Estamos en el medio de las fiestas de fin de año, de modo que uno, muchas ganas o tiempo para trabajar no tiene, así es que, por esta vez, hago un copie y pegue desde mi otro blog ¿Y si hubiera una vez?
El viento.

De nuevo en el libro Bocas del tiempo. ISBN 950–895–160–5 Eduardo Galeano hace gala de su maestría con una descripción de fenomenos geológicos:
La inundación
Las calles eran obras de florería; las iglesias, delicias de confitería; los palacios, regalos de juguetería.
Pero la bella Antigua, la capital de Guatemala, vivía con el corazón en la boca, entre los vómitos y los sacudones de la tierra enojada. Los volcanes la condenaban a zozobra perpetua. Lo que no gastaba en lágrimas, se le iba en suspiros.
En 1773, la tierra corcoveó como nunca. Y lo peor fue que el río se salió de cauce y ahogó a las gentes y a las casas. Y los que sobrevivieron a la inundación no tuvieron más remedio que huir a la disparada para fundar, lejos, otra ciudad.
El río que se desbordó se llamaba, se llama, Pensativo.

Ya les he prometido este post la semana pasada, y aclaraciones al respecto pueden ver pues en la parte anterior en este link.
También esta vez la foto es del trabajo en que se describe el acontecimiento real al que se alude en la novela de Franz Hohler, Die Steinflut.
Traducción del párrafo prometido:
“…grupos enteros de hombres y mujeres se apresuran valle abajo, esperando alcanzar todavía a advertir y retirar a la gente, pues ahora ve Katharina ya, cómo los abetos de más arriba, que todavía están en pie junto a la zona de ruptura fresca, se derrumban hacia atrás en el gran Chlagg* y son simplemente tragados por él como si fuera un monstruo devorador de la montaña, y cómo todo el bosque de abetos viaja hacia el valle a través de la grieta, cómo los árboles son embestidos y arrollados por las rocas, y Katharina no comprende cómo todo eso pasa ante sus ojos totalmente sin sonido, como si de verdad no ocurriera, y recién entonces se acuerda la montaña de que debe tronar si quiere ser real, y retumba y traquetea y brama y alborota…”
Como ya les dije en el post anterior, encuentro magistral esa descripción de páginas enteras en un solo párrafo, sin un solo punto, que lo lleva a uno a leer con la misma sensación de urgencia que las víctimas deben haber sentido en la realidad.
*La palabra Chlagg la he conservado así, porque fue el nombre que se le dió al evento acontecido el 11 de Septiembre de 1881, en Elm, Suiza. De hecho es Der Grosse Chlagg, una forma local de referirse a Schlag, es decir golpe: el gran golpe. El término se extendió después a la gran cicatriz de la avalancha y a eventos similares.
Si este post les ha gustado, puedo seguir traduciendo para ustedes otros párrafos de enorme belleza de ese mismo libro, y también usar la misma metodología para traerles párrafos de textos en inglés. Espero sus opiniones.
Y supongo que también vale la pena que en algún momento prepare un post con la descripción científica de ese histórico evento.
Un beso. Graciela
Hoy, para nuestras veladas geológico literarias, he seleccionado un texto en alemán que describe magistralmente una avalancha (Steinflut) y pertenece al autor Franz Hohler.
(Heute lessen wir einen Absatz aus “Die Steinflut”, Roman von Franz Hohler. Ich verspreche ihnen die Spanisch Überstezung für nächste Freitag).
El texto forma parte de su novela “Die Steinflut”, y lo presento en el idioma original para el disfrute de quienes conocen esa lengua.
En efecto, yo siempre digo que mucho se pierde en las traducciones, y precisamente por eso, para los lectores no versados en el idioma, tomo el compromiso de traerles el próximo viernes una traducción propia, que intentará conservar al menos en parte, la belleza del párrafo original.
Al menos haré mi mejor esfuerzo.
La descripción que aquí reproduzco es, en la novela, una visión de la protagonista de algo que está a punto de ocurrir.
Una amenaza que se cierne sobre el pueblo donde han quedado su familia y sus amigos, mientras ella está con su hermanito pequeño en la casa de su abuela, en un pueblo cercano, mientras su madre trae su sexto hijo al mundo.
(Diese ist die Beschreibung von einer Katastrophe die Katharina vorsieht: eine Steinflut die ihre Familie bedrhöt, als sie in ihres Grossmutters Haus bleibt während der Geburt ihres Brüderchens.)
Toda la acción transcurre en una zona alpina de Suiza, y esta clase de fenómenos no son extraños allí. De hecho la novela alude a un hecho real.
Hoy, como ya dije, la versión original, y el próximo viernes mi traducción al castellano.
“…eilen ganze Gruppen von Männern und Frauen dem Untertal zu, hoffentlich reicht es ihnen noch, die Menschen zu warnen und wegzuholen, denn jetzt sieht Katharina schon, wie die obersten Tannen, die neben der frischen Abbruchstelle noch stehen, rücklings in den Chlagg stürzen und von ihm einfach verschluckt werden wie von einem gefrässigen Bergungeheuer, und wie der ganze Tannenwald unterhalb der Spalte zu Tale fährt, wie sich die Bäume überschlagen und von Steinen überrollt werden, und Katharina versteht nicht, wieso das alles vollkommen lautlos vor sich geht, als geschäe es gar nicht wirklich, und jetzt erst erinnert sich der Berg, dass er ja donnernn muss, wenn es wahr sein soll,und er donnert und rumpelt und poltert und tost…”
Noten ustedes la longitud de la oración. En efecto, todo el párrafo es una sola oración, y continúa sin puntos por varias páginas donde los únicos nexos son las comas, lo cual genera una sensación de premura en el lector, que no creo haber experimentado en otro texto.
Un recurso genial para crear la atmósfera angustiosa de una catástrofe natural.
La foto procede de la descripción de la catástrofe real que inspiró la novela y que ocurrió en Elm el 11 de septiembre de 1881, dos días después de la fecha en que la protagonista de la novela visualiza el fenómeno.
(Das Photo gehört zu einem Manuskript über die geschichtliche Katastrophe von Elm 1881 in der Schweiz)
Para los lectores hispanos, prometo la traducción el próximo viernes. Un beso Graciela
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) es para mi gusto uno de los más grandes poetas de habla hispana, capaz de expresarlo todo con belleza y sobre todo gran sencillez.
En este caso, en la Rima IV de su libro Rimas y leyendas, manifiesta como nadie las limitaciones de la ciencia, y además lo hace de tal modo que sólo pregona sus carencias para acentuar el triunfo sobre ella de la poesía.
Aquí les presento el fragmento que corresponde a ese tema, y creo que de paso les dejo picando la curiosidad para leer el resto, con lo cual me deberán el enorme favor de descubrir a Bécquer si aún no lo han hecho.
Disfrútenlo y tengan un buen fin de semana.
Rima IV (fragmento) de Gustavo Adolfo Bécquer
…Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
…
La niña vio sorprendida que la piedrecita rodaba como por voluntad propia, y que las que formaban su pequeña pirámide se sacudían y volvían al suelo. Sólo entonces se dio cuenta de que también ella se sacudía, pero todavía experimentaba más sorpresa que aprensión. Echó una mirada en derredor tratando de comprender por qué su universo se había alterado de manera incomprensible. Se suponía que la tierra no debía moverse.
El riachuelo que momentos antes corría suavemente, se había vuelto turbulento, con olas agitadas que salpicaban las orillas, mientras el lecho se alzaba contra la corriente, sacando lodo del fondo…
Lo que acaban de leer es la magistral descripción de un sismo que realizó Jean S Auel en El clan del oso cavernario, Capítulo 1 página 11.
La foto que ilustra el post me fue gentilmente enviada por Paulino Barrientos, uno de los lectores del blog que es profesor de Geografía y ha documentado minuciosamente el reciente sismo de Chile.
Otra vez, tomo un hermoso relato de Eduardo Galeano, tomado de Bocas del tiempo. –– 1ra. ed.–– Buenos Aires ISBN 950–895–160–5
Y como siempre, este material lo encontró Dayana, incansable internauta que hace tanto por este blog.

No hace mucho, en el valle de México, una montaña estalló.
Nubes de fuego, rocas encendidas, cenizas ardientes: el volcán Popocatépetl vomitó las piedras que le tapaban la boca grande como cuatro estadios de fútbol.
Y el volcán dijo lo suyo. No mató a nadie.
La noche de la explosión, hubo tres bodas, como si tal cosa, en uno de los pueblos de la falda; y el rojerío del cielo iluminó las ceremonias.
Hermoso texto, ¿verdad? Con él pueden inaugurar un fin de semana maravilloso. Un abrazo, Graciela
P.D.: la foto que ilustra el post es tomada de aquí.
Como otras muchas veces, la incansable buscadora de maravillas para el blog, Dayana, encontró textos relacionados con la Geología, que son de una belleza inenarrable.
Esta vez son cuentos del libro de Eduardo Galeano, Bocas del tiempo. –– 1ra. ed.–– Buenos Aires
Los iré subiendo en estos posts de los viernes para inaugurar un hermoso fin de semana- El cuento de hoy es:
Una pareja venía caminando por la sabana, en el oriente del África, mientras nacía la estación de las lluvias. Aquella mujer y aquel hombre todavía se parecían bastante a los monos, la verdad sea dicha, aunque ya andaban erguidos y no tenían rabo.
Un volcán cercano, ahora llamado Sadiman, estaba echando cenizas por la boca. El cenizal guardó los pasos de la pareja, desde aquel tiempo, a través de todos los tiempos. Bajo el manto gris han quedado, intactas, las huellas. Y esos pies nos dicen, ahora, que aquella Eva y aquel Adán venían caminando juntos, cuando a cierta altura ella se detuvo, se desvió y caminó unos pasos por su cuenta. Después, volvió al camino compartido.
Las huellas humanas más antiguas han dejado la marca de una duda.
Algunos añitos han pasado. La duda sigue.
Maravilloso, ¿verdad? Un abrazo, Graciela

Para disfrutar el comienzo del fin de semana, un bellísimo texto literario, tomado de “¡¡¡HIELO!!!” de Arnold Federbush,que describe de modo absolutamente magistral el modo en que la nieve se transforma en hielo, y cómo éste avanza luego modificando el paisaje. Es imperdible, y el libro todo vale de verdad la pena.
“Las corrientes de aire seguían recorriendo sus sendas fundamentales, tan inalterables a su manera como las leyes fundamentales de la física, calentadas por el sol en los alrededores del Ecuador y luego transportadas hacia la frialdad de los polos. Pero pronto empezarían a seguir caminos nuevos, a describir nuevas pautas.
Se había desencadenado una tempestad en el nordeste, la peor que recordaban la mayoría de ciudadanos vivientes; pero al marcharse, siguiendo su curso había dejado de preocuparles.
Es cierto, normalmente la tempestad se habría disipado en el mar; pero tal como la humanidad lo iba advirtiendo, la normalidad se desvanecía a toda prisa. En primer lugar, el calor que producía vapor de agua sobre el Atlántico hacía lo mismo sobre los mares árticos, de modo que había unas nubes aguardando sobre la gran sábana de hielo de Groenlandia, una humedad que revitalizaría la tormenta antes de que ésta muriese.
Al poco tiempo, lejos de la vista de los hombres, una nueva tormenta bramaba. Centímetro a centímetro la nieve se acumulaba sobre el hielo; los copos individuales se posaban livianamente, separados por las ramas de los otros copos. Pero al caer más nieve, a medida que los centímetros se convertían en decímetros y los decímetros en metros, la nieve del fondo se aplastaba, como puede uno aplastar un puñado en la mano. Los bracitos de los copos se partían bajo la presión, y los cristales se apiñaban para formar hielo granuloso.
El glaciar sobrealimentado helaba a su vez el aire de encima, atrayendo más nieve aún metro tras metro, tonelada tras tonelada. El hielo granuloso se comprimía más y más, hasta que las últimas bolsitas de aire salían despedidas fuera y se transformaban en un hielo especial, con una densidad increíble, e inamovible, impenetrablemente sólido según todos los cálculos humanos.
No obstante, la naturaleza actúa con fuerzas mayores. Millones de toneladas continuaban acumulándose en la cima, pero ya no había nada que expulsar del fondo. No había ningún otro sitio adonde ir sino fuera, con lo cual el hielo, el sólido más duro de todos, rezumaba cómo melaza.
Físicamente se estaba aplanando, extendiéndose bajo su propio e inmenso peso. Se comportaba como un ser vivo, una ameba de centenares de kilómetros de diámetro, enviando a ciegas extensiones exploratorias de sí mismo, dedos de hielo que tanteaban entre peñas y pedruscos, engrosándose a medida que encontraban paso y el enorme cuerpo, cachazudo, del glaciar inmenso venía detrás.
Peñas y pedruscos eran arrancados, arrastrados rodando para convertirse en dientes o limas gigantes, de modo que ahora el glaciar podía triturar y pulverizar todo lo que hallaba a su paso, así como tragárselo entero.
Al final llegó a la cordillera de montañas y ahí se quedó cohibido. Los dedos parecían retraerse, al tiempo que llegaba más hielo y el glaciar se replegaba sobre sí mismo.
Ciento sesenta kilómetros más atrás, la nieve continuaba alimentándolo, de modo que su frente se elevaba ascendiendo despacio con gran paciencia por la ladera de la montaña, hasta que alcanzó el paso y luego se derramó por él. Físicamente, los movimientos de avance, y hasta los cuesta abajo no eran producto de la concordia, sino de la lucha loca y desordenada, en la que innumerables cristales cedían de mala gana, se retorcían, cambiaban de forma y finalmente se entregaban.
En la base del glaciar, las inmensas presiones mantenían estos conflictos en una masa gelatinosa. Sin embargo, en la cima se manifestaba esa pugna y el hielo se partía y se separaba en un millar de grietas que crecían y disminuían se soldaban y se reformaban a cada curva del suelo”.
Los espero el lunes con alguna otra sorpresilla. Un beso, Graciela
Estamos en el medio de las fiestas de fin de año, de modo que uno, muchas ganas o tiempo para trabajar no tiene, así es que, por esta vez, hago un copie y pegue desde mi otro blog ¿Y si hubiera una vez?
El viento.
El viento se cuela entre aullidos por cualquier rendija, torturando con su frío a los seres y las cosas.
Hoy está enojado, furibundo.
Sin escrúpulo alguno, pisotea una esperanza, al despojar de su techo a una familia.
Los árboles se doblan, el cartel sigue enhiesto: de un manotazo, él echa al suelo su altivez.
El viento no se arrepiente, no, continúa su camino con sus risas sibilantes.
Con mano de coloso, arranca gigantescos héroes, que no se doblegan ante el sórdido elemento que disfruta al desarraigar sus leños o sus paredes.
Pájaros sin nido pían con angustia, conmoviéndolo por fin.
El titán llora, no con lágrimas propias porque no sabe llorar… Es todo el cielo el que se desploma en llanto, que borra tanto dolor y que lava su pecado.
Francamente no recuerdo las circunstancias en que escribí esto, pero supongo que habrá sido en una de esas tormentas pavorosas que cada tanto nos regala el clima cordobés.
Como sea, fue nuevamente inspirado por algo que andando los años, me daría de comer, porque sepan ustedes que mis proyectos de investigación se centran hoy precisamente en el loess, material transportado y depositado justamente por el viento.
Es por esa razón que he seleccionado este texto en particular. Porque como pasó con otras de mis prosas, sin sospecharlo siquiera, parece que mi PC mental ya venía de alguna manera preconfigurada con ese destino.
Como siempre que encuentro en la literatura alguna joyita relacionada a la Geología, he atesorado esta vez unas pocas líneas para compartir con ustedes relativas al vulcanismo, fenómeno del que pronto nos vamos a ocupar también. Por ahora vayan motivándose con estas palabras de una escritora que se las trae.
Yo no concibo el mundo sin los volcanes atestiguando las luces de este valle, acompañándonos la vida entera mientras pasa un instante de sus vidas. Ni siquiera imagino al mar, que tanto venero, sin los volcanes como la contra parte de su inmensidad.
Ángeles Mastretta, Territorio místico, del libro El cielo de los leones.
Apenas unas pocas palabras, pero una gran expresividad, espero que lo hayan disfrutado como yo, Un abrazo Graciela