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¿Qué es la Gemología?
Ya llevo escritos un par de posts sobre piedras preciosas, de modo que me parece que es hora de organizar un poco el conocimiento sobre el tema, para lo cual voy a introducir algunos conceptos sobre la parte de la Geología que las estudia.
Gemología, término que también aparece en la bibliografía con su forma Gemmología es el estudio de las gemas o gemmas.
Llegados a este punto, se impone definir la palabra gemma, que procede del latín con esta última escritura y designa a todas las sustancias minerales u orgánicas que son apreciadas en joyería por sus propiedades naturales.
De esas propiedades hablaremos a lo largo de este viaje por la Geología que vamos matizando con tantos otros contenidos, que parece la historia sin fin, y que Michael Ende me perdone.
El 90 %, aproximadamente, de las gemas son minerales, y casi todo el resto se forma en ambientes que tienen que ver con la geología, razón por la cual, la Gemología fue primero una rama menor de la Mineralogía (estudio de los Minerales), pero se fue separando de ella por diversas razones, a saber:
1- La enorme cantidad de contenidos que fue adquiriendo y su grado de especificidad.
2- La inclusión, como ya adelantamos en la definición, de objetos materiales de estudio que no son estrictamente minerales, como por ejemplo las perlas o el marfil.
3- Su gran incidencia en la economía mundial, que le deparó una evolución propia, diferente de los avances de la mineralogía tradicional.
Sigue, sin embargo, muy cerca de la rama de la Geología que le dio su origen porque gran parte de las técnicas y métodos de análisis que se aplican en las gemas son exactamente los mismos que se usan para el reconocimiento de todo el resto de los minerales.
No obstante, son tantas las aristas que le son absolutamente propias y resultan tan apasionantes, que nos ocuparán muchas veces en este blog, razón por la cual este post inaugura una etiqueta con su nombre, aunque haya habido menciones anteriores a las piedras preciosas y semi-preciosas a las que ahora mismo corro a rebautizar oficialmente.
Pero antes de irme quiero agregar un par de conceptos más que vienen al caso: la Gemología tiene un aspecto normativo muy estricto porque implica transacciones millonarias en todo el mundo. Esas normas internacionalmente acordadas son dictadas por la C.I.B.J.O (Confederación Internacional de la Joyería y Orfebrería de Diamantes, Perlas y Piedras) y se encuentran resumidas en las Normas de Uso de las Piedras de Color editadas en 1970.
La foto que ilustra el post es uno de los famosos Huevos de Pascua de Carl Faberge, orfebre ruso que produjo piezas magistrales para el Zar Alejandro III en la antigua Rusia Imperial.
Antes de despedirme, sólo quiero agregar que si alguien tiene unos diamantitos que le sobren o algunas joyitas en desuso, y me las quiere mandar (como material de estudio, se entiende) serán muy bienvenidas. Un gemológico abrazo, Graciela
¿Qué es el quilate?

Aclaremos primero que estoy refiriéndome al uso gemológico de este término. Más adelante hablaré de él para la valoración del oro.
En este contexto, quilate es la traducción de carat, que es la medida de peso para las piedras preciosas, y corresponde a 0,200 g, es decir 200 mg.
Originalmente se aplicaba sólo a los diamantes, pero se fue extendiendo a las demás piedras preciosas.
El quilate de diamantes puede llegar a cotizarse en miles de dólares, según las variaciones del mercado.
Para poner las cosas en perspectiva, recordemos que siendo el peso específico del diamante igual a 3,52 g por cm3, y considerando que peso específico es igual a peso sobre volumen; el tamaño de un diamante que pese 0,200 g (un quilate) es 0,056 cm3.
Esto sale de la fórmula de equivalencias 3,52/1 = 0,200/x ; medido en g / cm3.
Una vez despejada la fórmula, resulta : x= 0,200/ 3,52 = 0,056 cm3
Eso es un poco menos que la diecisieteava parte de 1 cm3.
Ahora piensen que 1 cm3 es un mísero cubito de 1 cm de largo en cada arista, e imaginen que lo dividen en 17 partes y eligen sólo una. Si ese pedacito fuera un diamante, pesaría un quilate.
Es bien poco ¿no? Y ahora piensen, en comparación, el tamaño de la locura del hombre, que cotiza un culitésimo de una piedrita vistosa, mucho más que algunos meses de trabajo de su prójimo.
Aclaró acá que “culitésimo” es una medida informal, que se refiere a “un culito así”, con lo cual seguramente todos me entienden.
¿Les quedó claro? ¿Vienen al próximo post? Un geológico abrazo, Graciela,
El diamante que ilustra este post está en su estado natural, sin tallar, tiene 2 cm de diámetro promedio, y se encuentra en su matriz de roca original. Fue extraído de la Mina Mir (paz en ruso) de la zona de Yakutia en Siberia. La foto es tomada de la revista del Houston Museum of Natural Science de Houston Texas, Estados Unidos de América
Piedras preciosas versus semi preciosas
No voy a hablar todavía aquí de las condiciones y características de las piedras preciosas. Eso será motivo de muchos otros posts.
Ahora sólo quiero defenestrar una palabra mal empleada y voy a demostrar por qué debemos desterrarla.
Hoy, solamente desde la semántica y desde la normativa; más adelante, en otras entregas también iré sumando las razones geológicas.
Las piedras son preciosas o no lo son, pero ¿semipreciosas? ¿qué barbaridad es ésa?
Semi quiere decir “la mitad de”, o bien “casi”. Es decir que un semicírculo es la mitad de un círculo y una semirrecta es la mitad de una recta, pero una piedra semipreciosa ¿qué es? ¿la mitad de una piedra preciosa? y la otra mitad ¿qué se hizo? ¿O es una piedra entera con sólo una mitad preciosa? ¿y la otra mitad qué es? ¿un rabanito?
¡Absurdo! Y permítanme sumar ejemplos desde otras vertientes para ilustrar mejor mi punto.
Un centauro es semihumano, porque su mitad superior es humana y la otra es equina, o sea un tremendo caballo. (No sé por qué, mencionar esto me lleva a través de la libre asociación, a las elecciones y a algunos políticos… pero, bueno, volvamos al tema original)
Decir de la suegra que es semihumana está mal, a menos que sea una sirena en el sentido más estricto de la palabra; de lo contrario, se la puede llamar infrahumana o casi humana pero nunca semihumana.
Y ya que caímos en el “casi”, veamos si por ahí vale usar el término.
Como ya dijimos, “casi humano” vale, “casi ileso”, también vale, pero ¿”casi precioso”? Entendemos que aquí la palabra precioso se usa con el significado de alto valor o precio, no con la acepción de primoroso, al estilo “-¡Ay, qué precioso te queda ese vestidito!”
En tal caso, ¿qué sentido tiene decir “casi de alto precio”? Digamos de bajo precio y listo.
En definitiva, semi preciosa no es una denominación correcta para ninguna gema aunque aparezca todavía en muchos diccionarios corrientes. Y así lo establece taxativamente la C.I.B.J.O (Confederación Internacional de la Joyería y Orfebrería de Diamantes, Perlas y Piedras) desde 1970, cuando determinó en el artículo 7 de las Normas de Uso de las Piedras de Color, que el término semiprecioso es incorrecto y queda prohibido, no debiendo utilizarse nunca. Esto es muy correctamente citado por Saadi (2006)
Tradicionalmente el diamante junto con el rubí, el zafiro y la esmeralda fueron consideradas las únicas verdaderas piedras preciosas. A todas las demás por largo tiempo se les aplicó el calificativo de semipreciosas, que como ya se explicó, debemos erradicar definitivamente de nuestro vocabulario.
Hoy en todo caso, se pueden jerarquizar por su precio en el mercado, pero en ningún caso descalificar a ninguna.
La foto es tomada de la revista del Houston Museum of Natural Science de Houston Texas, Estados Unidos de América y se trata de una rodocrosita, de la que vamos a hablar también en otro post. El ejemplar, de 10 cm, y obviamente sin tallado alguno, es considerado el mejor del mundo y está en una matriz de cristales de cuarzo, pirita y tetraedrita. Fue encontrado en 1965 en la mina Home Sweet Home, próxima a Alma, Colorado.
Ya saben dónde encontrarme si este modo de aprender les atrae. Un abrazo. Graciela
Bibliografía citada:
Saadi, J.2006. Gemología. Las Piedras Preciosas de la República Argentina. I.S.B.N.10:987-05-1943-1. I.S.D.N.13:978-987-05-1943-1. 183 pp.