La furia eólica

 

Estamos en el medio de las fiestas de fin de año, de modo que uno, muchas ganas o tiempo para trabajar no tiene, así es que, por esta vez, hago un copie y pegue desde mi otro blog ¿Y si hubiera una vez?

Ésta es una nueva confesión de viejos deslices literarios. Es uno de esos hallazgos de mi primera adolescencia, escrito cuando tenía yo 14 años, y me creía la Gabriela Mistral de los años por venir.

El viento.

por Graciela L.Argüello.

El viento se cuela entre aullidos por cualquier rendija, torturando con su frío a los seres y las cosas.

Hoy está enojado, furibundo.

Sin escrúpulo alguno, pisotea una esperanza, al despojar de su techo a una familia.

Los árboles se doblan, el cartel sigue enhiesto: de un manotazo, él echa al suelo su altivez.

El viento no se arrepiente, no, continúa su camino con sus risas sibilantes.

Con mano de coloso, arranca gigantescos héroes, que no se doblegan ante el sórdido elemento que disfruta al desarraigar sus leños o sus paredes.

Pájaros sin nido pían con angustia, conmoviéndolo por fin.

El titán llora, no con lágrimas propias porque no sabe llorar… Es todo el cielo el que se desploma en llanto, que borra tanto dolor y que lava su pecado.

Francamente no recuerdo las circunstancias en que escribí esto, pero supongo que habrá sido en una de esas tormentas pavorosas que cada tanto nos regala el clima cordobés.

Como sea, fue nuevamente inspirado por algo que andando los años, me daría de comer, porque sepan ustedes que mis proyectos de investigación se centran hoy precisamente en el loess, material transportado y depositado justamente por el viento.

Es por esa razón que he seleccionado este texto en particular. Porque como pasó con otras de mis prosas, sin sospecharlo siquiera, parece que mi PC mental ya venía de alguna manera preconfigurada con ese destino.

Deja un comentario

Buscá en el blog
Nominado por Deutsche Welle, tercer puesto por votación popular
Archivo