Los quilates del oro
Hace ya bastante tiempo, subí un post explicando qué es el quilate, cuando se lo aplica al diamante, y adelanté en ese momento que el concepto cambia cuando se habla de oro. Ha llegado el momento de hablar pues de esa diferencia de concepto.
Pero antes les aclaro que he puesto este post en la etiqueta Gemología porque el oro se usa en joyería para engarzar gemas, entre otras cosas, pero NO es una gema él mismo, sino que cae bajo la denominación de metales nobles o preciosos.
¿Qué es el oro?
Ya les adelanté que es un elemento químico del grupo de los metales, pero podemos agregar algunas cosas más: se lo encuentra normalmente en estado nativo, porque es muy poco propenso a generar compuestos con otros elementos, de allí su consideración como “metal noble”, ya que entre otras cosas no se oxida. Su número atómico es 79, lo que lo sitúa en el grupo 11 de la tabla periódica. (Ahora que lo pienso de esa tablita también tendremos que hablar un día)
Su nombre procede del latín aurum, que puede traducirse como brillante amanecer, nombre que hace alusión a su intenso brillo amarillo metálico. De ese nombre porviene su símbolo químico Au
Tiene además gran maleabilidad y ductilidad, es decir que se puede reducir a planchas finas y hasta a hilos. Esa versatilidad y su aspecto llamativo lo colocaron en el pedestal del sistema econónomico, ya que es el patrón universal de las monedas de las sociedades modernas.
Por otra parte, tiene también por todas esas cualidades, gran aplicación en medicina, odontología y por supuesto joyería, orfebrería y otros usos ornamentales.
Pero como no existe nada perfecto, su talón de Aquiles es la dureza. Efectivamente es un metal muy blando, lo que quiere decir que se raya y desgasta con suma facilidad.
Por eso mismo, es que no se lo utiliza en su máxima pureza, sino que para elevar su resistencia al rayado, se lo combina con cobre o plata, y allí es donde surge el uso del término quilate en el contexto del oro.
¿Qué es el quilate para el oro?
Si se toma la máxima pureza del oro, vale decir 100% oro, se habla de 24 quilates. Pero como ya lo dije más arriba, salvo como patrón de moneda, que se guarda en un sitio definido y protegido, donde el riesgo de rayado o desgaste es mínimo, ese grado de pureza implica un alto riesgo de pérdida de material.
Por eso no se lo emplea puro en joyería sino en combinaciones ya normalizadas que arrojan las siguientes calidades:
Oro 18 quilates, que es el valor más alto empleado en joyería, implica 18 partes de oro y 6 de plata y cobre ( 3 y 3 por lo general). Es lo mismo decir oro al 75%, o bien tres cuartas partes de oro.
16 quilates implican 16 partes de oro y 8 de plata o cobre. lo que es aproximadamente lo mismo que decir 70% de oro, y así sucesivamente.
¿Qué características le confieren esas combinaciones, además de mayor dureza?
En general, afectan algo al brillo y el color, de manera tal que la moda, siempre oportunista, ha llegado a generar “oros” de diversos colores, según se los conoce en el mercado, aunque ninguno de ellos es ya oro de mucha pureza, porque se parte del oro 18 quilates (que como dijimos ya está combinado), y se lo mezcla con diferentes elementos o compuestos para obtener el color deseado. Convengamos también en que esos “colores” no son más que matices sobre el dorado original, no esperen un oro azul francia ni cosa que se le parezca.
¿Cuáles son esos oros combinados para dar distintas coloraciones?
Oro amarillo, que es el más puro, y corresponde a los 18 quilates que definimos antes, implica cada 1000 g de oro compuesto, la incorporación de 125 g de plata y 125 g de cobre.
Oro rojo 1000 g de oro rojo contienen 750 g de oro 18 k, y 250 g de cobre.
Oro rosa por cada 1000 g, tiene 750 de oro 18, 50 g de plata y 200 g de cobre.
Oro blanco es el único que sí pierde totalmente el color original y se ve de verdad blanco, porque cada 1000 g tiene agregados 160 g de paladio y 90 g de plata.
Oro gris por cada 1000 g, se le han agregado a los 750 g de oro 18, aproximadamente 150 g de níquel y 100 g de cobre.
Oro verde, que por supuesto no es verde cata, sino un simple dorado con tonalidades verdosas, lleva 750 g de oro 18 y 250 g de plata, cada 1000 g.
Oro azul = 1000g de oro azul contienen 750 g de oro 18 k y 250 g de hierro.
O sea, en fin, que no es oro todo lo que reluce.
La foto fue tomada por Pulpo en su viaje a Los Ángeles aunque me encantaría poder decirles que es de mi vitrina personal, y que fuera cierto. :D Espero verlos de nuevo por aquí el miércoles, con información de interés para colegas y estudiantes
Ambrose Bierce y la geología
Estas definiciones por una vez no me pertenecen, sino que son tomadas del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce:
Caaba: Piedra de gran tamaño ofrecida por el Arcángel Gabriel al patriarca Abraham, que se conserva en La Meca. Es posible que el patriarca le haya pedido al arcángel un pedazo de pan.
Diamante: s. Mineral que suele encontrarse debajo de un corset. Soluble en solicitato de oro.
Geología, s. Ciencia de la corteza terrestre, que sin duda incluirá la del interior del globo cuando un charlatán salga de un pozo. Las formaciones geológicas del planeta ya observadas son: el Primario, o inferior, que está formado por rocas, huesos de mulas empantanadas, cañerías de gas, herramientas de mineros, viejas estatuas desnarigadas, doblones y antepasados. El Secundario está constituido principalmente por gusanos colorados y topos. El Terciario comprende vías férreas, pavimentos, hierbas, víboras, botines enmohecidos, botellas de cerveza, latas de tomates, ciudadanos intoxicados, basura, anarquistas e imbéciles.
Huracán, s. Manifestación atmosférica antes muy común, pero que hoy es reemplazada generalmente por el tornado y el ciclón. El huracán goza todavía de preferencia popular en las Indias Occidentales, y algunos marinos anticuados lo prefieren. Se usa también para construir la cubierta superior de los vapores, pero en términos generales puede decirse que la utilidad del huracán ha sobrevivido al huracán mismo.
Meandro, s. Curva sinuosa. Toma su nombre de un río situado unas ciento cincuenta millas al sur de Troya, que cambia de curso para no oír a griegos y troyanos jactarse de sus hazañas.
Newtoniano, adj. Perteneciente a la filosofía del universo inventada por Newton, quien descubrió que una manzana siempre termina por caer al suelo, aunque no pudo explicar por qué. Sus sucesores y discípulos han progresado tanto que son capaces de decir cuándo.
Océano, s. Extensión acuática que ocupa dos tercios del mundo hecho para el hombre, que casualmente carece de branquias.
Prehistórico, adj. Perteneciente a un período primitivo y a un museo. Anterior al arte y práctica de perpetuar falsedades.
Publicar, v. i. En asuntos literarios, situarse en la base de un cono de críticos.
Rabdomante, s. El que con una varita adivinatoria busca metales preciosos en el bolsillo de un tonto.
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El geólogo y su sombrero
Este post se lo vengo prometiendo a Dayana hace un montón. Bueno, no sólo éste sino muchos más, puesto que ella entiende que así como en su momento me explayé sobre la piqueta, hacerlo sobre los demás objetos que constituyen el equipo fundamental del geólogo no estaría de más.
Y voy a cumplir con esta premisa, paso a paso. Hoy veremos que un sombrero que pretenda entrar en la lista de los objetos de verdad amados por un geólogo, no puede ser cualquier cosa que le tape los sesos para que no se los cocine el sol.
Un buen sombrero tiene sus requisitos. Y van mucho más allá de la estética. De hecho, pueden a veces ir a contrapelo de ella, pero tienen su razón de ser.
¿Cómo se selecciona un buen sombrero para el campo?
Primero hay que tener en cuenta las circunstancias en las que se lo va a usar. Hoy no hablaremos de los cascos de protección contra accidentes que son norma de seguridad ineludible en las canteras a cielo abierto, ni de los que además deben portar una lámpara para tareas subterráneas, porque a ésos no les podemos dar adecuadamente el nombre de sombreros.
Hoy hablaremos de los que usamos en tareas al aire libre, pero del tipo exploratorio o de investigación.
Y en ese punto, lo primero a considerar es el clima.
¿Cómo es un buen tocado para zonas frías?
Algunas personas creen suficiente un gorrito de lana para abrigarse la cabeza, pero por experiencia les digo que aun en pleno invierno, una larga exposición solar produce quemaduras en el rostro, y eso arruinaría nuestro bello cutis a la larga.
Por eso, considero indispensable el uso de la visera hasta en el invierno más crudo. Y no me parece práctica la costumbre de ponerse la capucha del rompevientos y sobre ella una gorrita de golf, o al revés una gorra playera y encima subirse la prolongación de la campera, porque cualquiera de ambas cosas limitan mucho el movimiento.
La mejor opción es, para mi gusto, una gorra con visera, orejeras flexibles que pueden levantarse si no hace frío excesivo, y si es posible, con forro de lana o similar.
Precisamente hoy ilustro el post con un par de fotos de mi sombrerito, ése que mis colegas y alumnos ya me conocen bien, porque va conmigo a todas partes, en invierno, claro. Lo ven con las orejeras bajadas y levantadas, y como ven tiene corderito por dentro y visera, aunque no se la vea bien.
¿Qué usar en verano?
Si se trata de una zona no excesivamente calurosa, una gorrita de las comunes, con visera anda bien, sobre todo para las áreas con vegetación más o menos enmarañada, o si en algún momento hay que atravesarlas para llegar al sitio de trabajo. Yo prefiero elegir tres requisitos más, dentro de lo posible, a saber: que sean de colores llamativos, para el caso de que haya algún accidente, porque eso facilitaría la búsqueda de mi cuerpo (pre o post mortem,
), que tenga buena ventilación, ya sea por los dos o tres agujeritos que algunas gorras traen, o porque sea de una tela tipo red, por lo menos en parte, y por fín, algo que no siempre encuentro, que tenga un bolsillito con cierre en la copa, para llevar un carnet, tarjeta o llave que conviene conservar a mano. No siempre se juntan todos los requisitos con facilidad pero hay que tener paciencia y buscar.
Si la zona es extremadamente cálida, son muy recomendables los sombreros tipo legionario que tienen una extensión para proteger la nuca del rayo directo del sol.
Y por último, lo que más me gusta a mí personalmente (aunque el que tanto amé ya pasó a mejor vida después de muchos años de uso y abuso) que es una opción para campos abiertos y climas no muy ventosos: el sombrero de paja toquila, que nosotros llamamos panamá, pese a provenir de Ecuador. Tienen la gran ventaja de ser frescos, livianos y proveer un ala ancha que genera una sombra muy deseable cuando se va a estar todo el día al aire libre, sea cual sea la hora y por consiguiente la posición del sol. Ésa es su ventaja respecto a las gorritas de visera que hay que ir dando vuelta según uno se va desplazando o se corra el sol.
Espero que les sirva de algo, porque vendrán más posts relativos a la indumentaria.
Un abrazo, Graciela
El mar, con los ojos de Galeano.
Este texto es parte de El libro de los abrazos de Eduardo Galeano, y creo que vamos a coincidir en que es genial.
La función del arte/1
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-¡Ayudame a mirar!
No sé si hay modo de describir mejor algo tan bello como el mar, que de verdad nos deja “mudos de hermosura”.
En este mismo libro, he seleccionado muchos otros párrafos que de algún modo tienen que ver con nuestra locura geológica, y que iremos compartiendo de tanto en tanto, porque son tan fantásticos como el párrafo precedente.
Un abrazo, Graciela



