La fe y las montañas, Augusto Monterroso

Extraído del libro La oveja negra y demás fábulas.

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.

Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.

Cuando en la carrera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

2 comentarios para “La fe y las montañas, Augusto Monterroso”

  • terox dice:

    Muy bueno! Fijate en este nanocuento:

    Al principio movían las montañas con fe… después vino Mahoma…

  • Graciela L.Argüello dice:

    Te lo acepto como microcuento, Terox, porque los nanocuentos, tal como los inventó Heminway, deben tener exactamente seis palabras, ni una más ni una menos. Pero como me gusta tu idea, te lo reformulo como nano: La fe movía montañas, después Mahoma. Un beso Graciela

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