Procesos naturales en la literatura: La sequía

eolico Los procesos naturales tienen en sí mismos una cierta majestuosidad, pero hay autores que describen su grandeza con un pincel magistral. En este caso, quiero compartir con ustedes un texto tomado del libro: TODO VERDOR PERECERÁ de Eduardo Mallea.

He tomado de él párrafos seleccionados de la Primera Parte, Capítulo 1, página 1 y siguientes.

Cuarenta y cuatro días consecutivos de seca y fuego arrasaron la sierra, el valle, las matas salvajes, la cabellera rala e hirsuta en el cráneo de tierra tendido al sol. En las horas del día, tan largo y tan alejado del cielo, el paisaje parecía una superficie calcinada, blanca y enorme; blanca era la tierra seca; blancos los pastos; blancas las cortaderas y el olmo esquelético; blancos el algarrobo y el tala, retorcidos y agarrotados y rígidos como sistemas nerviosos muertos, sacados de la tierra al aire ardiente. Los campos mostraban su cara espectral y hambrienta, su boca árida, su escuálida garra extendida sin fuerza por millares de kilómetros. Abajo, hendido entre yuyos en la mitad del valle como una grieta serpeante, el cauce del arroyo no contenía más que piedras y un hilo exhausto de agua clara, pálido como el resto de las cosas. De tiempo en tiempo un animal errante  y flaco se acercaba a beber; luego caminaba vencido por entre las matas espinosas… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

Años antes la región, despoblada como hoy, era pródiga; de pronto el cielo parecía haberse agostado. Ahora estaba tan alto, tan remoto, tan sin nubes que sólo era sensible, al que levantaba los ojos, la imagen de su mortal abdicación.  En los años prósperos, del otro lado de la sierra, a muchas leguas de la casa solitaria, se originó un pequeño pueblo. Verdeaban los espinillos, y en primavera, un oro joven venía prestado a las copas. Vientos foráneos trajeron luego de la costa lejana arenas intrusas; un médano sentó sus reales en la parte más abierta y baja de la región y otros se le acercaron luego en estéril asamblea. Grandes extensiones fueron viciadas a ambos pies de la sierra. … … … … … … … … … … … … … … … …

La seca era como un incendio; quemaba la vegetación por debajo, la buscaba, la mataba en la entraña. Algunos pastos se defendían terriblemente, duraban, echaban jugo, se nutrían desde adentro, tenaces; otros se entregaban sin réplica; otros nacían para aquel clima. Éstos eran como el usurero en años de ruina: siniestros de condición. Insidiosa, prolija, la arena trabajaba con el fuego solar en la ruina de los habitantes vivos de aquel sitio; abrazaba los tallos, volaba, levantaba diminutos copos, ahogaba las especies. Y cuando venía una lluvia, rápida, voluble, era como una visita a esos agentes de desesperanza.
…La seca llevaba esta vez cuarenta y cuatro días…

No podrán negarme que es una pintura alucinante. Espero que la hayan disfrutado como yo, y que con ella inauguren un placentero fin de semana. Un abrazo Graciela

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