El desierto

Este post inaugura una nueva etiqueta, para los días viernes, que ya hemos decidido dedicar a un poco de esparcimiento, como quien calienta motores para el fin de semana.

La etiqueta que estreno es Geología y literatura, y en ella vendrán textos no sólo míos sino de autores importantes.

Esta vez, como yo también empiezo a vivenciar el fin de semana con algo de pereza, estoy replicando un post que subí el año pasado en mi otro blog, el  llamado ¿Y si hubiera una vez?

Allí pueden ir a leer un poco la historia de este escrito que aquí les presento como un simple ejercicio literario que describe un dominio geomorfológico de gran importancia.

Rescato también un par de los párrafos que agregué en aquel post.

¿PREDESTINACIONES, TAL VEZ?

Yo llevo escribiendo desde que tengo memoria, pero cuando comencé a guardar mis engendros literarios, lo hice en cuadernitos escolares prolijamente numerados.

Precisamente en el cuaderno Nº 1, el texto Nº 1 , tiene una fecha de cuando apenas hacía una semana que ostentaba 13 años de edad.

Al leer esto me parece un poco grandilocuente, y lleno de palabras repetidas (como arena, tesoro, y sed) pero aun así aceptable, si se considera la inexperiencia, y corta edad.

EL DESIERTO

desierto

El sol, hirviente tesoro del cielo lastimeramente azul, quema la arena que el viento cálido no puede refrescar.

Los restos de antiguos caravanas, que permanecen bajo el celoso cuidado de las arenas, se descubren, al moverse las inquietas dunas.

En los ojos del viajero, el polvo lastima la pupila con su calor ígneo.

El agua, incolora vida que la tierra guarda, ebria de su propia sed, es el más preciado tesoro.

El viandante se familiariza al fin con el espejismo, fantasmal visión, producto de su mente afiebrada. El hombre desprecia ese oro que pisa y que quema su planta.

Un doloroso silencio, contesta quedamente, a su gemido prolongado.

Es que el hombre gime, vencido por el coloso monstruo de la soledad, la sed y el cansancio.

La noche es breve, y el mismo hombre que recién se quejó del intenso calor, pide ahora mantas para abrigar sus miembros ateridos.

Así es el desierto, inconmovible rey, que aún el progreso no pudo avasallar.

Me resultan notables al análisis actual, una serie de coincidencias: por ejemplo muchos de los términos como dunas, arenas, etc, son hoy parte de mi lenguaje profesional corriente, aunque por entonces no sospechaba siquiera que sería geóloga.

Y noto también el uso de un término que es poco común: viandante. Esta palabra hoy da nombre al blog del Pulpo, mi hijo, que me transmitió su fiebre blogueril, y que es uno de los responsables de armar el diseño de este blog . ¿Otra premonición?
¡Notables son las vueltas del destino!

Bueno, niñitos, vayan yendo a hacer predicciones para el próximo lunes, cuando volveremos a vernos. Un beso Graciela

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