico mexicano, limitando al norte con Puebla y Veracruz, al este con Chiapas, y al Oeste con Guerrero.

Pero lo más interesante es que se asienta en una zona de contacto convergente entre dos placas más que inquietas : la Caribe y la de Cocos, que por otra parte vienen acomodándose desde hace varios meses. Éste es uno de los datos de interés para explicar la catástrofe.

¿Qué otras características geológicas pudieron haber influido en el deslizamiento?

Fundamental es la influencia del relieve, ya que Oaxaca es la zona más montañosa de México, tanto es así que hay una cita célebre del franciscano Francisco de Ajofrín  quien en 1763 expresó: “En esta provincia de Oaxaca parece que Dios puso todos los cerros y montañas que le sobraron después  de que formó el mundo”.

En efecto, confluyen en este estado cadenas abruptas como la Sierra Madre del Sur, Sierra Madre de Oaxaca y  Sierra Atravesada. Todo un buen escenario para los procesos de remoción en masa.

Por otra parte, hay una gran complejidad estratigráfica, donde se sobreyacen unos a otros, complejos metamórficos, sedimentarios y volcánicos de distintas edades. Esta situación pone en contacto capas de distintos grados de permeabilidad.

Así es que por un lado, los sedimentos no consolidados muy porosos se empapan fácilmente aumentado su capacidad de fluir y  su peso por el agua que contienen, lo que favorece el desplazamiento gravitatorio.

Pero por otra parte, como esos sedimentos están sobreyaciendo a complejos cristalinos de muy baja o casi nula permeabilidad, se forma entre ambos una superficie de deslizamiento óptima, ya que el agua deja de descender verticaslmente por el interior de los materiales, y busca su salida lateralmente y pendiente abajo, generando una interfase de desplazamiento, entre el sedimento cargado de agua y el material que la detiene a una profundidad dada.

¿Hay otros factores geológicos involucrados?

Sí, por cierto. Esta zona tiene también fallas regionales que son superficies de debilidad a lo largo de las cuales pueden ocurrir desplazamientos, deformaciones y rupturas, y por si esto fuera poco, ya he mencionado que este estado se encuentra en una zona de contacto entre placas, que por ende es sísmicamente activa.

Cuando las condiciones están dadas, todo lo que se requiere es un disparador, que puede ser, por ejemplo un sismo. Y los ha habido últimamente, de diversas magnitudes, pero a todo lo largo de las placas que bordean América por el oeste.

¿Y las lluvias qué papel juegan?

Las precipitaciones son abundantes y de régimen intenso en la región, y de hecho fueron las que gatillaron el fenómeno, ya que aportaron el peso y la fluidificación del sedimento que mencionamos más arriba. Y generan también la interfase de deslizamiento.

Todos los factores mencionados influyen en generar un escenario de riesgo, y en este caso particular por lo menos tres de ellos se conjugaron con seguridad: el relieve, las lluvias y el material sedimentario.

No puedo desde aquí, sin explorar la zona afectada, y sin haber llevado un registro de movimientos sísmicos locales, aseverar si la tectónica tuvo o no gran importancia, y no sé tampoco cuánto incidió la influencia antrópica, pero es probable que también hayan contribuido al resultado final.

¿Por qué fueron tantos los daños?

Ahora tal vez les podría ser útil revisar los posts relativos a las catástrofes, y a la evaluación del riesgo geológico para profundizar sobre el tema, pero baste con decirles que la urbanización era muy vulnerable, porque según lo que estuve averiguando en los censos de población, Oaxaca es un estado comparativamente muy pobre, lo que suele traducirse en una notable precariedad  en el emplazamiento y calidad de las construcciones.

Bueno, es todo por hoy, y recuerden que estoy especulando sobre un lugar que no he visitado, de modo que pueden haberse escapado algunos aspectos que desconozco.

PD: A los responsables y trabajadores de medios de comunicación que estén interesados en informarse para para realizar notas sobre desastres naturales, los invito a visitar el post que escribí sobre Geología para periodistas y comunicadores.

Ojalá les haya sido útil la explicación. Un abrazo. Graciela

La foto que ilustra el post la he tomado en la página de El informador

¿Por qué fueron catastróficas las lluvias en Río de Janeiro?

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Actualización:

En esta semana de mitad de enero de 2011, se está repitiendo la situación que este post describe, relativa a las inundaciones en Río de Janeiro y leo en los diarios que ya se cuentan por cientos las pérdidas humanas.

Por este motivo no me parece ocioso volver a llamar a la reflexión sobre el fenómeno.

Por otra parte, es mi intención referirme en un nuevo post a los motivos que generan el enorme volumen de precipitaciones acontecidas tanto en Brasil como en Australia.

He aquí el post original acerca de las inundaciones en Brasil:

En la pasada semana hemos sido testigos de la pérdida de numerosas vidas humanas en las ciudades de Río de Janeiro y Niteroi, cosa que no debería haber ocurrido si se hubiera tenido en cuenta el riesgo geológico implícito en los asentamientos precarios que no debieran haberse permitido nunca.

Para entender mejor las reflexiones que aquí deseo compartir, recomiendo la lectura previa del post relativo a Riesgo Geológico, pero aun sin leer dicho post, espero que sea comprensible lo que pretendo expresar.

Los sistemas geológicos son, como ya he dicho varias veces, de gran complejidad, pero si además se les añade una intervención humana sin ningún criterio normativo, puede llegar a generarse una bomba de tiempo, como lamentablemente han demostrado ser las favelas cariocas.

Como prueba de ello, las estadísticas señalan que se producen decenas de incidentes anuales que involucran procesos de remoción en masa en los cerros cargados de urbanizaciones precarias. Y cada tanto, como en estos días,  ocurre algo que cobra centenares de vidas a modo de macabro peaje a un manejo irresponsable del ambiente.

Pero ¿cuál es la situación en las favelas de Río?

En general y para decirlo rápidamente, el de un Riesgo por aludes, o como se los llama localmente “deslaves”, de la mayor severidad.

Y esto es así porque tanto la Peligrosidad como la Vulnerabilidad, los dos componentes del Riesgo son máximos.

La Peligrosidad, que ya explicamos en otro post se compone a su vez de Susceptibilidad y Amenaza, es naturalmente alta, pero además se ha visto incrementada por la acción humana.

Si recordamos que la vulnerabilidad, a su vez se refiere a la posibilidad de afectación de vidas y bienes, debido a la relación del hombre con el ambiente, se deduce rápidamente que en este caso, la gran responsabilidad por la ocurrencia de la catástrofe es precisamente de los propios habitantes y sus gobiernos.

¿La catástrofe era previsible?

Como dije en el correspondiente post, un proceso natural sólo es una catástrofe, si nosotros nos ponemos en su camino.

Pero en este caso, además la intervención humana, ha magnificado su capacidad destructiva, a través de numerosas acciones desafortunadas.

Volvamos al análisis del Riesgo.

Dijimos que es Peligrosidad por Vulnerabilidad.

Esta última no podía ser mayor, ya que todas las construcciones que se vieron afectadas estaban localizadas en las zonas más inestables, eran de una gran precariedad, y albergaban una densidad poblacional insostenible para todas esas condiciones.

Por otra parte, se carecía por completo de vías de evacuación, planes de contingencia o medidas de mitigación del daño.

El ingreso para socorrer a las víctimas es dificultoso y no estaba previsto de manera alguna. En definitiva, el escenario de ocupación urbana no podía ser peor, ergo la vulnerabilidad es la máxima posible.

¿En qué medida era peligrosa la situación?

Ya demostrada la vulnerabilidad, nos queda analizar el otro elemento del riesgo:  la peligrosidad, definida a su vez por la susceptibilidad, y la amenaza.

Ya expliqué en el blog que la susceptibilidad abarca todo el conjunto de las condiciones geológicas que favorecen el proceso potencialmente destructivo.

Y aquí se suman: un clima con lluvias torrenciales; un suelo profundo que se carga de agua con facilidad, aumentando por un lado su peso, y por el otro su capacidad para fluir; y pendientes de alto ángulo, y relativamente cortas.

Las condiciones están naturalmente dadas, pero como si ello fuera poco, cuando el hombre urbanizó, aumentó considerablemente la susceptibilidad a través de las acciones siguientes:

  • Eliminación de la vegetación natural, que por un lado retiene agua, y por el otro disminuye su velocidad de flujo, al generar mayor rugosidad y rozamiento.
  • Eliminación de superficies de infiltración en cada asentamiento o ampliación de vivienda, con lo cual el agua disponible para escurrimiento superficial es cada vez mayor.
  • Falta de canaletas y drenajes que podrían atenuar siquiera en parte la pérdida de superficies de infiltración, ya mencionada.
  • Localización de los complejos habitacionales en los bordes mismos del talud, que a su vez se va modificando de manera caprichosa, según las necesidades de construcción, por otra parte siempre precaria.

¿Y los deslaves son muy comunes?

La posibilidad de ocurrencia es lo que se conoce como Amenaza en el análisis de riesgo, y en teoría es independiente de cualquier acción humana, pero en esta circunstancia tan particular, en que el paisaje ha sido tan profundamente modificado, la regularidad de los fenómenos se ha incrementado notablemente, porque tanto la pendiente como la distribución de los excedentes hídricos se han visto fuertemente alteradas.

Sobre el disparador, es decir la cantidad de agua precipitada, es sobre el único factor que la urbanización no ha tenido influencia directa.

¿Por qué fue tan grande y tan dañino esta vez el desmoronamiento?

Porque según lo informado por el Servicio Meteorológico de Brasil, hacía 48 años que no se producían precipitaciones tan intensas, y en ese lapso, los asentamientos precarios crecieron exponencialmente.

Por último, cabe agregar que la situación particular de Morro de Bumba, en la ciudad de Niteroi fue aún peor, porque todo el asentamiento se generó sobre un antiguo basural compactado, cuya inestabilidad como terreno no podía ser  de ninguna manera mayor.

A los responsables y trabajadores de medios de comunicación que estén interesados en informarse para para realizar notas sobre desastres naturales, los invito a visitar el post que escribí sobre Geología para periodistas y comunicadores.

Espero que estas explicaciones les hayan aclarado el panorama, al mismo tiempo que los hayan puesto a reflexionar sobre los enormes riesgos de la falta de planificación territorial.

La foto que ilustra el post es de un deslizamiento en Teresópolis, interior de Río de Janeiro en 2002. y es tomada de www.uol.com.br/2002/dez.

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