10 preguntas que debe formularse un estudiante antes de realizar un intercambio universitario.

IMG_20160404_201518Muchos son los posts que preparo especialmente en respuesta a preguntas de los lectores, y éste es uno de ellos.

Rafael me preguntó hace bastante tiempo si yo creía que le convenía hacer un intercambio de seis meses en una universidad de otro país, tal como se le estaba presentando la oportunidad.

Personalmente creo que todo intercambio resulta provechoso, aunque sólo sea por la posibilidad de conocer otras culturas, paisajes y costumbres. Pero, por supuesto, en última instancia el estudiante tendrá que evaluar por sí mismo sus propias circunstancias y hacerse preguntas a las que deberá responder con total honestidad antes de tomar una decisión inteligente.

Obviamente, habrá muchas otras preguntas, además de éstas, pero me parece que como una orientación general, las que enumero abajo serán suficientes para una primera evaluación.

El orden no es de importancia, sino según se me van ocurriendo.

  1. ¿Tengo todos los costos cubiertos? Esto se debe analizar en el contexto de las condiciones establecidas en el intercambio. Hay situaciones en que sólo se abonan los gastos de estadía, pero los pasajes corren por cuenta del alumno. O bien se pagan pasajes y estadía, pero se requieren otros pagos como seguros de salud, de vida, etc. También puede suceder que sólo se estén pagando los gastos de inscripción y cursado y el uso de instalaciones universitarias y/o bibliografía, pero nada más.
  2. ¿Puedo afrontar aquellos gastos de los que deba hacerme cargo? Esta pregunta es la que resulta obvia luego de responder la anterior.
  3. ¿Este intercambio afectará de manera negativa la duración de mi carrera? Es común que los desfasajes de las correspondientes duraciones de los ciclos lectivos en distintos países, determinen perder algún tiempo de cursado en la universidad de origen. En tal caso habrá que ver si el alumno está en condiciones económicas, familiares etc., como para prolongar su tiempo de permanencia en la Universidad.
  4. ¿Estoy emocionalmente preparado para el desarraigo familiar, y relativo a amigos y otras relaciones? Puede parecer un detalle menor, pero muchas veces una depresión, aunque sea leve, resultante de lo enumerado, redunda en un mal rendimiento y a la larga, en el fracaso de toda la experiencia.
  5. ¿Hay gente que dependa de mi presencia y que no pueda dejar atrás por mucho tiempo? En este punto se debe considerar si hay hijos pequeños, padres ancianos, o parejas muy dependientes, cuya calidad de vida pudiera verse afectada por la ausencia del estudiante. Hasta las mascotas deben considerarse. Conozco el caso de una amiga que debió regresar porque su perro dejó de comer ante su ausencia, y una vida, humana o no, siempre está por encima de toda otra consideración.
  6. ¿Estoy intelectualmente listo para esta experiencia? Aquí debe considerarse que en la mayoría de los casos se exige un rendimiento mínimo, y muchas veces hay que presentar también informes especiales. En ningún caso se debe poner en riesgo todo un programa de cooperación por no estar a la altura de las circunstancias.
  7. ¿Manejo el idioma con la suficiente soltura como para moverme a mis anchas en el lugar en el que voy a vivir? Si bien cuando el idioma del país es diferente al de origen, lo más corriente es que se tome antes un examen al postulante, muchas veces ese examen es meramente académico y no garantiza fluidez en el hablar coloquial.
  8. ¿Tengo alguna condición especial de salud que desaconseje mi alejamiento del lugar habitual de residencia por mucho tiempo? En este punto, una consulta previa con los médicos de cabecera es importante, aunque son pocas las circunstancias que signifiquen un verdadero impedimento.
  9. ¿Soy lo bastante fuerte y voluntarioso como para que el nuevo entorno, y mi deseo de hacer turismo no me conduzcas a un fracaso estrepitoso? Es natural que todo nuevo residente temporario pasee bastante, y es saludable que lo haga. Sólo debe estar seguro de que su entrenamiento en responsabilidad y voluntad sean los suficientes como para no volver con todas las materias reprobadas, porque eso sería una mancha imposible de remontar a la hora de pedir nuevas becas o postularse para empleos nuevos.
  10. ¿Seré capaz de sacar el máximo provecho de la oportunidad que se me brinda, aprovechando entre otras cosas para generar vínculos duraderos con los futuros colegas de otros lugares del mundo? Ese objetivo no debe perderse nunca de vista, porque un programa de intercambio es el inicio de un camino, no su final. Una excesiva timidez, o algún grado de inhabilidad social pueden significar que el estudiante vuelva a su país con las manos vacías en este aspecto, lo cual es muy triste y significa de alguna manera el desperdicio de parte del tiempo, esfuerzo y dinero invertidos en la experiencia. 

Una vez respondidas a conciencia estas preguntas, se puede empezar a preparar las valijas, porque un intercambio es siempre una línea valiosa en un currículum. Pero se debe ser honesto, y si hay algo que no cuadra en las respuestas, es mejor no embarcarse en un potencial fracaso, porque hay siempre otros que pueden aprovechar mejor esa oportunidad.

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Un abrazo y hasta el miércoles. Graciela

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