Eduardo Galeano y el volcán Popocatépetl

Otra vez, tomo un hermoso relato de Eduardo Galeano, tomado de Bocas del tiempo. –– 1ra. ed.–– Buenos Aires ISBN 950–895–160–5
Y como siempre, este material lo encontró Dayana, incansable internauta que hace tanto por este blog.

Volcán Popocatepelt México

Señor que habla

No hace mucho, en el valle de México, una montaña estalló.
Nubes de fuego, rocas encendidas, cenizas ardientes: el volcán Popocatépetl vomitó las piedras que le tapaban la boca grande como cuatro estadios de fútbol.

Fue casi imposible el desalojo de los pueblos vecinos:
–No, no –se resistía la gente–. Él es bueno. No nos hará nada.
Desde siempre, los lugareños comen y beben con don Popo. Le ofrecen tortillas, tequila y música, y le piden lluvia para los frijoles y el maíz y ayuda contra el granizo y los malos vientos del aire y de la vida. Él les contesta por boca de los tiemperos, los maestros del tiempo, que lo escuchan mientras sueñan y después cuentan lo que dice.  Ésa es la costumbre. Pero esta vez, el Popo no avisó. Ningún tiempero supo que el volcán estaba atragantado y harto de hablar por boca ajena.

Y el volcán dijo lo suyo. No mató a nadie.

La noche de la explosión, hubo tres bodas, como si tal cosa, en uno de los pueblos de la falda; y el rojerío del cielo iluminó las ceremonias.

Hermoso texto, ¿verdad? Con él pueden inaugurar un fin de semana maravilloso. Un abrazo, Graciela

P.D.: la foto que ilustra el post es tomada de aquí.

2 comentarios para “Eduardo Galeano y el volcán Popocatépetl”

  • terox dice:

    No en balde, el “cerro que humea” es un guerrero… la leyenda es más o menos esta:

    “El gran emperador de los Aztecas es omnipotente; todas las tribus del valle de México y de los territorios vecinos le pagan tributos, pero no todos los pueblos sometidos son felices… Están cansados de entregar hombres y riquezas a sus opresores.
    El cacique de Tlaxcala decide un día que ha llegado el momento de libertar a su pueblo de la dominación azteca y empieza una guerra terrible entre Aztecas y Tlaxcaltecas.

    La princesa Ixtaccíhuatl, de juvenil belleza, es hija del cacique de Tlaxcala. Popocatépetl, uno de los principales guerreros de su pueblo, le profesa amor callado.
    Antes de salir a la guerra, Popocatépetl pide al padre de Ixtaccíhuatl la mano de ésta, si triunfa, y el cacique de Tlaxcala se la promete.

    Popocatépetl vence en todos los combates, y a su regreso triunfal a Tlaxcala, el cacique sale a su encuentro y le dice que la muerte le ha arrebatado a Ixtaccíhuatl.
    Popocatépetl, ofuscado, toma en sus brazos a Ixtaccíhuatl y empieza a subir montañas y montañas, cargando el cuerpo amado.

    Al llegar cerca del cielo, la tiende en la cumbre y se arrodilla junto a ella con una torcha humeante en las manos. La nieve cubre sus cuerpos, formando los gigantescos volcanes que hasta hoy presiden la lontananza del valle de México.”

    Tomado de acá

  • Graciela L.Argüello dice:

    Gracias, Terox, , muy buen aporte!

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